CAPÍTULO XXXVIII.

En el cual se contiene una carta de marear que llevaba Cristóbal

Colon, donde tenia pintadas estas Indias é islas, mayormente esta

Española que llamó Cipango, y esta carta dice el autor que la tiene,

á lo que cree, en su poder.--Como vieron ciertos celajes que todos

afirmaron ser tierra y hobieron grande alegría y al cabo no fué.--Como

vieron muchas señales adelante de tierra.--Como se le quisieron

amotinar de no poder ya mas sufrir la dilacion.--Como descubrió Colon

ciertos secretos de las alturas.--Como confirieron los puntos de la

navegacion.

Regla es tambien general de nuestro Señor Dios, de que usa con todos

los pecadores miéntras vivimos en esta vida, no mirando á quien

nosotros somos, sino á quien él es, como sabe cuán poco sosten de

nuestra cosecha tenemos, aunque no sea llegado el tiempo que determina

cumplirnos algun deseo bueno, el cual, no ántes ni despues que él

tiene determinado lo hemos de haber, y esta es, conviene á saber, no

darnos del todo hieles puras á beber, sino interponer alguna mezcla

de consuelo con que las repulsas que padecemos podamos tolerar y no

de golpe desfallecer. Ansí por esta manera se hobo con estos, que,

aunque en breve los habia, con la vista de la tierra, de alegrar,

dábales muchas amarguras con el temor veemente que tenian ya cogido de

se perder, pero á vueltas dellas, les concedia que hobiesen algunas

veces interpolacion con algun placer; y ansí fué, que el martes, 25

de Setiembre, habiendo habido mucha calma y despues hácia la tarde

viento, y yendo su camino al gueste, llegase Martin Alonso Pinzon, con

su carabela _Pinta_, á hablar con Cristóbal Colon sobre unas cartas

de marear que Cristóbal Colon le habia enviado ó arrojado con alguna

cuerda á la carabela, tres dias habia, en la cual parece que tenia

pintadas algunas islas destas mares, y decia Martin Alonso que se

maravillaba cómo no parecian porque se hallaba él con ellas; respondia

Cristóbal Colon, que ansí le parecia tambien á él. Esta carta es la

que invió Paulo, físico, el florentin, la cual yo tengo en mi poder

con otras cosas del Almirante mismo que descubrió estas Indias, y

escrituras de su misma mano que trajeron á mi poder; en ella le pintó

muchas islas y tierra firme que eran el principio de la India, y por

allí los reinos del Gran Khan, diciéndole las riquezas y felicidad de

oro y perlas y piedras de aquellos reinos, y, como pareció arriba en el

cap. 22, y segun el paraje que en la dicha figura é islas que le pintó,

sin duda parece que ya estaban en ellas, y ansí están todas estas islas

cuasi en aquella distancia, y por el crédito que Cristóbal Colon dió al

dicho Paulo, físico, ofreció á los Reyes descubrir los reinos del Gran

Khan, y las riquezas, oro y piedras, y especerías, que en ellos habia.

Pero Paulo, físico, se engañó, no sabiendo que habia otras tierras

ántes, y tambien que dijo, que yendo derechos al Poniente habian de

topar con los dichos reinos, los cuales deben de estar, ó pasadas todas

estas nuestras Indias, al Poniente, ó quedan á la mano izquierda hácia

el Austro; aunque dijo verdad, que habian de topar con el principio de

la India, como creemos que son estas tierras, pero esto acaeció acertar

acaso, como abajo parecerá; díjole tambien que le echase ó tornase la

carta, la cual tornada, paróse Cristóbal Colon con el piloto de su nao

y marineros á ver y hablar dello, esto era ya el sol puesto. Subióse

Martin Alonso en la popa de su carabela, y con mucha alegría dá voces

llamando á Cristóbal Colon, y pidiéndole albricias que vía tierra; y

tanto lo afirmó, y con tanto regocijo estaban todos los de la _Pinta_

afirmando que era tierra, que Cristóbal Colon dá consigo en tierra,

y de rodillas comienza á dar gracias á nuestro Señor, y el Martin

Alonso, con toda su gente, cantaban _Gloria in excelsis Deo_; lo mismo

hicieron la gente de la nao _Capitana_, los de la carabela _Niña_.

