Bien lo pudiera entender

quien la fabulilla vieja

supiera de la corneja,

que ha mucho ya que por ser

tan común nadie contó,

y de puro no contada

es de muchos ignorada,

y así he de contarla yo,

porque al caso se acomoda;

y tú, para disculpar

a Leonor, la has de escuchar.

Asistir quiso a la boda

del águila, mas se halló

la corneja tan sin galas,

que adornó el cuerpo y las alas

de varias plumas que hurtó

a otras aves; de manera

que apenas llegó a las bodas,

cuando conocieron todas

sus plumas, y la primera

el águila la embistió

a cobrarlas con tal furia,

que para la misma injuria

ejemplo a las otras dió.

--Detente. ¿Qué rabia es ésta?

--dijo la corneja--. Advierte

que sólo por complacerte,

y por venir a tu fiesta

más brillante, las hurté.

Y el águila respondió:

--Necia, ¿por ventura yo

pudiera culpar tu fe,

siendo tu fortuna escasa,

cuando galas no trujeras?

O con las tuyas vinieras,

o estuviéraste en tu casa.

(_No hay mal que por bien no venga_, acto 2.º, escena VIII.)

[Ilustración]

[Ilustración]

FRAY GABRIEL TÉLLEZ, TIRSO DE MOLINA

_Madrid, 1571?; † 1648._

EL LEÓN Y LA RAPOSA[19]

Estaba cojo una vez

un león viejo --no es nuevo

quien anda mucho mancebo

estar cojo a la vejez--.

Como no podía cazar,

y andaba solo y hambriento,

aguzó el entendimiento

para comer sin andar;

y llamando a cortes reales,

mandó por edicto y ley

que atendiendo que era rey

de todos los animales,

acudiesen a su cueva.

Fueron todos, y asentados,

dijo: --Vasallos honrados,

a mí me han dado una nueva

extraña, y que me provoca

a pesadumbre y pasión,

y es que dicen que al león

le huele muy mal la boca.

No es bien que un sujeto real,

de tantos brutos señor,

en vez de dar buen olor,

a todos huela tan mal.

Y así, buscando el remedio,

hallo que a todos os toca,

que llegándoos a mi boca,

veáis si al principio o medio

alguna muela podrida

huele mal, por que se saque,

y desta suerte se aplaque

afrenta tan conocida.

Metióse con esto adentro,

y entrando de uno en uno,

no vieron salir ninguno.

La raposa, que es el centro

de malicias, olió el poste;

y convidándola a entrar

para ver y visitar

al león, respondió: --¡Oste!

Y asomando la cabeza,

dijo: --Por no ser tenida

por tosca y descomedida,

no entro a ver a vuestra alteza;

que como paso trabajos,

unos ajos he almorzado,

y para un rey no hay enfado

como el olor de los ajos.

Por aquesta cerbatana

vuestra alteza eche el aliento;

que si yo por ella siento

el mal olor, cosa es llana

que hay muela con agujero,

y el sacalla está a otra cuenta,

que yo estoy sin herramienta

y en mi vida fuí barbero.

(_El pretendiente al revés_, acto 1.º, escena XII.)

LA MULA DEL DOCTOR[20]

Tuvo un pobre una postema

(dicen que oculta en un lado)

y estaba desesperado

de ver la ignorante flema

con que el doctor le decía:

--En no yéndoos a la mano

en beber, moríos, hermano,

porque esa es hidropesía.

Ordenóle una receta,

y cuando le llegó a dar

la pluma para firmar,

la mula, que era algo inquieta,

asentóle la herradura

(emplasto dijera yo)

en el lado, y reventó

la postema, ya madura;

con que cesando el dolor,

dijo, mirándola abierta:

--En postemas, más acierta

la mula que su doctor.

(_El amor médico_, acto 1.º, escena I.)

EL ASNO Y EL COCHINO[21]

Señor Juan de Silva, escuche:

Crió un villano en su casa

un cochino y un jumento.

