ecuatorial que, arrancada de cuajo, reaparece obstinadamente cuantas
veces se ha creído desarraigada y cunde por entre los plantíos,
robándoles la mejor parte del sustento, la esclavitud maleó tan
hondamente la industria de estos pueblos, que por en medio de los
productos más sanos del trabajo libre reaparece de continuo el trabajo
esclavo. Unas veces, como sucede en nuestros más obscuros centros
industriales, el comerciante voraz compra en flor la sementera,
convierte _ipso facto_ en esclavo el trabajo libre que servía para
sustento de una familia y una industria, y corrompe la industria y la
familia. Otras veces, como en Méjico, por lo menos en la península de
Yucatán, el pobre, el bueno, el benigno, el laborioso indio yucateco,
violentado por malas cosechas, por malos negocios ó por torpes
transacciones, _hipoteca_ el trabajo de sus hijos. Otras veces, como
acontece entre los _quichuas_ de las altiplanicies del Perú, el engaño y
la malicia hacen siervos de hombres libres. Otras veces, emisarios
infames de esa innoble industria que no sabe prosperar sin esclavizar,
han ido á la India y á la China, han hecho cómplices suyos á Inglaterra,
á la Unión Americana, á España, al Perú; han convertido en encubridores
de su inicua trata á los representantes consulares de esas naciones en
el Extremo Oriente, han engañado con viles promesas á los pobres coolíes
y á los labradores del Quan-Tung, y esclavizándolos á dolorosos
contratos, los han traído á mal morir en las sentinas de los barcos en
que los hacinaban ó en la horrible existencia de las colonias inglesas,
de Filipinas, de Cuba, del Perú, de California, horrible existencia de
parias, de verdaderos parias, de hombres que dan asco, de sombras que
horripilan, hasta que un día, como en Jamaica, los fusilan en tropel por
celebrar ceremonias del culto budista, y otro día, como en California y
en los campos del Perú, los persiguen por competencias económicas.
Sin duda que en una industria así manchada con crímenes tan oprobiosos
no tiene ante la moral sencilla el esplendor con que se presenta á los
ojos deslumbrados del epicúreo; pero aún ha hecho más para hacer más
abominable el satánico jesuitismo con que sacrifica los medios á los
fines. Ha hecho más. Ha convertido naciones ilustres en la historia de
la civilización, como Inglaterra, en impositora de un vicio horrendo á
una sociedad de cuatrocientos millones de seres humanos, ó como España,
en impositora de un privilegio enervante é incivilizador en favor de sus
hijos territoriales contra sus hijos coloniales.
La guerra del opio, una guerra mortífera, inicua y vergonzosa,
exclusivamente hecha por Inglaterra contra China para imponerle el
consumo del opio que un emperador digno de eterna loa quiso á toda costa
impedir que siguiera labrando la vida y la moral de sus súbditos, es la
tercera forma, no más aterradora que las otras, pero tan inicua como las
otras dos, que ha tomado en nuestros tiempos la inmoralidad industrial.
Muchos errores y muchos delitos ha cometido Inglaterra por favorecer su
industria; pero tan horrendo como la guerra del opio, tan infame como la
mortal narcotización de todo un pueblo para ganar así unos cuantos
millones de libras esterlinas, ninguno. ¡Y pensar que ese es el pueblo
del siglo XVII!
La guerra sorda, continua, sin cuartel, que á principios del siglo
estalló en todo el Continente, desde Méjico hasta el virreinato de
Buenos Aires, dando al fin por bendecido fruto la abolición del
principio industrial obtenido por los españoles de territorio contra los
españoles de origen y derecho, ha continuado y continúa en Cuba, en
Puerto Rico, en Filipinas, sociedades cuya potente vitalidad, cuya
fuerza económica, cuyos beneficios industriales explotan á mansalva los
españoles que usufructúan su privilegio contra los insulares que sienten
ligados sus movimientos por ese privilegio.
