Escena vigésimaquinta

=Aposento no muy grande, cómodo, bien amueblado y a media luz=

=ISIDORA Y JOAQUÍN=

JOAQUÍN.--=(Con admiración)= ¡Pero qué guapa estás, o mejor dicho, qué

hermosa eres!... Joya digna de un rey, ¿por qué estás condenada a

encerrar tu brillo dentro de la esfera de una posición mediana, obsura y

equívoca? ¡Tremendas ironías del destino! Fíate de que el nacimiento y

el temperamento te hayan hecho ilustre... si la realidad y el mundo

traidor no te permiten manifestarte como eres... Pero no suspires, no te

entristezcas. Hoy es día de alegría y juntos los dos aquí olvidaremos

todas nuestras penas... Cada día me es más difícil vivir sin ti.

ISIDORA.--=(Con coquetería)= ¡Embustero!... Me quieres cuando me

necesitas, cuando eres desgraciado. ¡Desde que prosperas un poco,

¡adiós!, ya no te acuerdas de mí! Yo no debía hacerte caso; pero mi

debilidad es más fuerte que mi fortaleza, ¿entiendes?... ¿Quién no tiene

un castigo en el mundo? Mi castigo eres tú. En vez de darme enfermedades

o de volverme fea, Dios me ha dicho: «Quiérele»; y ya ves, te quiero y

padezco. El corazón me dice que será constante. Te amaré siempre,

mientras viva. Mi corazón es de una pieza. No puede amar sino a uno

solo, y amarle siempre... Los hombres, descartando el mío, me hastían;

les aborrezco. Uno solo me ha conquistado, y de ese soy. Venga lo que

viniere, a mi amor me atengo. No sé cómo hay mujeres que adoran hoy a

este y mañana al otro. Yo no soy así. =(Con tristeza.)= ¿No es verdad que

nací para ser honrada?

JOAQUÍN.--Y para mí. =(Entusiasmándose por grados.)= Sólo yo te comprendo,

sólo yo. Los demás te juzgarán mal quizás. Yo, que te conozco, sé que

eres un ángel de bondad. La responsabilidad de tus faltas las tomo para

mí y te dejo a ti la gloria de tus bellas acciones. ¡Y qué ingrato he

sido contigo! Pero me has dado una de esas lecciones que son propias de

las grandes almas. A mis ligerezas respondes con tu generosidad.

ISIDORA.--=(Mirándole a los ojos.)= ¿Estás satisfecho de mí?

JOAQUÍN.--Te idolatro.

ISIDORA.--¿Me he portado bien?

JOAQUÍN.--Como una princesa, como una reina. No todas las coronas están

donde deben estar... ¡Ay, Isidora, bendito sea tu orgullo! Quien nota en

su alma esa chispa, ese no sé qué, signo de elevación sobre el nivel

común, está preparado para las cosas grandes y sublimes. El orgullo no

es en ti un defecto, es una inspiración santa.

ISIDORA.--Pero no tengo la conciencia tranquila... Ya ves que...

JOAQUÍN.--Desecha las ideas convencionales. Cada acción tiene un punto

de vista desde el cual debe juzgársela, lo cual prueba la gran variedad

de las perspectivas del alma humana...

ISIDORA.--Yo siento algún remordimiento...

JOAQUÍN.--Porque no has hecho un análisis frío del hecho en sí y te

dejas llevar de la rutina.

ISIDORA.--=(Gozosa.)= ¿Te pusiste contento cuando recibiste mi carta?

JOAQUÍN.--La besé mil veces, y aun creo que se me escapó una lágrima,

cosa en mí desusada.

ISIDORA.--Ya ves que cumplí mi palabra. El jueves, cuando me pintabas tu

compromiso y me decías que tu honor y tu buen nombre estaban en peligro,

te dije: «Yo, a quien tan grandes desaires has hecho, te he de

salvar...». No hay nada que me cautive tanto, que tanto interese a mi

alma, como un acto de estos atrevidos y difíciles, en que entren la

generosidad y el peligro. Nací para estar arriba, muy arriba.

JOAQUÍN.--En las estrellas te pondría yo.

ISIDORA.--Las cosas bajas y fáciles, las pasiones mezquinas no caben en

mí. Tú me habías hecho muchas picardías; pues ahora verás... Yo soy así.