Al cochino regalaba

tanto, que al jumento mismo

daba envidia, que esta falta

es muy de asnos. Llegó el día

de San Martín, y escuchaba

el asno grandes gruñidos.

Asomóse a una ventana,

y vió al mísero cochino,

el cuchillo a la garganta,

que roncaba sin dormir.

--¿Para aquesto le engordaban?

--dijo el asno--. Voime al monte

por leña, venga mi albarda.

(_Adversa fortuna de D. Álvaro de Luna_, jornada 2.ª, escena

IV.)

MEJOR GOZA EL BIEN QUIEN DESDE EL MAL VINO A ÉL

Yo sé de cierto señor

algo regalado y tierno

que, acostándose el invierno,

después que el calentador

la cama le sazonaba,

se levantaba en camisa,

y dando causa a la risa,

desnudo se paseaba.

Burlábase de él su gente

y juzgaba a desvarío

que tiritase de frío

y diese diente con diente

quien abrigarse podía;

mas él, después de haber dado

sus paseos, casi helado

a la cama se volvía,

diciendo: --Para estimar

el calor que ahora adquiero

es necesario primero

el frío experimentar.

(_La Fingida Arcadia_, jornada 1.ª)

[Ilustración]

[Ilustración]

LOPE DE VEGA

_Madrid, 1592; † 1635._

PERDICES ME MANDA MI PADRE QUE COMA

Un cuento en esta ocasión

te diré muy semejante:

Tenía un viejo estudiante,

a tu traza y condición,

un hidalgo en Salamanca,

y escribióle que comiese

lo más barato que hubiese

en aquella plaza franca.

Preguntaba qué valía

una vaca a sus criados,

y como veinte ducados

el comprador respondía,

replicaba: --¿Y dos perdices?

--Cuatro reales. --Pues comer

perdices y obedecer.

. . . . . . . . . . . . . . . .

(_Sembrar en buena tierra_, acto 1.º)

SI EL BURRO CAE, NADA

Preguntóle un caminante

a un labrador qué llevaba

en una carga, y él dijo,

previniendo la desgracia:

--Yo, nada, si cae el jumento

(que era de vidrios la carga).

(_¡Si no vieran las mujeres!_..., acto 2.º, escena IV.)

EL MAL HACE APRECIAR EL BIEN

En mi tierra, un azotado

dió al verdugo cien escudos

por que se los diese mudos,

que era honrado y delicado.

En saliendo por la puerta

así la mano asentó,

que al primero que le dió

le dejó la espalda abierta.

El hombre volvió del yugo

la cabeza al golpe fiero

y díjole: --¿Y el dinero?

Y aquí respondió el verdugo:

--Todos habían de ser

como éste, y así sabrá

en qué obligación me está

por el dinero de ayer;

que si quedo se los diera,

bien sabe que no podía

conocer la cortesía

de los que adelante espera.

(_Las cuentas del Gran Capitán_, acto 2.º)

[Ilustración]

[Ilustración]

EL LABRADOR, SU HIJO Y EL ASNO

Yo no sé cómo ha de ser,

que me sucede, señor,

como al otro labrador

que llevó el asno a vender.

Que él y un hijo que tenía

iban a pie tras la bestia

y la gente con molestia

ver libre el asno sufría.

Subió el viejo, y no faltó

quien dijo: --El mozo lleváis

a pie, y caballero vais.

Luego el viejo se bajó

y subió el mozo; mas luego

hubo quien dijo: --El anciano

va a pie, y el mozo villano

va caballero, ¡oh mal fuego!

El viejo entonces subió

con el mozo, y un lugar

entero empezó a gritar:

--¿Dos en un asno? Eso, no.

Viendo tal desasosiego,

los pies le ató, y en un pino

llevaba al hombro el pollino

de él y del hijo; mas luego

se burlaron de los dos,

diciendo: --¿Desa manera

lleváis, necios, quien pudiera

mejor llevaros a vos?

