De ningún modo; se avergüenza de su falta, obra de algún hom

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han

convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con

las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.

* También se han modernizado los nombres propios de personas

y lugares, y los gentilicios.

* Los nombres de los dioses y héroes no aparecen con la denominación

latina, utilizada por el traductor, sino con la griega, como hizo el

autor. Es decir, Venus y Hércules aparecen como Afrodita y Heracles.

* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final

del libro.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

OBRAS DRAMÁTICAS DE EURÍPIDES

BIBLIOTECA CLÁSICA

TOMO CCXXV

OBRAS DRAMÁTICAS

DE

EURÍPIDES

VERTIDAS DIRECTAMENTE DEL GRIEGO AL CASTELLANO

POR

EDUARDO MIER Y BARBERY

Traductor del alemán de las obras dramáticas de Schiller

de la «Biblioteca Clásica».

Grajis ingenium, Grajis dedit ore

rotundo Musa loqui.

HORAC., _Epist. ad Pis._

TOMO III

MADRID

LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO

Calle del Arenal, núm. 11.

—

1910

ES PROPIEDAD

MADRID. — Imp. de los Suc. de Hernando, Quintana, 33.

ION

ARGUMENTO

Enamorado Apolo de Creúsa, hija de Erecteo, rey de Atenas, logró a la

fuerza la satisfacción de su deseo arrastrándola a la gruta de Macra,

sita en la Acrópolis, en donde después dio a luz el fruto de esta

unión, exponiéndolo allí mismo con ciertas señales para ocultar su

deshonra; Apolo rogó entonces a Hermes que lo llevase a su templo de

Delfos, en donde lo adoptó la Pitia, criándolo como si fuera suyo y

destinandolo más tarde al servicio del dios, cuyos tesoros guardaba.

Creúsa, mientras tanto, se había desposado con Juto, hijo de Helén,

famoso guerrero auxiliar de los atenienses, con quienes venció a los

calcodóntidas de la Eubea, recibiendo, en premio la mano de aquella;

mas como no tuviesen hijos que heredaran su cetro y sus riquezas,

fueron a Delfos a consultar el oráculo y a rogar a Apolo que se los

concediese. El dios respondió a Juto que reconociera como tal al

primero que encontrare al salir del templo; y siendo el primero el

hijo adoptivo de la Pitia, que lo era realmente de Apolo y Creúsa,

Juto lo miró como suyo, y quiso solemnizar tan deseado hallazgo con

banquetes suntuosos, a los cuales fueron invitados todos los amigos del

hijo hallado, llamado Ion por su padre. Creúsa, sin embargo, sabedora

de la respuesta del oráculo, que daba un descendiente a su esposo,

dejándola a ella huérfana, resolvió envenenarlo aconsejada de su

pedagogo, y al efecto encargó a este que sirviese a los convidados, y

que al escanciarles el vino vertiese en la copa de Ion una gota letal

de la sangre de Medusa, que Atenea había dado a uno de sus abuelos.

El pedagogo obedeció sus órdenes, y ya estaba Ion a punto de apurar

la fatal copa, cuando oyó cierto ruido de mal agüero, y la derramó,

ofreciendo su libación a la tierra. Casualmente había penetrado en el

tabernáculo del festín una bandada de palomas, las cuales bebieron del

líquido que habían vertido los convidados, muriendo presa de agudas

convulsiones la que gustó del vino de Ion. Este se apoderó entonces

del pedagogo, que tan oficiosamente le había asistido en el banquete,

y haciéndole confesar su delito, supo la tentativa de envenenamiento

de Creúsa, a quien acusó ante la asamblea de próceres de Delfos, los

cuales la condenaron a ser precipitada desde las rocas de Delfos.

Creúsa, que supo la suerte que le aguardaba, se refugió en el ara de

Apolo, asilo seguro y sacrosanto.

Ion se presentó, no obstante, con satélites armados para prenderla, y

cuando estaban a punto de arrancarla de allí a viva fuerza, acude la

Pitia, que le entrega el cestillo en que lo trajo Hermes, y las prendas

que contenía. Al verlas Creúsa, deja el ara y las reconoce como suyas y

a Ion como a fruto de su unión con Apolo. Grande fue, pues, la alegría

de ambos, y, para colmarla, se aparece Atenea profetizando a Ion las

glorias reservadas a su nombre y a sus hijos.

Desde luego se comprende que esta obra dramática de Eurípides no

es propiamente una tragedia, sino lo que hoy se apellida un drama

entre los críticos modernos, en su acepción más estricta. Fundado,

como tantos otros, en una ἀναγνώρισις, o reconocimiento de un hijo,

es notable en más de un concepto por lo perfecto del plan, por los

caracteres de los personajes, y por las bellezas particulares que

encierra, hijas del buen gusto y del talento dramático del poeta.

Es lástima, sin duda, que Juto sea engañado a un tiempo por Apolo,

por Creúsa, su esposa, y por Ion, cuando, según nuestras ideas, nada

tenga de lisonjero el papel que se le hace representar. Adviértase, no

obstante, que los griegos no pensaban en este particular como nosotros,

y que en más de una ocasión, y en las mismas tragedias de Eurípides

(véase el _Heracles Furioso_), los mortales se muestran muy complacidos

de compartir con un inmortal el lecho en que descansa su esposa. Lo

peor es que el antojo libidinoso de un dios sea causa de la violación

de una doncella, de la separación de la madre y del hijo, y de las

consecuencias que trae. Tampoco parece laudable el propósito de Creúsa

de envenenar a Ion, y el de este de arrancar a su madre del ara, cuando

tan religioso se muestra en todo el poema, y a pesar de las violentas

y poderosas pasiones que mueven a ambos. Así y todo, no puede negarse

que el carácter de este último, su piedad y mansedumbre, sus apacibles

costumbres y santa vida, la resignación con que sufre su suerte, su

deseo de averiguar quiénes fueran sus padres, el sentimiento que le

aqueja cuando se ve obligado a dejar el servicio del dios para heredar

una corona, y su respeto a Juto y a Creúsa cuando los reconoce como a

sus padres, nos interesan en alto grado, revelándonos en sus distintas

fases la pureza de su alma y los dulces afectos que la alientan. Cuando

se queja de la conducta de Apolo, lo hace con dolor y como contra su

voluntad, y cuando duda de la veracidad de su madre, procura siempre

expresar sus recelos y sospechas sin ofenderla. También es raro,

conocidas las tendencias filosóficas y antipoliteístas de Eurípides,

que, encontrando ocasión tan propicia para explanarlas, se contente con

hacer algunas indicaciones o envolverlas en el fondo del argumento. En

general, la poesía de esta composición es fácil, amena y esencialmente

helénica, brillando en algunos cantos del coro con vivísima luz e

imponderable armonía. A nuestro juicio, la escena más bella es la del

reconocimiento de Creúsa e Ion.

