Si la Tierra fuera plana, en nada se modificaría evidentemen

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ENCICLOPEDIA DE LAS ESCUELAS

COSMOGRAFÍA

por AMADEO GUILLEMIN

HACHETTE Y Cia

[Illustración]

PARÍS LIBRERÍA DE HACHETTE Y Cia 79, BOULEVARD SAINT-GERMAIN, 79

1889

ÍNDICE

MOVIMIENTO DIURNO DEL CIELO

LA TIERRA

La Tierra es redonda

La Tierra gira sobre si misma

Dimensiones De la Tierra

Movimiento de translación de la Tierra alrededor del Sol

Órbita de la Tierra

Los días y las noches

Las estaciones

LA LUNA

Fases de la Luna, etc

Eclipses de Sol y de Luna

EL SOL

LOS PLANETAS

LOS COMETAS

LAS ESTRELLAS

* * *

Coulommiers.--Imp. P. Brodart et Gallois

* * * * *

COSMOGRAFÍA

MOVIMIENTO DIURNO DEL CIELO

=1. Objeto de la Cosmografía=.--Cuando durante el día está el cielo libre

de nubes y de brumas, parece una bóveda transparente, de color azulado

brillante (ese azulado especial llamado _celeste_), sobre la cual se

mueve, desde su orto hasta su ocaso, el disco del _Sol_. Así que este

astro desaparece debajo del horizonte, el cielo se oscurece poco á poco,

toma tono azul más profundo, y empiezan á distinguirse, acá y acullá,

unos puntos luminosos cuyo número va aumentando á medida que la noche se

hace más completa.

Esos puntos luminosos, cuyo brillo no es idéntico, son las _estrellas_.

La _Luna_ se deja ver también en el cielo, ya bajo la forma de un sector

esférico, que vulgarmente se llama _media luna_, ya bajo la de un pedazo

de círculo más ó menos recortado, ya bajo la de un círculo completo.

El Sol, la Luna y las estrellas son _astros_ ó _cuerpos celestes_. Pero

pronto se verá que la Tierra que habitamos es también un astro, y que se

mueve en los espacios, lo mismo que los restantes cuerpos análogos.

La =Cosmografía= tiene por objeto el estudio de todos esos cuerpos, de sus

formas y dimensiones, de su aspecto y movimientos.

=2. Salida y ocaso de los astros=.--Todo el mundo ha visto salir el Sol

por las mañanas de debajo del horizonte, elevarse poco á poco en el

cielo durante la primera mitad del día, y luego descender, acabando por

ocultarse en un punto del horizonte opuesto al de su orto.

Examinando con cuidado las estrellas en el curso de la noche, se observa

que están animadas de un movimiento análogo al del Sol. Véselas salir

sucesivamente por la misma parte que aquél, subir por la bóveda celeste,

y luego descender, para ocultarse por el opuesto.

Cada estrella describe una línea curva, un arco de círculo más ó menos

grande, y todas juntas parecen moverse como si la bóveda del cielo

girara toda entera de _oriente_ (parte del orto) al _occidente_ (parte

por donde se efectúa el ocaso).

De ahí resulta que las estrellas ocupan siempre las mismas posiciones

relativas. Las figuras que estos cuerpos forman en el cielo, y que son

fáciles de reconocer examinando los más brillantes de ellos, permanecen

siendo siempre las mismas, no sólo durante cada noche, sino durante

todas las noches del año.

Por eso se las denomina _estrellas fijas_, porque parece que están

sujetas, _clavadas_, sobre la bóveda celeste; pero ya se verá que esa

fijeza no es más que aparente y proviene de la enorme distancia á que

nosotros nos encontramos de las estrellas.

Algunas estrellas, cuyo número es relativamente muy escaso, no sólo

salen y se ponen como las otras, sino que se mueven respecto de ellas,

atravesando el cielo. Ese movimiento ha hecho que se les dé el nombre de

_planetas_, voz derivada de otras de origen griego, que significan

_cuerpos-errantes_. La Tierra es un planeta porque, como estos últimos

astros, se mueve también en el cielo.

=3. Movimiento diurno=.--Se da ese nombre al movimiento de conjunto que

arrastra á todo el cielo de oriente a occidente en el intervalo de un

día próximamente.

Cada estrella describe, desde su orto hasta su ocaso, una circunferencia

entera; una parte de esta circunferencia es trazada sobre el horizonte y

la otra debajo.

Todas estas circunferencias son paralelas entre si y tienen dos centros

comunes ó polos, que son puntos invariables de la bóveda celeste. Uno de

esos polos está situado sobre el horizonte del lugar donde se le

observa; el otro, que está situado por debajo, no puede, en

consecuencia, ser visto. El polo visible en los lugares situados en el

hemisferio norte de la Tierra se denomina por tal razón _polo norte_ ó

_polo boreal_. El segundo, visible en el hemisferio sur, se llama _polo

sur_ ó _austral_.

Mirando desde el ecuador terrestre, los dos polos celestes se encuentran

sobre el horizonte, en dos puntos diametralmente opuestos.

=4. Eje del mundo=.--Se da este nombre á la línea recta que une los dos

polos celestes, y á cuyo alrededor se efectúa el movimiento diurno.

En el ecuador, el eje del mundo aparece recostado sobre el horizonte. En

los puntos situados, sea al norte, sea al sur del ecuador, este eje se

encuentra inclinado sobre el horizonte, hacia el norte en el hemisferio

norte, hacia el sur en el hemisferio sur; y la inclinación va

disminuyendo á medida que la latitud aumenta. En ambos polos de la

Tierra, el eje es perpendicular al horizonte.

LA TIERRA

LA TIERRA ES REDONDA

=5. Forma de la Tierra=.--En los países llanos, ó bien en la superficie

del mar, parece que la forma de la Tierra es plana; en las regiones

montañosas ó accidentadas, aquella forma se nos antoja completamente

irregular. Pero esto no es más que una apariencia, dependiente de que la

vista no puede abarcar, en cada punto, más que una pequeñísima parte de

la superficie terrestre.

En realidad, la Tierra es redonda. Su figura es la de una bola ó de un

globo casi esférico. Podéis daros cuenta de ese hecho de la manera

siguiente.

