Otro caso notable de los efectos de la misma invocación es el de
un fraile dominico llamado fray Juan Masias quien, durante más de
doce años, estando en su celda a oscuras, en oración, se llegaban
a él muchos demonios y le arrastraban y aporreaban tratándole muy
mal de palabra y obra; pero que se veía libre de ellos diciendo:
"Jesús Salvador, María y José sean conmigo." Otras veces entraban
los demonios con mucho tropel y ruido y cogiéndole por los pies le
sacaban arrastrando por el dormitorio hasta el claustro; unos le daban
golpes y bofetadas, otros le pisaban el vientre y la cabeza, otros le
arañaban el rostro y tiraban a sacarle los ojos; pero invocando los
nombres Jesús, María y José, se iban y lo dejaban." (Pág. 14.) Lo más
admirable es que el fraile hacía la invocación después de sufridos
los atropellos mencionados, de manera que tenía la condescendencia
de permitir a los demonios que durante algún tiempo se divirtieran
a costa suya.