En cuanto a la época de su representación, únicamente debemos decir

que nada se sabe de positivo, y que las conjeturas en que se apoyan

para indicarla, así Hermann como Théob. Fix y otros, no dejan de

ser, al menos en nuestro concepto, simples presunciones individuales

que distan mucho de convencernos. En efecto; conocido el amor con

que los atenienses y sus poetas hablan siempre de su ciudad, de sus

fundadores y de los progenitores de su raza; sabido el intolerante

exclusivismo con que miraban a los extranjeros y la tradición popular

en este pueblo, que se tenía por autóctono o indígena, no daremos gran

peso a las alusiones que se han creído percibir a la época en que

la distribución entre las ciudadanos de cierta cantidad de granos,

traídos de la Eubea, produjo alguna recrudescencia contra los que

no disfrutaban de los derechos de ciudadanía, haciendo emigrar a

muchos millares de ellos. ¿Por qué razón apoyarnos en tan frágiles

indicios cuando es poco lo que se dice a favor de la autoctonía de

los atenienses, poco también y a la ligera lo que se increpa a los

extranjeros, nada odioso el papel que Juto representa, y, por último,

cuando en otras tragedias de Eurípides se dice tanto o más contra

ellos? Hacer gala de erudición a costa de la sana lógica no nos parece

razonable. Lo mismo decimos de otra presunción, según la cual debió

representarse hacia la Olimp. 97, 4 (478 años antes de Jesucristo),

porque se ha creído ver otra alusión en las palabras del protagonista

de la tragedia al coro describiéndole los cuadros que adornan el

pórtico del templo de Apolo, y al presente que los atenienses hicieron

a este dios, construyendo a sus expensas un nuevo pórtico, poco después

de la victoria que ganó Formión a los lacedemonios. Lo primero que se

ha de probar es que el pórtico descripto por Ion y el edificado por los

atenienses en la época mencionada son uno mismo, lo cual dista mucho de

ser fácil, y mientras esto no se haga, tal indicación no deja de ser

una de las infinitas visiones de arqueólogos y eruditos, muchas veces

los poetas fantásticos de la Historia.

PERSONAJES

HERMES.

ION, _hijo de Apolo y de Creúsa._

CORO DE ESCLAVAS DE CREÚSA.

CREÚSA, _reina de Atenas._

JUTO, _su esposo._

UN ANCIANO, _pedagogo de Creúsa._

UNA ESCLAVA DE CREÚSA.

LA PITIA _o sacerdotisa de Apolo._

ATENEA.

La acción es en Delfos, ante el templo de Apolo.

Se ve el vestíbulo del templo, y delante del pórtico las estatuas de

Febo y Artemisa. En el tímpano del frontón, esculpidas y pintadas,

las luchas de Heracles y la Hidra y la de Belerofonte y la Quimera, y

en el muro la batalla de los Gigantes.

HERMES (_saliendo del bosquecillo contiguo_).

Atlas,[1] que sustenta en sus férreos hombros el cielo, antigua mansión

de los inmortales, engendró en una diosa[2] a Maya,[3] mi madre; yo

soy, pues, Hermes, servidor de Zeus, el más poderoso de todos los

dioses. He venido a esta tierra de Delfos, en donde Febo, en el centro

de nuestro globo,[4] anuncia siempre a los hombres lo presente y lo

futuro. Hay una ciudad griega, no innoble, llamada como Palas, la de

la dorada lanza,[5] en donde Febo poseyó por fuerza a Creúsa, la hija

de Erecteo,[6] en el lugar llamado Macra por los soberanos del Ática,

rocas septentrionales situadas bajo la ciudadela. Ignorándolo su padre

(que así plugo al dios), llevó la carga de su vientre y a su tiempo

dio a luz un niño en su palacio, y lo llevó a la misma gruta en donde

fue concebido, exponiéndolo a la muerte en un cestillo redondo, según

costumbre de sus antepasados, y de Erictonio, el hijo de la Tierra;

y la hija de Zeus, para defenderlo, envió allí dos dragones y lo dio

a guardar a las hijas de Aglauro.[7] En recuerdo de este suceso, los

erecteidas crían a sus hijos ceñidos de serpientes doradas.[8] Pero

Creúsa, suponiendo que moriría, lo adornó con sus mismas galas. Mi

hermano Febo me rogó entonces así: «Ve, ¡oh hermano!, a la ínclita

Atenas, en donde habita un pueblo indígena, a la ciudad de Palas,

que tú conoces, y sacando al niño recién nacido de la gruta, en el

mismo cesto que lo contiene y sin tocar a sus envolturas, tráelo a mi

fatídico templo de Delfos, y déjalo a la entrada. Yo cuidaré de lo

demás, porque has de saber que es mi hijo». Y yo, queriendo hacer este

favor a mi hermano Apolo, me apoderé del cesto entretejido, y dejé al

niño a la entrada de este templo, abierto el redondo cestillo, para que

se viese. Y cuando el sol subía dando vueltas, entró la sacerdotisa

y, al mirar al niño, se quedó sorprendida, creyendo que alguna joven

de Delfos había sido bastante osada para exponer en la mansión divina

el fruto de su vientre. Quiso primero arrojarlo de allí; pero se

compadeció de él y no fue tan cruel, porque el dios protegía al niño,

y no consintió que lo echasen. Y adoptándolo lo crio, e ignora que su

padre es Febo, y cuál haya sido su madre, y nada más sabe. Mientras

fue niño vivió de las ofrendas, y vagaba jugando; cuando llegó a ser

hombre, los de Delfos lo hicieron guardián de las riquezas del dios

y su fiel cuestor, y en el templo ha llevado hasta ahora santa vida.

Entonces se casó su madre Creúsa con Juto, a consecuencia de la guerra

que estalló entre los atenienses y los calcodóntidas,[9] habitantes

de la tierra eubeica, que concluyó Juto con la fuerza de las armas,

aunque no indígena, pero que era, sin embargo, oriundo de la Acaya y

descendiente de Eolo, hijo de Zeus. Mucho tiempo llevan de matrimonio,

y hasta ahora no han engendrado hijos, y por esta causa han venido a

consultar el oráculo de Apolo, deseosos de tenerlos. Y Apolo lo ha

dispuesto así, y no a ciegas, según se cree; y cuando entre en el

templo, dará a Juto su hijo, y le dirá que es de él, para que sea

reconocido por Creúsa a su vuelta al hogar materno, y permanezca oculta

su unión con Apolo, y obtenga su hijo la herencia que le corresponde.

Cuidará de que los griegos le llamen Ion, fundador de la región

asiática.[10] Pero entraré en este templo laurífero para saber lo que

hay resuelto acerca del niño. Aquí veo al hijo de Apolo que sale a

limpiar la puerta con ramas de laurel, y yo, el primero de los dioses,

lo llamo Ion desde ahora. (_Ocúltase en el bosquecillo de laurel_).

ION (_que sale del templo_).

Ya el sol pasea por la tierra este carro esplendente de cuatro

caballos, y los astros huyen por el aire de su fuego a refugiarse en el

seno de la sagrada noche; las cumbres inaccesibles del Parnaso brillan

a la vista de los hombres, alumbradas por las ruedas, que traen el

día, y el humo de la seca mirra llena el templo de Febo; la délfica

sacerdotisa se sienta en el santo trípode, cantando a los griegos

los oráculos que Apolo inspira. Id, pues, ministros del delfín Febo,

a las ondas argentadas de Castalia,[11] y, lavándoos en sus puras

aguas, volved al templo y guardad religioso silencio para que vuestra

lengua anuncie favorables presagios a los que vienen a consultar el

oráculo. Nosotros, cumpliendo con el deber que acatamos desde niños,

purificaremos el vestíbulo del templo de Apolo con ramas de laurel

y guirnaldas entretejidas, y humedeceremos el suelo con nuestras

líquidas gotas, y ahuyentaremos con nuestras saetas las bandadas de

aves que ofenden a los sagrados presentes, porque siendo hijo de padres

desconocidos, venero solo a la mansión divina de Febo, en donde me he

criado.

