mi madre, que se casó clandestinamente y me vendió a hurtadillas!
Y no me dio su pecho, antes bien vivía como un esclavo en el templo
del dios. Bueno ha sido él conmigo, y mala mi suerte, que me privó
de los cuidados de una madre amantísima, cuando debí gozar de sus
abrazos, plácido deleite de la vida. ¡Desventurada también la que me
dio el ser, ya que su infortunio fue igual al mío, careciendo de los
goces que ofrecen los hijos! Y ahora, cuando reciba este cesto, me lo
llevaré como presente de Apolo, para buscar vanamente lo que deseo
encontrar. Si me concibió alguna sierva, peor es hallarla. ¡Oh Febo!,
yo lo consagro a tu templo.[71] Pero ¿qué hago? ¿Me rebelaré contra la
voluntad del dios, que me suministra esos indicios para hallar a mi
madre? Abriremos el cestillo y acometeremos la empresa, que nunca podrá
triunfar de mi destino. ¡Oh sagrada banda! ¿Por qué has estado oculta,
y vosotras, fajas que me ceñisteis? Ved cómo este redondo cestillo no
ha sufrido en su cubierta injuria ninguna del tiempo, sin duda por obra
del dios, ni tampoco sus mimbres, y eso que larga es la fecha de tal
tesoro.
CREÚSA
¿Qué inesperado objeto contemplo?
ION
Calla; bien sabes que antes fuiste reservada hasta el exceso.
CREÚSA
No puedo callar ahora; no me lo aconsejes; veo el cesto que sirvió para
exponerte, ¡oh hijo!, en tus más tiernos años, en la gruta de Cécrope
y en las peñascosas bóvedas de Macra. Abandonaré, pues, esta ara,
aunque haya de morir.
ION (_a los de su séquito_).
Prendedla; por decreto de Febo deja precipitadamente el ara en que se
ha refugiado; sujetadla.
CREÚSA (_que se apodera mientras tanto del cesto_).
¿Todavía persistís en matarme? A la fuerza retendré este cesto y a ti y
a cuanto contiene.
ION
¿No es esto intolerable? Fingido es lo que hace.
CREÚSA
No; ya tus amigos encontraron a quien aman.
ION
¿Me amas acaso, y querías ha poco envenenarme?
CREÚSA
Eres mi hijo, prenda la más cara de los padres.
ION
No recurras a tales artificios; fácilmente te los probaré.
CREÚSA
Pruébalo, hijo; ese es mi mayor deseo.
ION
¿Está vacío este cesto, o contiene alguna cosa?
CREÚSA
Los vestidos con que te expuse.
ION
¿Y dirás cuáles son antes de pasar adelante?
CREÚSA
Y si no lo acierto, moriré gustosa.
ION
Dilo, que es algo extraña tu confianza.
CREÚSA
Mirad la tela que tejí en mi juventud.
ION
¿Cuál? Muchas clases de tela tejen las jóvenes.
CREÚSA
No está bien acabada, y se conoce que era inexperta la lanzadera que la
tejió.
ION
¿Y qué representa? Ahora no podrás engañarme.
CREÚSA
A la Gorgona, figurada con el estambre del manto.
ION
¡Oh Zeus, qué destino es el mío!
CREÚSA
Y su cabeza, a modo de égida, está coronada de serpientes.
ION (_que enseña la tela_).
Vedla; esta es la tela y las fajas que hemos encontrado.
CREÚSA (_examinándola_).
¡Oh, paños, antigua obra de mis manos virginales!
ION
¿Hay alguna señal además, o basta lo dicho?
CREÚSA
Dos brillantes dragones de oro macizo, ofrenda a Atenea, destinados a
guardar niños, en recuerdo del viejo Erictonio.
ION
Mas ¿para qué sirven estas alhajas de oro? Dímelo.
CREÚSA
Para adornar el cuello del recién nacido, ¡oh hijo!
ION
Aquí está, en efecto; deseo que me reveles la tercera señal.
CREÚSA
Púsete entonces una corona de olivas, primera que plantó Atenea en la
ciudadela, la cual, si existe, no pierde nunca el verdor de sus hojas,
porque es inmortal.