=6. Horizontes terrestres circulares=.--Primeramente, cuando se está en

medio de una extensa llanura, el horizonte tiene la forma de un círculo,

cuyo centro se halla ocupado por el observador. Si se cambia de

posición, persiste la forma circular del horizonte, por más que varían

sus límites. Otro tanto ocurre en alta mar, donde la línea que separa el

cielo de las aguas es siempre una circunferencia claramente marcada.

Podría creerse que esta forma circular del horizonte procede de la

debilidad de nuestra vista, limitada por la distancia, puesto que el

limite dista lo mismo por todos lados. Pero la prueba de que eso no es

verdad se tiene en que elevándose verticalmente a alturas cada vez

mayores, sobre un edificio, si se está en la llanura, á la extremidad de

los mástiles de un navío si nos hallamos en el mar, se ve extenderse la

zona visual. Objetos que antes eran invisibles, se convierten en

visibles. Este ensanche del horizonte no puede explicarse más que por la

redondez de la Tierra.

=7. Horizontes marítimos circulares=.--Cuando se observa desde una altura

de la costa la marcha de un navío que se aleja del puerto, lo primero

que se pierde de vista son las partes bajas del navío, el casco, la

cubierta, y los palos, empezando por abajo y siguiendo hasta sus topes.

Si el buque se acerca á la tierra firme, empezamos, al contrario, por

ver lo alto de sus mástiles, cuando aun el casco se encuentra oculto

debajo del horizonte.

[Illustración: Fig. 1.--Curvatura de los continentes.]

[Illustración: Fig. 2.--Curvatura de los mares.--Explicación de los

diversos aspectos de un buque, etc.]

Lo mismo sucede á la gente que se encuentra á bordo del barco; al

acercarse á una costa, empiezan por ver las cimas, y luego la base de

las montañas ó colinas que se extienden á lo largo de aquélla; al

alejarse ocurre lo inverso.

De esa manera se patentiza la curvatura de la superficie del mar. Y como

las mismas apariencias se presentan sea cual fuere la dirección en que

se observe, se puede deducir con entera confianza que la figura de la

Tierra es esférica ó casi tal.

=8. Aislamiento de la Tierra en el espacio.=--Por lo demás, este cuerpo se

encuentra completamente aislado en el espacio y en el cielo, del cual no

lo separa más que la capa transparente que forma lo que se denomina su

atmósfera (_esfera de vapores_). Ese aislamiento de la Tierra se muestra

patente ante nuestra vista de varias maneras. En primer lugar, por el

movimiento diurno de los astros, que, después de haber desaparecido cada

día por la parte del ocaso, efectúan su reaparición al día siguiente por

la del orto: de modo que han acabado por debajo de la Tierra la rotación

empezada por encima, movimiento que no podría concebirse si la Tierra no

se hallara completamente aislada por todos sus puntos.

=9. Viajes de circumnavegación=.--Otra prueba de la redondez de la Tierra

y de su aislamiento en el espacio se deduce de los viajes de

_circumnavegación_. Dase ese nombre al trayecto seguido por un navío

que, andando siempre en el mismo sentido, por ejemplo, hacia el oeste,

acaba por volver al punto de partida, pero por el lado del este. En vez

de dar de esa manera la _vuelta al mundo_ por mar, se puede efectuarla

por tierra, ó bien tomar ya una ya otra de esas dos vías. El resultado

es siempre el mismo: se sale de un punto en una dirección, y se vuelve

al mismo punto por la opuesta. El primer viaje auténtico de

circumnavegación fué efectuado por varios buques que mandaba el

portugués Fernando Magallanes.[A] Ese navegante se embarcó el 20 de

setiembre de 1519 en el Océano, en un puerto de España, y, dirigiéndose

hacia el oeste, llegó al continente americano, descubierto poco tiempo

hacía. La falta de un paso que le permitiese continuar su ruta hacia

occidente, lo determinó á costear la América en la dirección del sur, á

doblar la extremidad meridional de la misma por el estrecho que lleva su

nombre, y á continuar su navegación hacia el oeste. Así atravesó el

Pacífico, tocó en las Molucas, y los barcos acabaron por volver á Europa

como si hubiesen venido de oriente, después de dar la vuelta entera al

globo terráqueo.

[A: Magallanes no pudo acabar el viaje de circumnavegación,

porque murió en las Molucas. Del mando de la escuadrilla se encargó

entonces Sebastián de Elcano, marino vascongado, á quien el rey de

España, que ordenó la expedición, dió como divisa un globo con esta

frase: _Primus circumdidisti me_.]

=10. Antípodas=.--No estando la Tierra, esta enorme masa, sostenida por

parte alguna, se pregunta uno cómo es que no cae. Siendo esférica su

forma, también extraña que sus habitantes puedan permanecer en

equilibrio alrededor de todo ese globo. Cada punto de él tiene lo que se

llama sus _antípodas_, es decir, un lugar en que lo alto y lo bajo se

encuentran precisamente en sentido opuesto de lo alto y de lo bajo en el

primer punto. ¿Cómo es posible, nos decimos, que las personas situadas

en nuestros antípodas puedan mantenerse con las pies para arriba y la

cabeza para abajo?

[Illustración: Fig. 3.--Las verticales concurren en el interior de la

Tierra.--Antípodas.]

En realidad, las palabras _caer, arriba_ y _abajo_ son expresiones cuyo

sentido es completamente relativo, esto es, que depende de la posición

de cada observador. En cada punto, la vertical indica la dirección en

que caen los cuerpos graves. Siendo redonda la Tierra, las verticales de

todos sus puntos irían á reunirse, si se pudiera prolongarlas, en el

centro mismo de nuestro globo. En ese centro es donde caerían todos los

cuerpos situados en la superficie, si el suelo no les sirviese de apoyo.

En cada sitio se establece el equilibrio relativamente á la dirección de

la vertical y en el sentido de ésta.

De análoga manera, en el cielo, donde se mueve la Tierra, no hay alto ni

bajo. El Sol es para aquélla lo mismo que el centro de nuestro globo es

para los cuerpos que se encuentran en su superficie. Si la Tierra no

estuviese animada de un movimiento que la obliga á dar vueltas alrededor

del Sol, caería inmediatamente sobre este astro. Por efecto de un

movimiento análogo es por lo que la Luna no cae sobre la Tierra.