_Estrofa._ — Bellísimo laurel que barres el arca del templo de Febo,

recién cortado de jardines inmortales, en donde bullen aguas sagradas

de perenne corriente, y hojas, también sagradas, de mirto, con que

purifico cada día este santo suelo, así que el sol extiende sus ligeras

y brillantes alas. ¡Oh Peán, Peán bienaventurado,[12] bienaventurado

seas, oh hijo de Leto!

_Antístrofa._ — ¡Oh Febo! Sírvote y cuido de tu morada fatídica;

honroso ministerio es para mí trabajar por los dioses inmortales, no

por los mortales, y no me molesta cumplir tan gloriosos deberes. Febo

es el padre que me engendró; yo lo alabaré por haberme criado, y este

templo, en donde habita y me dispensa sus dones, hará para mí las veces

de padre. ¡Oh Peán, Peán bienaventurado, bienaventurado seas, oh hijo

de Leto!; pero acabaré de barrer con el laurel, y regaré la tierra

con el agua de los dorados vasos que corre de la fuente Castalia,

derramando sus frescas ondas, ya que duermo en casto lecho. ¡Ojalá que

nunca deje el servicio de Febo, o que, si lo abandono, sea con buena

suerte! ¡Ea..., ea!

_Estrofa 2.ª_ — Ya vienen, ya dejan las aves su morada del Parnaso. Os

anuncio que no os acerquéis a las almenas ni a este templo, rico en

oro. Te alcanzarán mis saetas, ¡oh mensajera de Zeus!,[13] que con tu

fuerte y corvo pico vences a las demás aves. He aquí este otro cisne

que se dirige hacia los atrios. ¿No moverás hacia otro lado tus pies

rojos? No te libertará de mis saetas la melodiosa cítara de Febo.[14]

Pasa a todo vuelo; entra en la laguna de Delos; derramaré tu sangre e

interrumpiré tus cantos suaves si no obedeces.

_Antístrofa 2.ª_ — ¡Hola, hola! ¿Cuál es esta nueva ave que llega?

¿Hará bajo sus almenas el nido de leña y paja para sus hijuelos? La

alejará de aquí el silbido de las flechas. ¿No obedecerás? Vete;

procrea tus hijos en los remolinos del Alfeo, o en la selva istmia,[15]

y no ofendas los presentes y el templo de Febo. Temo, no obstante,

mataros, porque anunciáis a los mortales las órdenes de los dioses;

pero no faltaré a mis deberes ni dejaré de venerar nunca a los que me

criaron. (_El coro de mujeres de Atenas, servidoras de Creúsa, dividido

en dos semicoros, aparece en la escena_).

PRIMER SEMICORO (_ante el pórtico_).

Ni en la divina Atenas hay tan bellas columnatas en templos de los

dioses, ni en el de Apolo Agieo;[16] luz bella y resplandeciente brilla

en ambas fachadas de la morada de Loxias, hijo de Leto.

SEGUNDO SEMICORO (_mirando las pinturas del frontón_).

Mira esta pintura, que representa al hijo de Zeus,[17] dando muerte

con su dorada y corva espada a la hidra Lernea; mírala, amiga, con tus

ojos.

PRIMER SEMICORO

Ya la veo. Y otro, junto a él, levanta la ardiente antorcha.[18]

¿Quién es? ¿Es el escudero Yolao, el representado en mis labores

mujeriles,[19] el que acompañó en sus trabajos al hijo de Zeus?

SEGUNDO SEMICORO

Pero mira al otro cabalgando en caballo alado, que mata a la robusta

fiera de tres cuerpos, que arroja llamas.[20] (_Los dos semicoros

penetran en la columnata del pórtico_).

PRIMER SEMICORO

Hacia todas partes miro y contemplo en los muros de piedra la batalla

de los Gigantes.

SEGUNDO SEMICORO

La admiramos, ¡oh amigas!...

PRIMER SEMICORO

¿Ves a aquella que vuelve su gorgóneo escudo contra Encélado?

SEGUNDO SEMICORO

Veo a Palas, mi diosa.

PRIMER SEMICORO

¿Cómo, pues? ¿Ves el ardiente rayo impetuoso que lanzan las manos de

Zeus, que hieren desde lejos?

EL SEMICORO

Ya lo veo; abrasa con su fuego al horrible Mimas.[21] Y Bromio o

Dioniso, que da muerte a uno de los hijos de la Tierra con sus débiles

férulas,[22] coronadas de yedra. (Júntanse los dos semicoros.)

EL CORO (_a Ion, que está a la puerta del templo_).

A ti digo, que estás a la puerta del templo, ¿pueden mis blancos pies

pisar sus umbrales y entrar?

ION

No es lícito, ¡oh extranjeras!

EL CORO

¿Ni oiré de tu boca palabra alguna?

ION

¿Qué quieres oír?

EL CORO

¿Es verdad que el templo de Febo está en el centro de la Tierra?[23]

ION

Sí, adornado de guirnaldas y cerca las Gorgonas.

EL CORO

Así dice también la fama.

ION

Si delante del templo derramasteis sangre, y deseáis saber algo de

Febo, entrad en los atrios; pero si no habéis sacrificado ovejas, no

penetréis en la nave.

EL CORO

Ya sé lo que debo hacer: no desobedeceremos las órdenes del dios, y se

deleitarán nuestros ojos examinando por el templo.

ION

Observad lo que sea lícito.

EL CORO

Mis señores me dieron licencia para ver esa mansión del dios.

ION

¿A qué familia servís?

EL CORO

En donde Palas habita se criaron mis dueños. (_Llega Creúsa_). Pregunta

a mi señora, que es esta que ves aquí.

ION

Noble eres, en verdad; es dulce tu belleza, sin duda como tus

costumbres, quienquiera que seas, ¡oh mujer! Fácil es decidir con solo

ver a la mayor parte de los hombres, si su prosapia es ilustre. ¿Qué

es eso? Me sorprende que cierres tus ojos y que las lágrimas surquen

tus nobles mejillas, aunque has contemplado el santo oráculo de Apolo.

¿Cuál es la causa de tu tristeza, ¡oh mujer!? Cuando se alegran todos

los que miran el templo del dios, lloran tus ojos.

CREÚSA

No es extraño, ¡oh extranjero!, como dices, que te sorprendan mis

lágrimas; yo, al ver este templo de Apolo, he evocado antiguas

memorias, y mi alma vaga ahora en mi hogar, aunque esté presente mi

cuerpo. (_Aparte_). ¡Oh mujeres desdichadas! ¡Oh injustos dioses! ¿Y

qué hemos de hacer? ¿En dónde buscaremos nuestros soberanos y nuestros

jueces si nos injurian y nos pierden?

ION

¿Por qué te afliges, ¡oh mujer!, por causas que nos está vedado

investigar?

