CAPÍTULO II

Donde se tracta como el descubrimiento destas Indias fué obra

maravillosa de Dios.--Como para este efecto parece haber la

Providencia divina elegido al Almirante que las descubrió, la cual

suele á los que elige para alguna obra conceder las virtudes y

cualidades necesarias que han menester.--De la patria, linaje, orígen,

padres, nombre y sobrenombre, persona, gesto, aspecto y corporal

disposicion, costumbres, habla, conversacion religion y cristiandad de

Cristóbal Colon.

Llegado, pues, ya el tiempo de las maravillas misericordiosas de Dios,

cuando por estas partes de la tierra (sembrada la simiente ó palabra

de la vida) se habia de coger el ubérrimo fruto que á este Orbe cabia

de los predestinados, y las grandezas de las divinas riquezas y bondad

infinita más copiosamente, despues de más conocidas, más debian ser

magnificadas, escogió el divino y sumo Maestro entre los hijos de Adan

que en estos tiempos nuestros habia en la tierra, aquel ilustre y

grande Colon, conviene á saber, de nombre y de obra poblador primero,

para de su virtud, ingenio, industria, trabajos, saber y prudencia,

confiar una de las más egregias divinas hazañas que por el siglo

presente quiso en su mundo hacer; y porque de costumbre tiene la suma

y divinal Providencia de proveer á todas las cosas, segun la natural

condicion de cada una, y mucho más y por modo singular las criaturas

racionales, como ya se dijo, y cuando alguna elige para, mediante su

ministerio, efectuar alguna heróica y señalada obra, la dota y adorna

de todo aquello que para cumplimiento y efecto della le es necesario,

y como este fuese tan alto y tan árduo y divino negocio, á cuya

dignidad y dificultad otro alguno igualar no se puede; por ende á este

su ministro y apóstol primero destas Indias, creedera cosa es haberle

Dios esmaltado de tales calidades naturales y adquisitas, cuantas y

cuales para el discurso de los tiempos y la muchedumbre y angustiosa

inmensidad de los peligros y trabajos propincuísimos á la muerte, la

frecuencia de los inconvenientes, la diversidad y dureza terrible de

las condiciones de los que le habian de ayudar, y finalmente, la cuasi

invincible importuna contradiccion que en todo siempre tuvo, como por

el discurso desta historia en lo que refiriere á él tocante, sabia

que habia bien menester. Y por llevar por órden de historia lo que

de su persona entendemos referir, primero se requiere, hablando de

personas notables, comenzar por el orígen y patria dellas. Fué, pues,

este varon escogido de nacion genovés, de algun lugar de la provincia

de Génova; cual fuese, donde nació ó qué nombre tuvo el tal lugar, no

consta la verdad dello más de que se solia llamar ántes que llegase

al estado que llegó, Cristóbal Columbo de Terra-rubia, y lo mismo su

hermano Bartolomé Colon, de quien despues se hará no poca mencion. Una

historia portuguesa que escribió un Juan de Barros, portugués, que

llamó «Asia» en el lib. III, cap. 2.º de la primera década, haciendo

mencion deste descubrimiento no dice sino que, segun todos afirman,

este Cristóbal era genovés de nacion. Sus padres fueron personas

notables, en algun tiempo ricos, cuyo trato ó manera de vivir debió ser

por mercaderías por la mar, segun él mismo da á entender en una carta

suya; otro tiempo debieron ser pobres por las guerras y parcialidades

que siempre hubo y nunca faltan, por la mayor parte, en Lombardía. El

linaje de suyo dicen que fué generoso y muy antiguo, procedido aquel

Colon de quien Cornelio Tácito trata en el lib. XII al principio,

diciendo que trujo á Roma preso á Mitrídates, por lo cual le fueron

dadas insignias consulares y otros privilegios por el pueblo romano

en agradecimiento de sus servicios. Y es de saber, que antiguamente

el primer sobrenombre de su linaje, dicen, que fué Colon, despues, el

tiempo andando, se llamaron Colombos los sucesores del susodicho Colon

romano ó Capitan de los romanos; y destos Colombos hace mencion Antonio

Sabélico en el lib. VIII de la década 10.ª, folio 168, donde trata de

dos ilustres varones genoveses que se llamaban Colombos, como abajo

se dirá. Pero este ilustre hombre, dejado el apellido introducido por

la costumbre, quiso llamarse Colon, restituyéndose al vocablo antiguo,

no tanto acaso, segun es de creer, cuanto por voluntad divina que para

obrar lo que su nombre y sobrenombre significaba lo elegia. Suele la

divinal Providencia ordenar, que se pongan nombres y sobrenombres á

las personas que señala para se servir conformes á los oficios que les

determina cometer, segun asaz parece por muchas partes de la Sagrada

Escritura; y el filósofo en el IV de la _Metafísica_, dice: «que los

nombres deben convenir con las propiedades y oficios de las cosas.»