LA TIERRA GIRA SOBRE SÍ MISMA

=11. Movimiento real de la Tierra.=--Puesto que en el intervalo de un día

poco más ó menos, describen todos los astros juntos, Sol, Luna y

estrellas, una circunferencia entera, sea por encima, sea por debajo del

horizonte, resulta necesariamente de este hecho:

Ó que el cielo efectúa una revolución en ese período;

Ó que la Tierra gira sobre sí misma, en sentido contrario del movimiento

diurno.

Este segundo supuesto es el verdadero, según lo demostró antes que nadie

Galileo, hará pronto tres siglos.

Es completamente inverosímil que el movimiento diurno de las estrellas,

del Sol y de la Luna pertenezcan individualmente á cada uno de estos

cuerpos. Para que así ocurriese, sería necesario admitir que todos esos

astros, sea cual fuese su distancia á la Tierra, se hallasen animados de

prodigiosas velocidades, capaces de hacerles recorrer en 24 horas una

circunferencia entera; se necesitaría, por otra parte, que dichas

velocidades fuesen desiguales, y tales, no obstante su desigualdad, que

todas esas revoluciones independientes se realizaran rigurosamente en el

mismo espacio de tiempo.

Esos movimientos se explican del modo más sencillo, con sólo admitir que

no son sino aparentes y que la Tierra es la que gira uniformemente de

occidente á oriente, alrededor de un eje que pasa por su centro. Este

eje conserva en el espacio dirección invariable, yendo á atravesar el

cielo en dos puntos que parecen inmóviles. Son los polos celestes, que

corresponden precisamente á los dos polos terrestres; éstos son los dos

únicos puntos de la superficie de nuestro globo que, por hallarse

situados en el eje mismo de la rotación, no participan de este

movimiento.

Nosotros, los habitantes de la Tierra, no nos damos cuenta del

movimiento de rotación de que estamos animados con todo cuanto existe en

su superficie. Esto depende de que los cuerpos que nos rodean giran con

nosotros, animados de análoga velocidad; en consecuencia, sus distancias

y posiciones relativas no se modifican: las tierras, los campos y hasta

el aire son arrastrados como nosotros. Podríamos compararnos con los

viajeros que desde lo interior de un vagón ó de un buque ven los campos,

los árboles y las casas, alejarse en sentido opuesto al del carro ó

barco que los lleva. El globo terrestre es ese bajel en que vamos todos

embarcados, y que nos parece inmóvil, mientras que los objetos

exteriores, es decir, los astros, parecen arrastrados en sentido

contrario.

=12. Orientación.--Plano meridiano.=--_Orientarse_, en un horizonte

cualquiera, es hallar la dirección exacta de las líneas que van á los

puntos cardinales, de norte á sur y de este á oeste. Es fácil lograrlo

por medio de la observación del movimiento diurno de los astros, sea

durante la noche, sea de día.

[Illustración: Fig. 4.--Estrella Polar.]

La primera indicación la suministran el orto y el ocaso, pues aquél se

efectúa por la parte de oriente ó del este, y el segundo por la de

occidente ú oeste. Cada estrella describe un arco de círculo, elevándose

cada vez más hasta un punto á partir del cual empieza por el contrario á

bajar, hasta que llega á su ocaso. El punto más alto de su camino, que

es el punto medio mismo del arco, ó _culminación_ de la estrella, se

encuentra en el _plano meridiano_, esto es, en el plano vertical que

corta el horizonte en los dos puntos _norte_ y _sur_. Este plano es el

mismo para todos los astros, pues contiene todos los puntos culminantes

de éstos; pero es difícil orientarse buscando la posición de este plano

por medio de los puntos culminantes de las estrellas, cuando se carece

de los instrumentos necesarios.

=13. Orientación de noche en el hemisferio norte.=--Si el horizonte del

punto donde nos hallamos se encuentra situado en el hemisferio norte de

la Tierra, será posible orientarse durante la noche, con tal de que se

vean las estrellas, de la siguiente manera.

Fácilmente se reconocerá un grupo de siete estrellas, que tiene el

nombre de Osa Mayor, representado en la figura 4.

Como las siete estrellas del grupo en cuestión no se ponen nunca en los

países del hemisferio norte que se encuentran por encima del paralelo

40, siempre se las verá, sea cual fuese su posición en el cielo. Si la

línea _ab_, que une las dos estrellas del trapecio, se prolonga unas

cinco veces su distancia aparente, se encontrará en esta prolongación

una estrella de segunda magnitud, que pertenece á otro grupo, cuya forma

es casi idéntica á la de la Osa Mayor y que por lo mismo ha recibido el

calificativo de Osa Menor. Esa estrella, muy cercana al punto que

constituye el polo celeste boreal, es la _Polar_.

[Illustración: Fig. 5.--Cruz del Sur.]

Pues bien, el plano vertical que la contiene es el meridiano ó apenas se

diferencia de éste. Desde este momento, la dirección de la meridiana es

conocida, pues se tiene el punto cardinal norte por la parte de la

estrella, y el punto sur en la dirección opuesta. La línea que corta la

meridiana formando ángulos rectos, dará á la derecha del norte el punto

este y á la izquierda el oeste.

=14. Orientación de noche en el hemisferio sur.=--Si el lugar donde se

está pertenece al hemisferio sur de la Tierra, la orientación será fácil

tomando como punto de partida un grupo muy aparente y bien conocido de

cuatro estrellas, dispuestas á manera de brillante cruz y llamadas por

eso mismo la constelación de la _Cruz del Sur_ (fig. 5).

Estas estrellas no se ponen nunca, desde que la latitud del lugar pasa

de 40 grados. El movimiento diurno les hace describir entonces una

circunferencia entera alrededor del polo. Pero en todas las posiciones

que la Cruz ocupa en esa revolución, su brazo mayor, _ab_, se encuentra

dirigido siempre hacia el polo celeste austral, y se encontrará el punto

de éste, prolongando _ab_ cuatro veces su longitud. Desgraciadamente, en

ese sitio y en sus alrededores, no existe estrella ninguna algo

brillante, como la Polar en el hemisferio norte.