CREÚSA

Por nada; aflojé ya el arco; en cuanto a lo demás, me callo, y te ruego

que no te cuides más de ello.

ION

Pero ¿quién eres?, ¿de dónde has venido?, ¿cuál es tu patria?, ¿cuál el

nombre que he de darte?

CREÚSA

Creúsa es mi nombre, y Erecteo mi padre; mi patria es la ciudad de los

atenienses.

ION

Ilustre, ¡oh mujer!, es la ciudad que habitas, y nobles los padres que

te educaron. Yo te respeto.

CREÚSA

En cuanto a eso, somos felices, ¡oh extranjero!; no en otras cosas.

ION

Por los dioses te ruego; ¿es acaso cierto, como la fama cuenta entre

los hombres...?

CREÚSA

¿Qué preguntas, extranjero? Deseo saberlo bien.

ION

¿Nació acaso de la Tierra el abuelo de tu padre?

CREÚSA

Sí, Erictonio; pero de nada me sirve la alteza de mi linaje.

ION

¿Y se lo llevó Atenea?

CREÚSA

En sus manos virginales, aunque no fuese su madre.[24]

ION

¿Y lo entregó como suele representarlo la pintura?

CREÚSA

A las hijas de Cécrope, para que lo guardasen, no para sanar sus ojos.

ION

Oí decir que las vírgenes abrieron el cofrecillo de la diosa.

CREÚSA

Y por eso murieron, llenando de sangre las piedras.

ION

Vamos, y ¿qué hay de verdad en esto? ¿Ese rumor es cierto o no?

CREÚSA

¿Qué preguntas? No me molesta este descanso.

ION

¿Mató tu padre Erecteo[25] a tus hermanas?

CREÚSA

Siendo vírgenes, osó sacrificarlas por la patria.

ION

¿Y cómo te salvaste tú sola?

CREÚSA

Tenía pocos años, y estaba en los brazos de mi madre.

ION

¿Y es verdad que se abrió la tierra y se tragó a tu padre?

CREÚSA

Perdiéronle las heridas que le hizo el tridente de Poseidón.

ION

¿Y se llama Macra el lugar en donde ocurrió esa catástrofe?

CREÚSA

¿Por qué me interrogas así? ¡Qué recuerdo traes a mi memoria!

ION

Pitio y sus resplandores lo honran.

CREÚSA

Hónralo, y no debía honrarlo; ¡ojalá que nunca lo hubiese visto!

ION

¿Cómo, pues? ¿Lo aborreces tú, siendo tan grato al dios?

CREÚSA

De ninguna manera; tengo noticia de cierta afrenta que se cometió en

esa gruta.

ION

¿Qué ateniense se casó contigo, ¡oh mujer!?

CREÚSA

No fue ciudadano, sino un extranjero advenedizo.

ION

¿Quién? ¿Sin duda algún noble?

CREÚSA

Juto, que desciende de Eolo y de Zeus.[26]

ION

¿Pero cómo logró tu mano siendo extranjero y tú indígena?

CREÚSA

Hay una región, llamada la Eubea, próxima a Atenas.

ION

Y la mar, según dicen, las separa.

CREÚSA

La sometió guerreando con los hijos de Cécrope.

ION

¿Vino como auxiliar, y se casó después contigo?

CREÚSA

Sí; tal fue el premio que ganó en la guerra; tal su bélica dote.

ION

¿Has venido sola a consultar el oráculo, o en compañía de tu esposo?

CREÚSA

Con él; pero fue hace poco a la cueva sagrada de Trofonio.[27]

ION

¿A verla, o a consultar al oráculo?

CREÚSA

Deseoso de oír la misma respuesta de él y de Febo.

ION

¿Vinisteis en demanda de frutos de la tierra, o de hijos?

CREÚSA

No los tenemos, aunque hace mucho tiempo que estamos casados.

ION

¿Y nunca diste a luz a ninguno? ¿Ninguno tienes?

CREÚSA

Febo sabe que soy estéril.

ION

¡Oh desventurada! Aunque feliz en todo, no lo eres en esto.

CREÚSA

Pero ¿quién eres tú? ¡Cómo me place llamar dichosa a tu madre!

ION

Soy y me apellidan siervo del dios, ¡oh mujer!

CREÚSA

¿Ofrenda de alguna ciudad, o comprado para su servicio?[28]

ION

Solo sé que me llaman servidor de Febo.

CREÚSA

Yo también, ¡oh extranjero!, te compadezco ahora.

ION

Ignoro quién me diera a luz, y cuál sea mi padre.

CREÚSA

¿Habitas en este mismo templo, o en tu casa?

ION

Todo el templo del dios es mío, y duermo en donde me sorprende el sueño.

CREÚSA

¿Viniste niño a él, o ya adolescente?

ION

Los que deben saberlo dicen que no hablaba.

CREÚSA

¿Y cuál de las mujeres délficas te alimentó con su leche?

ION

Nunca conocí nodriza; pero a la que me crio...

CREÚSA

¿Cuál fue, ¡oh desventurado!? ¡Cómo, llena de aflicción, encuentro

otros también afligidos!

ION

A la sacerdotisa de Febo la miro como a madre.

CREÚSA

Y cuando llegaste a la edad viril, ¿cómo vivías?

ION

Con las ofrendas de los altares y los dones de los peregrinos, que nos

visitaban con frecuencia.

CREÚSA

¡Madre desdichada, quien quiera que sea!

ION

Acaso he sido fruto de algún amor culpable.

CREÚSA

¿Y cuentas con otros recursos? Buenos son tus vestidos.

ION

Gracias a las ofrendas del dios a quien sirvo.

CREÚSA

¿No has intentado averiguar quiénes pueden ser tus padres?

ION

No tengo el más leve indicio que me guíe, ¡oh mujer!

CREÚSA

¡Ay! Alguna otra madre hay semejante a la tuya.

ION

¿Cuál? Si su infortunio es igual al mío, ambos nos alegraremos.[29]

CREÚSA

Es la que me obliga a adelantarme ahora a mi esposo.

ION

¿Y con qué objeto? Yo la serviré, ¡oh mujer!

CREÚSA

Con deseo de que un oráculo de Febo explique cierto misterio.

ION

Habla; yo cuidaré de lo demás.

CREÚSA

Oye, pues; pero tengo vergüenza.

ION

Entonces nada conseguirás; la vergüenza es deidad negligente.

CREÚSA

Cierta amiga mía dice que la poseyó Febo.

ION

¿Febo a una mortal? No lo digas, ¡oh extranjera!

CREÚSA

Y que del dios tuvo un hijo, ignorándolo el padre de la desdichada.

ION

De ningún modo; se avergüenza de su falta, obra de algún hombre.

CREÚSA

Ella lo niega, y cometió después un delito deplorable.

ION

¿Qué hizo, si se desposó con un dios?

CREÚSA

Expuso al hijo que parió.

ION

¿Y en dónde está ese expósito? ¿Ve acaso la luz?

CREÚSA

Nadie lo sabe; tal es mi consulta al oráculo.

ION

Si, pues, no existe, ¿cómo pereció?

CREÚSA

Créese que las fieras mataron al desventurado.

ION

¿Y en qué se fundan para pensar así?