En el fondo, no es la política, no es un plan político, es la industria,
es un plan industrial el que esclaviza á esas islas malogradas para la
libertad, para la civilización, para el mundo y para España misma.
El día en que estallen, la moral industrial habrá dado en ellas un gran
paso. Si España quiere que no estallen, haga á la Moral el bien de no
supeditar la libertad de tres sociedades al beneficio industrial de
pocos y no los mejores de sus hijos.
CAPÍTULO XXXVIII
LA MORAL Y EL TIEMPO
El tiempo, para el trabajo, es aire; para el ocio plomo.
Como plomo, pesa en pequeñas cantidades lo que en grandes cantidades el
trabajo, y es natural que de continuo busquemos el modo de descargarnos
de la carga fatigosa.
En el modo de descargarse está gran parte del arte de la vida, y en
combinar el pasatiempo con el tiempo empleado en el trabajo está la
superioridad ó la inferioridad de una civilización. En la civilización
más adelantada, que ha de ser la más moral, está ingeniado el pasatiempo
con propósito de bien, para evitar el mal de que la ociosidad es
consejera. En la civilización menos desarrollada, que es, por menos
racional, menos moral, el pasatiempo es violenta supresión de tiempo. La
civilización moral ha de llevar el orden al descanso del trabajo. La
civilización inmoral altera el orden ó continúa el desorden en las horas
del reposo y del solaz. La una sabe distraerse, traer su atención de una
ocupación de tiempo que la absorbe á otra ocupación de tiempo que la
encanta. La civilización inferior no sabe más que divertirse; verter á
raudales en nonadas peligrosas el tiempo que pesa sobre individuos,
grupos y sociedad entera. La vitalidad de todas las formas religiosas
está íntimamente relacionada con este serio problema sociológico del
empleo del tiempo sobrante. La enérgica resistencia de las diversiones
más inmorales á argumentos de razón y de experiencia se explica por la
necesidad en que pueblos é individuos están de deshacerse de la carga
del tiempo sobrante.
Los vicios más rebeldes, que son los de sensualidad, contra todo remedio
se rebelan y resisten, por el vergonzoso poder que tienen de absorber
fuera del tiempo los sentidos.
Los vicios más cobardes, la difamación, la maledicencia, la calumnia,
porque matan el tiempo, sobreviven.
El culto, en las religiones positivas, es la raíz más profunda de la
fe. Cuanto ésta es más irracional, tanto el culto es más teatral. Lo
que no se puede obtener por devoción se obtiene por diversión. De
ahí, en el fondo histórico de todas las religiones monoteístas, el
germen de politeísmo que se ven forzadas á cultivar con esmero para
entretenimiento de las multitudes. Cuanto mayor el número de
atributos de la divinidad, y más numerosas sus manifestaciones y
personalizaciones, tanto más frecuente el culto, tanto más fecundo
en pasatiempo. Las innumerables legiones del brahmanismo y del
budismo, el arte de brahmines y bonzos en divertirlas con sus cultos
respectivos deben la disminución de carga, que es para ellas el
tiempo y la flemática fidelidad con que resisten, á la propaganda y
al espectáculo del protestantismo en la India. Son, entre indus,
tibetianos y chinos, deduciendo confucianos, mahometanos, parsis,
nanakianos, panteístas, indiferentes y librepensadores, unos
seiscientos millones de seres humanos, sobre los cuales pesa el
tiempo con la abrumadora pesadumbre con que pesa en aquellos campos
de batalla del trabajo en que la competencia biológica no ha podido
moderarse ni por la ejemplar sobriedad del combatiente, ni por la
fecundidad de recursos naturales en el suelo del combate, ni por la
portentosa laboriosidad y la industria secular del mejor mantenedor
de ese combate, el chino.