De modo que para hallar en el horizonte el punto sur, será necesario

imaginar un plano vertical que pase por este punto del cielo, que nada

distingue ni caracteriza. Sin embargo, no es difícil lograrlo con un

poco de práctica.

=15. Determinación de la meridiana, de día.=--Digamos ahora la manera de

orientarse durante el día, observando la dirección de las sombras que

proyecta una varilla ó vástago vertical, dispuesta sobre un plano

horizontal.

Se empieza por establecer, con ayuda de un nivel, una superficie plana

perfectamente horizontal, y en su centro se coloca una varilla recta, en

la línea misma de la vertical determinada con la plomada. Antes se habrá

tenido cuidado de trazar con el compás cierto número de circunferencias,

tomando por centro el punto donde se va á colocar la varilla. Y luego,

aprovechando un día de sol despejado, se sigue atentamente la marcha de

la sombra proyectada por la varilla. Esas sombras van disminuyendo de

tamaño á partir de la mañana hasta el momento en que el Sol, al llegar

al punto más alto de su carrera diurna, pasa por el meridiano; luego

aumentan á medida que avanza la tarde, pasando en sentido inverso por

las mismas alturas.

[Illustración: Fig. 6.--Determinación de la meridiana por las sombras de

un vástago vertical.]

El observador notará en cada circunferencia (fig. 6) el punto donde la

extremidad de la sombra de la mañana y la de la tarde coinciden

exactamente con la extremidad de su radio. Las dos líneas obtenidas de

esa manera forman un ángulo BOA. Dividiéndolo en dos partes iguales, por

medio de una línea recta ON, se tendrá la dirección de la meridiana del

lugar. Repitiendo la misma operación con otras circunferencias, se

obtendrá medio de comprobar la exactitud de la primera; ó bien se

suplirán así las observaciones que puedan faltar por efecto de una

interposición pasajera de nubes delante del Sol.

=16. Orientación: uso de la brújula.=--Finalmente, también se puede

determinar la posición de la meridiana si se conoce la _declinación

magnética_ del lugar donde se observa; es decir, el ángulo que esta

línea forma con la dirección de la aguja imanada, suspendida sobre un

eje, y en libertad para girar libremente en un plano horizontal. Este

medio es tanto más valioso cuanto que no siempre es posible observar el

Sol ó las estrellas, cuando el cielo está brumoso ó nublado.

El instrumento que sirve para este género de observación es la brújula

de declinación (fig. 7). La dirección de la aguja imanada no es la misma

del meridiano; pero como el ángulo que forma con el plano de éste es

conocido para cada punto, es fácil deducir la dirección de la meridiana.

Por ejemplo: en París la aguja imanada se dirige próximamente unos 16

grados al oeste; en consecuencia, habrá que volver la brújula de modo

que la aguja quede en esta posición (poco más ó menos en la dirección N.

NO.--S. SE.). Entonces la línea señalada por las palabras _norte, sur_,

dará la orientación que se busca.

[Illustración: Fig. 8.--Brújula terrestre de declinación.]

Como la declinación varía, no sólo de un año para otro en un mismo

lugar, sino también de un país á otro, los marinos y los viajeros

necesitan mapas que les indiquen el valor de este elemento en todos los

mares y regiones que deben recorrer, y para la época en que deban

hallarse en ellos.

Cuando se conoce la meridiana, se tienen los puntos norte y sur del

horizonte. La línea este-oeste se traza formando ángulo recto con la

primera, y así se conocen los cuatro puntos cardinales. El Sol no sale

exactamente por el este para ponerse por el oeste más que en la época de

los equinoccios, es decir, del 20 al 21 de marzo ó del 20 al 22 de

setiembre. Ese día, el Sol describe la mitad exactamente de un círculo

sobre el horizonte, y otra semi-circunferencia por debajo de éste. La

circunferencia completa es el ecuador celeste.

=17. Rosa de los vientos.=--Á más de los cuatro puntos cardinales, se

distinguen otros puntos del horizonte, que sirven para orientarse, en

una dirección cualquiera. El conjunto de todos ellos forma una estrella

de múltiples brazos, llamada _rosa de los vientos_ (fig. 8) porque puede

servir para indicar de que punto del horizonte soplan aquéllos.

[Illustración: Fig. 8.--Rosa de los vientos.]

=18. Aspecto del cielo en latitudes diversas.--Zonas celestes.=--Se ha

visto antes de que manera es posible reconocer la curvatura de la

Tierra, sea en el mar, sea en los continentes. Veamos ahora cual debe

ser el efecto de esta curvatura sobre el aspecto del cielo estrellado.

Recordemos que el movimiento diurno se efectúa alrededor de una línea

fija, cuya inclinación sobre el horizonte de un punto dado es

invariable.

De esta invariabilidad resulta que siempre se elevan sobre el horizonte

las mismas estrellas, en el intervalo de una rotación de la Tierra, sea

cual fuere la época del año. Sólo que, entre las que salen ó se ponen,

unas se encuentran sobre el horizonte durante la noche, y entonces son

visibles, mientras que las otras salen y se ponen durante el día, y el

brillo de la luz solar no permite distinguirlas. Por el contrario, como

las estrellas circumpolares no descienden nunca por debajo del

horizonte, permanecen á la vista todas las noches del año. Finalmente,

otras estrellas que describen sus circunferencias diurnas por debajo del

horizonte, no son nunca visibles en el sitio considerado.

Se ve, por tanto, que la esfera celeste puede dividirse en tres zonas:

la de las estrellas circumpolares, ó de estrellas perpetuamente

visibles; la de las estrellas que salen y que se ponen, y cuya

visibilidad durante la noche depende de la época del año en que se está;

y, finalmente, la zona de las estrellas que no se elevan nunca por

encima del horizonte.

=19. Movimiento en la dirección de un meridiano.=--Sentado esto, veamos

qué debe suceder cuando el observador cambia de horizonte, moviéndose en

la dirección de la meridiana, sea de norte á sur, sea de sur á norte.

Suponemos que el punto de partida se encuentre en el hemisferio austral.

Si la Tierra fuera plana, en nada se modificaría evidentemente el

aspecto del cielo. Como el movimiento del observador puede considerarse

nulo respecto de la inmensa distancia á que se encuentran los astros,

sin excluir los más cercanos á la Tierra, sucedería, en aquel supuesto,

que las mismas estrellas permanecerían visibles siempre y las mismas

ocultas siempre por debajo del plano del horizonte.