CREÚSA

Cuando volvió al lugar en que lo expuso, no lo encontró.

ION

¿Había cerca rastro de sangre?

CREÚSA

Lo niega, aunque examinó el suelo con cuidado.

ION

¿Cuánto tiempo hará que desapareció ese niño?

CREÚSA

Tendría tu misma edad si viviera.

ION

Injusto fue con ella el dios. ¡Pobre madre!

CREÚSA

Y después no tuvo más hijos.

ION

¿Lo habrá arrebatado Febo para criarlo?

CREÚSA

No obra justamente si él solo disfruta de un goce que debiera ser común

a ambos.

ION

¡Ay de mí! ¡Parecida es su desgracia a la mía!

CREÚSA

Creo que tú también, ¡oh extranjero!, suspiras por una madre mísera.

ION

No me recuerdes un dolor ya olvidado.

CREÚSA

Me callaré; pero prepárate a responder a mis preguntas.

ION

¿Sabes acaso lo que más debe afligirte de todo eso?

CREÚSA

¿Deja de ser todo igualmente aflictivo?

ION

¿Cómo es posible que el dios revele lo que desea ocultar?

CREÚSA

Sin duda lo hará, si el trípode en que se sienta sirve a toda la Grecia.

ION

Se avergonzará; no se lo preguntes.

CREÚSA

Y mientras tanto sufre la víctima de esa desgracia.

ION

No hay quien te vaticine lo que deseas. Convicto de un crimen

en su mismo templo, con razón castigará al que te declare sus

oráculos. Aléjate, mujer, que no se ha de preguntar al dios lo que

le ofenda.[30] Porque sería el colmo de la demencia obligar a los

inmortales a decir lo que no quieren, ya sacrificando ovejas en sus

aras, ya observando las aves. Vanos son los bienes que logramos, ¡oh

mujer!, cuando a la fuerza y contra su voluntad los arrancamos de los

dioses, y solo nos aprovechan los que voluntariamente nos conceden.

EL CORO

Muchas y diversas son las calamidades humanas, muchos los hombres que

las sufren; casi nunca conseguirán en vida felicidad perpetua.

CREÚSA

¡Oh Febo!, ni antes fuiste justo, ni ahora lo eres con la amiga

ausente, a quien defiendo. Ni salvaste a su hijo cuando debías, ni

siendo adivino responderás a su madre, que por él te pregunta para

que le labre un sepulcro si ya no existe, y si vive para abrazarlo

al fin. Pero es menester dejarlo si el dios me prohíbe saberlo. Yo,

¡oh extranjero!, veo acercarse a mi noble esposo Juto, que viene de

la gruta de Trofonio; cállalo todo en su presencia, no sufra alguna

afrenta por tratar de estos misterios y el vulgo los sepa, no como

nosotros podríamos explicárselos. Amarga es la suerte de la mujer,

y nos odian los hombres sin distinguir las buenas de las malas;[31]

¡tanta es nuestra desventura!

JUTO (_que llega de la gruta de Trofonio_).

Que el dios reciba mi primer saludo, y tú también, ¡oh esposa! ¿Te

inquietaba acaso mi tardanza?

CREÚSA

Nada de eso; has llegado a tiempo para evitarlo: dime el oráculo que

has oído en la gruta de Trofonio y el medio de lograr algún fruto de

nuestra unión.

JUTO

No quiso anticiparse al oráculo del dios; solo dijo que ni tú ni yo

volveríamos a nuestra patria sin hijos, después de consultar a Apolo.

CREÚSA

¡Oh venerable madre de Febo!, que nuestra venida redunde en nuestro

bien y que seamos más afortunados que antes con tu hijo.[32]

JUTO

Así sea. ¿Pero cuál es el profeta del dios?

ION

Yo solo cuido de la parte exterior del templo, y de la interior otros,

que se sientan cerca del trípode, ¡oh extranjero!, notables de Delfos,

elegidos por la suerte.

JUTO

Bien; ya estoy enterado de cuanto deseaba saber. Entraré, porque,

según oigo, ya se sacrificó la víctima que los extranjeros deben

inmolar a la entrada; quiero, en este funesto día, oír los oráculos

del dios. Tú, mujer, toma las ramas de laurel y suplica ante las aras

para que desde aquí, según me han profetizado, lleve a mi patria feliz

prole. (_Entra en el templo_).

CREÚSA

Así sea, así sea. Si al menos quiere ahora Apolo enmendar sus

anteriores yerros, aunque no nos favorezca cuanto puede, acogeré

solícita sus órdenes, que al fin es dios. (_Retírase hacia la ciudad_).

ION

¿Por qué esta extranjera siempre habla a Febo en términos enigmáticos

y parece reconvenirle por lo bajo o por afecto a la que le encarga

consultarlo, o callando algo que le conviene? Pero ¿por qué siento

esta inquietud por la hija de Erecteo, cuando nada me interesa?

Iré con estos vasos de oro, y llenaré de agua los destinados a las

aspersiones. Paréceme, sin embargo, que no es justo Apolo si abandona a

las vírgenes a quienes posee a la fuerza, y deja morir a los hijos que

en ellas engendra. No seas así, sino practica la virtud, ya que eres

nuestro soberano. Si alguno delinque, los dioses le castigan. ¿Cómo,

pues, vosotros, que dais leyes a los mortales, seréis los primeros en

despreciarlas? Y si (lo que no será, aunque mis labios osen proferirlo)

imponéis graves penas a los violadores de mujeres, tú y Poseidón y

Zeus, que reina en el cielo, os veréis obligados a despojar vuestros

templos para pagar los estupros[33] que cometisteis. Injustos sois

abandonándoos a esos goces, sin cuidaros de nada. Ya no se deben expiar

los delitos humanos si imitamos a los dioses, sino solo a nuestros

maestros. (_Vase_).

EL CORO

_Estrofa._ — Yo te invoco, ¡oh Atenea!, mi dueña, que nunca viste

a Ilitía[34] en los dolores del parto, y naciste, por obra del

titán Prometeo, de la cabeza de Zeus,[35] y a ti, ¡oh Victoria[36]

veneranda!, ven al templo Pítico volando desde los dorados tálamos

del Olimpo, adonde, en su mansión divina, situada en el centro de la

tierra, Febo pronuncia oráculos en el trípode tan visitado de coros;

tú y la hija de Leto sois dos diosas, dos vírgenes castas, hermanas de

Febo. Pedid, ¡oh doncellas!, que al antiguo linaje de Erecteo concedan

oráculos explícitos larga, aunque tardía descendencia.

_Antístrofa._ — Firme base de la mayor felicidad es para los mortales

contemplar en el hogar paterno juventud florida y brillante, bellos

hijos que recibirán después de sus padres riquezas hereditarias para

transmitirlas a los suyos. En la adversidad nos protegen y en la

prosperidad nos llenan de alegría, y con sus armas sirven a su patria

y la salvan en sus peligros. Yo prefiero educar buenos hijos a las

riquezas y a los regios palacios. Odio la vida sin ellos, y reprendo a

quienes la desean; con fortuna modesta vivo yo feliz en su compañía.