¿Qué sería de ese hormiguero de racionales si sus religiones no le
hicieran soportable el tiempo? ¿Qué de los doscientos cincuenta millones
de católicos que generalmente pululan en las sociedades menos
industriosas de Europa y América, si el culto de su Iglesia no los
divirtiera casi todos los días del tiempo que casi continuamente les
sobra?
Cierto que el tiempo empleado en el culto es una resta formidable y está
lejos de ser un empleo útil; pero, al menos, en esa disipación entra de
algún modo la idea del deber en cuanto el religionario está obligado por
su religión al culto.
Infinitamente, de todos modos, menos inmoral es ese abuso del tiempo que
el favorecido por las cien instituciones del vicio que se levantan en el
seno de la civilización á acusarla de su incapacidad para aprovechar en
distracciones civilizadoras y moralizadoras el tiempo social que sobra
cada día después de las faenas de las industrias mecánicas y racionales.
El teatro, que es una institución de esa buena especie, pasatiempo
educador como ninguno por ser más accesible que otro alguno á la
receptividad mental y sensitiva del pueblo, en ninguna parte es una
institución popular ni nacional; no popular, porque no alcanza
sistemáticamente al pueblo; no nacional, porque reduce su acción á las
grandes capitales, y pocas veces llega á las pequeñas, y nunca á la
población rural. La escuela nocturna, que debiera ser en todas partes un
atractivo irresistible para la falange industrial que conduce á las
naciones, no se ha extendido bastante á villas, burgos, villorrios y
aldeas, y en parte alguna tiene fuerza de atracción bastante para
disputar su presa á los centros de depravación.
Las conferencias literarias, científicas, religiosas, políticas,
económicas, son privilegio de los grandes centros.
De ellos también, como si sólo en ellos indujera la sobra de tiempo á
excesos criminales, es privilegio exclusivo la benéfica propaganda de
las asociaciones establecidas contra la intemperancia.
La patinación artificial, los gimnasios, las salas de armas, las de
tiro, los ejercicios de bomberos, las sociedades de tiro al blanco, las
excursiones fluviales y marítimas con propósito de educación placentera,
son instituciones privativas de un cortísimo número de individuos en el
cortísimo número de ciudades norte-americanas, suizas, inglesas y
alemanas en que existen.
Los ateneos, liceos, academias, casinos, instituciones dos veces
preciosas porque convierten el estudio en placer, y porque al placer del
estudio facilitado por la palabra viviente del propagandista agregan los
amables solaces de la sociabilidad, son mucho menos generales de lo que
debieran, y en parte alguna alcanzan con su fructífero pasatiempo al
fondo de la masa social.
Los conciertos populares, que usurpan su apellido, porque casi nunca se
ponen al alcance del mínimo ahorro que puede hacer el llamado hombre del
pueblo, debieran ser una verdadera institución nacional en todos los
países, y alcanzar con su benéfica acción á la población aldeana y
rural. Los orfeones, las sociedades corales, las asociaciones
filarmónicas, debieran dondequiera corresponder al hondo intento de
educación popular y nacional que tienen en Alemania, y sorprender, como
allí, al trabajador en su taller y al labrador en su labranza.
El estúpido militarismo que hace omnipotentes en Europa á los inmorales
que explotan la necedad y la ignorancia de la turba, podría convertirse
en un semillero de instituciones culturales y de útil, honesto y fecundo
pasatiempo, si se convirtiera la atención popular hacia los ejercicios
gimnásticos, militares y estratégicos en que es educada toda la porción
de europeos que el ejército permanente roba á la Industria, al Arte y á
la Ciencia.
Los paseos públicos, que en vez de exhibiciones del lujo insolente y de
la vanidad triunfante debieran ser, en lo posible, remedos placenteros é
instructivos de la Naturaleza; los jardines botánicos; los museos
zoológicos, pictóricos y antropológicos, que debieran, como las
bibliotecas, hacerse instituciones campestres como urbanas, para empeñar
á la muchedumbre en la dulce tarea de ver cada vez mejor el mundo que
nos rodea, la cadena biológica de que somos eslabón, el movimiento del
Arte en tiempo y países diferentes, el proceso de la vida humana desde
la edad remota de la tierra, al través de todas las edades de la
civilización, son hoy instituciones exclusivas de las que se llaman
aristocracias del privilegio, de la fortuna ó del saber, en sólo las
grandes capitales de naciones ya robustas.