Pero si la Tierra es esférica, no puede ocurrir esto. En tal caso, al

pasar de un horizonte á otro, caminando hacia el norte, verbi gracia, el

viajero penetrará por debajo del plano del primer horizonte, y su vista

descubrirá por la parte norte estrellas de la zona que primitivamente no

podía ver. Por la parte sur, cierto número de estrellas que se hallaban

en la zona circumpolar, tendrán ahora para dicho observador movimiento

de orto y de ocaso que antes les faltaba, pues siempre se hallaban sobre

el horizonte. En definitiva, la parte visible del cielo habrá aumentado

de extensión.

Lo contrario ocurriría evidentemente si el viaje se efectuara en la

dirección del sur; entonces aumentaría la zona de las estrellas

circumpolares; pero por la parte norte, cierto número de estrellas que

salían y se ponían por encima del primer horizonte, quedarían en

adelante por debajo de él, y serían invisibles para el observador: la

parte perceptible del cielo habría disminuido.

Pues bien, tal es, en efecto, la variación de aspecto que la esfera

estrellada presenta al observador que se mueve en la superficie de la

Tierra siguiendo un meridiano cualquiera. Esta es, por consiguiente, una

nueva prueba de la forma redondeada de nuestro planeta.

=20. Movimiento diurno en el ecuador, en los polos=.--Mientras más se

camina hacia el sur, más se eleva el polo de ese nombre, y si fuera

posible penetrar mucho en los hielos polares, se llegaría á un punto en

que el polo sur se hallaría en el mismo cenit. En ese punto, el

movimiento diurno de las estrellas se efectúa siguiendo círculos

paralelos al horizonte y ninguna de ellas sale ni se pone nunca. Pero

una mitad entera de la esfera celeste permanece constantemente

invisible.

[Illustración: Fig. 9.--Movimiento diurno en un horizonte cualquiera.]

Por el contrario, mientras más se avanza hacia el norte, más baja el

polo sur, y así se acaba por llegar á una región en que los dos polos se

encuentran en la línea del horizonte. Allí los arcos diurnos descritos

por las estrellas son semi-círculos perpendiculares al horizonte, y la

esfera estrellada entera sale y se pone en el intervalo de un día. Esta

región forma el ecuador de la Tierra.

Si se continúa caminando hacia el norte, empieza á elevarse cada vez más

sobre el horizonte el polo boreal del cielo, mientras que el austral va

descendiendo cada vez más por debajo de aquél. Así se acabaría, de ser

posible penetrar hasta lo profundo de la zona glacial ártica, por llegar

á un punto de la Tierra en que el polo norte del cielo se hallaría en el

cenit. Y ahora sería la mitad boreal de la esfera celeste la que se

movería describiendo los mismos círculos paralelos de la figura 10. La

mitad austral no sería visible.

[Illustración: Fig. 10. Movimiento diurno en los polos.]

=21. Polos y cenador terrestres.=--Como ya se ha dicho, la Tierra es

redonda y casi esférica. En el espacio de un día próximamente, gira

alrededor de uno de sus diámetros, cuya dirección en el espacio es fija,

y que toma el nombre de _eje del mundo_, cuando se le considera

relativamente al movimiento diurno, aparente, de la esfera estrellada.

[Illustración: Fig. 11. Movimiento diurno en el equador.]

Dos puntos de la superficie de la Tierra permanecen inmóviles, y son las

extremidades del eje de rotación ó _polos terrestres_ P y P' (fig. 12).

Si se imagina un plano que pase por el centro de la Tierra

perpendicularmente al eje, este plano, que corta al globo en dos mitades

ó hemisferios, formará sobre la superficie un círculo máximo EE', que se

denomina _ecuador_.

El hemisferio que contiene el polo norte es el boreal; el otro, en que

está el polo sur, es el hemisferio austral.

[Illustración: Fig. 12. Coordenadas terrestres. Longitudes y latitudes

geográficas.]

Todo círculo, análogo á CC', trazado en la superficie de la Tierra

paralelamente al ecuador, recibe el nombre de _círculo paralelo_ ó

simplemente de _paralelo_. Es evidente que el ecuador es el mayor de

todos los paralelos, y que los radios de éstos van disminuyendo á medida

que decrecen sus distancias á uno ú otro de los polos.

Un plano que pase por el eje de la Tierra la corta también en dos partes

iguales, siguiendo una línea que puede considerarse casi como un

círculo: este plano es lo que se llama un _meridiano_, y la curva

Pm´mMm´´P´ es la meridiana, en los

horizontes de los lugares m´, m, M, m´´.

=22. Coordenadas geográficas de un lugar, longitud.=--La posición de un

punto cualquiera de la superficie del globo se determina exactamente por

medio de los meridianos y de los paralelos. Con ese fin, se toma como

punto de partida un meridiano conocido: en Francia, el que pasa por el

observatorio de París; en Inglaterra, el de Greenwich, etc. Luego se

mide el ángulo que el meridiano del lugar considerado forma con el que

se designó para punto de partida. Este ángulo es lo que se denomina

_longitud_. Para calcularla, se divide el ecuador en grados, minutos y

segundos, contados á partir del 0 del primer meridiano, sea á oriente,

sea á occidente. La longitud se califica de _oriental_ ú _occidental_,

según que el lugar se encuentre situado en uno ú otro de los hemisferios

separados por el meridiano inicial.

Todos los puntos de la Tierra situados á lo largo de la misma mitad de

un meridiano, tienen evidentemente la misma longitud.

=23. Latitud geográfica.=--Para acabar de determinar la posición del

lugar, se cuenta el número de grados, minutos y segundos comprendidos

sobre el meridiano entre ese lugar y el ecuador: esto es lo que se

denomina la _latitud_. Se la cuenta de 0° á 90°, yendo del ecuador hacia

los polos, y es _boreal_ ó _austral_, según que el punto considerado se

encuentre en uno ú otro de los dos hemisferios que determina el plano

del ecuador.

[Illustración: Fig. 13. La latitud geográfica de un lugar es igual á la

altura del polo.]

Evidentemente, todos los puntos de la Tierra situados en un mismo

paralelo tienen igual latitud.