La idea de devolverte bien por mal me daba alegría y valor para vencer

las dificultades. Fui a mi casa pensando en tus apuros. Yo calculaba,

discurría, hacía cuentas. A medianoche no había dormido aún; estaba

sola. Podía pensar a mis anchas, y pensar en ti como me diera la gana.

Llegó la mañana. ¿Qué creerás que hice? La cantidad era enorme. ¡Mil

duritos! ¿De dónde había de sacar yo ese dineral? Pues verás... Vendí

mis pendientes de tornillo y mi alfiler grande. Saqué doce mil reales.

Compré otros diamantes falsos para que él no conociera el engaño.

Después empeñé la pulsera, el reloj; pero nunca bastaba, hijito. Por tu

suerte, él me había dado cierta cantidad para renovar parte de la

sillería..., pues al montón con ella. En fin, mi tía Encarnación me

proporcionó el resto... Y aquí vienen los escozores que siento en mi

conciencia...

JOAQUÍN.--=(Con escepticismo y fortaleza de espíritu.)= Eres una

chiquilla. Es preciso que tu inteligencia se ponga a la altura de tu

gran corazón.

ISIDORA.--=(Con monería.)= Déjame, que yo me entiendo. Te diré la verdad

pura. Por engañarle no tengo remordimientos. Es un animal a quien

aborrezco con toda mi alma. No me merece... ¡Pero hay tantas clases de

traición!... Te diré...

JOAQUÍN.--=(Azotándola con cariño.)= Pero ven acá, tonta...

ISIDORA.--=(Abofeteándole con amor.)= Escucha, idiota... Digo que las

traiciones de dinero no me gustan. Hay algo ahora en mí que las rechaza.

Te diré: con gusto o sin gusto mío, él me da cuanto necesito. Es verdad

que los tornillos eran míos; me los habías regalado tú. Pero el alfiler

me lo dio él..., y el dinero para la sillería... Ya ves.

JOAQUÍN.--Déjame hablar ahora.

ISIDORA.--=(Tapándole la boca.)= Aguarda.

JOAQUÍN.--=(Quitándose a viva fuerza la mordaza y besándola mucho.)=

Déjame hablar a mí. Escucha, escucha. Si ese animal tuviera cien veces

más dinero del que tiene; si en vez de haberse comido una parte del país

se lo hubiera comido entero, todo su caudal no bastaría para pagar una

de tus caricias, aun otorgada con violencia y sin amor. Esa cantidad que

he recibido de ti me ha salvado de la deshonra. Yo te quería ya, yo te

amaba siempre, a pesar de mis devaneos. Pero ahora te adoro, ahora soy

tu esclavo. Esta deuda es sagrada, es doble; deuda del corazón y deuda

de bolsillo. Te pagaré religiosamente.

ISIDORA.--¡Pagarme! ¡Ay! Yo no cobro nunca. Mis manos no nacieron para

eso. Si en algo estimas el beneficio que de mí has recibido, ya sabes la

recompensa que quiero.

JOAQUÍN.--=(Amoscado.)= ¿Cuál?

ISIDORA.--Te lo he dicho mil veces. El reconocimiento de Joaquín...

JOAQUÍN.--=(Sintiéndose atacado de sordera.)= No te oigo.

ISIDORA.--Que reconozcas a nuestro hijo.

JOAQUÍN.--¡Ah!, ya...; eso es corriente. =(Disimulando su contrariedad.)=

En estos días me hallo en tal situación, que no podré celebrar ningún

acto civil... ¡Ay!, querida mía, confesor mío, para ti no debo tener

secretos. Delante de ti no debo ni puedo disimular mis faltas. He sido

un calavera, un disipador; merezco lo que me está pasando. Yo tenía una

regular fortuna. ¿Sabes tú cómo se me ha ido de entre las manos? Pues yo

tampoco lo sé, y me confundo... Cosa de magia, chica, porque yo... te

juro que vivo con economía... Malditos sean los usureros, fieras

desenjauladas, dragones sueltos contra quienes nada puede la humanidad

indefensa. Y gracias que renovando a tiempo, con tu divino auxilio =(Da

un gran suspiro.)=, he podido salvar el honor por el momento. A ti te

debo que no haya caído una gran mancha sobre el honrado nombre de Pez...