ION
¡Oh madre muy querida!, contento miro tus ojos gozosos y beso tus
mejillas.
CREÚSA
¡Hijo mío!, luz más grata a una madre que la del sol (con perdón sea
dicho de él); en mis brazos te estrecho encontrándote cuando menos
lo esperaba y cuando creía que habitabas con los manes debajo de la
Tierra, en el reino de Perséfone.
ION
¡Oh madre amada!, en tus brazos me ves; vivo cuando me creías muerto.
CREÚSA
¡Cuán grande es mi alegría! ¿Qué diré, cómo la expresaré, llenando los
espacios del aire resplandeciente? ¿A quién debo este gozo inesperado?
¿A quién esta dicha?
ION
¡Oh madre!, todo lo hubiese pensado, menos que yo era tu hijo.
CREÚSA
Todavía tiemblo de miedo.
ION
Temes acaso perderme, cuando me estrechas en tus brazos.
CREÚSA
Ya no lo esperaba. ¿Cómo, ¡oh mujer! (_a la Pitia_), vino este niño a
tus manos? ¿Quién le trajo al templo de Apolo?
ION
Orden divina; seamos felices desde ahora con los dones de la fortuna,
antes tan adversa.
CREÚSA
¡Oh hijo!, no viniste al mundo sin lágrimas, ni te arrancaron sin
lamentos del pecho de tu madre; pero en este instante disfruta de
dulcísimo deleite respirando cerca de tus mejillas.
ION
Al recordar mi destino, recuerdas también el tuyo.
CREÚSA
Ya no soy huérfana, ya no carezco de hijos; ya mi linaje será
respetado, y mi país tendrá rey, y Erecteo se rejuvenece, y mi estirpe,
hija de la Tierra, no quedará envuelta en oscuras tinieblas y verá otra
vez las antorchas del sol.
ION
¡Oh madre!, que mi padre participe también de este deleite.
CREÚSA
¿Qué palabras pronuncias? ¡Cómo, cómo me reconoces!
ION
¿Qué has dicho?
CREÚSA
¡Otro, otro fue tu padre!
ION
¡Ay de mí! ¿Sin haber contraído himeneo diste la vida a un bastardo?
CREÚSA
Ni antorchas ni danzas celebraron el mío, ¡oh hijo!, cuyo fruto fuiste.
ION
¡Ay, ay de mí! Innoble es mi nacimiento, ¡oh madre! ¿Quién me engendró?
CREÚSA
Sábelo la que dio muerte a la Gorgona...
ION
¿Por qué te expresas así?
CREÚSA
La que habita en mis peñascos y plantó la oliva en la roca.
ION
No te entiendo, no te entiendo; no puedo adivinar el sentido de tus
palabras.
CREÚSA
En el monte frecuentado por ruiseñores con Febo...
ION
¿Qué dices de Febo?
CREÚSA
Me uní en furtivo lecho.
ION
Explícate, que me es grato y placentero.
CREÚSA
Y en la décima revolución del mes te di a luz ocultamente, y fue tu
padre Febo.
ION
¡Cuánto me place lo que dices, si es verdad!
CREÚSA
Mis manos virginales te envolvieron en estas telas, obra de mi
lanzadera. No te acerqué a mi pecho, ni te alimentó mi leche maternal,
ni mis manos te lavaron, sino que te expuse a la muerte en una gruta
desierta, para que te despedazaran las garras de las aves.
ION
¡Oh madre!, cruel fue tu resolución.
CREÚSA
Vencida por el miedo, te entregué a la muerte, ¡oh hijo!, aunque lo
hice contra mi voluntad.
ION
¡Y estuviste a punto de perecer a mis manos impías!
CREÚSA
Deplorable, ¡ay de mí!, fue todo aquello; deplorable también esto;
juguete somos de penas y placeres, y pronto cambió el viento; sea
constante el aura propicia que ahora sopla, después de tantos males,
¡oh hijo!
EL CORO
Ningún mortal, en vista de lo que nos sucede, debe extrañar nada.