Subiánse todos sobre el mastel por la jarcia, y todos afirmaron que

era tierra, y á Cristóbal Colon así le pareció; habia dellos á ella

25 leguas, parecia al Sudueste, que era la mano derecha de su camino,

que llevaba el gueste. Estuvieron hasta la noche afirmando todos ser

tierra, é yo cierto así lo creo que lo era, porque segun el camino que

siempre trajeron, todas las islas que el Almirante descubrió despues,

al segundo viaje, le quedaban entónces por aquella banda ó parte, hácia

el Sudueste. Mandó, pues, dejar el camino del gueste que llevaba y

tomar el del Sudueste, adonde parecia la que decian tierra. Andarian

entre dia y noche 21 leguas y media, puso en la cuenta menor 13 leguas;

con este regocijo se alegraron harto todos los marineros que tanto

desmayo traian, y fué la mar tan llana, que se echaron muchos á la

mar y nadaron con mucho placer; vinieron muchos dorados á los navíos,

que son pescado muy bueno, cuasi como salmon, aunque no colorado sino

blanco, y tambien vinieron otros muchos pescados. El miércoles, 26 de

Setiembre, fueron hácia el Sudueste á ver aquello que habia parecido

tierra, y hallaron que habian sido celajes que muchas veces engañan

haciendo muestra de tierra, tornóse á su vía, que era el gueste, y

andarian entre dia y noche 31 leguas, puso en la cuenta pública 24; era

la marea como en un rio, hallaron los aires dulces y suavísimos. Aquí

tornaron á su desmayo é incredulidad la gente; vieron un alcatraz y dos

rabos de juncos. El jueves siguiente, 27 de Setiembre, fueron á su vía

del gueste, anduvieron 24 leguas entre dia y noche, contó á la gente

20 leguas, tenian siempre cuidado de mirar las señales que ocurrian;

vinieron muchos dorados, mataron uno, vieron un rabo de junco y un

alcatraz; de la hierba, poca. Viernes, aunduvieron 14 leguas, mataron

dos pescados dorados en la _Capitana_ y en las otras dos carabelas más.

Sábado, 29 de Setiembre, anduvieron 24 leguas, porque tuvieron calmas,

entre dia y noche, contó 21; parecieron por tres veces tres alcatraces

y un rabihorcado, que así llaman aquella ave que tiene la cola partida

en dos partes, y esta persigue á los alcatraces hasta que extercolizan,

y come aquel estiércol y dello se mantiene. Dijo el Almirante aquí que

todo esto era gran señal de tierra, los aires, diz que, eran dulces y

suavísimos, que no faltaba sino oir cantar el ruiseñor. Domingo, 30 de

Setiembre, tuvieron alguna calma y anduvieron 14 leguas; vinieron al

navío cuatro rabos de junco, vieron cuatro alcatraces en dos veces;

dice Cristóbal Colon que esto es gran señal de estar cerca de tierra

por ser tantas aves de una naturaleza juntas, porque si fuera una

sola, pudiérase creer que se habia desmandado. Dice aquí Cristóbal

Colon, que él y todos los marineros se maravillaban ver tantas aves y

no ver tierra, por la experiencia que se tiene que nunca las hallan 20

leguas de tierra, mayormente el rabihorcado, que nunca duerme en la

mar; la mar traia muy llana, y los aires muy dulces y graciosos. En

estos dias notó Cristóbal Colon una cosa, de que se admiró, que las

guardas, en anocheciendo, estaban junto el brazo izquierdo, que es

el de la parte de Occidente, y cuando amanecia, estaban en la línea

debajo del brazo derecho, por manera que en toda la noche no andaban

sino tres líneas, que son nueve horas, y esto cada noche. Tambien de

otra cosa, los pilotos de los tres navíos recibieron mucho temor,

sospechando algun gran peligro hasta que él les dió la razon, y es,

que las agujas nordesteaban una cuarta entera en anocheciendo, y en

amaneciendo estaban fil con fil de la estrella. Dióles la causa desta

diferencia Cristóbal Colon, diciendo, que aquello causaba el movimiento

que aquella estrella que llamamos Norte, hace con su círculo al rededor

del verdadero Norte ó Polo, por manera que aquella estrella se muda,

ó tiene su movimiento violento de Oriente á Occidente como las otras,

y las agujas siempre señalan el verdadero Norte ó Polo mostrando

la verdad; con esta solucion quedaron los pilotos y marineros algo

satisfechos. Lunes, primero dia de Octubre, anduvieron 25 leguas entre

dia y noche; puso en la cuenta menor 20. Trataron hoy por la mañana

los pilotos, las leguas que cada uno se hallaba haber navegado y estar

apartados de la isla del Hierro, que es la postrera de las Canarias,

viniendo á estas partes. El piloto de la _Capitana_, donde venia

Cristóbal Colon, se hallaba al Poniente de la dicha isla, 578 leguas;