_Epodo._ — ¡Oh morada de Pan[37] y peñasco vecino a la cavernosa

Macra, en donde, formando coros y en el verde prado, delante del templo

de Palas, danzan las tres hijas de Aglauro al compás, ¡oh Pan!, de tu

melodiosa flauta cuando la haces sonar en tu gruta, en la cual cierta

doncella desventurada dio a luz un hijo de Febo, abandonándolo a la

voracidad de las aves y al sanguinario apetito de las fieras, triste

prenda de amor infausto! Ni vi en tejido alguno, ni la tradición dice

tampoco que fueran afortunados los hijos de los dioses.

ION

Esclavas que cercáis los umbrales de este santo templo aguardando a

vuestro señor, ¿dejó ya Juto el sagrado trípode, sabido el oráculo, o

continúa ansioso de remediar allí su orfandad?

EL CORO

Dentro está, ¡oh extranjero!; aún no ha salido; pero suenan las puertas

como si saliese, y, en efecto, ya lo veo fuera del templo.

JUTO (_transportado de alegría, saluda a Ion al dejar el templo_).

Salve, ¡oh hijo!, que tales deben ser mis primeras palabras.

ION

En salvo estamos; que la sabiduría os ilumine, y así nos irá bien a los

dos.

JUTO

Trae tu mano para que la bese, y tu cuerpo para que lo abrace.

ION

¿Estás, ¡oh extranjero!, en tu juicio, o dios te hace delirar?

JUTO

Bien sé lo que hago deseando besarte y habiéndose realizado mis votos

más fervientes.

ION

Apártate; no ajen tus manos, al tocarme, las coronas del dios.

JUTO

Te abrazaré, y no a la fuerza, que al fin encuentro lo que más anhelo.

ION (_arrancándose de los brazos de Juto_).

¿No te retirarás, si no quieres que mis flechas atraviesen tu pecho?

JUTO

¿Por qué me huyes, cuando encuentras a quien tanto amas?

ION

No me agrada devolver el juicio a extranjeros ineptos e insensatos.

JUTO

Mata y abrasa; asesinarás a tu padre si así lo haces.

ION

¿Cómo has de ser mi padre? ¿No es esto ridículo?

JUTO

De ningún modo; lo que voy a decirte te lo probará.

ION

Pero ¿qué dices?

JUTO

Soy tu padre, y tú mi hijo.

ION

¿Quién lo ha asegurado?

JUTO

Apolo, que te crio siendo tú mío.

ION

Tú solo afirmas, no otro testigo.

JUTO

Solo refiero el oráculo del dios después de conocido.

ION

Te engaña algún enigma.

JUTO

¿No oí acaso bien?

ION

¿Cuáles fueron las palabras de Febo?

JUTO

Que aquel que saliese a mi encuentro...

ION

¿En dónde?

JUTO

Al salir del templo del dios...

ION

¿Qué le ha de suceder?

JUTO

Es mi hijo.

ION

¿Verdaderamente, o solo como don que te hacía?

JUTO

Como don suyo y fruto, además, de mi matrimonio.

ION

¿Y yo he sido el primero que encontraste al paso?

JUTO

No otro, hijo.

ION

Y al cabo, ¿de dónde viene esta dicha?

JUTO

Igual es nuestra sorpresa.

ION

Vamos, ¿cuál fue mi madre?

JUTO

No puedo afirmarlo.

ION

¿Ni tampoco Febo?

JUTO

Gozoso con lo que ya sabes, no le pregunté más.

ION

¿La tierra ha sido, pues, mi madre?

JUTO

No engendra hijos.[38]

ION

¿Y cómo lo sería yo?

JUTO

No lo sé, pero el dios lo dice.

ION

Vaya; hablemos de otra cosa.

JUTO

Mejor es hablar de esto, ¡oh hijo!

ION

¿Te deslizaste acaso en algún lecho ilegítimo?

JUTO

Quizá en la época de mis extravíos juveniles.

ION

¿Antes de casarte con la hija de Erecteo?

JUTO

Nunca después.

ION

¿Me engendrarías acaso entonces?

JUTO

Según parece, debió ser hacia ese tiempo.

ION

Si fue así, ¿cómo vine aquí?

JUTO

Lo ignoro.

ION

¿Andando un trayecto tan largo?

JUTO

Esto me hace también dudar.

ION

¿Has estado antes en la roca Pítica?

JUTO

Sí; para celebrar las orgías de Dioniso.

ION

¿Y quién te dio hospitalidad?

JUTO

El que a las doncellas de Delfos...[39]

ION

¿Te hizo acompañar? ¿Qué dices?

JUTO

Sí, a las Ménades de Dioniso.

ION

¿Sobrio o ebrio?

JUTO

Entregado a los placeres de Dioniso.

ION

¿Entonces, sin duda, lo engendraste?

JUTO

Lo reveló el Destino, ¡oh hijo!

ION

Pero ¿cómo vine a parar a este templo?

JUTO

Quizá exponiéndote esa doncella.

ION

Librémonos de la esclavitud.

JUTO

Abraza ahora a tu padre, ¡oh hijo!

ION

Conviene no desobedecer al dios.

JUTO

Bien piensas.

ION

¿Y que más puedo desear...

JUTO

Ahora discurres como debes.

ION

Que haber nacido del hijo de Zeus?

JUTO

Tal es tu suerte.

ION

¿Abrazaré, pues, al que me engendró?

JUTO

Sí, obedeciendo al dios.

ION (_abrazando a Juto_).

Salve, pues, ¡oh padre!

JUTO

Acepto tan dulce nombre.

ION

Y este día...

JUTO

También me ha hecho feliz.

ION

¡Oh madre amada!, ¿nunca he ver tu faz? Más deseo conocerte ahora

que antes, quienquiera que seas. Pero quizás hayas muerto, y no será

posible.

EL CORO

También participamos nosotros de la dicha de la familia;[40] pero

quisiera que mi señora fuese feliz con sus hijos y todos los

descendientes de Erecteo.

JUTO

Insigne favor del dios ha sido encontrarte, ¡oh hijo!, y consentir

que nos juntáramos, y no menos señalado el que te hizo dándote lo que

más anhelabas, cuando nada sabías. Tu razonable deseo es también el

mío, ¡oh hijo!: que logres ver a tu madre, y yo a la mujer en quien te

engendré. Dejémoslo, pues, al tiempo, que acaso nos lo conceda. Ahora

dejarás la tierra del dios y tu incierta vida, y vendrás a Atenas

dócil a los ruegos de tu padre, en donde te aguardan cetro venturoso y

grandes riquezas; no sufrirás ya dos males a un tiempo, ni te llamarán

villano y miserable, sino noble y opulento. ¿Callas? ¿Por qué fijas en

tierra tus ojos y te abandonas a profundas meditaciones, y renunciando

a tu anterior alegría inspiras a tu padre serios temores?

