En el cual se contiene una carta de marear que llevaba Cristóbal
Colon, donde tenia pintadas estas Indias é islas, mayormente esta
Española que llamó Cipango, y esta carta dice el autor que la tiene,
á lo que cree, en su poder.--Como vieron ciertos celajes que todos
afirmaron ser tierra y hobieron grande alegría y al cabo no fué.--Como
vieron muchas señales adelante de tierra.--Como se le quisieron
amotinar de no poder ya mas sufrir la dilacion.--Como descubrió Colon
ciertos secretos de las alturas.--Como confirieron los puntos de la
navegacion.
Regla es tambien general de nuestro Señor Dios, de que usa con todos
los pecadores miéntras vivimos en esta vida, no mirando á quien
nosotros somos, sino á quien él es, como sabe cuán poco sosten de
nuestra cosecha tenemos, aunque no sea llegado el tiempo que determina
cumplirnos algun deseo bueno, el cual, no ántes ni despues que él
tiene determinado lo hemos de haber, y esta es, conviene á saber, no
darnos del todo hieles puras á beber, sino interponer alguna mezcla
de consuelo con que las repulsas que padecemos podamos tolerar y no
de golpe desfallecer. Ansí por esta manera se hobo con estos, que,
aunque en breve los habia, con la vista de la tierra, de alegrar,
dábales muchas amarguras con el temor veemente que tenian ya cogido de
se perder, pero á vueltas dellas, les concedia que hobiesen algunas
veces interpolacion con algun placer; y ansí fué, que el martes, 25
de Setiembre, habiendo habido mucha calma y despues hácia la tarde
viento, y yendo su camino al gueste, llegase Martin Alonso Pinzon, con
su carabela _Pinta_, á hablar con Cristóbal Colon sobre unas cartas
de marear que Cristóbal Colon le habia enviado ó arrojado con alguna
cuerda á la carabela, tres dias habia, en la cual parece que tenia
pintadas algunas islas destas mares, y decia Martin Alonso que se
maravillaba cómo no parecian porque se hallaba él con ellas; respondia
Cristóbal Colon, que ansí le parecia tambien á él. Esta carta es la
que invió Paulo, físico, el florentin, la cual yo tengo en mi poder
con otras cosas del Almirante mismo que descubrió estas Indias, y
escrituras de su misma mano que trajeron á mi poder; en ella le pintó
muchas islas y tierra firme que eran el principio de la India, y por
allí los reinos del Gran Khan, diciéndole las riquezas y felicidad de
oro y perlas y piedras de aquellos reinos, y, como pareció arriba en el
cap. 22, y segun el paraje que en la dicha figura é islas que le pintó,
sin duda parece que ya estaban en ellas, y ansí están todas estas islas
cuasi en aquella distancia, y por el crédito que Cristóbal Colon dió al
dicho Paulo, físico, ofreció á los Reyes descubrir los reinos del Gran
Khan, y las riquezas, oro y piedras, y especerías, que en ellos habia.
Pero Paulo, físico, se engañó, no sabiendo que habia otras tierras
ántes, y tambien que dijo, que yendo derechos al Poniente habian de
topar con los dichos reinos, los cuales deben de estar, ó pasadas todas
estas nuestras Indias, al Poniente, ó quedan á la mano izquierda hácia
el Austro; aunque dijo verdad, que habian de topar con el principio de
la India, como creemos que son estas tierras, pero esto acaeció acertar
acaso, como abajo parecerá; díjole tambien que le echase ó tornase la
carta, la cual tornada, paróse Cristóbal Colon con el piloto de su nao
y marineros á ver y hablar dello, esto era ya el sol puesto. Subióse
Martin Alonso en la popa de su carabela, y con mucha alegría dá voces
llamando á Cristóbal Colon, y pidiéndole albricias que vía tierra; y
tanto lo afirmó, y con tanto regocijo estaban todos los de la _Pinta_
afirmando que era tierra, que Cristóbal Colon dá consigo en tierra,
y de rodillas comienza á dar gracias á nuestro Señor, y el Martin
Alonso, con toda su gente, cantaban _Gloria in excelsis Deo_; lo mismo
hicieron la gente de la nao _Capitana_, los de la carabela _Niña_.