publicó Cristóbal Colon, hallarse tambien él otras tantas, considerada

la cuenta menor y pública, que con industria habia siempre escripto,

aunque en la secreta, que era la verdadera, eran, se Elson, William

Harris el juicio de Cristóbal Colon y lo que habia tasado, 707 leguas;

de manera, que la diferencia, eran 129 leguas, y los otros dos pilotos,

mucho mayor camino, segun su estima, habian andado, porque el piloto

de la carabela _Niña_, el miércoles siguiente tenia tasado, que habia

navegado 650, y el de la _Pinta_, 634 leguas. Holgábase Cristóbal

Colon que así errasen, creyendo y tasando ménos del camino que era,

porque si todos sintieran que estaban tan léjos de las Canarias,

como 700 y tantas leguas, más temieran, y mucho más difícil le fuera

llevarlos adelante. El mártes, 2 de Octubre, anduvieron al gueste,

que era su vía, y entre dia y noche dejaron atras 39 leguas, contó á

la cuenta pública 30; la mar era muy llana y buena siempre, gracias á

Dios (esta era comunmente palabra de Cristóbal Colon). Venia hierba

mucha del Este al gueste, al revés de como solia; parecieron muchos

pescados, mataron un atun pequeño; pareció una ave blanca como gaviota.

El miércoles, 3 de Octubre, anduvieron entre noche y dia 47 leguas,

contó en la pública cuenta 40; vieron pardelas algunas, y hierba muy

vieja, y otra nueva, que traia cierta cosa como fruta, y, porque vieron

pocas aves, sospechaba Cristóbal Colon, que le quedaban atras por los

lados las islas que él traia pintadas en la carta, de que de suso se

hizo mencion, pues la semana pasada se les habian ofrecido tantas y

tan claras señales de tierra; pero dice aquí, que no fuera buen seso

barloventear, y, ansí, detenerse volviendo á un lado ó á otro en busca

dellas, pues llevaba próspero tiempo y su principal intento era ir en

busca de las Indias, por la vía del Occidente, y esto era lo que habia

ofrecido á los Reyes, y los Reyes lo enviaban por este fin. Por esta

ocasion de no querer volver á barloventear por los lados en busca de

las islas que creian los pilotos quedar por allí, mayormente Martin

Alonso, por la carta que se dijo que le habia enviado Cristóbal Colon

á su carabela para que la viese (y era opinion dellos que debia de

volver), se comenzaron á amotinar todos; y fuera el desconcierto más

adelante, sino que puso Dios su mano, como solia, mostrándoles luego

nuevas señales de haber cerca tierra, porque ya no bastaban blandas

palabras, ni ruegos, ni prudentes razones de Cristóbal Colon para los

asosegar y persuadir á perseverancia. Y ansí, jueves 4 de Octubre,

vinieron al navío más de cuarenta pardelas juntas y dos alcatraces, á

uno de los cuales, un grumete del navío hirio con una piedra; vinieron

más, un rabo de junco y una ave blanca como gaviota; navegó este dia

con su noche 63 leguas, contó en la cuenta pública 46. El viernes

siguiente parecieron muchas pardelas y peces que llaman golondrinos,

que vuelan un gran tiro de piedra encima del agua, y suelen caer muchas

veces en las naos, y ansí hoy cayeron en el navío muchas; anduvieron 57

leguas, contó 45 á la gente; la mar bonanza: muchas gracias sean dadas

á Dios, dice aquí Cristóbal Colon. Sábado, 6 de Octubre, anduvieron 40

leguas, entre dia y noche, puso en la cuenta pública 33. Esta noche

dijo Martin Alonso, que sería bien navegar á la cuarta del gueste, á la

parte del sudueste, por la isla de Cipango, que llevaba la carta que

le mostró Cristóbal Colon; al cual no pareció que debian de mudar la

derrota, porque, si la erraban, no pudieran tan presto tomar tierra,

y que por esto era más seguro descubrir la tierra firme, y despues ir

á buscar las islas: lo cual todo les era desabrido, y, en no hacer

Cristóbal Colon lo que ellos decian, luego murmuraban. Vino á la nao un

rabo de junco y un alcatraz de hácia el Poniente, y poco se alegraban

con esto, como iban tan contra su voluntad.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 53 / 126 题