La única literatura accesible a los filipinos de baja cultura y también
a los de la clase más elevada, consistía en Corridos que constituía
la lectura profana, y la Pasión y las Novenas que formaban la lectura
religiosa. Corridos, Pasiones y Novenas se han impreso en abundancia,
en ediciones baratas, tanto en castellano como en dialectos del país.
Son los Corridos cuentos en verso sobre sucesos históricos falseados
y fantaseados y tragedias amorosas, llenas de sucesos maravillosos
mezclados de prodigios divinos y de magia, todo en estilo ampuloso,
exagerado, pueril y absurdo en extremo. Ninguno de los personajes es
indígena; todos son turcos, árabes, caballeros cruzados, embajadores,
duques, guerreros con armaduras, provistos de armas encantadas y de
bálsamos como el famoso de Fierabrás; los buenos castellanos, los
malos extranjeros. Todos los personajes reñidos con la realidad en
Filipinas y con aspecto de reales y efectivos, por ser de tierras
desconocidas y de razas prodigiosas. Lo mismo ocurre con el lugar
de la escena; tierras maravillosas, Palestina, el reino de Navarra,
el imperio del Gran Kan, palacio de Macedonia, y no sólo se desconoce
y falsifica la superficie de la tierra, sino que el sistema planetario
sufre asimismo un cambio radical. Crecen las palmeras y el tamarindo en
los alrededores de Moscou, Palestina y Macedonia se cubren de praderas
como Noruega o Suiza, y aparecen ballenas en el Mediterráneo. Sucesos
que principian una mañana en Macedonia, terminan de la manera más
natural la tarde misma de aquel día, en un palacio de Babilonia,
y una princesa de Aragón, cautivada al anochecer en Sicilia, discute
a media noche y sin intérprete con un moro en Samarcanda.
La Pasión, obra en verso en diferentes dialectos filipinos, es no sólo
la Pasión de Cristo, sino que comprende una especie de abreviado de
la historia sagrada.
Las Novenas son libritos devotos dedicados a un Santo cuyo favor se
invoca para obtener de Dios tales o cuales mercedes. Consisten en un
sistema de oraciones, con relación de milagros y de reflexiones sobre
los mismos, que se hacen cada día, durante nueve días consecutivos. "Se
atribuye a la Virgen María el origen de las novenas, porque ella
venera el número nueve en memoria de haber sido nueve los días que
fué prevenida para la Encarnación del Divino Verbo, y también por los
nueve meses que le trajo en su vientre virginal." (Novena a Jesús,
María y José. Manila, 1903; en el Exordio.)
Las Novenas ofrecen un medio sencillísimo de alcanzar del Cielo lo
que se pide en ellas a un santo protector. Si se llega a ganar la
simpatía y el apoyo del Patrono o Patrona cuya mediación se implora,
se puede conseguir todo, tanto en lo que concierne a nuestra vida
terrenal como a la futura. Es un medio fácil; es como una ceremonia
mágica con su ritual compuesto de alabanzas y actos de humillación,
devoción, sumisión, admiración y otras manifestaciones propiciatorias
para ganar la simpatía y la protección del santo; después sigue la
enumeración de favores que se solicitan y que siempre son atendidas
por Dios, como se demuestra por numerosos ejemplos que en la novena
se enumeran con sumo cuidado. Todas las novenas se publican con
permiso eclesiástico, después que la censura del prelado examina
escrupulosamente el escrito para ver si hay algo contrario a la
moral, sanas costumbres y ortodoxia absoluta. En una palabra, todas
se imprimen "Con las licencias necesarias."
Los prodigios mencionados en estas novenas cuadran muy bien con los
encantamientos, magias y sortilegios de los primitivos filipinos que
invocaban la propiciación de sus divinidades gentílicas, por medio
de ceremonias, sacrificios, maleficios y conjuros ejecutados por
sus mangkukulam, babailanas y otros prestidigitadores, sacerdotes,
curanderos, hechiceros y adivinos que refieren y enumeran las antiguas
crónicas escritas por los misioneros en Filipinas.