Aunque sonreÌ al leer el billete amoroso, no dejÛ de causarme sensaciÛn

dulce y amable, que muy pronto hizo sitio a otra melancÛlica, al

recordar que me estaban prohibidas para siempre tales aventuras. Aquel

dÌa mi chiquita no saliÛ al balcÛn, sin duda avergonzada de su

condescendencia; pero al siguiente la hallÈ dispuesta y aparejada al

combate de miradas, seÒas y sonrisas, que ya no escasearon por ambas

partes. Una hora o m·s duraba todas las tardes este juego, hasta que se

oÌa llamar[91] y se retiraba apresuradamente. La preguntÈ por seÒas si

salÌa de paseo, y me contestÛ que sÌ: y en efecto, un dÌa aguardÈ en la

calle hasta las cuatro y la vi salir en compaÒÌa de una seÒora, que

debÌa de ser[92] su mam·, y de dos hermanitos. Seguiles[93] al Retiro,

aunque a respetable distancia, porque me hubiera causado mucha verg¸enza

el que la mam· se enterase[94] la chiquilla, con menos prudencia, volvÌa

a cada instante la cabeza y me dirigÌa sonrisas, que me tenÌan en

continuo sobresalto. Al fin volvimos a casa en paz. A todo esto, yo no

sabÌa cÛmo se llamaba,[95] y a fin de averiguarlo escribÌ la pregunta en

otra hoja de la cartera: _øCÛmo se llama V.?_ La chica contestÛ en la

misma letra inglesa y crecida, con el papel rayado: _Me llamo Teresa no

crea ustez por Dios que juego con muÒecas_.[96]

Diez o doce dÌas se transcurrieron de esta suerte. Teresa me parecÌa

cada dÌa m·s linda, y lo era en efecto, porque seg˙n he averiguado en el

curso de mi vida, no hay pintura, raso ni brocado que hermosee tanto a

la mujer como el amor. La preguntÈ repetidas veces si podÌa hablar con

ella, y siempre me contestÛ que era de todo punto imposible: si la mam·

llegaba a saber algo °adiÛs balcÛn! EmpecÈ a sospechar que me iba

enamorando y esto me traÌa inquieto. No podÌa pensar en aquella niÒa sin

sentir profunda melancolÌa como si personificase mi juventud, mis

ensueÒos de oro, todas mis ilusiones, que para siempre estaban separados

de mÌ por barrera infranqueable. Al mismo tiempo me acosaban los

remordimientos. °Cu·l serÌa el dolor de mi pobre mujer si llegase a

averiguar que su marido andaba por la corte enamorando chiquillas! Un

dÌa recibÌ carta suya, particip·ndome que tenÌa a mi hijo menor un poco

indispuesto, y rog·ndome que procurase arreglar los negocios y volviese

pronto a casa. La noticia me produjo el disgusto que V. puede suponer;

porque siempre he delirado por mis hijos: y como si aquello fuese

castigo providencial o por lo menos advertencia saludable, despuÈs de

grave y prolongada meditaciÛn, en que me echÈ en cara[97] sin piedad, mi

conducta infame y ridÌcula, cantÈ sin rebozo el yo pecador y resolvÌ

obedecer a mi esposa inmediatamente. Para llevar a cabo[98] este

propÛsito, lo primero que se me ocurriÛ fue no acordarme m·s de Teresa,

ni pasar siquiera por su calle, aunque fuese camino obligado: despuÈs,

abreviar cuanto pudiese los asuntos. Seg˙n mis c·lculos quedarÌa libre a

los cinco o seis dÌas.

Ya no seguÌ, pues, la calle de las Infantas como acostumbraba despuÈs de

almorzar, ni aun para ir a la de Valverde, donde vivÌan unos amigos. Por

la noche, despuÈs de comer, como no habÌa peligro[99] de ver a Teresa,

la cruzaba velozmente y sin echar una mirada a la casa.