Mientras la civilización no sepa emplear el tiempo que le sobra después
del trabajo de cada día, no será una verdadera civilización, porque no
sabrá emplear la primera riqueza y la más transcendental.
Esto es interés de todo el mundo. Á nadie, por laboriosa que su vida se
deslice, le falta un momento de ocio en que sentirse abrumado de
fastidio, porque necesita un solaz social y no lo encuentra, ó tiene que
aceptar como tal, en la mayor parte de las residencias de este mundo,
alguno de los pasatiempos que repugna la razón.
Á la mayor parte de los hombres sobra tiempo, aunque sólo sea el cada
día deducido del trabajo cotidiano, para aburrirse de sí mismo y de los
otros y para verse expuesto á optar entre fastidiarse á solas ó
corromperse acompañado. Tanto ha conocido la lírica del día esa doble
faz del problema del tiempo, que, cantando el tedio, ha divinizado
crímenes, vicios y monstruosidades hijos del fastidio de sí mismo, y que
el fastidio de sí mismo ha acogido como inmortales protestas de la
justicia y del dolor contra el infame orden del mundo en que el tiempo
es plomo que pesa sobre todo el que no tiene dignidad bastante para
emplearlo en el trabajo. Las noches de las grandes ciudades son
probablemente superiores, en los pueblos más prósperos de la
civilización actual, á la vida nocturna de Atenas; pero las
instituciones atenienses, ó, más históricamente, las costumbres de los
atenienses, que tenían por objeto el empleo popular del tiempo que
sobraba cada día, serán perpetuo motivo de generosa envidia para todos
los que puedan seguir con los ojos de la mente el movimiento de la
ciudad por excelencia, en las palestras, en las plazas públicas, en el
Pórtico, en la Academia, en los alrededores, ejercitándose en ejercicios
del cuerpo, de la mente y del ánimo, y siguiendo material y mentalmente
las huellas de Sócrates, de Zenón, de Platón, de Aristóteles y de los
cien sofistas que enseñaban á mal razonar, pero que enseñaban también á
emplear el tiempo sobrante en hacer menos mal del que es capaz de hacer
un ocioso que tiene hambre de placer ó que está agobiado por el peso de
las horas.
FIN
ÍNDICE
Páginas.
EUGENIO MARÍA DE HOSTOS
(1839–1903)
I.— Hostos, figura representativa VII
II.— Hostos rompe con España IX
III.— Hostos comienza su odisea benefactora XI
IV.— Hostos, maestro XIII
V.— Hostos, literato XVII
VI.— Á propósito de Hostos, literato, el tupé de los
europeos XXX
VII.— Hostos, filósofo moralista XXXV
VIII.— Hostos, sociólogo XL
IX.— Hostos, tratadista de Derecho constitucional L
X.— Hostos, hombre de ideales y hombre de hogar LIII
PRÓLOGO DE LA PRIMERA EDICIÓN 1
INTRODUCCIÓN 5
PRIMERA PARTE
RELACIONES Y DEBERES
CAPÍTULO I.—La Sociedad y sus órganos.—Definición de
Sociedad.—Órganos del organismo social.—Descripción de los
órganos sociales: El individuo. La familia. El municipio. La
región. La nación. La familia de naciones 25
CAPÍTULO II.—Objeto de la moral social.—En qué se funda 30