Subiánse todos sobre el mastel por la jarcia, y todos afirmaron que
era tierra, y á Cristóbal Colon así le pareció; habia dellos á ella
25 leguas, parecia al Sudueste, que era la mano derecha de su camino,
que llevaba el gueste. Estuvieron hasta la noche afirmando todos ser
tierra, é yo cierto así lo creo que lo era, porque segun el camino que
siempre trajeron, todas las islas que el Almirante descubrió despues,
al segundo viaje, le quedaban entónces por aquella banda ó parte, hácia
el Sudueste. Mandó, pues, dejar el camino del gueste que llevaba y
tomar el del Sudueste, adonde parecia la que decian tierra. Andarian
entre dia y noche 21 leguas y media, puso en la cuenta menor 13 leguas;
con este regocijo se alegraron harto todos los marineros que tanto
desmayo traian, y fué la mar tan llana, que se echaron muchos á la
mar y nadaron con mucho placer; vinieron muchos dorados á los navíos,
que son pescado muy bueno, cuasi como salmon, aunque no colorado sino
blanco, y tambien vinieron otros muchos pescados. El miércoles, 26 de
Setiembre, fueron hácia el Sudueste á ver aquello que habia parecido
tierra, y hallaron que habian sido celajes que muchas veces engañan
haciendo muestra de tierra, tornóse á su vía, que era el gueste, y
andarian entre dia y noche 31 leguas, puso en la cuenta pública 24; era
la marea como en un rio, hallaron los aires dulces y suavísimos. Aquí
tornaron á su desmayo é incredulidad la gente; vieron un alcatraz y dos
rabos de juncos. El jueves siguiente, 27 de Setiembre, fueron á su vía
del gueste, anduvieron 24 leguas entre dia y noche, contó á la gente
20 leguas, tenian siempre cuidado de mirar las señales que ocurrian;
vinieron muchos dorados, mataron uno, vieron un rabo de junco y un
alcatraz; de la hierba, poca. Viernes, aunduvieron 14 leguas, mataron
dos pescados dorados en la _Capitana_ y en las otras dos carabelas más.
Sábado, 29 de Setiembre, anduvieron 24 leguas, porque tuvieron calmas,
entre dia y noche, contó 21; parecieron por tres veces tres alcatraces
y un rabihorcado, que así llaman aquella ave que tiene la cola partida
en dos partes, y esta persigue á los alcatraces hasta que extercolizan,
y come aquel estiércol y dello se mantiene. Dijo el Almirante aquí que
todo esto era gran señal de tierra, los aires, diz que, eran dulces y
suavísimos, que no faltaba sino oir cantar el ruiseñor. Domingo, 30 de
Setiembre, tuvieron alguna calma y anduvieron 14 leguas; vinieron al
navío cuatro rabos de junco, vieron cuatro alcatraces en dos veces;
dice Cristóbal Colon que esto es gran señal de estar cerca de tierra
por ser tantas aves de una naturaleza juntas, porque si fuera una
sola, pudiérase creer que se habia desmandado. Dice aquí Cristóbal
Colon, que él y todos los marineros se maravillaban ver tantas aves y
no ver tierra, por la experiencia que se tiene que nunca las hallan 20
leguas de tierra, mayormente el rabihorcado, que nunca duerme en la
mar; la mar traia muy llana, y los aires muy dulces y graciosos. En
estos dias notó Cristóbal Colon una cosa, de que se admiró, que las
guardas, en anocheciendo, estaban junto el brazo izquierdo, que es
el de la parte de Occidente, y cuando amanecia, estaban en la línea
debajo del brazo derecho, por manera que en toda la noche no andaban
sino tres líneas, que son nueve horas, y esto cada noche. Tambien de
otra cosa, los pilotos de los tres navíos recibieron mucho temor,
sospechando algun gran peligro hasta que él les dió la razon, y es,
que las agujas nordesteaban una cuarta entera en anocheciendo, y en
amaneciendo estaban fil con fil de la estrella. Dióles la causa desta
diferencia Cristóbal Colon, diciendo, que aquello causaba el movimiento
que aquella estrella que llamamos Norte, hace con su círculo al rededor
del verdadero Norte ó Polo, por manera que aquella estrella se muda,
ó tiene su movimiento violento de Oriente á Occidente como las otras,
y las agujas siempre señalan el verdadero Norte ó Polo mostrando
la verdad; con esta solucion quedaron los pilotos y marineros algo
satisfechos. Lunes, primero dia de Octubre, anduvieron 25 leguas entre
dia y noche; puso en la cuenta menor 20. Trataron hoy por la mañana