Pasaron cuatro dÌas; ya no me acordaba de aquella niÒa, o si me acordaba

era de un modo vago, como la memoria de los dÌas risueÒos de la

juventud. TenÌa casi ultimados mis negocios y andaba preocupado con la

elecciÛn del dÌa para marcharme. Ser· cosa, a m·s tardar,[100] del

viernes o el s·bado, me dije despuÈs de comer, encendiendo un cigarro y

ech·ndome a la calle. El ministro se habÌa negado a rebajar la cuota del

Ayuntamiento, lo cual me tenÌa muy disgustado. Pensando en lo que habÌa

de decir[101] a mis colegas cuando me viese entre ellos, y en el modo

mejor de explicarles la causa del fracaso, crucÈ la plaza del Rey y

entrÈ en la calle de las Infantas. La noche era esplÈndida y bastante

templada; llevaba abierto el gab·n y caminaba lentamente gozando con

voluptuosidad de la temperatura, del cigarro y de la seguridad de ver

pronto a mi familia. Al pasar por delante de la casa de la niÒa me

detuve y la contemplÈ un instante casi con indiferencia. Y seguÌ

adelante murmurando: "°QuÈ chiquilla tan mona! °L·stima ser· que se la

lleve un tunante!" DespuÈs me puse a reflexionar en lo f·cil que me

hubiera sido jugar una mala pasada al alcalde y alzarme con el cargo;

pero no; hubiera sido una felonÌa. Por m·s que fuese[102] un poco

dÌscolo y soberbio, al fin era amigo: tiempo me quedaba para ser

alcalde. Pero cuando m·s embebido andaba en mis pensamientos y planes

polÌticos, y cuando ya estaba prÛximo a doblar la esquina de la calle,

he aquÌ que siento un brazo que se apoya en el mÌo y una voz que me

dice:

--øVa V. muy lejos?

--°Teresa!

Los dos quedamos mudos por algunos instantes; yo contempl·ndola

estupefacto; ella con la cabeza baja y sin abandonar mi brazo.

--øPero dÛnde va V. a estas horas?

--Me voy con V.--contestÛ alzando la cabeza y sonriendo como si dijese

la cosa m·s natural del mundo.

--øA dÛnde?

--°QuÈ sÈ yo! Donde V. quiera.

A un mismo tiempo sentÌ escalofrÌos de placer y de miedo.

--øHa huido V. de su casa?

--°QuÈ habÌa de huir!... solamente se la he jugado a Manuel, del modo

m·s gracioso!... Ver· V. cÛmo se rÌe... Me empeÒÈ hoy en ir a la

tertulia de unas primas, que viven en la calle de Fuencarral, y pap·

mandÛ a Manuel que me acompaÒase. Llegamos hasta el portal y allÌ le

dije: m·rchate, que ya no haces falta;[103] y me hice como que subÌa la

escalera,[104] pero en seguida di la vuelta sin llamar y me vine detr·s

de Èl hasta casa... °Cuando le vi entrar me dio una risa, que por poco

me oye![105]

La chiquilla se reÌa a˙n, con tanta gana y tan francamente, que me

obligÛ a hacer lo mismo.

--øY V. por quÈ ha hecho eso?--le preguntÈ con la falta de delicadeza,

mejor dicho, con la brutalidad de que solemos estar tan bien provistos

los caballeros.[106]

--Por nada--repuso desprendiÈndose de mi brazo repentinamente y echando

a correr.

La seguÌ y la alcancÈ pronto.

--°QuÈ polvorilla es V.![107]--le dije ech·ndolo a broma--°Vaya un modo

de despedirse!...[108] PerdÛn si la he ofendido...

La niÒa, sin decir nada, volviÛ a tomar mi brazo. Caminamos un buen

pedazo en silencio. Yo iba pensando ansiosamente en lo que iba a decir o

en lo que iba a hacer, sobre todo en lo que iba a hacer. Al fin, Teresa

lo rompiÛ, pregunt·ndome resueltamente:

--øNo me dijo V. por carta que me querÌa?

--°Pues ya lo creo que la quiero a V.!

--øEntonces, por quÈ ha dejado de venir a verme y de pasar por la calle

de dÌa?

--Porque temÌa que su mam·...

--SÌ, sÌ, porque los hombres son todos muy ingratos y cuanto m·s se les

quiere[109] es peor... øPiensa V. que yo no lo sÈ?... Me ha tenido V. al

balcÛn todas estas tardes esper·ndole; °pero que si quieres!... Por la

noche detr·s de los cristales, le veÌa pasar, muy serio, muy serio, sin

mirar siquiera hacia mi casa... Yo decÌa, øestar· enfadado conmigo?[110]

øPor quÈ se habr· enfado? øSer· porque he cerrado el balcÛn a las tres

menos cuarto? En fin, todo me volvÌa cavilar, cavilar, sin sacar nada en

limpio... Entonces dije: voy a darle un susto esta noche...

--Ha sido un susto muy agradable.

--Si no llega V. a pararse delante de mi casa y a quedarse mirando a los

balcones, no salgo del portal... pero aquello me decidiÛ.