CAPÍTULO III.—Exposición de las relaciones 34
CAPÍTULO IV.—Clasificación de relaciones 37
CAPÍTULO V.—Análisis de las relaciones del hombre con la
sociedad.—Relación de necesidad 41
CAPÍTULO VI.—Segunda relación.—Relación de gratitud 44
CAPÍTULO VII.—Tercera relación.—Relación de utilidad 46
CAPÍTULO VIII.—Cuarta relación.—Relación de derecho 48
CAPÍTULO IX.—Quinta relación.—Relación de deber 51
CAPÍTULO X.—Del deber y su función en la economía moral del
mundo 54
CAPÍTULO XI.—En qué se fundan los deberes sociales 58
CAPÍTULO XII.—Deberes derivados de nuestras relaciones con la
Sociedad 63
CAPÍTULO XIII.—El deber del trabajo.—Sus modificaciones en los
diversos grupos sociales 72
CAPÍTULO XIV.—Deber de obediencia y sus modificaciones 78
CAPÍTULO XV.—Por qué no se da su nombre á los deberes
derivados de la relación de utilidad 80
CAPÍTULO XVI.—_Continuación del anterior._—Cooperación.—
Unión.—Abnegación.—Conciliación 88
CAPÍTULO XVII.—Deberes deducidos de la relación de derecho 92
CAPÍTULO XVIII.—El derecho armado.—Deberes que impone 97
CAPÍTULO XIX.—El deber de los deberes 103
CAPÍTULO XX.—Los conflictos del deber.—La regla de los
conflictos 107
CAPÍTULO XXI.—Deberes del hombre para con la Humanidad.—
Confraternidad.—Filantropía.—Cosmopolitismo.—Civilización 114
CAPÍTULO XXII.—Deberes complementarios.—Sinopsis de los
deberes sociales primarios y secundarios.—Sinopsis de las
virtudes sociales, políticas y económicas 123
CAPÍTULO XXIII.—Deberes complementarios.—_Continuación_ 132
SEGUNDA PARTE
LA MORAL Y LAS ACTIVIDADES DE LA VIDA
CAPÍTULO XXIV.—Enlace de la Moral con el Derecho positivo 145
CAPÍTULO XXV.—Enlace de la Moral con la Política 150
CAPÍTULO XXVI.—La moral social y las profesiones 155
CAPÍTULO XXVII.—La Moral y la Escuela 163
CAPÍTULO XXVIII.—La Moral y la Iglesia católica 168
CAPÍTULO XXIX.—La Moral y el protestantismo 176
CAPÍTULO XXX.—La Moral y las religiones filosóficas 183
CAPÍTULO XXXI.—La Moral y la Ciencia 189
CAPÍTULO XXXII.—La Moral y el Arte 197
CAPÍTULO XXXIII.—La Moral y la Literatura.—La novela 204
CAPÍTULO XXXIV.—La Moral y la Literatura.—La dramática 213
CAPÍTULO XXXV.—La Moral y la Historia 223
CAPÍTULO XXXVI.—La Moral y el periodismo 229
CAPÍTULO XXXVII.—La Moral y la Industria 240
CAPÍTULO XXXVIII.—La Moral y el tiempo 250
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BIBLIOTECA AYACUCHO
BAJO LA DIRECCIÓN DE DON RUFINO BLANCO-FOMBONA
OBRAS PUBLICADAS.
I–II.—MEMORIAS DEL GENERAL O’LEARY:
_Bolívar y la emancipación de Sur-América._
Dos lujosos volúmenes de 700 á 800 páginas en 4.º Se
venden separadamente al precio de 7,50 pesetas cada uno.
III.—MEMORIAS DE O’CONNOR.
sobre la _Independencia Americana_.
La obra en 4.º, en papel pluma. Precio: 5 pesetas.
IV.—MEMORIAS DEL GENERAL JOSÉ ANTONIO PÁEZ.
Un volumen muy bien impreso, en 4.º Precio: 7,50
pesetas.
V.—MEMORIAS DE UN OFICIAL DEL EJÉRCITO ESPAÑOL.
Por el Capitán Rafael Sevilla.