ION
¡Oh, Fortuna, que todo lo trastornas, y haces a unos desdichados y a
otros felices!; en mortal peligro estuvimos de matar a nuestra madre
y de sufrir nosotros mismos muerte indigna. ¡Ay de mí! ¿Por ventura
nada nos enseñan cada día las brillantes revoluciones del Sol? Deseado
hallazgo es el tuyo, ¡oh madre!, y no me quejaré de mi linaje; lo demás
debes tú saberlo. Acércate, quiero hablarte al oído, y dejemos eso
envuelto en las tinieblas. Cuida, madre mía, de no achacar al dios tu
falta, como suele suceder a las vírgenes, y guárdate, deseosa por mi
causa de evitar tu deshonra, de afirmar falsamente que fue mi padre
Febo.
CREÚSA
No; por la Victoria que acompañó a Atenea al socorrer en su carro a
Zeus contra los hijos de la Tierra, ningún mortal es tu padre, ¡oh
hijo!, sino el rey Apolo, que te conservó.
ION
¿Cómo, pues, da un hijo a otro, y dice que me engendró Juto?
CREÚSA
No dijo que te engendrara Juto, sino que, siendo suyo, te entregó a
Juto; como amigo le ofrece su hijo, para que él lo herede.
ION
Con razón me inquietas, ¡oh madre!, si será veraz el dios, o si
vaticina erradamente.
CREÚSA
Oye lo que me ocurre, ¡oh hijo!: Apolo, deseoso de protegerte, te hace
miembro de su noble familia; pero si dices que eres su hijo, no serás
nunca su heredero ni llevarás su nombre. ¿Cómo había de ser así, cuando
oculté yo misma ese himeneo y quise matarte en secreto? Él te socorrió
y te da ahora otro padre.[72]
ION
No me satisfacen tus razones; entraré, pues, en el templo y preguntaré
a Febo si he nacido de padre mortal, o de él mismo. (_Cuando va a
entrar en el templo, se aparece Atenea en resplandeciente carro_).
¿Qué es esto? ¿Qué deidad muestra su faz brillante como el sol sobre
el sagrado templo? Huyamos, madre; no miremos a los dioses cuando no
conviene verlos.
ATENEA (_a Ion_).
No huyáis, que no soy vuestra enemiga, sino la que os ama, y también
a Atenas. Yo soy Palas, que me llamo como vuestra ciudad, y vengo
aquí ligera a ruego de Apolo, que no osa presentarse, arrepentido de
su falta. Nos envía para deciros que Creúsa te dio a luz y Apolo fue
tu padre, haciéndote adoptar por los que no te engendraron, para que
pertenezcas a nobilísima familia. Ya que todo se sabe claramente,
disipó la borrasca que te amenazaba, temiendo que murieses a manos
de tu madre, o ella a las tuyas. Deseaba el rey Apolo callarlo y
declarar a Atenas que Creúsa era tu madre, y tú hijo de ambos. Para
que se cumpla el oráculo y terminar mi misión, os diré el motivo que
me obligó a uncir al carro mis caballos; ve, ¡oh Creúsa!, con tu
hijo a la tierra de Cécrope y colócalo en el trono, porque es justo
que reine en mi país el descendiente de Erecteo. Será famoso en la
Grecia; cuatro ramas brotarán de este tronco, que darán tu nombre
al territorio y a las tribus que habitan en mi alcázar.[73] Geleón
será el primero; a esta tribu seguirán las de los Hopletes, Argades y
Egícores, del mismo nombre de mi égida, que formarán la cuarta. Cuando
llegue la época fijada por el destino, sus descendientes fundarán las
ciudades insulares de las Cícladas y colonizarán las orillas de la
mar, principal nervio de un estado, y poblarán los campos de ambos
continentes, así del Asia como de Europa; y perpetuando el nombre de
Ion, serán famosos los jonios.[74] Pero Juto y tú tendréis otros hijos;
a saber: Doro,[75] estirpe de los preclaros dorios, y Aqueo,[76] en el
país de Pélope, que dominará en la costa del mar, cerca de Río,[77] y
será padre de un pueblo insigne, que se llamará como él. (_A Creúsa_).