los pilotos, las leguas que cada uno se hallaba haber navegado y estar
apartados de la isla del Hierro, que es la postrera de las Canarias,
viniendo á estas partes. El piloto de la _Capitana_, donde venia
Cristóbal Colon, se hallaba al Poniente de la dicha isla, 578 leguas;
publicó Cristóbal Colon, hallarse tambien él otras tantas, considerada
la cuenta menor y pública, que con industria habia siempre escripto,
aunque en la secreta, que era la verdadera, eran, se Elson, William
Harris el juicio de Cristóbal Colon y lo que habia tasado, 707 leguas;
de manera, que la diferencia, eran 129 leguas, y los otros dos pilotos,
mucho mayor camino, segun su estima, habian andado, porque el piloto
de la carabela _Niña_, el miércoles siguiente tenia tasado, que habia
navegado 650, y el de la _Pinta_, 634 leguas. Holgábase Cristóbal
Colon que así errasen, creyendo y tasando ménos del camino que era,
porque si todos sintieran que estaban tan léjos de las Canarias,
como 700 y tantas leguas, más temieran, y mucho más difícil le fuera
llevarlos adelante. El mártes, 2 de Octubre, anduvieron al gueste,
que era su vía, y entre dia y noche dejaron atras 39 leguas, contó á
la cuenta pública 30; la mar era muy llana y buena siempre, gracias á
Dios (esta era comunmente palabra de Cristóbal Colon). Venia hierba
mucha del Este al gueste, al revés de como solia; parecieron muchos
pescados, mataron un atun pequeño; pareció una ave blanca como gaviota.
El miércoles, 3 de Octubre, anduvieron entre noche y dia 47 leguas,
contó en la pública cuenta 40; vieron pardelas algunas, y hierba muy
vieja, y otra nueva, que traia cierta cosa como fruta, y, porque vieron
pocas aves, sospechaba Cristóbal Colon, que le quedaban atras por los
lados las islas que él traia pintadas en la carta, de que de suso se
hizo mencion, pues la semana pasada se les habian ofrecido tantas y
tan claras señales de tierra; pero dice aquí, que no fuera buen seso
barloventear, y, ansí, detenerse volviendo á un lado ó á otro en busca
dellas, pues llevaba próspero tiempo y su principal intento era ir en
busca de las Indias, por la vía del Occidente, y esto era lo que habia
ofrecido á los Reyes, y los Reyes lo enviaban por este fin. Por esta
ocasion de no querer volver á barloventear por los lados en busca de
las islas que creian los pilotos quedar por allí, mayormente Martin
Alonso, por la carta que se dijo que le habia enviado Cristóbal Colon
á su carabela para que la viese (y era opinion dellos que debia de
volver), se comenzaron á amotinar todos; y fuera el desconcierto más
adelante, sino que puso Dios su mano, como solia, mostrándoles luego
nuevas señales de haber cerca tierra, porque ya no bastaban blandas
palabras, ni ruegos, ni prudentes razones de Cristóbal Colon para los
asosegar y persuadir á perseverancia. Y ansí, jueves 4 de Octubre,
vinieron al navío más de cuarenta pardelas juntas y dos alcatraces, á
uno de los cuales, un grumete del navío hirio con una piedra; vinieron
más, un rabo de junco y una ave blanca como gaviota; navegó este dia
con su noche 63 leguas, contó en la cuenta pública 46. El viernes
siguiente parecieron muchas pardelas y peces que llaman golondrinos,
que vuelan un gran tiro de piedra encima del agua, y suelen caer muchas
veces en las naos, y ansí hoy cayeron en el navío muchas; anduvieron 57
leguas, contó 45 á la gente; la mar bonanza: muchas gracias sean dadas
á Dios, dice aquí Cristóbal Colon. Sábado, 6 de Octubre, anduvieron 40
leguas, entre dia y noche, puso en la cuenta pública 33. Esta noche
dijo Martin Alonso, que sería bien navegar á la cuarta del gueste, á la
parte del sudueste, por la isla de Cipango, que llevaba la carta que
le mostró Cristóbal Colon; al cual no pareció que debian de mudar la
derrota, porque, si la erraban, no pudieran tan presto tomar tierra,
y que por esto era más seguro descubrir la tierra firme, y despues ir
á buscar las islas: lo cual todo les era desabrido, y, en no hacer
Cristóbal Colon lo que ellos decian, luego murmuraban. Vino á la nao un
rabo de junco y un alcatraz de hácia el Poniente, y poco se alegraban
con esto, como iban tan contra su voluntad.