En este tiempo habia en todo Portugal grandísimas murmuraciones
del Infante, viéndole tan cudicioso y poner tanta diligencia en el
descubrir de la tierra y costa de África, diciendo que destruia el
reino en los gastos que hacia, y consumia los vecinos dél en poner
en tanto peligro y daño la gente portoguesa, donde muchos morian,
enviándolos en demanda de tierras que nunca los reyes de España pasados
se atrevieron á emprender, donde habia de hacer muchas viudas y
huérfanos con esta su porfía. Tomaban por argumento, que Dios no habia
criado aquellas tierras sino para bestias, pues en tan poco tiempo en
aquella isla tantos conejos habia multiplicado, que no dejaban cosa que
para sustentacion de los hombres fuese menester. El Infante, sabiendo
estas detracciones y escándalo que por el reino andaban, sufríalo con
paciencia y grande disimulacion, volviéndose á Dios, segun dice Juan
de Barros, atribuyéndolo á que no era digno de que por su industria
se descubriese lo que tantos tiempos habia que estaba escondido á los
reyes de España; pero con todo eso sentia en sí cada dia más encendida
su voluntad para proseguir la comenzada navegacion, y firme esperanza
que Dios habia de cumplir sus deseos. Con esta esperanza tornó á enviar
navíos con gente á descubrir, rogando á los Capitanes que trabajasen
de pasar el cabo del Boxador, que tan temeroso y dificultoso á todos
se les hacia de pasar. Algunos iban y no pasaban, y hacian presa en
los moros que podian saltear y en otros en las islas de Canaria; otros
venian y pasaban el estrecho de Gibraltar y trabajaban de hacer saltos
en la costa del reino de Granada, y con esto se volvian á Portugal; y
como arriba se dijo, en estas ocupaciones, sin sacar el fruto que el
Infante y los portogueses deseaban, se gastaron los doce años y más,
desde el año de 18 hasta el de 32.
En el año de 1433 mandó el Infante armar un navío, que llaman _Barca_,
en que envió por Capitan un escudero suyo, que se llamaba Gilianes,
y este fué á las islas de Canaria y salteó los que pudo, y trájolos
á Portugal captivos (y destos tales saltos se quejaba el rey D. Juan
de Castilla, como parece por sus cartas), y desto dicen que desplugo
mucho al Infante. El año de 1434 tornó á mandar el Infante aparejar y
armar la dicha _Barca_ (segun cuenta el historiador portogués Gomez
Canes y el mismo Juan de Barros, lib. I, cap. 4.º), y encargó mucho al
dicho Gilianes, prometiéndole muchas mercedes si pasase el dicho cabo
del Boxador, haciéndole el negocio fácil, y que las dificultades que
los marineros que en el capítulo[21] digimos que ponian, debian ser
burla, porque no sabian otra navegacion ni derrota sino la de Flandes,
que estaba cabe casa, fuera de la cual, ni sabian entender aguja ni
regir carta de marear. Este Gilianes tomó el negocio de buena voluntad,
determinando de ponerse á cualquier trabajo y peligro por pasar el
dicho Cabo, por servir y dar placer al Infante, y no parecer ante él
hasta que le trajese dello alguna buena nueva; el cual se partió de
Portugal con este propósito, y llegando hasta el dicho Cabo, ayudóle
Dios, con que le hizo buen tiempo, y, aunque con trabajo, finalmente
pasó el Cabo dicho, del Boxador, y vido que la tierra volvia sobre
la mano izquierda, y parecia buena, por lo cual saltó en su batel y
fué á ella, y vídola que era muy verde, apacible y graciosa: no halló
gente ni rastro de alguna poblacion. De aquí cognoscieron ser falsa la
opinion que los marineros habian sembrado, ó de peñas y arracifes en la
mar, ó no haber más tierra adelante del cabo del Boxador, ó ser tierra
estéril é no digna de morarla ni verla hombres; cogió ciertas hierbas
muy hermosas y trújolas en un barril, con tierra, que se parecian á
otras que habia en Portugal que llamaron ó llamaban la hierba de Santa
María. Venido el dicho Gilianes al reino y dado cuenta de su viaje,
y como habia pasado el Cabo, y que habia tierra adelante, y tierra
fertilísima y digna de poblar, no arenales como decian, mostrando la
tierra del barril, fué inestimable el gozo que el Infante recibió y el
rey D. Duarte, su hermano, el cual de placer hizo donacion á la Órden
de Cristo, cuyo Gobernador y Maestre era el Infante, de todas las
rentas espirituales de las dos islas de la Madera y de Puerto Santo,
lo cual confirmó el Papa, y al Infante hizo el Rey merced por los dias
de su vida de las dichas islas, con mero mixto imperio, jurisdiccion
civil y criminal. Hizo el Infante gran fiesta con las hierbas ó rosas
que trujo Gilianes, al cual hizo mercedes, porque se tuvo este pasar
el dicho Cabo, aunque fué muy poco lo que pasó, por cosa muy señalada.