El viejo entonces, tomando

el asno, le despeñó

a un río, y sospecho yo,

que en estas vísperas ando,

que viendo el ingenio mío,

que no puede contentar

a todos, habrá de dar

con todo el asno en el río.

(_Con su pan se lo coma_, acto 2.º)

ERROR SALVADO

Mandóle pintar la Cena

a un pintor un bachiller,

y acabada, fuéla a ver,

y hallóla de gente llena.

Trece apóstoles contó,

y dijo muy espantado:

--Todo este lienzo está errado,

no pienso pagarle yo.

Un apóstol aquí está

de más. Y el sabio pintor

dijo: --Llevadla, señor,

que éste, en cenando, se irá.

(_Amar sin saber a quién_, acto 3.º, escena I.)

CENSURAR ES FÁCIL

Escriben que Cicerón,

oyendo al representante

Galo, que en Roma triunfante

tuvo excelente opinión,

vió silbar y murmurar,

y que comenzó a decir:

--Mancebos, el escribir

es ingenio, y no el silbar.

Y esto al hombre se prohibe,

porque en diferencia igual,

silba cualquier animal,

pero sólo el hombre escribe.

(_Lo que ha de ser_, acto 1.º, escena VIII.)

NO FIRMES CARTA QUE NO LEAS

Dijo un rey a un secretario

que escribiese a cierto reino

le hiciesen cien alabardas.

Los reyes nunca hablan recio,

y por no le preguntar,

escribió al reino que luego

le enviasen cien albardas.

Despacháronselas presto;

y estando el rey a un balcón

con el secretario mesmo,

vió venir las cien albardas;

y diciéndole: --¿Qué es esto?,

le respondió que traían

lo que él mandó; a quien discreto

replicó el Rey: --Repartamos

desta manera las ciento:

las cincuenta para mí,

que firmo lo que no leo,

y las otras para vos,

pues más ligero que cuerdo

hacéis lo que no entendéis.

[Aplicar podéis el cuento.]

(_La llave de la honra_, acto 1.º, escena XVI.)

EL LEÑADOR Y LA MUERTE[22]

Escucha el cuento: Un caduco

viejo, con años ochenta,

traía leña de un monte

hasta la ciudad de Atenas;

como era tanto el trabajo,

rogaba a la muerte fiera

que le llevase, diciendo:

--¡Ven, Muerte! Muerte, ¿no llegas?

Oyóle la Muerte un día

y con la armadura seca

se puso al viejo delante;

habló en los huesos sin lengua:

--Dime, ¿qué quieres? --le dijo--.

Y el viejo temblando en verla:

--Que me ayudes a cargar

este hacecillo de leña.

(_Quien más no puede_, acto 2.º)

NORMA DE PRIVADOS

Pésame, pues no es pequeño

principio de aborrecer

un criado el entender

que sabe más que su dueño.

De cierto rey se contó

que le dijo a un gran privado:

--Un papel me da cuidado,

y si bien le he escrito yo,

quiero ver otro de vos,

y el mejor escoger quiero.

Escribióle el caballero,

y fué el mejor de los dos.

Como vió que el Rey decía

que era su papel mejor,

fuése, y díjole al mayor

hijo, de tres que tenía:

--Vámonos del reino luego,

que en gran peligro estoy yo.

El mozo le preguntó

la causa, turbado y ciego;

Y respondióle: --Ha sabido

el Rey que yo sé más que él;

[y el alto no sufre a aquel

que en algo le haya excedido.]

(_El perro del hortelano_, acto 1.º, escena XVII.)

EL ASNO Y LA DIOSA

MENDO.

Pues ¿a quién llevan dinero

que reciba mal a quien

se lo lleva?

TELLO EL VIEJO.