Momento de pausa, en el cual me acudiÛ a la mente un tropel de

pensamientos que todavÌa me averg¸enzan. Teresa volviÛ a mirarme

fijamente.

--øEst· V. contento?

--°Vaya!

--øVa V. a gusto conmigo?

--Mejor que con nadie en el mundo.

--øNo le estorbo?

--Al contrario, siento un placer como usted no puede figurarse.

--øNo tiene V. nada que hacer ahora?

--Absolutamente nada.

--Entonces vamos a pasear: cuando llegue la hora, V. me lleva a casa y

mam· se figura que me trajo el criado de las primas... Pero si le

estorbo o no le gusta pasear conmigo, dÌgamelo V... me voy en seguida...

Yo le contestÈ apret·ndole el brazo y tir·ndole suavemente por la mano

para encaj·rselo bien en el mÌo. Teresa continuÛ hablando con graciosa

volubilidad.

--Parece mentira que seamos tan amigos øno es verdad? Yo pensÈ cuando le

dejÈ caer la muÒeca encima que le habÌa matado... °QuÈ miedo tuve! °Si

V. viera!... Vamos a ver øpor quÈ en lugar de enfadarse se sonriÛ V.

conmigo?

--°Toma! porque me gustÛ V. mucho.

--Eso pensaba yo: debÌ de haberle sido simp·tica[111], porque sinÛ la

verdad es que tenÌa motivo para ponerse furioso. TodavÌa cuando V. subiÛ

a llev·rmela estaba muerta de miedo y por eso cerrÈ tan pronto la

puerta... °Dichosa muÒeca! Me dio tal rabia que la tirÈ contra el suelo

y la partÌ un brazo.

--Pues no debe V. tratarla mal; al contrario, debe V. conservarla como

un recuerdo.

--øSabe V. que tiene razÛn? Si no hubiera sido por la muÒeca no nos

hubiÈramos conocido... ni serÌa V. mi novio;... porque tengo otro...

--øCÛmo otro?

--Es decir, ya no lo tengo: lo tenÌa... Es un primo que est· empeÒado en

que le he de querer[112] a la fuerza... No vaya V. a creer que es feo...

al contrario, es guapo... pero a mÌ no me gusta... No lo puedo

remediar. Le dije que sÌ, porque me dio l·stima un dÌa que se echÛ a

llorar.[113]

Mientras convers·bamos de esta suerte Ìbamos caminando sosegadamente por

las calles. Para evitar el encuentro con cualquier pariente o conocido

de la niÒa, procurÈ seguir las menos principales. Teresa iba cogida a mi

brazo como al de un antiguo amigo, hablando sin cesar, riendo,

sacudiÈndome a veces fuertemente y deteniÈndose a lo mejor delante de un

escaparate, para hacerme mirar cualquier chucherÌa. Su charla era un

gorjeo dulce, insinuante, que me conmovÌa y refrescaba el corazÛn; a

impulso de ella se fue disipando poco a poco el tropel de pensamientos

pÈrfidos que vagaba por mi cabeza. Sin saber de quÈ modo, tambiÈn

desaparecieron todos mis temores; me figuraba que aquella niÒa tenÌa

alg˙n parentesco conmigo, y no hallaba extraordinaria y peligrosa

nuestra situaciÛn como al principio. Su inocencia era un velo espeso,

que nos impedÌa ver el riesgo que corrÌamos.

En poco tiempo me contÛ una infinidad de cosas. Era de Jerez; no hacÌa

m·s que un aÒo que estaban en Madrid establecidos; su pap· ocupaba un

alto empleo; tenÌa dos hermanitos y una hermanita. Acerca del car·cter y

costumbres de cada uno de ellos se extendiÛ considerablemente; la

hermanita era muy buena niÒa, amable y obediente; pero los chicos

insufribles; todo el dÌa gritando, ensuciando la casa y pele·ndose. Su

mam· le habÌa dado jurisdicciÛn sobre ellos hasta para castigarles, pero

no querÌa usar de ella porque tenÌa miedo de que le perdiesen el cariÒo:

que la mam· se arreglara como pudiese. DespuÈs hablÛ del pap·, que era

muy serio, pero muy bueno; lo ˙nico que la tenÌa apesadumbrada era que

parecÌa querer m·s a los chicos que a ellas.[114] La mam·, en cambio,

mostraba predilecciÛn por las niÒas. HablÛ despuÈs de las primas de la

calle de Fuencarral; una era muy bonita, la otra graciosa solamente: las

dos tenÌan novio,[115] pero no valÌan cuatro cuartos: chiquillos que

todavÌa estudiaban en el Instituto. TenÌan, adem·s, un hermano, que era

el primo que habÌa sido su novio; Èste ya era bachiller y se estaba

preparando para entrar en el colegio de ArtillerÌa. De vez en cuando, en

los cortos intervalos de silencio levantaba graciosamente la cabeza,

pregunt·ndome:

--øVa V. a gusto conmigo? øLe estorbo?