ION

No es lo mismo contemplar las cosas desde lejos que tocarlas. Pláceme

la fortuna de encontrarte; pero oye lo que pienso: dicen que los

ilustres atenienses son indígenas,[41] y no han venido de otro país,

por cuya razón sufriré dos males, que me miren como hijo bastardo y de

padre extranjero. Y así deshonrado, si valgo poco, me despreciarán,

y si obtengo los cargos más elevados y quiero darme importancia, me

odiará el pueblo; aborrecidos son siempre los poderosos, los buenos y

los prudentes, que no acuden en tropel a tomar parte en el gobierno

de la república; callarán y se reirán de mí, y me tendrán por necio,

reprobando mi inquieta ambición en una ciudad tan tumultuosa; y si me

confieren las mayores dignidades y llego a manejar los negocios de

la república, más maligno me espiará el pueblo. Así suele suceder,

¡oh padre!: los que mandan y desempeñan los primeros puestos tienen

ardentísimos rivales. Y cuando yo, extranjero, penetre en un palacio

que no es el mío, y viva con una mujer que no tiene hijos, heredera de

tu anterior desdicha, y cuyas esperanzas se verán ahora frustradas,

no podrá mirarme con buenos ojos; y ¿cómo, con razón, no ha de

aborrecerme, cuando me siente a tu lado y ella se vea huérfana? Y ¿cómo

no ha de contemplar a tu hijo con dolor? ¿Y si después me desprecias

por ella, o me honras más de lo justo, y siembras en tu palacio la

discordia? ¡Cuánto linaje de muertes y letales venenos no han empleado

las mujeres para librarse de sus maridos! Además, me compadezco de tu

esposa, ¡oh padre!, que envejece sin descendencia, no mereciéndolo,

cuando tanta es su nobleza. En vano me celebras lo que vale reinar,

grato en la apariencia, pero triste en realidad; ¿cómo ha de disfrutar

de ventura, cómo ha de ser feliz el que arrastra la vida siempre

receloso, esperando que le den muerte violenta? Más quisiera vivir

contento como simple ciudadano, que ser el primero y gozar en compañía

de malos amigos, mientras odio a los buenos temiendo que me asesinen.

Acaso digas que el oro triunfa de todo y que es dulce nadar en la

opulencia. No me place oír los vanos rumores del vulgo y atesorar

riquezas, ni sufrir trabajos. Tóqueme en suerte grata medianía para

vivir tranquilo. Oye ahora, ¡oh padre!, los bienes que aquí poseo: el

primero es el descanso, tan amado de los mortales; pocos cuidados me

inquietan; ningún criminal me estorbará el paso, que no es tolerable

cederlo a los que valen menos que nosotros. Pasaba mi vida orando a los

dioses o hablando con los hombres, y servía a los alegres, no a los

llorosos. Cuando despedía a unos extranjeros, otros venían, y amable y

nuevo era yo para ellos, como ellos para mí. El respeto a la ley y mi

índole bondadosa me han conservado justo ante el dios, la mayor dicha

entre los hombres, aunque lo sean sin quererlo. Habiendo reflexionado

en todo esto, ¡oh padre!, prefiero lo que aquí tengo a lo que allí me

espera. Déjame, pues, que viva a mi gusto, que igual es el deleite de

los que nadan en la opulencia y el de los que se contentan con poco.[42]

EL CORO

Bien has dicho, si los que amo aprueban tus palabras y son felices.

JUTO

No hables más así, y no desprecies la ocasión que te ofrece la fortuna.

Ya que te he encontrado, ¡oh hijo!, quiero celebrarlo, y sentados a la

mesa en público banquete y con sacrificios festejaré tu natalicio, ya

que antes no lo he hecho. Y ahora gozaré en el convite como si llevase

algún huésped a mi palacio; en este concepto vendrás conmigo a visitar

el Ática, más bien que como hijo. Ya que soy dichoso, no quiero afligir

a mi esposa, recordándole su esterilidad. Cuando se presente favorable

coyuntura, le rogaré que consienta en que yo te deje el cetro de mi

reino. Y te llamo Ion,[43] nombre adecuado a tu suerte, porque fuiste

el primero que encontré al salir del templo. Convoca, pues, a tus

amigos, e invítalos a este sacrificio y grato banquete, y despídete de

ellos, puesto que abandonarás la ciudad de Delfos. Os ordeno, esclavas,

que nada de esto digáis, que la muerte os aguarda si lo participáis a

mi esposa.

ION

Iré; solo falta a mi ventura que encuentre, ¡oh padre!, a la madre que

me dio a luz, porque de otro modo será triste nuestra vida; y si algo

podemos desear es que sea ateniense, para que pueda hablar libremente.

Porque si algún extranjero llega a una ciudad en que no los hay, aun

cuando sea ciudadano en el nombre, es servil su lengua y no tiene

suficiente libertad para hablar. (_Vanse los dos_).

EL CORO

_Estrofa._ — Presumo que ha de haber lágrimas y luto y lamentos cuando

sepa mi señora que su marido tiene un hijo hermoso, y ella es estéril

y huérfana. ¿Qué oráculo has pronunciado, ¡oh hijo!, profeta de

Leto? ¿De dónde vino este adolescente, criado en tu templo? ¿Cuál fue

su madre? No me satisfacen tus palabras, no encubran algún engaño.

No puedo adivinar cuál será el término de todo esto. Maravilloso es

Apolo, y prodigios son estos, sí, si son propicios. Algún fraude,

algún siniestro artificio[44] creo descubrir en este niño de sangre

extranjera. ¿Quién no pensará como yo?

_Antístrofa._ — ¿Diremos a mi señora, ¡oh amigas!, lo que ha sucedido

aquí, declarándole cuanto ha hecho su marido, en quien confiaba, y de

cuyas esperanzas participó siempre la desdichada? Los males la acabarán

cuando llegare a la cara vejez, mientras él es dichoso; su marido

desprecia a los que la aman, mientras que él, mísero extranjero, fue

admitido en nuestra familia y le sonrió la suerte, y no se contentó

con ella. Muera, muera el que engañó a mi señora, y que la alegre llama

no consuma nunca la libación que ofrezca a los dioses. Sabrá, en cuanto

de mí depende...

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

amiga del reino.

_Epodo._ — Ya el hijo y el padre, de reciente data, vienen al banquete

que se prepara en las cumbres del Parnaso, de encrespados peñascos

que se pierden en el aire, y en donde Dioniso, agitando antorchas

ardientes, danza con ligereza, acompañado de las Bacantes que vagan

durante la noche. Que nunca vaya este niño a mi ciudad; muera en

sus floridos años, y mi patria no gemirá justamente víctima de esta

irrupción extranjera.[45] Bástale Erecteo, nuestro antiguo rey.

CREÚSA (_que vuelve con su anciano pedagogo_).

¡Oh anciano, ayo de Erecteo, mi difunto padre!; anímate a llegarte al

oráculo del dios, para que te regocijes conmigo si el rey Apolo ha

declarado que tendré hijos. Dulce es la felicidad en compañía de los

que amamos; al contrario, si nos sucede algún infortunio (lo que Dios

no permita), es dulce también mirar los ojos de un hombre benévolo.

Yo, aunque reina, te respeto como a un padre, de igual manera que tú

respetaste al mío en otro tiempo.

EL PEDAGOGO

¡Oh hija! Dignas son las costumbres de tus ilustres antepasados, y no

deshonrarás con ellas a tus viejos progenitores, hijos de la tierra.

Llévame, llévame al templo y sírveme de guía; molesto es para mí

llegar hasta el oráculo;[46] ayúdame, y que tú seas quien me asista en

las enfermedades en mi vejez.

CREÚSA (_sosteniéndolo_).