Muchos beneficios debes a Apolo; primeramente te libró en tu parto de
dolores, para que tus amigos no lo sospecharan, y después que diste
a luz este hijo y lo fajaste, ordenó a Hermes que lo trajese aquí en
sus brazos, y lo educó y le conservó la vida. Calla, pues, ahora, y no
digas que es tu hijo, para que Juto, engañado, se deleite, y tú, mujer,
puedas gozar tranquila de su compañía. Y sed felices, que os prometo
suerte venturosa y alivio en vuestros malos.
ION
¡Oh Palas!, hija de Zeus Máximo, no incrédulo te escucho, que
convencido estoy ya de ser hijo de Apolo y de Creúsa, y aun antes no
era para mí increíble.
CREÚSA
Óyeme ahora: alabo a Febo, aunque no lo hiciera antes, porque me ha
devuelto el hijo que despreció en otro tiempo. Bendigo, pues, ahora las
puertas de este santuario y los oráculos del dios, hasta aquí adversos.
De buen grado oprimirán ya mis manos las argollas de estas puertas, y
las saludaré con amor.
ATENEA
Celebro que honres al dios, variando de parecer; hasta cierto punto
podrá ser tarda la voluntad divina, pero se cumplirá al fin siempre.
CREÚSA
¡Oh hijo!, vamos a nuestra patria.
ATENEA
Andad, y yo os seguiré.
ION
Digna patrona, en verdad, de nuestro viaje.
CREÚSA
Y amante de nuestra ciudad.
ATENEA
Y siéntate en el antiguo trono.
CREÚSA
¡Bien inestimable para mí!
EL CORO
Adiós, Apolo, hijo de Zeus y de Leto; nunca desconfíe el desdichado si
honra a los dioses. Al fin, los buenos obtienen justa recompensa, que
los malos nunca serán felices.
ANDRÓMACA
ARGUMENTO
Andrómaca, viuda de Héctor, esclava concubina de Neoptólemo, hijo de
Aquiles, de cuya unión ha nacido Moloso, de tierna edad al comenzar
la acción de esta tragedia, sufre las consecuencias de su rivalidad
con Hermíone, esposa legítima de Neoptólemo, sin duda originada de
las preferencias de este con Andrómaca y por su desvío o antipatía
a Hermíone, y contenida por la presencia y la autoridad del amante
y marido. Pero ausente este en Delfos en expiación de una injuria a
Apolo, y libre Hermíone del freno que la reprimía, extremó de tal
manera su odio que obligó a Andrómaca, amenazada de muerte con su
hijo Moloso, a huir del palacio de Neoptólemo y demandar protección a
la diosa Tetis, abrazando su estatua y sin separarse de ella. Moloso
estaba oculto, y Menelao, padre de Hermíone y rey de Esparta, había
venido para ayudarla en su abominable proyecto.
Por la fuerza no era lícito entre los griegos, dadas sus ideas
religiosas, violar por ningún pretexto el asilo sagrado de Andrómaca,
y Menelao recurre para lograrlo al engaño, prometiéndole salvar la
vida de Moloso, ya en poder suyo. No cumple, sin embargo, su palabra,
y hubiera sacrificado sin piedad al hijo y a la madre sin la llegada
y la intervención de Peleo, abuelo de Neoptólemo y bisabuelo del
niño, avisado oportunamente por Andrómaca del peligro mortal que la
amenazaba. Menelao renuncia a su cruel empresa y abandona a Hermíone,
y esta intenta suicidarse desesperada por el mal éxito de su plan, y
sobre todo por el miedo que le inspira su marido, librándose al fin
de la suerte que le aguardaba por la aparición de Orestes, hijo de
Agamenón y primo suyo, que la ayuda a huir a su ruego y por vengarse
de Neoptólemo, que se había casado con Hermíone sabiendo que era su
prometida y sin hacer caso alguno de las súplicas y razones que le
expuso. Anuncia también a Hermíone que los habitantes de Delfos, a
instigación suya, se han conjurado para matar a Neoptólemo; y en
efecto, preséntase poco después un mensajero que confirma el asesinato
del hijo de Aquiles. La unidad de tiempo, como se ve, se quebranta
evidentemente. Llega también el cadáver de Neoptólemo, y por último
la misma diosa Tetis en persona, que desata el nudo o resuelve el
conflicto dramático, ordenando que Neoptólemo sea sepultado en
Delfos para recordar a la posteridad el crimen de sus habitantes;
que Andrómaca vaya al país de los molosos para casarse con Héleno y
perpetuar allí a los descendientes de Éaco, que serán sus reyes, y, por
último, anuncia también a Peleo que será inmortal como los dioses y que
vivirá siempre en su palacio y en su compañía.