Tales son las coordenadas geográficas que se usan para determinar la

posición exacta de un lugar de la superficie terrestre.

DIMENSIONES DE LA TIERRA

=24. Medida de un grado terrestre.=--Se ha visto antes que la Tierra tiene

la forma de una bola casi perfectamente esférica. Las tierras,

continentes é islas, no ocupan más que la cuarta parte de la superficie

total; las otras tres cuartas partes son las aguas. La superficie de

éstas, es decir, la de los océanos y de los mares, es la que

principalmente afecta la forma de una esfera; las tierras presentan

desigualdades de nivel, que parecen hallarse á primera vista en

contradicción con dicha forma regular. Nótanse elevaciones y

depresiones, montañas y valles, aparentemente considerables. Pero vamos

á ver que las más altas montañas no son sino aristas imperceptibles en

la superficie de la Tierra, por efecto de las enormes dimensiones del

globo entero.

Demos una idea de la manera cómo ha sido posible medir esas dimensiones.

Si la Tierra es una esfera, todos los planos meridianos que la cortan

según su eje, son círculos que tienen por puntos comunes ambos polos. El

ecuador, que corta al globo en dos partes iguales ó hemisferios, así

como los paralelos á él, son círculos. Los meridianos y el ecuador son

círculos iguales; los paralelos, círculos cada vez más pequeños á medida

que se van acercando á uno de los polos. La geografía enseña todo lo

dicho.

La cuestión que se había de resolver, para saber cuales son las

dimensiones del globo terrestre, era medir la longitud de uno de los

mencionados círculos, por ejemplo, de uno de los meridianos. Esta

operación es mucho más complicada de lo que se puede imaginar. En

efecto, no hay posibilidad de seguir un meridiano en toda su longitud;

por causa de las nieves y de los hielos no cabe penetrar en las regiones

polares; además, la mayor parte de los meridianos atraviesan los mares

en parte de su extensión, ó países montañosos de difícil acceso.

Así es que se ha considerado suficiente medir una parte del meridiano,

lo que se llama _un grado_, que es, como lo enseña la geometría, la 360ª

parte de toda circunferencia. Una vez conocida la longitud del grado, se

deduce de ese dato, por medio de una sencilla multiplicación, la de la

circunferencia entera, y, por tanto, del meridiano. Tomemos un ejemplo.

París y Amiens se encuentran bajo el mismo meridiano con corta

diferencia, y su latitud difiere en un grado próximamente. Desde 1550,

un médico francés, llamado Fernel, colocó un contador en una de las

ruedas de su carruaje y se puso en camino yendo de Amiens á París. Así

midió, casi por completo en la dirección del meridiano, la longitud del

camino que unía á dichas ciudades. El resultado fué 57,070 toesas, esto

es, unos 111 kilómetros, como longitud del grado.

=25. Dimensiones de la Tierra.=--Más tarde se han medido numerosos arcos

de meridiano, por medios mucho más complicados, pero también mucho más

precisos, y se ha hallado el valor de la circunferencia entera de la

Tierra, que es un tanto superior á 40 millones de metros. El diámetro

del globo terrestre mide 12,700 kilómetros, en números redondos.

La superficie de la Tierra contiene nada menos que 510 millones de

kilómetros cuadrados, es decir, 510 millones de cuadrados, cada uno de

cuyos lados es un kilómetro.

Su volumen pasa de 1,083,000 millones de kilómetros cúbicos.

=26. Las montañas comparadas con el globo terrestre.=--Ahora es fácil

darse cuenta de la importancia de las desigualdades de su superficie.

Consideremos las montañas más elevadas del globo. En Europa, el monte

Blanco y el Elbrouz se elevan á 4,800 y á 5,600 metros respectivamente

sobre el nivel del mar; en Asia, el Gaurisankar del Himalaya alcanza

8,840 metros; en América, el Aconcagua, el Chimborazo, y las principales

cimas de las Cordilleras de los Andes, pasan de 6,800 y de 6,200 metros

sobre el nivel del océano Pacífico. Sin embargo, la más elevada de esas

montañas forma apenas la 1/1440 parte del diámetro de la Tierra.

En un globo que tuviera un metro de diámetro, el Gaurisankar formaría

todo lo más una arista de dos tercios de un milímetro de alto. En uno de

30 centímetros de diámetro, esa altura llegaría difícilmente á 1/5 de

milímetro. La mayor parte de las desigualdades que nos parecen tan

enormes, cuando las examinamos de cerca, serían completamente

imperceptibles en esos globos hipotéticos. Para representarlas en

relieve, sobre los globos ó los mapas, hay que exagerar

considerablemente la escala de las alturas.

=27. La Tierra es aplanada en los polos.=--Si se pudiera ver la Tierra

desde el espacio, por ejemplo, desde la distancia á que se encuentra la

Luna, nos parecería una esfera casi perfecta. Sin embargo, las medidas

de meridiano han hecho ver que la longitud del grado va aumentando á

partir del ecuador, hasta los polos de la Tierra. De ahí se ha deducido

que nuestro planeta se halla un tanto aplastado en los polos, ó, lo que

significa lo mismo, elevado en el ecuador. El diámetro que pasa por los

polos, es decir, el eje de rotación es más pequeño que el diámetro de la

circunferencia ecuatorial: la diferencia es poco más ó menos la 300ª

parte de este último, es decir, de un milímetro, si se toma como punto

de comparación un globo de 30 centímetros de diámetro.

MOVIMIENTO DE TRANSLACIÓN DE LA TIERRA ALREDEDOR DEL SOL

=28. Revolución anual de la Tierra.=--Según se ha dicho, la Tierra gira

alrededor de sí misma, esto es, de la línea que une sus polos, y de este

modo efectúa una rotación completa en el intervalo de un día. Este

movimiento real es el que, por efectuarse de occidente á oriente, nos

hace creer que los astros, estrellas, Sol, Luna, se mueven en sentido

contrario, esto es, de oriente á occidente.

Nuestro globo se halla animado de otro movimiento que lo transporta en

el espacio, y en virtud del cual efectúa una revolución entera alrededor

del Sol en el intervalo de un año.

=29. Movimiento de translación de la Tierra.--Cambio de aspecto del

cielo.=--Procuremos hacer comprender cómo se ha llegado á reconocer la

existencia de este segundo movimiento, y los fenómenos que prueban su

existencia.