Sígueme, y mira por dónde andas.

EL PEDAGOGO

Vamos; tardos son mis pasos, vivo mi ánimo.

CREÚSA

Cuidado con esa senda; apóyate con firmeza en el báculo.

EL PEDAGOGO

Ciego es también mi báculo, que mi vista de poco sirve ya.

CREÚSA

Bien me parece lo que dices, pero no te dejes dominar del cansancio.

EL PEDAGOGO

No es ese mi deseo; poro no está en mi mano adquirir lo que me falta.

CREÚSA (_al llegar arriba_).

¡Oh mujeres!, fieles esclavas que me ayudáis con vuestras lanzaderas a

tejer mis telas, ¿qué sabe mi marido de nuestros hijos, única causa de

su venida? Hablad, si son alegres vuestras nuevas; no diréis que soy

una dueña ingrata.

EL CORO

¡Ay de mí, oh Fortuna!

EL PEDAGOGO

No es de buen agüero tu exordio.

EL CORO

¡Ay de mí, desventurada!

EL PEDAGOGO

¿Me harán acaso infeliz los oráculos de mis señores?

EL CORO

Paciencia; ¿qué hemos de hacer cuando nos amenacen de muerte?

CREÚSA

¿Qué significa esto? ¿Qué les infunde miedo?

EL CORO

¿Hablaremos, o nos callaremos? ¿Qué hacemos?

CREÚSA

Hablad; sin duda sabéis algo siniestro que me interesa.

EL CORO

Lo diremos, pues, aunque perezcamos dos veces.[47] No tomarás en tus

brazos a tus hijos, ¡oh señora!, ni los alimentarán tus pechos.

CREÚSA (_horrorizada en extremo_).

¡Ay de mí! ¡Que yo muera!

EL PEDAGOGO (_consolándola_).

¡Hija!

CREÚSA

¡Cuán desdichada soy! ¡Grande es mi infortunio, intolerable el dolor

que sufro, oh, amigas!

EL PEDAGOGO

Perecimos, hija mía.

CREÚSA

¡Ay, ay de mí! ¡Ay, ay de mí! ¡Dolor agudo ha penetrado en mi corazón!

EL PEDAGOGO

No solloces todavía...

CREÚSA

Deplorable es nuestra suerte.

EL PEDAGOGO

Hasta no saber...

CREÚSA

¿Qué nueva?

EL PEDAGOGO

Si mi dueño es tan desventurado como tú, o tú sola la infeliz.

EL CORO

Diole Apolo un hijo, ¡oh anciano!; él solo es venturoso.

CREÚSA

Lo que has dicho, lo que has dicho pone el colmo a mi pena y a mi

extrema aflicción.

EL PEDAGOGO

Ese hijo de que has hablado, ¿ha de nacer, o, según el oráculo, ha

nacido ya?

EL CORO

Febo le ha devuelto uno, que vivía, ya en la pubertad; presente estuve

yo.

CREÚSA

¿Que dices? Infausto, infausto, inaudito es lo que me cuentas.

EL PEDAGOGO

Y también para mí. Acábame de decir más claramente el oráculo, y quién

es ese hijo.

EL CORO

El dios declaró que era el primero que encontrase al salir del templo.

CREÚSA (_sollozando_).

¡Ay, ay de mí! ¡Pero yo he de vivir sin hijos, sin hijos he de vivir, y

solitaria y sin ellos habitaré en mi palacio!

EL PEDAGOGO

¿Y a quién aludió el oráculo? ¿Con quién tropezó el marido de esta

desdichada? ¿Cómo, en dónde lo vio?

EL CORO

¿Te acuerdas, ¡oh señora amada!, del joven que cuidaba de este templo?

Ese es su hijo.

CREÚSA

¡Ojalá que yo vuele por el húmedo aire,[48] lejos de la Grecia, hasta

llegar a los luceros vespertinos: que tan grande es mi dolor, ¡ay!, que

tan grande es mi dolor!

EL PEDAGOGO

¿Y qué nombre le puso su padre? ¿Lo sabéis, o también lo ignoráis?

EL CORO

Ion, por ser el primero que encontró.

EL PEDAGOGO

¿Y quién es su madre?

EL CORO

No puedo decírtelo; pero el esposo de esta, sin que ella lo sepa, para

decírtelo todo, ¡oh anciano!, ha ido a sacrificar en acción de gracias,

por el hallazgo de su hijo y por la hospitalidad que le dio, a los

sagrados tabernáculos y a celebrar con él un banquete.

EL PEDAGOGO

Tu esposo nos hace traición, ¡oh señora!, y, como tú, lo deploro.

Estamos llenos de oprobio, y nos arrojarán del palacio de Erecteo; no

me inspira el odio a tu marido, sino el afecto que te profeso, porque

habiéndose casado contigo, aunque solo era en la ciudad un extranjero

intruso, y habitado en tu palacio y poseído todo tu patrimonio,

engendró hijos en otra mujer. Yo te explicaré lo que ha hecho sin tu

consentimiento: cuando supo que eras estéril, no contento ya con que

fuese igual vuestra desgracia, compartió el lecho de alguna esclava, de

quien tuvo a ese niño; lo alejó de ella, dándolo a educar en Delfos, y

sin obstáculo ha crecido ocultamente en el templo del dios. Ya hombre,

te persuadió que vinieras aquí pretextando que no tenías hijos tú; el

dios no te ha engañado; él sí, criando hace tiempo al suyo y tramando

tales engaños; si se averiguaban, los atribuiría a Apolo;[49] si

permanecían ignorados, se aprovecharía de ellos para darle el reino de

Atenas. Tranquilo forjó, pues, el nuevo nombre de Ion, por haber sido

el que encontró al salir del templo. ¡Ay de mí! ¡Cómo he aborrecido

siempre a los malvados que maquinan injusticias o iniquidades y después

las engalanan artificiosamente! Prefiero un amigo sencillo y bueno

a otro más sagaz si es malo. Y sufrirás el colmo de los males si un

hombre oscuro, hijo de madre incierta, de una esclava cualquiera, ha de

mandar en tu palacio. Más tolerable sería que habiendo nacido de noble

ciudadana, te hubiese persuadido, viéndote sin descendencia, que lo

adoptaras, llevándolo a tu palacio; y si te desagradaba, contraer nuevo

himeneo con alguna de las nietas de Eolo. Deber tuyo es, pues, ahora,

acometer alguna hazaña mujeril, o empuñando el acero, o armándole

alguna celada, o matando con veneno a tu marido y a tu hijo antes que

ellos lo hagan contigo. Y si no lo intentas, perderás la vida, que

cuando dos enemigos viven bajo un mismo techo, amenaza grave peligro

al uno o al otro.[50] Yo te ayudaré, y nos presentaremos en el festín,

mataremos juntos a su hijo, y pagaré así a mis dueños cuanto han

gastado en sustentarme, y moriré o viviré con ellos. Solo el nombre

de esclavo es deshonroso, que en todo lo demás, ningún siervo, siendo

bueno, vale menos que los hombres libres.

EL CORO

Y yo, dueña querida, quiero compartir contigo esta desdicha, y morir o

vivir sin oprobio.

CREÚSA (_que de repente sale de un doloroso estupor_).

Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3) · 第 1 / 20 段