Un volumen en 4.º, 5 pesetas.
VI–VII.—MEMORIAS DEL GENERAL GARCÍA CAMBA.
_Para la historia de las armas españolas en el Perú._
Dos magníficos y gruesos volúmenes en 4.º, á todo lujo.
Precio: 7,50 pesetas cada uno.
VIII.—MEMORIAS DE UN OFICIAL DE LA LEGIÓN BRITÁNICA.
_Campañas y Cruceros durante la guerra de emancipación
hispano-americana._
Un volumen en 4.º, 4 pesetas.
IX.—MEMORIAS DEL GENERAL O’LEARY:
_Ultimos años de la vida pública de Bolívar._
Este libro, desconocido hasta ahora, complementa los dos
volúmenes sobre _Bolívar y la emancipación_; es una joya
de historia americana por sus revelaciones, á las cuales
debió el que se le hubiera ocultado por tantos años.
En 4.º á todo lujo. Precio: 7,50 pesetas.
X.—DIARIO DE MARÍA GRAHAM.
_San Martín._—_Cochrane._—_O’Higgins._
En 4.º á todo lujo. Precio: 7,50 pesetas.
XI.—MEMORIAS DEL REGENTE HEREDIA.
_Monteverde._—_Bolívar._—_Boves._—_Morillo._
Precio: 4,50 pesetas.
XII.—MEMORIAS DEL GENERAL RAFAEL URDANETA.
_General en jefe y Encargado del gobierno de la Gran
Colombia_, 7,50.
XIII.—MEMORIAS DE LORD COCHRANE.
Precio: 6 pesetas.
XIV.—MEMORIAS DE URQUINAONA.
_Comisionado de la Regencia española al Nuevo reino de
Granada._
Precio: 7 pesetas.
XV.—MEMORIAS DE WILLIAM BENNET STEVENSON.
_Sobre las campañas de San Martín y Cochrane en el
Perú._
Precio: 5,50 pesetas.
XVI.—MEMORIAS PÓSTUMAS DEL GENERAL JOSÉ MARÍA PAZ.
Precio: 8 pesetas.
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NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
Página Cambiado de Cambiaron a
Título BIBLIOTECA DE CIENCIAS BIBLIOTECA DE CIENCIAS
POLITICAS Y SOCIALES POLÍTICAS Y SOCIALES
„ EUGENIO MARIA DE HOSTOS EUGENIO MARÍA DE HOSTOS
IV Alejandro Alvarez Alejandro Álvarez
„ (Venezuela y Colombia.)—4 (Venezuela y Colombia.)—
pesetas Precio: 4 pesetas
„ Angel César Rivas Ángel César Rivas
V BIBLIOTECA DE CIENCIAS BIBLIOTECA DE CIENCIAS
POLITICAS Y SOCIALES POLÍTICAS Y SOCIALES
„ EUGENIO MARIA DE HOSTOS EUGENIO MARÍA DE HOSTOS
XI Partiendo del principio Partiendo del principio
boliviano de que America boliviano de que América
XVI más perdurable, que la del más perdurable, que la del
ríoplatense rioplatense
XXV esta cinica herejía no piensa esta cínica herejía no piensa
XXVI Haber visto lo que he visto Haber visto lo que he visto
para ver lo que ves para ver lo que veo
XXVIII Sir Herbert reconoce también Sir Herbert reconoce también
que rasgo principal qué rasgo principal
sino que puede decirse sin sino que puede decirse sin
XXXII temeridad que fue de los temeridad que fué de los
primeros primeros
XXXIII Lo encontró después un series Lo encontró después en series
monorrimas monorrimas
mas general é importante: la más general é importante: la
XXXIII de la manifiesta influencia de la manifiesta influencia
de la epopeya de la epopeya
apostóles contemporáneos de apóstoles contemporáneos de
XXXV moral social y de moral moral social y de moral
ndividual individual
en que se presente á activar en que se presente á activar
XXXVIII nuestros impulsos ó a nuestros impulsos ó á
despertar despertar
este número son Die este número son Die
XLIII Vorgesehichte der Ethnologie Vorgeschichte der Ethnologie
(1880), Grundzüge (1880), Grundzüge
por que entre tantas porque entre tantas sociedades
XLVII sociedades infantiles ni una infantiles ni una sola nació
sola nació con salud con salud