Dices bien,

y agradecértelo quiero;

que en un librillo he leído

que en un jumento llevaban

una diosa, que adoraban

con el respeto debido

los que la vían pasar,

hincándose de rodillas,

cuyas altas maravillas

pudo el jumento pensar

(como en fin era jumento)

que eran por él, y paróse.

Viéndolo el dueño, enfadóse

del soberbio pensamiento,

y pegándole muy bien,

le dijo con voz furiosa:

--No es a ti, sino a la diosa.

Que es esto mismo también;

y así, pidiendo primero

del compararte perdón,

las honras del Rey no son,

Tello, a ti, sino al dinero.

(_Los Tellos de Meneses_, 1.ª parte, acto 3.º, escena I.)

[Ilustración]

[Ilustración]

EL PERRO Y EL ASNO[23]

Isopo cuenta que había

un hombre en cierta nación

que para su recreación

una perrilla tenía;

ésta, al entrar cada día

en su casa, si tardaba,

le halagaba y retozaba,

por cuya causa a la mesa

con la más segura presa

el señor la regalaba.

Atalayando un jumento

desde su caballeriza

que porque le solemniza

le daba siempre sustento,

con asnal atrevimiento

una mañana salió,

y en dos pies se levantó,

y puso en el pecho todo

las manos llenas de lodo,

y aun dicen que le besó.

Y al punto el señor mandó

que le diesen muchos palos,

en lugar de los regalos

que entre sus piensos pensó.

(_El más galán portugués_, acto 2.º)

EL CASCABEL AL GATO[24]

Juntáronse los ratones

para librarse del gato,

y después de largo rato

de disputas y opiniones,

dijeron que acertarían

en ponerle un cascabel,

que andando el gato con él

guardarse mejor podían.

Salió un ratón barbicano,

colilargo, hociquirromo,

y encrespando el grueso lomo

dijo al senado romano,

después de hablar culto un rato:

--¿Quién de todos ha de ser

el que se atreva a poner

ese cascabel al gato?

(_La esclava de su galán_, acto 1.º, escena X.)

PERDER LO CIERTO POR LO DUDOSO[25]

Un perro una vez pasaba

otro río como el Duero,

y un pedazo de carnero

entre los dientes llevaba.

La sombra, que no era poca,

dentro de las aguas vió,

y por cogerla soltó

lo que llevaba en la boca.

Fué a asirla, y su desvarío

el perro al instante vió;

volvió a su carne, y halló

que se la llevó el tal río.

(_El milagro por los celos_, jornada 3.ª)

EL SOBERBIO Y EL HUMILDE

Se criaba un arbolillo

en una huerta, y rogaba

al que de él más cerca estaba,

que era su muerte y cuchillo,

que le dejase crecer;

y el olmo presuntüoso,

de sus ramas ambicioso,

ni el sol le dejaba ver.

--Arbolillo --le decía--,

conténtate con vivir

donde me puedas servir.

Pero llegó al fin el día

en que la villa intentó

ensanchar el verde suelo,

y el olmo atrevido al cielo

cortado al suelo cayó.

El arbolillo, ya dueño

del sol, dijo: --Estos asaltos

da la fortuna a los altos;

más me quiero ser pequeño.

(_El desconfiado_, acto 2.º)

EL SOBERBIO ABATIDO

Escribe Esopo que había

hecho burla el roble fuerte

de la débil caña. Advierte

lo que a los dos pasó un día:

Vino un viento, y el altivo

roble, fuerte, resistió

tanto, que el tronco sacó

de su cimiento nativo.

Pero la caña humillada

por encima le dejó

que pasase, y él pasó

sin que la ofendiese en nada.

Y ansí, cesando la guerra,

la caña se alzó como antes,

y el roble las arrogantes

ramas dejó por la tierra.

