XI

--Y qué preparas ahora?--le preguntó a Abel Joaquín un día en que,

habiendo ido a ver al niño, se encontraron en el cuarto de estudio de

aquél.

--Pues ahora voy a pintar un cuadro de Historia, o mejor, de Antiguo

Testamento, y me estoy documentando...

--Cómo? Buscando modelos de aquella época?

--No, leyendo la Biblia y comentarios a ella.

--Bien digo yo, que tú eres un pintor científico...

--Y tú un médico artista, no es eso?

--Peor que un pintor científico... literato! Cuida de no hacer con el

pincel literatura!

--Gracias por el consejo.

--Y cuál va a ser el asunto de tu cuadro?

--La muerte de Abel por Caín, el primer fratricidio.

Joaquín palideció aún más, y mirando fijamente a su primer amigo, le

preguntó a media voz:

--Y cómo se te ha ocurrido eso?

--Muy sencillo--contestó Abel sin haberse percatado del ánimo de su

amigo;--es la sugestión del nombre. Como me llamo Abel... Dos estudios

de desnudo...

--Sí, desnudo del cuerpo...

--Y aun del alma...

--Pero piensas pintar sus almas?

--Claro está! El alma de Caín, de la envidia, y el alma de Abel...

--Alma de qué?

--En eso estoy ahora. No acierto a dar con la expresión, con el alma de

Abel. Porque quiero pintarle antes de morir, derribado en tierra y

herido de muerte por su hermano. Aquí tengo el Génesis y el _Caín_ de

lord Byron; lo conoces?

--No, no conozco el _Caín_ de lord Byron. Y qué has sacado de la Biblia?

--Poca cosa... Verás--y tomando un libro, leyó: «y conoció Adán a su

mujer Eva, la cual concibió y parió a Caín y dijo: He adquirido varón

por Jehová. Y después parió a su hermano Abel y fué Abel pastor de

ovejas, y Caín fué labrador de la tierra. Y aconteció, andando el

tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y

Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas y de su grosura. Y miró

Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, mas no miró propicio a Caín y a

la ofrenda suya...»

--Y eso, por qué?--interrumpió Joaquín. Por qué miró Dios con agrado la

ofrenda de Abel y con desdén la de Caín?

--No lo explica aquí...

--Y no te lo has preguntado tú antes de ponerte a pintar tu cuadro?

--Aún no... Acaso porque Dios veía ya en Caín el futuro matador de su

hermano... al envidioso...

--Entonces es que le había hecho envidioso, es que le había dado un

bebedizo. Sigue leyendo.

--«Y ensañóse Caín en gran manera y decayó su semblante. Y entonces

Jehová dijo a Caín: Por qué te has ensañado? y por qué se ha demudado tu

rostro? Si bien hicieres, no serás ensalzado? y si no hicieres bien el

pecado está a tu puerta. Ahí está que te desea, pero tú le dominarás...»

--Y le venció el pecado--interrumpió Joaquín--porque Dios le había

dejado de su mano. Sigue!

--«Y habló Caín a su hermano Abel, y aconteció que estando ellos en el

campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y le mató. Y Jehová dijo a

Caín...»

--Basta! No leas más. No me interesa lo que Jehová dijo a Caín luego que

la cosa no tenía ya remedio.

Apoyó Joaquín los codos en la mesa, la cara entre las palmas de la mano,

y clavando una mirada helada y punzante en la mirada de Abel, sin saber

de qué alarmado, le dijo:

--No has oído nunca una especie de broma que gastan con los niños que

aprenden de memoria la Historia sagrada cuando les preguntan: «Quién

mató a Caín?»

--No!

--Pues sí, les preguntan eso y los niños, confundiéndose, suelen decir:

«su hermano Abel!»

--No sabía eso.

--Pues ahora lo sabes. Y dime, tú que vas a pintar esa escena bíblica...

y tan bíblica! no se te ha ocurrido pensar que si Caín no mata a Abel

habría sido éste el que habría acabado matando a su hermano?

--Y cómo se te puede ocurrir eso?

--Las ovejas de Abel eran aceptas a Dios, y Abel, el pastor, hallaba

gracia a los ojos del Señor, pero los frutos de la tierra de Caín, del

labrador, no gustaban a Dios ni tenía para él gracia Caín. El agraciado,

el favorito de Dios era Abel... el desgraciado Caín...

--Y qué culpa tenía Abel de eso?

--Ah, pero tú crees que los afortunados, los agraciados, los favoritos,

no tienen culpa de ello? La tienen de no ocultar y ocultar como una

vergüenza, que lo es todo favor gratuito, todo privilegio no ganado por

propios méritos, de no ocultar esa gracia en vez de hacer ostentación de

ella. Porque no me cabe duda de que Abel restregaría a los hocicos de

Caín su gracia, le azuzaría con el humo de sus ovejas sacrificadas a

Dios. Los que se creen justos suelen ser unos arrogantes que van a

deprimir a los otros con la ostentación de su justicia. Ya dijo quien lo

dijera que no hay canalla mayor que las personas honradas...

--Y tú sabes--le preguntó Abel sobrecojido por la gravedad de la

conversación--qué Abel se jactara de su gracia?

--No me cabe duda, ni de que no tuvo respeto a su hermano mayor, ni

pidió al Señor gracia también para él. Y sé más, y es que los abelitas

han inventado el infierno para los cainitas porque si no su gloria les

resultaría insípida. Su goce está en ver, libres de padecimiento,

padecer a los otros...

--Ay, Joaquín, Joaquín, qué malo estás!

--Sí, nadie es médico de sí mismo. Y ahora, dame ese Caín de lord Byron,

que quiero leerlo.

--Tómalo!

--Y dime, no te inspira tu mujer algo para ese cuadro? no te da alguna

idea?

--Mi mujer? En esta tragedia no hubo mujer.

--En toda tragedia la hay, Abel.

--Sería acaso Eva...

--Acaso... La que les dió la misma leche; el bebedizo...

Abel Sánchez: Una Historia de Pasión · 第 15 / 59 题