Coloquemos en una mesa redonda, casi en su centro (fig. 14), una lámpara

que representará al Sol. Una bola, por ejemplo, una naranja, atravesada

en su centro por una aguja larga, será la Tierra. Coloquemos la bola en

un punto T de la orilla de la mesa, de modo que la aguja que representa

el eje de rotación, quede inclinada sobre el plano de la mesa. Precisa

suponer, además, que alrededor de los objetos que colocamos de esta

manera, se extiende el cielo, hasta distancias infinitamente mayores que

la del Sol á la Tierra, es decir, en el caso presente, que el

semi-diámetro de nuestra mesa. En todo ese espacio y en todas

direcciones se encuentran las estrellas.

El globo T está iluminado en aquella de sus mitades ó hemisferios que se

encuentra vuelto hacia la lámpara, representación del Sol. Esto es el

día para todas las regiones de dicho hemisferio. La otra mitad, sumida

en la sombra, se encuentra en la noche, y la falta de luz solar le

permite ver las estrellas en la parte opuesta del cielo.

Si la Tierra permaneciera en la posición T, conservando el movimiento

sobre su eje, se verían siempre, desde uno ú otro de los hemisferios de

nuestro planeta las mismas estrellas y las mismas regiones del cielo.

Una estrella dada saldría, pasaría por el meridiano, y se pondría

uniformemente á las mismas horas, en la sucesión de las noches. Además,

el Sol se encontraría en el mismo caso que las estrellas, y como ellas

tendría á horas fijas su orto, su máximum de elevación y su ocaso.

Pero eso no sucedería en el caso de que la Tierra, en vez de permanecer

inmóvil en T, se moviese siguiendo la orilla de la mesa, conservando

para su eje de rotación la misma inclinación y la misma dirección en el

espacio. Por ejemplo, á media noche, cuando la Tierra se halla en T, se

encontrará opuesta al Sol una estrella _e_. Al llegar el planeta á la

posición T', otra estrella irá á encontrarse á la misma hora en la

dirección de la línea que une la Tierra al Sol. En T'', hará lo mismo

otra estrella _e_''. Y es fácil comprender que si la bola continúa

efectuando de esa manera una revolución completa alrededor del Sol, irá

presentando sucesivamente en la sombra su mitad á todas las regiones del

cielo. Por el contrario, la lámpara ó Sol, visto de la Tierra, parecerá

haber dado en el mismo sentido una vuelta completa al cielo.

Y así es cómo ocurren efectivamente las cosas. El aspecto del cielo

cambia de una noche á otra en el mismo lugar; á las mismas horas se ven

salir nuevas estrellas, más orientales, mientras que en occidente se

encuentran ya ocultas otras estrellas que antes se hallaban todavía

sobre el horizonte.

[Illustración: Fig. 14. Movimiento de translación de la Tierra.]

=30. Día sideral más corto que el día solar.=--También resulta de esto que

una estrella determinada vuelve á pasar por el meridiano antes que el

Sol. La duración de un _día solar_, de 24 horas, que comprende un

intervalo de la hora del mediodía al mediodía siguiente, es mayor que la

del _día sideral_; la diferencia se eleva á 3 minutos 56 segundos.

Al cabo del año, una estrella ha pasado 366 veces por el meridiano,

mientras que el Sol lo efectúa únicamente 365. En una palabra, el año,

que se compone de 366 días siderales, ó de 366 rotaciones de la Tierra,

no contiene más que 365 días solares. Esta es consecuencia del doble

movimiento de la Tierra, de rotación sobre sí misma y de translación ó

de revolución alrededor del Sol.

ÓRBITA DE LA TIERRA

=31. Órbita de la Tierra.=--La Tierra describe, en su revolución anual

alrededor del Sol, una curva ú órbita, cuya posición, forma y

dimensiones vamos á indicar.

[Illustración: Fig. 15. Órbita de la Tierra.]

Esta curva es plana, de manera que el centro de la Tierra permanece

siempre en el mismo plano, llamado eclíptica. Como, según ya se ha

visto, el eje de rotación conserva siempre la misma dirección y la misma

inclinación, otro tanto ocurre con el ecuador, que permanece paralelo á

sí mismo, formando un ángulo constante con el plano de la eclíptica.

Este ángulo, denominado _oblicuidad de la eclíptica_, es igual á un poco

más de 23 grados, esto es, algo más de la cuarta parte de un ángulo

recto; tiene suma importancia, puesto que á él se deben las estaciones,

la desigualdad de los días y de las noches para un mismo punto, en el

curso del año, ó bien para los lugares cuya latitud es diferente. Más

adelante volveremos á tratar del particular.

La órbita de la Tierra no es un círculo, y la distancia de nuestro globo

al Sol varía continuamente de un día para otro. Es una curva llamada en

geometría _elipse_, especie de óvalo, que tiene en su diámetro ó eje

mayor AB, dos puntos FF ó focos, situados á una y otra parte del centro

O (fig. 15) y que gozan de la propiedad de que las distancias reunidas

desde un punto de la elipse hasta ellos, forman siempre la misma

longitud, igual por cierto al eje mayor.

El Sol no ocupa el punto medio de la órbita, sino uno de los focos.

=32. Excentricidad de la órbita.=--Cuando la Tierra se encuentra en A,

vértice del eje mayor más inmediato al Sol, la distancia á este astro es

la más pequeña de todas; por esta razón se dice que nuestro planeta está

en su _perihelio_, lo que ocurre ahora hacia el 1º de enero de cada año.

También se dice que el Sol está en su _perigeo_, esto es, en la

distancia más corta á la Tierra. De modo que esas dos palabras,

_perihelio_ y _perigeo_, indican el mismo hecho.

Desde A la Tierra marcha alrededor del Sol, recorriendo su órbita en el

sentido indicado por la flecha, y sus distancias van aumentando, hasta

la otra extremidad B del eje mayor, donde la distancia de nuestro

planeta al Sol alcanza su máximum; entonces se dice que la Tierra, se

encuentra en su _afelio_, ó, lo que equivale á lo mismo, que el Sol está

en su _apogeo_, cosas que ocurren allá por el 1º de julio.