Racine ha escrito una _Andrómaca_ imitada de esta de Eurípides, y los
franceses, en general, la estiman superior a su modelo. Se comprende
fácilmente que así sea si tenemos en cuenta la ordinaria parcialidad
de sus compatriotas en todo cuanto atañe a su vanidad nacional,
como en parte acontece también a los demás pueblos; pero también se
comprende sin grande esfuerzo que el culto ciego a las tres unidades,
dogma de la mayoría de los literatos y críticos que las han comparado
y juzgado, y la violación manifiesta de dos de ellas por Eurípides,
y la posibilidad de que número no escaso de aquellos, habiéndola
leído solo traducida, hayan tenido también influjo importante en esos
fallos, erróneos en nuestro modesto juicio. La impresión que produce
la obra del poeta griego desenvolviendo una fábula religiosa a la
vez que popular, conforme con las costumbres, ideas y sentimientos
nacionales; con personajes de caracteres naturales y pasiones sencillas
y reales, dentro del círculo de la civilización helénica, y exornado
este cuadro con una poesía sobria, viril y eminentemente dramática,
pierde no poco de sus encantos leyendo en seguida la de Racine, que
extrema las virtudes de Andrómaca hasta convertirla en una reina
cristiana, y a Neoptólemo o Pirro en héroe semibárbaro, a pesar de sus
galanterías francesas, y que ofrece personajes, pasiones y caracteres
antihelénicos, amanerados e insípidos, y todo esto expuesto en una
versificación y una rima tan monótona como insoportable.
ANDRÓMACA es una tragedia griega notable, con todos sus elementos
esenciales, porque el destino, o la voluntad divina, sobreponiéndose
a las humanas, inspirándolas y moviéndolas como dóciles instrumentos,
lleva a cabo sus acuerdos humillando su orgullo y sus pretensiones, y
demostrando la flaqueza o inanidad de los cálculos de los mortales.
Neoptólemo ha ofendido gravemente a Apolo y ha de expiar su pecado,
y de aquí sus amoríos con Andrómaca, su casamiento con Hermíone y
las consecuencias funestas de su predilección por la primera. Obra
de un dios, solo otra diosa, Tetis, y cumplida la expiación, puede y
debe resolver el conflicto suscitado. Pero ni Esquilo ni Sófocles la
hubieran escrito como Eurípides, porque este prefiere, dentro de esa
esfera tradicional, presentar a los hombres como son, no como deben ser
ni superiores a la realidad, como sus dos ilustres predecesores. No
hubieran llamado a Febo _rencoroso como un hombre malvado_, y habrían
también omitido la exposición o prólogo de Andrómaca, y las dos justas
forenses de Hermíone y de Andrómaca, y de Peleo y Menelao, y los
flechazos contra las mujeres, con la agravante de ser ellas mismas las
que las disparan para darlas más fuerza. Filósofo de su época y nada
crédulo, pinta a nuestro linaje como es, desenvuelve la tesis de los
males e inconvenientes de la poligamia, fin moral y político, y observa
también los preceptos de la misma moral dramática, puesto que el
principal culpable respecto a los dioses y a los hombres, o Neoptólemo,
es castigado y premiada Andrómaca como merecía.
En cuanto a la fecha de su representación, basta su simple lectura para
averiguar que debió ser durante la guerra del Peloponeso, porque el
poeta no pierde nunca la ocasión de congraciarse con los espectadores,
ensañándose en los lacedemonios, achaque muy democrático y causa
probable de los largos parlamentos forenses ya citados, gratísimos a
los atenienses, y objeto de las donosas burlas de Aristófanes en _Las
Avispas_. Los eruditos dicen que se representó el año segundo de la
olimpiada 89, 422 antes de Jesucristo.
PERSONAJES
ANDRÓMACA, _viuda de Héctor y mujer de Neoptólemo._
UNA ESCLAVA TROYANA.
