El siguiente milagro pone en evidencia los manejos del demonio y
demuestra al propio tiempo que las almas no se pueden condenar tan
fácilmente cuando el mortal acude a la protección de un patrón
poderoso. "Cierto hombre, se dice en la Novena de San Vicente
(pág. 15), entregó al demonio su alma con cédula firmada de su mano,
y oyendo predicar al Santo, le suplicó hiciese que el demonio se
la restituyese. Púsose el Santo en oración e hizo venir al diablo
visiblemente, y le mandó que le entregara la cédula al hombre, siendo
testigos de este milagro muchos millares de personas."