Llamóse, pues, por nombre, Cristóbal, conviene á saber, _Christum

ferens_, que quiere decir traedor ó llevador de Cristo, y ansí se

firma él algunas veces; como en la verdad él haya sido el primero que

abrió las puertas deste mar Océano, por donde entró y él metió á estas

tierras tan remotas y reinos, hasta entónces tan incógnitos, á nuestro

Salvador Jesucristo, y á su bendito nombre, el cual fué digno que ántes

que otro diese noticia de Cristo y le hiciese adorar á estas innúmeras

y tantos siglos olvidadas naciones. Tuvo por sobrenombre Colon, que

quiere decir poblador de nuevo, el cual sobrenombre le convino en

cuanto por su industria y trabajos fué causa que descubriendo estas

gentes, infinitas ánimas dellas, mediante la predicacion del Evangelio

y administracion de los eclesiásticos sacramentos, hayan ido y vayan

cada dia á poblar de nuevo aquella triunfante ciudad del cielo. Tambien

le convino, porque de España trajo el primero gente (si ella fuera cual

debia ser) para hacer colonias, que son nuevas poblaciones traidas de

fuera, que puestas y asentadas entre los naturales habitadores destas

vastísimas tierras, constituyeran una nueva, fortísima, amplísima é

ilustrísima cristiana Iglesia y felice república. Lo que pertenecia á

su exterior persona y corporal disposicion, fué de alto cuerpo, más

que mediano; el rostro luengo y autorizado; la nariz aguileña; los

ojos garzos; la color blanca, que tiraba á rojo encendido; la barba

y cabellos, cuando era mozo, rubios, puesto que muy presto con los

trabajos se le tornaron canos; era gracioso y alegre bien hablando, y,

segun dice la susodicha Historia portuguesa, elocuente y glorioso en

sus negocios; era grave en moderacion, con los extraños afable, con

los de su casa suave y placentero, con moderada gravedad y discreta

conversacion, y ansí podia provocar los que le viesen fácilmente á

su amor. Finalmente, representaba en su persona y aspecto venerable,

persona de gran estado y autoridad y digna de toda reverencia; era

sóbrio y moderado en el comer, beber, vestir y calzar; solia comunmente

decir, que hablase con alegría en familiar locucion, ó indignado,

cuando reprendia ó se enojaba de alguno: _Do vos á Dios ¿no os parece

esto y esto?_ ó _¿por qué hiciste esto y esto?_ En las cosas de la

religion cristiana, sin duda era católico y de mucha devocion; cuasi

en cada cosa que hacia y decia, ó queria comenzar á hacer, siempre

anteponia: _En el nombre de la Santa Trinidad haré esto_ ó _verná

esto_, ó _espero que será esto_; en cualquiera carta ó otra cosa que

escribia, ponia en la cabeza: _Jesus cum Maria sit nobis in via_;

y destos escritos suyos y de su propia mano tengo yo en mi poder

al presente hartos. Su juramento era algunas veces: «juro á San

Fernando;» cuando alguna cosa de gran importancia en sus cartas queria

con juramento afirmar, mayormente escribiendo á los Reyes, decia:

«hago juramento que es verdad esto.» Ayunaba los ayunos de la Iglesia

observantísimamente; confesaba muchas veces y comulgaba; rezaba todas

las horas canónicas como los eclesiásticos ó religiosos; enemicísimo

de blasfemias y juramentos; era devotísimo de Nuestra Señora y del

seráfico Padre San Francisco; pareció ser muy agradecido á Dios por

los beneficios que de la divinal mano recibia, por lo cual, cuasi por

proverbio, cada hora traia que le habia hecho Dios grandes mercedes,

como á David. Cuando algun oro ó cosas preciosas le traian, entraba en

su oratorio é hincaba las rodillas, convidando á los circunstantes y

decia: «demos gracias á nuestro Señor que de descubrir tantos bienes

nos hizo dignos;» celosísimo era en gran manera del honor divino;

cúpido y deseoso de la conversion destas gentes, y que por todas

partes se sembrase y ampliase la fé de Jesucristo, y singularmente

aficionado y devoto de que Dios le hiciese digno de que pudiese

ayudar en algo para ganar el Santo Sepulcro; y con esta devocion y la

confianza que tuvo de que Dios le habia de guiar en el descubrimiento

deste Orbe que prometia, suplicó á la Serenísima reina Doña Isabel, que

hiciese voto de gastar todas las riquezas que por su descubrimiento

para los Reyes resultasen en ganar la tierra y casa santa de Jerusalem,

y ansí la Reina lo hizo, como abajo se tocará. Fué varon de grande

ánimo esforzado, de altos pensamientos, inclinado naturalmente á lo

que se puede colegir de su vida y hechos y escrituras y conversacion,

á acometer hechos y obras egregias y señaladas; paciente y muy sufrido

(como abajo más parecerá) perdonador de las injurias, y que no queria

otra cosa, segun dél se cuenta, sino que conociesen los que le ofendian

sus errores, y se le reconciliasen los delincuentes; constantísimo

y adornado de longaminidad en los trabajos y adversidades que le

ocurrieron siempre, las cuales fueron increibles é infinitas, teniendo

siempre gran confianza de la Providencia divina, y verdaderamente, á lo

que dél yo entendí, y de mi mismo padre, que con él fué cuando tornó

con gente á poblar esta Isla española el año de 93, y de otras personas

que le acompañaron y otras que le sirvieron, entrañable fidelidad y

devocion tuvo y guardó siempre á los Reyes.

Historia de las Indias (vol. 1 de 5) · 第 17 / 126 题