Escenas

=--I--=

JOAQUÍN.--=(Solo, paseándose meditabundo por la habitación, que es de

bajo techo, sucia, con feísimos y ordinarios muebles, todo en desorden.)

= Ni un día más durará esta vida. Protesto con toda mi energía de ser

racional y libre, declaro absurdo y necio el deber de vivir. No hay tal

deber. Cuando la sociedad nos declara la guerra, o hay que rendirse

entregándole las llaves de la plaza del alma, por otro nombre la

vergüenza, o hay que tomar las de Villadiego, emigrando a la eternidad.

Este es el dilema, _the question_, como decía el otro: o vivir sin

decoro, o buscar en la muerte la imposibilidad absoluta de ruborizarse.

Opto por morir. =(Da un gran suspiro, alza los ojos del suelo, y

fijándolos en un espejo que hay en la pared, sucio de moscas y con gran

parte del azogue borrado, se contempla en silencio un gran rato.)=--¿Eres

tú, imagen que aquí veo, la de Joaquín Pez? Te desconozco. Tú no eres

yo. Yo era hermoso, y tú, con esa palidez de Santo Cristo viejo y sin

barniz, das grima. Mis ojos derramaban la alegría y la felicidad y los

tuyos están mortecinos y sin brillo. ¿Cómo puedo creer que el hombre

mejor vestido de Madrid sea este que aquí veo dentro de esta levitita

abotonada hasta el cuello, con los ojales rotos y los bordes grasientos

y con flecos? No: el hombre que, a la hora que es, no ha tomado más que

un café y un poco de pan, no puede ser el Joaquín Pez que yo conocí. =

(Da media vuelta y sigue paseando.)= Me repugno, me doy asco. Vivir así

es peor que cien muertes.

»Ya no puedo pasar mucho tiempo sin que me descubran. Me prenderán, me

meterán en la cárcel... ¡Qué iniquidad! =(Se conmueve.)= Soy un

desgraciado, un hombre débil que no conoce el orden; soy un tonto; no

tengo sentido común, no sé arreglarme..., no valgo dos cuartos. Cuanto

se diga de mí en este sentido es justo. ¡Pero acusarme de estafador!...

Que en París contraigo deudas; que me vengo a España con intención de

pagar; que un francés sale escapado detrás de mí persiguiéndome; que le

entretengo unos días; que me endosan unas letras para que las cobre; que

las cobro y pago al francés; que los acreedores de aquí, envidiosos de

ver la buena suerte del extranjero, se me echan encima, me ahogan, me

embargan, me despojan la casa; que mi padre se enfurece y riñe conmigo y

me retira su apoyo; que el dueño de las letras me exige su dinero; que

no se lo puedo dar; que le pido un plazo; que me lo niega; y tomándolo

por la tremenda da parte a la Justicia; que corro y me afano buscando un

prestamista, y no lo puedo encontrar; que protesto de mis buenas

intenciones y de mis deseos de cumplir, y nadie me cree; que me acusan

de trapisondista y de estaf... No, no lo puedo sufrir. En mí hay error;

pero mala fe, jamás. La ligereza, ¿será hermana del crimen?...

»He recurrido al juego y no he tenido suerte; se han conjurado contra mí

hasta los abominables ganchos de los garitos. Es una guerra universal

contra el infeliz caído; es la venganza de la cursilería contra el que

fue ídolo de la sociedad y de las damas, hombre de moda y verdadero tipo

del bien vestir. =(Dando un gran suspiro.)= Yo juro que no se reirán de

mí; no, no me humillaré; no haré el mamarracho. Es preciso acabar

dignamente. Cada cosa que pierde el cimiento cae según su natural

condición. Caeré con catástrofe, como las torres, y los que oigan el

estrépito de mi fin dirán: «Este es un hombre»... =(Acércase a un rincón

en que hay una percha, de la cual pende un gabán. Toca la tela,

reconociendo por fuera algo que abulta dentro de un bolsillo.)= Aquí

estás, pasaporte, billete de ida sin vuelta. Te guardaré en el cajón de

la mesa =(Lo hace.)= para que no te vea Isidora, que se asusta tanto de

las armas de fuego. Ayer te vio y quiso tirarte a la calle. Esta noche,

tú y yo nos entenderemos. Las horas, que se arrastran pesadamente de la

mañana a la noche, despidiendo como una baba pegajosa, empapan mi alma

en desesperación. Esto ya no es vivir. Hágome cuenta de que ya se acabó

todo, y voy a escribir. No quiero irme sin decir algo a ciertas

personas. =(Se sienta en una claudicante silla, junto a la más derrengada

mesa que es posible ver, y escribe.)= Suprimiremos la fórmula vulgar de

«A nadie se acuse de mi muerte». Diré a mi padre que... Siento pasos.