EL CORO, _compuesto de mujeres tesalias._
HERMÍONE, _esposa de Neoptólemo, hija de Menelao._
MENELAO, _padre de Hermíone._
MOLOSO, _hijo de Andrómaca y de Neoptólemo._
ΡELEO, _abuelo de Neoptólemo._
UNA NODRIZA.
ORESTES, _hijo de Agamenón y de Clitemnestra._
UN MENSAJERO.
TETIS, _diosa del mar y esposa de Peleo._
El teatro representa el palacio de Neoptólemo, y enfrente el templo
de Tetis, ante cuyo altar aparece Andrómaca suplicante.
ANDRÓMACA
Ciudad de Tebas,[78] honra del Asia, de donde en otro tiempo vine con
opulenta dote a la regia morada de Príamo para casarme con Héctor y
darle hijos; yo soy Andrómaca, feliz sin duda en los pasados días, y
ahora la mujer más desventurada que hay y habrá jamás, pues presencié
la muerte de mi esposo, Héctor, a manos de Aquiles, y la de Astianacte,
su hijo y el mío, precipitado desde torres empinadas después que los
griegos tomaron a Troya; sufro dura esclavitud, cuando fue libérrima mi
familia, y he venido a la Grecia a manos del insular[79] Neoptólemo,
como trofeo de guerra elegido para él en el botín de Troya. Habito los
campos vecinos a la ciudad de Farsalia y a la Ftía,[80] en donde moraba
con Peleo la marina Tetis, separada del comercio de los hombres y
esquivando su trato, por lo cual el pueblo tesálico llama a este lugar
Tetidio, en conmemoración del himeneo de la diosa con ese mortal.
Aquí el hijo de Aquiles reside en su palacio, y deja a Peleo reinar
en la Farsalia, no queriendo empuñar el cetro mientras ese anciano
viva. Y yo he dado a luz en él un niño, hijo del hijo de Aquiles, mi
señor. Antes, a pesar de las desdichas que me rodeaban, me consolaba la
esperanza de que, viviendo mi hijo, encontraría en él alguna defensa
y como el baluarte contra mis males; pero desde que mi dueño se casó
con la lacedemonia Hermíone,[81] despreciando mi tálamo servil,
atorméntame su esposa con innumerables pesares. Dice que con ocultos
filtros la hago estéril y odiosa a su marido, y que yo sola quiero
mandar en este palacio, arrojándola por fuerza de su lecho cuando lo
acepté en un principio contra mi voluntad, y ahora lo he abandonado.
Bien sabe Zeus Máximo que yo no comparto de buena gana su tálamo. Pero
no puedo convencerla, y quiere matarme, y su padre, Menelao, le ayuda
en su propósito. Ahora está en el palacio, habiendo venido de Esparta.
Yo, aterrada, me he refugiado en este santuario de Tetis, próximo al
palacio, y aquí ruego a esa diosa que me libre de la muerte, puesto
que Peleo y su descendencia lo respetan como monumento de sus nupcias
con Tetis. En cuanto a mi hijo único, lo tengo oculto en otra parte
para salvarle la vida; su padre ni se cuida de mí, ni en nada le sirve;
ausente en Delfos, en donde paga a Apolo la pena impuesta a su furor,
cuando fue en otro tiempo al templo Pitio a pedir al dios que se
obligase a sufrir el castigo que merecía la muerte de su padre, con la
mira de expiar ahora su falta anterior y obtener en lo futuro el favor
de Febo.[82]
LA ESCLAVA
¡Oh señora!, que no temo darte este nombre, habiéndolo pronunciado
tantas veces en tu palacio, cuando residíamos en Troya, y te amaba, y
a tu marido, entonces vivo; ahora te hablo para anunciarte nuevas que
te interesan, con miedo, es verdad, por si lo saben mis señores, pero
compadecida de ti: Menelao y su hija maquinan atroces crueldades, que
debes precaver.
ANDRÓMACA
¡Oh consierva muy amada!, pues consierva eres de una reina, feliz
en otro tiempo, ahora infortunada: ¿qué hacen, qué lazos nuevos me
tienden, queriendo matarme sin compasión por mis desdichas?