(_Los hidalgos del aldea_, acto 3.º)

CONTENTARSE CON SU ESTADO

Cuentan acá los pastores

que a Júpiter se quejó

un monte (presumo yo

que de los montes mayores),

diciéndole: --Gran señor,

cuanto has criado se muda;

si yo estoy firme, es sin duda

que tengo poco valor.

Los que estaban encumbrados

bajan tan bajos que espantan,

y a sus puestos se levantan

los que estaban derribados.

Alguno fué pobre ayer

que hoy tiene suma riqueza,

y otro viene a gran pobreza

que tuvo inmenso poder.

¿Cómo yo nunca soy más

de aquel ser en que nací?

Pero respondióle así:

--¡Oh necio! Engañado estás.

Déjalo todo mudar,

pues firme puedes vivir;

que quien no pudo subir,

tampoco pudo bajar.

(_El hijo de los leones_, acto 2.º, escena XI.)

LAS MUELAS Y EL HOMBRE

A Júpiter se quejaron

las muelas del hombre un día,

diciendo a su señoría

los años que trabajaron

desde la muela primera,

mascando lo que comía,

y que por dolor de un día

luego las echaban fuera.

Don Júpiter le riñó,

y él respondió: --¿Qué he de hacer,

si no dejan de doler?

A quien luego replicó:

--Hombre, sufre, pues te toca,

el dolor, que bien podrás;

que después te alegrarás

de ver tu muela en tu boca.

(_Porfiar hasta morir_, acto 3.º, escena XII.)

ESCARMENTAR EN CABEZA AJENA[26]

La zorra, el asno y león,

un día que a caza fueron,

sobre un prado la pusieron

para hacer su partición.

Dijo el león al jumento:

--Parte esa caza. Y el bobo

hizo tres partes del robo:

dió la suya al león hambriento.

Viendo el león que le daba

parte igual, agarró de él

y deshízole cruel

porque con él se igualaba.

Luego a la zorra miró,

y dijo: --Parte esa presa.

La zorra tomó la presa

más pequeñita que halló,

y dió al león lo demás,

que le dijo: --¿Cómo has hecho

tan a gusto de mi pecho

partes, pues tanta me das?

Respondió: --Mi habilidad

y cauta naturaleza

me enseñó que a tu grandeza

rinda mi flaca humildad.

Por cuyas cuerdas razones

me río yo de jumentos

que igualan sus pensamientos

a los soberbios leones.

(_Obras son amores_, acto 3.º)

EL LOBO Y EL CORDERO[27]

Bebía un cordero humilde

de un arroyo en la corriente

por lo bajo, y en lo alto

un lobo voraz y aleve;

y como matar quería

al corderillo inocente,

--Mira que me enturbias --dijo--

el agua; tan recio bebes.

El cordero respondió:

--Lobo amigo, pleito quieres;

si estoy en bajo y tú en alto,

tú la enturbias, tú me ofendes.

¿Qué tienen que ver mis deudos,

que el agua en lo bajo beben,

contigo, que estás en alto,

si no es que pleito pretendes?

(_La hermosura aborrecida_, acto 2.º, escena VI.)

[Ilustración]

LA GATA MUJER[28]

¡Plegue al cielo que no sea

como aquel hombre de Atenas,

que pidió a Venus le hiciese

mujer, con ruegos y ofrendas,

una gata dominica,

quiero decir, blanca y negra!

Estando en su estrado un día

con moño y naguas de tela,

vió pasar un animal

de aquestos, como poetas,

que andan royendo papeles,

y dando un salto ligera

de la tarima al ratón,

mostró que en naturaleza

la que es gata, será gata;

la que es perra, será perra,

_in saecula saeculorum_.

. . . . . . . . . . . . . . . .

(_El castigo sin venganza_, acto 3.º)

LA GATA MUJER

Cierta fabulilla trata

que un hombre quiso a una gata,

de suerte que cada día

a Júpiter le pedía

con ofrendas de oro y plata

se la volviese mujer.