Después la Tierra sigue su camino sobre la segunda mitad de su órbita,

acercándose constantemente al Sol, hasta que vuelve á encontrarse en A,

donde da principio otra nueva revolución.

En dos épocas intermedias, la Tierra se halla en dos puntos, D y C, en

los cuales la distancia al Sol es exactamente igual á la distancia media

entre los extremos del perihelio y del afelio. Esos puntos son los

vértices del diámetro ó eje menor de la órbita. La diferencia entre las

distancias extremas es próximamente de 1/13 parte de la distancia media.

La mitad es lo que se llama _excentricidad_ de la órbita.

=33. Distancia de la Tierra al Sol.=--La distancia de la Tierra al Sol es

igual por término medio á 148,000,000 de kilómetros y la longitud total

de la órbita llega á 930 millones de kilómetros. Como nuestro planeta la

recorre en el intervalo de un año, esto es, de 365 días y cuarto, ó

mejor dicho, de 31,557,600 segundos, es fácil calcular el camino que

nuestro globo recorre en el corto intervalo de un segundo; hállanse 29

kilómetros y medio poco más ó menos por segundo, velocidad 60 veces

superior á la de una bala de cañón al salir del arma.

Debemos añadir que esta velocidad varía, siendo tanto mayor cuanto más

pequeña es la distancia al Sol: cuando la Tierra está en su perihelio,

alcanza unos 30 kilómetros por segundo; luego va disminuyendo hasta el

afelio, donde sólo es de 29; á partir de este punto vuelve á pasar, pero

en orden inverso, por las velocidades con que recorriera la primera

mitad de su órbita.

Nosotros no sentimos que la Tierra nos arrastra así por los espacios

celestes, en compañía del globo que habitamos, como tampoco nos damos

cuenta del movimiento de rotación diurna.

Los antiguos los desconocían ambos, y los atribuían aquél al cielo

entero, y el segundo al Sol en persona. Tomaban, pues, por realidades,

lo que sólo era apariencia. Copérnico (1543) y Galileo (1600) fueron los

primeros en descubrir y demostrar esas dos grandes verdades

astronómicas.

=34. Duración del año.=--La duración del año, esto es, del tiempo que la

Tierra tarda en efectuar una de sus revoluciones alrededor del Sol, ó

bien, del tiempo que transcurre entre dos pasos por el mismo equinoccio,

es de:

365 días 24 ó 365 días 5 horas 48 minutos y 47 segundos.

Esto es lo que se denomina _año trópico_.

El _año civil_ es de 365 días exactamente durante 3 años consecutivos.

El siguiente es de 366 días, hallándose formado el 366º par la

acumulación de 4 veces el excedente de unas 6 horas que el año trópico ó

astronómico presenta sobre el año civil. Los años de 366 días son los

bisiestos.

De cada cuatro años seculares, 3 no son bisiestos; así se corrige la

diferencia de 11 minutos 13 segundos que faltan al excedente en cuestión

para dar seis horas, ó un cuarto de día.

LOS DÍAS Y LAS NOCHES

=35. Duración de los días y de las noches.=--El día solar de 24 horas,

esto es, el intervalo entre dos pasos sucesivos del Sol por el

meridiano, se compone, según lo sabe todo el mundo, de dos partes: una,

el _día_, ó mejor dicho, la _jornada_, va desde la salida hasta la

puesta del Sol; la otra, la _noche_, desde la puesta hasta el orto del

astro.

La duración del día y la de la noche son generalmente desiguales, y esta

desigualdad es tanto más grande cuanto más lejos del ecuador se

encuentre el sitio de la observación; también varía de una estación á

otra para un mismo punto.

Sin embargo, el día tiene en el ecuador la misma duración que la noche,

durante todo el año. El Sol permanece allí doce horas por encima del

horizonte y doce por debajo.

=36. Equinoccios y Solsticios.=--Esta igualdad del día y de la noche se

efectúa simultáneamente sobre toda la Tierra en dos épocas diferentes

del año. Por esa razón se las ha llamado _equinoccios_: coinciden con el

principio de la primavera y del otoño.

Finalmente, en otras dos épocas, que caen al principio del verano y del

invierno, se tienen los días más largos con las noches más cortas, y los

días más cortos con las noches más largas: estos son el solsticio de

verano y el de invierno.

=37. Las estaciones en los dos hemisferios.=--Importa hacer notar que la

desigualdad de los días y de las noches, tal como acabamos de

describirla, sigue en cada hemisferio marcha opuesta, de manera que si

los días van creciendo en el boreal, van disminuyendo al contrario en el

austral, é inversamente. El equinoccio del 20 al 22 de marzo es el

_equinoccio de primavera_ para el primero y el _de otoño_ para el

segundo. La misma observación debemos hacer para el equinoccio del 22 al

20 de setiembre, que es el _equinoccio de otoño_ en el hemisferio

boreal, y el _de primavera_ en el austral.

Otro tanto ocurre con los solsticios. El del 20 al 22 de junio es el

_solsticio de verano_ ó el _de invierno_, según cual sea el hemisferio

de que se trate, y el solsticio del 20 al 22 de diciembre es

inversamente solsticio de invierno ó de verano.

En una palabra, las estaciones son opuestas en los dos hemisferios.

=38. Explicación de la desigual duración de los días y de las

noches.=--Veamos ahora cómo se explican estas variaciones de duración de

los días y de las noches y porqué dan origen al fenómeno de las

estaciones de la Tierra.

Partamos del equinoccio de marzo y sigamos al Sol en su carrera diurna

por el hemisferio norte.

En ese día, el astro sale por el punto preciso del horizonte oriental

que marca el este, y después describe un semi-círculo, que es la mitad

del ecuador celeste, para ir á ponerse precisamente por el oeste. La

otra mitad de la circunferencia es descrita por el Sol debajo del

horizonte, durante la noche. Pero, á partir de este día, la salida y

puesta del Sol se verifican en puntos que se acercan cada vez más al

norte, y el arco diurno es mayor que una semi-circunferencia, de manera

que el día, cada vez más largo, se va haciendo constantemente mayor que

la noche, la cual disminuye en la misma proporción. El Sol marca las

doce en puntos cada vez más elevados sobre el horizonte, alejándose cada

vez más del ecuador celeste.

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