Isidora viene. Esta desgraciada es el único ser que ha tenido la

abnegación de unirse a mí y ampararme cuando me ha visto abandonado por

todos. ¡Oh corazón generoso! Ha querido confortar mis penas con sus

ilusiones y mi desesperación con su esperanza. Cuando la veo, me dan

ganas de vivir y de ser bueno y arreglado y de unirme para siempre con

ella. Aquí está...».

=--II--=

ISIDORA.--=(Entra con muestras de cansancio. Viene humildemente vestida y

trae un lío de ropa. Siéntase en un sofá inválido que se inclina más de

un lado que de otro, y poniendo sus ojos llenos de dulzura en Joaquín,

espera que este le dirija la palabra.)= ¡Dios mío, qué escalera!

JOAQUÍN.--Más grande es la del Paraíso; al menos así lo dicen, que yo no

la he visto.

ISIDORA.--¿Ha venido mi padrino?

JOAQUÍN.--No he tenido el gusto de ver a su señoría.

ISIDORA.--¡Cuánto he andado, cuánto he corrido hoy!... He vuelto a casa

de Emilia para ver a _Riquín_. He querido traérmele, temiendo que les

molestase; pero Emilia no lo ha consentido... Hemos llorado... =(Se

conmueve.)=

JOAQUÍN.--Has hecho bien en dejarle allí. En ninguna parte estará mejor.

ISIDORA.--=(Suspirando fuerte.)= ¡Ay! Dios de mi vida, ¡qué angustia! Por

fin he logrado reunir... =(Lleva la mano a su bolsillo como para

defenderlo de un brusco movimiento de Joaquín.)=--No, no te doy un

cuarto. Déjame, que yo iré arreglando las cosas. Por de pronto es

preciso que salgas de aquí. Esta casa es una pocilga, y ¡qué vecindad,

qué huéspedes, qué patrona! Anoche no me dejaron dormir estos torerillos

y demás gentuza que cantaba y daba palmadas en el comedor. Pero di, ¿no

hallaste otro sitio mejor en que meterte?

JOAQUÍN.--=(Con desaliento.)= Perseguido, aterrado, aturdidísimo, me dejé

conducir por un amigo, Pepe Nules.

ISIDORA.--Pues ya tengo para pagar los ocho días que has estado aquí. Yo

no he estado más que tres. El gasto es poco. Hoy te haré traer comida

buena de la fonda.

JOAQUÍN.--No te apures por eso...; lo mismo me da.

ISIDORA.--Y mañana irás a una casa más decente.

JOAQUÍN.--=(Con indiferencia.)= ¿Para qué?

ISIDORA.--Para que vivas con más decoro.

JOAQUÍN.--¡Ideas convencionales!

ISIDORA.--=(Pensativa.)= Ayer te dije que tomaría una casita, y nos íbamos

a vivir juntos, ocultamente, sin que nadie se enterara. Ya he

reflexionado, y eso no puede ser.

JOAQUÍN.--Esas ideas de vivir ocultamente, y eso de hacer un nido y... =

(Riendo.)= Estupideces, hija. Eso lo pueden hacer los pájaros, que no

conocen la acuñación de moneda. Estamos dejados de la mano de Dios. No

hay que pensar en casita ni en simplezas. Los novelistas han introducido

en la sociedad multitud de ideas erróneas. Son los falsificadores de la

vida, y por esto deberían ir todos a presidio.

ISIDORA.--No te desesperes. =(Sonriendo con dulzura.)= ¿Y si yo te dijese

que tengo probabilidades de reunir algún dinero?

JOAQUÍN.--Tu dinero nos serviría para ir pasar dos días, tres. Luego

volveríamos a la misma situación de miseria, y como tus riquezas no

habían de ser tales que yo pudiera con ellas romper este cerco en que me

hallo...

ISIDORA.--=(Con cariño.)= ¿Y si yo pudiera...?

JOAQUÍN.--Ta, ta, ta. Tú vives de ilusiones. Aquí tenemos otra vez la

fantasmagoría del pleito. Siempre crees que mañana te duermes Isidora y

te despiertas marquesa de Aransis, harta de millones. No sé cómo, con tu

buen talento, vives así, engañada por el deseo.

ISIDORA.--Vamos, hoy todo lo ves negro.

JOAQUÍN.--Es que todo se ha vuelto ya retinto para mí.

ISIDORA.--Si quieres que no riñamos, no me hables del pleito con ese

desprecio. Yo tengo confianza, y quiero que tú la tengas también. El

procurador me ha dicho que es cosa ganada... Tardará algún tiempo,

porque mi abuela apelará; pero de que lo gano, no te quede la menor

duda.

JOAQUÍN.--Pues poniendo las cosas a tu gusto, siempre pasarán tres,

cuatro o cinco años antes que lo ganes. Ayúdame a sentir. Ni cómo he de

remediarme yo ahora y sortear mi deshonra, con esos caudales que todavía

no se han acuñado.

ISIDORA.--Al darte esperanzas, no me refería precisamente al pleito. Yo

pensaba conseguirte el dinero con un préstamo.

La desheredada · 第 71 / 87 题