Júpiter lo vino a hacer;

y estando el hombre casado,

y ella sentada en su estrado

viendo cantar y tañer,

dicen que un ratón pasó,

y apenas ella le vió

cuando, corriendo tras él,

le dió uñarada cruel

y al primero ser volvió.

(_El Príncipe Perfecto_, 1.ª parte, acto 2.º, escena XIV.)

LA GATA MUJER

Las fábulas nos cuentan que una gata

de tal manera amaba un hombre rico,

que pidió a Juno, y dió un blandón de plata

que la hiciese mujer, y a mí la aplico.

La diosa, por no ser al dón ingrata,

mudóle en rostro humano el negro hocico,

la piel pelosa en cuerpo deseado,

y fué su casamiento celebrado.

Mas como en el estrado viese un día

pasar unos ratones, como antes

arrojóse tras ellos la que había

tratado en liviandades semejantes[29].

(_Ejemplo de casadas_, acto 2.º)

EL ASNO Y EL COCHINO[30]

[Al amor de la lumbre], en un librillo,

leía esotra noche mi carillo,

pienso que eran las _trápulas_ de Esopo,

que un asno, viendo a un puerco como un topo

siempre echado a pacer en la pocilga,

con envidia que el ánima pecilga

decía: --Que éste engorde y yo trabaje,

que el mozo el pan, y el amo a veces baje

cáscaras de melón y otros regalos,

y a mí con agua y leña me den palos.

Pero llegado el día de San Lucas,

agarraron al puerco, y al pescuezo

pusieron el cuchillo; y cuando el asno

oyó los gritos, dijo: --Hermano puerco,

si para eso os engordaba el amo,

igual es trabajar; asno me llamo.

(_Con su pan se lo coma_, acto 1.º)

GRATITUD

Feroz león la planta, fiera en vano,

atravesada de la dura espina,

muestra al esclavo, y a curarle inclina,

humilde el inhumano, al sabio humano.

Vele después salir en el romano

Anfiteatro, y que a morir camina,

y paga la piadosa medicina

rendido al pie que le curó la mano.

Pues si humilla un león tanta fiereza,

¿quién hay que corresponda con mal trato

a quien debe piedad, honra y nobleza?

Siendo un león de la amistad retrato,

corrida puede estar naturaleza

el día que ha formado un hombre ingrato.

(_Amar sin saber a quién_, acto 2.º, escena III.)

[Ilustración]

[Ilustración]

BALTASAR DEL ALCÁZAR

_Sevilla, 1530; † 1606._

DESENGAÑO

Quiso Mercurio saber,

juzgándose sin segundo,

la estimación que en el mundo

su deidad pudo tener.

Y halló ser necesario

para enterarse del hecho,

irse a la tienda derecho

de un pintor imaginario.

Y así en ello resumido,

hizo al punto su viaje,

mudado el divino traje,

para no ser conocido,

sin mirar cuán fácil es,

al escarbar la gallina,

descubrir la aguda espina

que le lastima los pies.

Vido llena la oficina

de tablas artificiosas,

todas de dioses y diosas

de belleza peregrina.

También vió la suya entre ellas,

que a su parecer ultraja

las demás con la ventaja

que el sol hace a las estrellas.

Hallóse a todo presente

el artífice discreto,

con quien el dios inquieto

tuvo el coloquio siguiente:

--Esta tabla principal

de Júpiter ¿cuánto vale?

--Esa de ordinario sale

vendida en medio real.

--Y ésta de la diosa Juno,

¿en qué se suele vender?

--Esta, por ser de mujer,

suele venderse por uno.

--Y esta del famoso dios

Mercurio ¿en qué sueles dalla?

--De balde suele llevalla

quien me compra esotras dos.

Amargóle esta verdad,

pero juzgó sin pasión

que la propia estimación

no suele dar calidad,

y que los que más están

con su estimación casados,

sólo tienen de estimados

lo que los otros les dan.