Informado el Infante por el Gilianes, de aquella navegacion no ser
tan imposible como la hacian los que la temian, y que habia tierra
adelante, y buena tierra, y que los arracifes que por aquella costa
estaban, se desechaban y finalmente que la mar era navegable, determinó
de tornar á enviar al dicho Gilianes en compañía de un caballero,
Copero suyo, que se llamaba Alonso Gonzalez, que puso por Capitan de
una barca ó navío bueno. Los cuales partidos llegaron con buen tiempo
al dicho cabo del Boxador, y pasaron obra de treinta leguas adelante,
que fué para entónces gran hazaña; salieron en tierra y hallaron rastro
de hombres y de camellos, como que iban de camino de una parte á otra,
los cuales, vista bien la disposicion de la tierra, ó porque ansí les
fué mandado por el Infante, ó porque tuvieron necesidad, sin hacer otra
cosa se volvieron á Portugal. En el año siguiente de 435 los tornó á
enviar, encargándoles mucho que trabajasen de ir adelante hasta que
topasen con tierra poblada y de haber alguna lengua della; pasaron
adelante doce leguas más de las treinta que el viaje ántes deste habian
pasado, adonde hallaron tierra descubierta ó rasa sin montes, y allí
acordaron echar dos caballos, en los cuales el Capitan mandó cabalgar
dos mancebos, que eran de quince á diez y siete años, y porque fuesen
más ligeros no quiso que llevasen armas defensivas, solamente llevaron
lanzas y espadas, mandándoles que solamente descubriesen tierra, y que
si viesen alguna persona, que sin su peligro la pudiesen prender, la
trajesen; los cuales poco despues de salidos toparon 19 hombres, cada
uno con su dardo en la mano á manera de azagayas, y como dieron de
súpito sobre ellos no tuvieron lugar de se esconder, y pareciéndoles
que era cobardía volver las espaldas arremetieron con ellos y los
moros aunque espantados de tan gran novedad pelearon defendiéndose
valientemente, de los cuales quedaron muchos heridos por los mozos
cristianos, y uno dellos salió herido por los moros de una azagaya.
Este fué el primer escándalo é injusticia y mal ejemplo de cristiandad
que hicieron en aquella costa, nuevamente descubierta, á gente que
nunca los habia visto, los portogueses, para que con justa razon toda
la tierra se pusiese en aborrecimiento de los cristianos, y desde en
adelante por su defensa con justicia matasen á cuantos cristianos haber
pudiesen; y ansí pusieron un inmortal é irremediable impedimento para
que aquellos recibiesen en algun tiempo la fe, de lo que, sí dieran
ejemplo de cristianos y, como lo dejó mandado en su Evangelio Cristo,
comenzáran á tratar con ellos pacíficamente, aunque aquellos fuesen
moros, pudiérase tener alguna esperanza. Desde el año de 1435 y 36
hasta el de 40, porque por la muerte del rey D. Duarte de Portugal,
hubo en aquel reino grandes revueltas y discordias, no pudo el Infante
ocuparse más en este descubrimiento. El año de 41 envió un navío y en
él por Capitan un Anton Gonzalez, Guarda-ropa suyo, para que fuese
por la tierra adelante, y si pudiese prendiese alguna persona de la
tierra para tomar lengua, y sino que cargase el navío de cueros de
lobos marinos y de aceite, porque habia por allí admirable numerosidad
dellos, y valian entónces en Portugal mucho. Fueron estos y saltaron
en cierta parte, hallaron un moro que llevaba un camello delante sí
y luego una mora; vieron luego cierto número de moros, y los moros
á ellos; ni los unos ni los otros no quisieron ó osaron acometer,
llevándose los dos captivos al navío. Sobrevino otro navío enviado
por el Infante al mismo fin, saltaron en tierra de noche diciendo
con gran grita ¡Portogal! ¡Portogal! ¡Santiago! ¡Santiago!, dan de
súpito en cierta cantidad de moros, mataron tres y captivaron diez, y
volviéronse á los navíos muy gloriosos y triunfantes, dando gracias á
Dios por haberles predicado el Evangelio á lanzadas. Y es cosa de ver,
los historiadores portogueses cuanto encarecen por ilustres estas tan
nefandas hazañas, ofreciéndolas todas por grandes sacrificios á Dios.
Era, segun cuentan, maravilla, ver cuando llegaron á los brazos los
portogueses con los moros, como se defendian los moros con los dientes
y con las uñas con grandísimo coraje. El un navío destos prosiguió el
descubrimiento y descubrió hasta un Cabo, que llaman hoy cabo Blanco,
que distará del Boxador ciento y diez leguas. Vueltos todos á Portogal
recibiólos el Infante con gran alegría y hacíales mercedes, no curando
de los escándalos y daños que hechos dejaban.