LA ESCLAVA
Tratan, ¡oh mujer sin ventura!, de matar a tu hijo, al que alejaste de
tu palacio.
ANDRÓMACA
¡Ay de mí! ¿Ha sabido ella que está oculto mi hijo? ¿Cómo? ¡Oh
desventurada de mí, que voy a perecer!
LA ESCLAVA
No lo sé; pero he averiguado que Menelao ha salido a buscarlo.
ANDRÓMACA
¡Cierta es mi muerte! ¡Oh hijo!, estos dos buitres te arrebatarán y te
sacrificarán inhumanamente. ¡Y el que se llama tu padre, todavía en
Delfos!
LA ESCLAVA
Creo que si él estuviera aquí no sería tanta tu desventura; pero ahora
careces de amigos.
ANDRÓMACA
¿Ni se sabe nada de Peleo, cuya próxima venida se anunciaba?
LA ESCLAVA
Es más viejo de lo necesario para servirte su presencia.
ANDRÓMACA
Y lo he llamado, y no una sola ver.
LA ESCLAVA
¿Piensas acaso que se cuida nadie de tus mensajes?
ANDRÓMACA
¿Cómo pensarlo?[83] ¿Quieres ser tú mi mensajera?
LA ESCLAVA
¿Y qué diré si falto mucho tiempo del palacio?
ANDRÓMACA
Ya encontrarás razones; eres mujer.[84]
LA ESCLAVA
Es peligroso, porque Hermíone nos vigila sin descanso.
ANDRÓMACA
¿Lo ves? Abandonas a tus amigos en la desgracia.
LA ESCLAVA
Nunca podrás reconvenirme por esa falta. Iré, pues, aunque me exponga,
que ni aun envidiable es la vida de una esclava.
ANDRÓMACA
Ve, y yo, como siempre, dirigiré al cielo mis gemidos, mis lamentos
y mis lágrimas, que es ingénito en las mujeres deleitarse con sus
desdichas y tenerlas siempre en los labios. No por un solo motivo,
sino por muchos debo gemir: por mi ciudad patria, por la muerte de
Héctor, por la cruel fortuna, que me agobia condenándome a indigna
servidumbre. Ningún mortal puede llamarse feliz hasta su día postrimero
y su descenso en los infiernos. Paris, en la alta Ilión, al casarse con
Helena y hacerla compañera de su tálamo, no llevó a él a una recién
desposada, sino a alguna Furia. Por su causa, ¡oh Troya!, a hierro y
fuego te devastó el ligero Ares, que de Grecia vino en una nave, y a
Héctor, al marido de esta desventurada, lo arrastró alrededor de las
murallas, rigiendo su carro el hijo de la marina Tetis; yo misma fui
arrancada del tálamo a la orilla del mar, y sujeta a triste esclavitud.
Muchas lágrimas corrieron por mi rostro cuando abandoné la ciudad y el
tálamo, y a mi marido cubierto de polvo. ¡Ay de mí, desventurada! ¿Por
qué había de ver yo más la luz, esclava de Hermíone? Afligida por ella,
suplicante, recurro a la estatua de la diosa, y la abrazo, y me consumo
llorando como la fuente que se desliza por la peña gota a gota.
EL CORO
_Estrofa 1.ª_ — ¡Oh mujer!, que por tanto tiempo resides en el templo
y en el suelo consagrado a Tetis, y no lo abandonas; aunque yo sea
ftiota y tú asiática, vengo, sin embargo, en tu ayuda, y a ofrecerte
algún remedio a tus males, que os han convertido a ti y a Hermíone en
rivales odiosas, sin duda porque compartes con ella el lecho del hijo
de Aquiles.
_Antístrofa 1.ª_ — Piensa en tu suerte, reflexiona en el infortunio
que te agobia. Tú, joven troyana, luchas con tus señores, oriundos de
Lacedemonia. Deja el palacio de la diosa del mar, en donde sacrificamos
nuestras ovejas. ¿De qué te sirve macerar tu cuerpo, desfigurado por
las penas, y ser víctima de las violencias de tus dueños? La fuerza te
someterá. ¿A qué sufrir trabajos, no pudiendo?