[Ilustración]

[Ilustración]

JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA

Del “_Libro de Buen amor_” escrito en 1330.

EL MUR DE MONFERRADO E EL MUR DE GUADALAJARA

Mur de Guadalajara un lunes madrugara

fuese a Monferrado, a mercado andaba;

un mur de franca barba recibiol’ en su casa,

convidol’ a yantar e diole una faba.

Estaba en mesa pobre buen gesto e buena cara,

con la poca vianda buena voluntad para,

a los pobres manjares el placer los repara;

pagos’ del buen talante mur de Guadalajara.

La su yantar comida, el manjar acabado,

convidó el de la villa al mur de Monferrado

que el martes quisiese ir ver el su mercado,

e como él fué suyo, fuese él su convidado.

Fué con él a su casa e diol’ mucho de queso,

mucho tocino lardo, que non era salpreso,

enjundias e pan cocho sin ración e sin peso;

con esto el aldeano tovos’ por bien apreso.

Manteles de buen lienzo, una blanca talega

bien llena de farina, el mur allí se allega;

mucha honra le fizo e servicio quel’ plega,

alegría, buen rostro, con todo esto se llega.

Está en mesa rica mucha buena vïanda,

un manjar mejor que otro amenudo y anda,

e demás buen talente, huésped esto demanda:

solaz con yantar buena todos los homes ablanda.

Do comían e folgaban, en medio de su yantar,

la puerta del palacio comenzó a sonar;

abríala su señora, dentro quería entrar.

Los mures, con el miedo, fuxieron al andar.

Mur de Guadalajara entró en su forado;

el huésped acá e allá fuía deserrado,

non tenía lugar cierto do fuese amparado,

estovo a lo escuro a la pared arrimado.

Cerrada ya la puerta e pasado el temor,

estaba el aldeano con miedo e con tremor;

falagábal’ el otro deciendol’: --Amigo, señor,

alégrate e come de lo que has más sabor.

Este manjar es dulce, sabe como la miel.

Dixo el aldeano al otro: --Venino yaz en él;

el que teme la muerte, el panal le sabe fiel;

a ti solo es dulce, tú solo come dél.

Al home con el miedo nol’ sabe dulce cosa,

non tiene voluntad clara la vista temerosa;

con miedo de la muerte, la miel non es sabrosa,

todas cosas amargan en vida peligrosa.

Más quiero roer faba seguro e en paz

que comer mil manjares corrido e sin solaz;

las viandas preciadas con miedo son agraz,

todo es amargura do mortal miedo yaz.

Porque tanto me tardo, aquí todo me mato

del miedo que he habido cuando bien me lo cato;

como estaba solo, si viniera el gato,

allí me alcanzara e me diera mal rato.

Tú tienes grandes casas, mas hay mucha compaña;

comes muchas vïandas, aquesto te engaña:

buena es mi pobreza en segura cabaña,

que mal pisa el home, el gato mal rascaña.

Con paz e seguranza es buena la pobreza,

al rico temeroso es pobre la riqueza,

siempre tiene recelo e con miedo tristeza;

la pobredad alegre es segura nobleza.

LA RAPOSA E EL CUERVO

La marfusa un día con la fambre andaba,

vido el cuervo negro en un árbol do estaba

grand pedazo de queso en el pico levaba,

ella con su lisonja tan bien lo saludaba:

--¡Oh cuervo tan apuesto!, del cisne eres pariente,

en blancura en dono fermoso, reluciente

más que todas las aves cantas muy dulcemente;

si un cantar dixieres, diré yo por él veinte.

Mejor que la calandria nin el papagayo,

mejor gritas que tordo, nin ruiseñor, nin gayo;

si agora cantases, todo el pesar que trayo

me tirarías en punto más que otro ensayo.

Bien se cuidó el cuervo que con el gorjear

placía a todo el mundo más que con otro cantar;

creyó que la su lengua e el su mucho graznar

alegraba las gentes más que otro juglar.