XLVIII jurídicas que pueden sufrir jurídicas que pueden sufrir
las sociedadas humanas las sociedades humanas
una harmonía preexistente una armonía preexistente entre
XLIX entre los fenómenos cósmicos los fenómenos cósmicos y los
y los fenómenos fenómenos
11 en Africa, en América y en en África, en América y en
Oceanía Oceanía
Gama declara portuguesa una Gama declara portuguesa una
11 población de más de población de más de
doscientos millones de doscientos millones de
hindus hindús
27 Organos del organismo social Órganos del organismo social
34 como individuo en la familía como individuo en la familia
44 por ella tenemos la muerte; por ella tenemos la muerte;
muribundos, á ella volvemos moribundos, á ella volvemos
45 á la cual debe siempre á la cual debe siempre
beneficios que agradece beneficios que agradecer
47 La influencia que tiene el La influencia que tienen el
instinto y el sentimiento instinto y el sentimiento
57 sociales, haciendo cada vez sociales, haciendo cada vez
más uno al ser social más uno al sér social
59 conocimiento íntimo del ser conocimiento íntimo del sér
por el ser mismo. Nada por el sér mismo. Nada
60 podrá jamás justificar á podrá jamás justificar á
Pisistrato, á Pericles Pisístrato, á Pericles
66 segundo relación es tan segunda relación es tan
natural como el primero natural como el primero
75 providencial, pues es claro provincial, pues es claro que
que si el trabajo individual si el trabajo individua
80 esta relación compela al esta relación compele al
individuo en el grupo de la individuo en el grupo de la
81 Util, para el vulgo, es todo Útil, para el vulgo, es todo
aquello de que el aquello de que el
92 de relaciones que ligan á cada de relaciones que ligan á cada
ser con la sociedad sér con la sociedad
96 Así es como, cuanto más fuerza Así es como, cuanta más fuerza
tenga en nosotros tenga en nosotros
concreto de deber agotaría concreto de deber agotaría
103 nuestra actividad conscia nuestra actividad de
conciencia
105 su objetivo la Moral, es el á su objetivo la Moral, es el al
que se llegará que se llegará
109 Su ejemplo es por sí sólo una Su ejemplo es por sí solo una
influencia social influencia social
113 resulta de la fuerza conscia resulta de la fuerza conscia
que desplega en que despliega en
115 Veámos ahora qué nombres toma Veamos ahora qué nombres toma
cada uno de cada uno de
127 para cuanto dice referencia á para cuanto hace referencia á
las necesidades materiales las necesidades materiales
130 y sus familias, á quienes y sus familias, á quienes
reunen, exhortan, distraen reúnen, exhortan, distraen
131 consejos, estímulos, ejemplos, consejos, estímulos, ejemplos,
cuna, tálamo, ataud cuna, tálamo, ataúd
136 que tiene la tolerancia, que tiene la tolerancia,
impuesta y cumplida com impuesta y cumplida como
151 del vivir social, del continuo del vivir social, del continuo
ludir de poderes con lidiar de poderes con
160 más poderoso la desplegan: la más poderoso la despliegan: la
pasión del dinero pasión del dinero
160 de principios religiosos; en de principios religiosos; en
donde ociosidad más dónde ociosidad más
deductivamente al deductivamente la
174 invariabilidad del invariabilidad del
procedimiento seguido por la procedimiento seguido por la
Humanidad Humanidad
189 en que se desplega mayor en que se despliega mayor
fuerza conscia y en fuerza conscia y en