¿Pero qué sucederá? Que dentro de poco llegará otro vencimiento.

Chiquilla, con las fechas no se juega. El tiempo es implacable... Papá

me ha hablado seriamente el otro día. Hemos hecho un balance. Le he

descubierto todos mis líos; se ha incomodado, y por fin hemos resuelto

que no tengo más remedio que irme a la Habana.

ISIDORA.--¡A la Habana!

JOAQUÍN.--Sí, con un destino en la Aduana, un gran destino. Es el único

remedio. Los españoles tenemos esa ventaja sobre los habitantes de otras

naciones. ¿Qué país tiene una Jauja tal, una isla de Cuba para remediar

los desastres de sus hijos?

ISIDORA.--¡Ya!

JOAQUÍN.--Me iré a la perla de las Antillas, como decimos por acá.

¿Quieres ir conmigo?

ISIDORA.--=(Reflexionando seriamente.)= Te diré...; ir contigo sería mi

dicha. Yo te cuidaría si caías malo, y te desviaría de tus calaveradas,

porque allá... Pero no puedo, no puedo salir de aquí. Tengo que estar a

la mira de mi pleito. El abogado me ha dicho que lo ganaré si tengo

paciencia. Ya se ha hecho lo que llaman la réplica, y luego que la

señora presente su dúplica, vendrá la prueba... Ya ves, me voy enterando

de estas cosas fastidiosas.

JOAQUÍN.--Si lo ganaras... =(Afectando confianza.)= Yo creo...

ISIDORA.--Es el principal móvil de mi vida. Cuando consiento en

separarme de ti por pleitear, figúrate si es cosa de importancia.

JOAQUÍN.--=(Con seriedad.)= Y yo lo comprendo... No debes salir de aquí.

Cuando yo venga, ¡toma!, de seguro te encontraré en pacífica posesión de

la casa de Aransis.

ISIDORA.--¡Dios te oiga!... Yo también lo creo así.

JOAQUÍN.--Es evidente... Nada, nada; es cosa hecha.

ISIDORA.--Cosa clara. =(Se abrazan para comunicarse recíprocamente su

confianza.)= ¿Y cuándo te vas?

JOAQUÍN.--No lo sé. Dejaré pasar el verano. Papá y el ministro han

hablado ya. Aunque en el Congreso se tiran a matar, allá, entre

bastidores, son amigos y se sirven bien. Cuando papá era Director,

servía a este señor en cuanto le pedía, y ahora para el Ministro no hay

mejor recomendación que la de mi padre.

ISIDORA.--=(Con mucho mimo.)= Pero yo siento que te vayas. ¿Por qué no

tratas de remediarte aquí? ¿Por qué no trabajas en algo?

JOAQUÍN.--¿Aquí? ¡Trabajar aquí!... Tú te has caído de un nido. En

España no se recompensa el mérito. ¡Qué país! Es claro; yo trabajaría,

yo me dedicaría a algo; pero ¿qué pasa? Los escritores, los artistas,

los industriales y hasta los tenderos todos se mueren de hambre. Que

trabaje el obispo. No hay más medio de ganar dinero aquí que metiéndose

en negocios patrocinados por el Gobierno. Pídele datos de esto a tu

señor Sánchez Botín. Es un genio.

ISIDORA.--=(Con malignidad.)= Es un genio... inaguantable. Está muy hueco

con el discurso que pronunció ayer. Es de..., de la Comisión. ¿No se

dice así?

JOAQUÍN.--De la Comisión, justo. Todavía no he leído su discurso. =

(Incorpórase, y del bolsillo de su levita saca un diario.)= Es un hatajo

de necedades soporíferas. Cuando hablaba, no había seis diputados en el

salón, y de estos seis, cinco estaban dormidos. Todos los oradores

versados en administración producen estos efectos de narcótico. Papá

mismo, cuando habla de esto, es el puro beleño. Pero ayer era el único

que logró estar despabilado durante la oración fúnebre--administrativa

de Sánchez Botín.

ISIDORA.--Pues él dice que apabulló a tu padre.

La desheredada · 第 55 / 87 题