Comenzó a cantar, la su voz a ercer

el queso de la boca hóbosele a caer;

la gulhara en punto se lo fué a comer;

el cuervo con el daño hobo de entristecer.

Falsa honra e vana gloria y el risete falso

dan pesar e tristeza e daño sin traspaso:

muchos cuidan que guarda el viñadero el paso,

e es la magadaña que está en el cadahalso.

[Ilustración]

[Ilustración]

[Ilustración]

ÍNDICE

PÁGS.

ADVERTENCIA V

RAFAEL POMBO

El pinzón y la urraca 1

El sol y el polvo 2

La cangreja consejera 2

MANUEL DEL PALACIO

Los pedazos de mármol 4

Naturalismo 6

RAMÓN DE CAMPOAMOR

Los hijos y los padres 8

Los padres y los hijos 9

La carambola 10

El concierto de los animales 11

Los dos gorriones 15

Salvar el honor con frases 16

ANTONIO DE TRUEBA

El ejemplo 18

Los tres amigos 20

La parte del león 23

El lobo y el cordero 26

CONCEPCIÓN ARENAL

El sobrio y el glotón 28

El lobo murmurador 29

JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH

Las espigas 31

Los tres quejosos 31

El dromedario y el camello 33

El comprador y el hortera 33

El jumento murmurador 35

El avaro y el jornalero 36

Las indirectas del padre Cobos 37

La alacena 40

El caballo de bronce 42

La rebanadita de pan 46

A su tiempo cada cosa 48

MIGUEL AGUSTÍN PRÍNCIPE

El papel y el trapo 49

El tiempo perdido 50

FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA

El topo y el gusano de luz 51

El zagal y el nido 52

ANDRÉS BELLO

La ardilla, el dogo y el zorro 54

FÉLIX M. DE SAMANIEGO

El camello y la pulga 58

La alforja 59

El cuervo y el zorro 60

El perro y el cocodrilo 62

Las dos ranas 63

La zorra y el busto 65

El raposo, la mujer y el gallo 66

El león vencido por el hombre 68

La lechera 71

Los gatos escrupulosos 73

El viejo y la muerte 73

La mona 74

Los dos amigos y el oso 75

La zorra y las uvas 76

El congreso de los ratones 78

El charlatán 81

La cigarra y la hormiga 82

TOMÁS DE IRIARTE

Los dos conejos 85

El gozque y el macho de noria 87

La ardilla y el caballo 90

La compra del asno 92

El naturalista y las lagartijas 94

El topo y otros animales 97

El oso, la mona y el cerdo 101

Los dos loros y la cotorra 102

La campana y el esquilón 103

El pedernal y el eslabón 104

El burro flautista 105

PEDRO DE SALAS

El ratón del campo y el cortesano 107

JOSÉ DE CAÑIZARES

Lo cierto por lo dudoso 109

FRANCISCO DE LA TORRE

Al romper el alba 111

AGUSTÍN MORETO

Respuesta de Pero Grullo 112

Codicia de lo prohibido 112

La fruta prohibida 114

Por la puente, que está seco 115

El desafío 116

El placer de la venganza 116

CRISTÓBAL DE MONROY

La naturaleza puede más que el arte 118

ANTONIO DE SOLÍS

No era nada lo del ojo 120

JUAN DE MATOS FRAGOSO

El perro y el asno 121

Afeitar por amor de Dios 122

El duende 122

La mula del doctor 123

JUAN PÉREZ DE MONTALBÁN

Testigo recusado 125

FRANCISCO DE LEYVA

La precipitación 127

El loco por la pena es cuerdo 128

ÁLVARO CUBILLO DE ARAGÓN

El burro entre dos piensos 130

Maldición de corcovado 131

SEBASTIÁN DE VILLAVICIOSA

Fábulas y cuentos en verso Selección · 第 4 / 5 段