Y cuando me oÌa protestar vivamente contra semejante duda, su rostro

expresivo se iluminaba de alegrÌa y continuaba hablando.

HabÌamos recorrido algunas calles. Ya puede V. imaginarse que yo iba

gozando como los ·ngeles en el paraÌso, y pendiente de los labios de

aquella niÒa, que al referirme todas las nonadas infantiles de su vida,

parecÌa infundir en mi alma encantada la ciencia de la dicha. Sin

embargo, no podÌa desechar cierta vaga inquietud que turbaba mi alegrÌa.

Buscando manera de pasar las horas de que disponÌamos m·s dignamente que

vagando por las calles, tropezamos al bajar la cuesta de Santo Domingo

con el Teatro Real. Al instante se me ocurriÛ la idea de entrar: Teresa

la aceptÛ inmediatamente, y a fin de que no reparasen en nosotros,

tomamos entradas de paraÌso. Se cantaba _Los Puritanos_, y aquÈl

rebosaba de gente; de suerte que nos costÛ alg˙n trabajo introducirnos y

escalar uno de los rincones; pero al cabo llegamos. Teresa se encontrÛ

admirablemente y me pagaba los trabajos que habÌa pasado para llevarla

hasta allÌ con mil sonrisas y palabras amables. Mientras subÌan el telÛn

seguimos charlando, aunque muy bajito: se habÌa establecido entre

nosotros una gran intimidad, y me abandonÛ una de sus manos que yo

acariciaba embelesado. Cuando empezÛ la Ûpera dejÛ de charlar y se

puso[116] a atender tan decididamente, que a mÌ me hizo sonreÌr el

verla[117] con la cabecita apoyada en la pared y los ojos est·ticos.

SabÌa m˙sica, pero habÌa ido al teatro pocas veces; asÌ que las melodÌas

inspiradas de la Ûpera de Bellini le causaban profunda impresiÛn, que se

traducÌa por un leve temblor de las pupilas y los labios. Cuando llegÛ

el sublime canto del tenor que empieza _A te, oh cara_, me apretÛ con

fuerza la mano exclamando por lo bajo:--°Oh quÈ hermoso! °oh quÈ

hermoso! DespuÈs me hizo explicarle lo que pasaba en la escena: hallÛ el

matrimonio del tenor y la tiple muy proporcionado, pero compadecÌa de

veras al barÌtono, a quien birlaban la novia; quedÛ sumamente disgustada

cuando al fin del acto el tenor se ve en la precisiÛn de acompaÒar a la

reina y dejar abandonada a su futura, y declarÛ resueltamente que esta

era una conducta indigna.

--Pero advierta V. que estaba obligado a hacerlo porque era su reina

quien se lo pedÌa.

--No importa, no importa; si la quisiera bien no hay reina que valga. Lo

primero siempre es la novia.

No me fue posible arrancarle tan extraÒa teorÌa de la cabeza. DespuÈs

que bajÛ el telÛn permanecimos en el mismo sitio y me obligÛ a contarle

mi vida y milagros, cu·ntas novias habÌa tenido, a quiÈn habÌa querido

m·s, etc., etc. Ya comprender· usted que necesitÈ ensartar un sin fin

de[118] patraÒas. DespuÈs, sin motivo alguno serio, manifestÛ

rotundamente que todos los hombres eran ingratos. Yo me atrevÌ a apuntar

que habÌa excepciones, pero no fue posible hacÈrselo reconocer.--Usted

ser· lo mismo que todos (anunciÛ en tono profÈtico y mirando a un punto

del espacio); me querr· V. un poco de tiempo, y despuÈs... si te vi, no

me acuerdo.

°QuÈ rato tan delicioso y tan infernal a la vez, me estaba haciendo

pasar aquella niÒa! Para llevar la conversaciÛn a otro punto, le

preguntÈ:

--øCu·ntos aÒos tiene V.?[119] Hasta ahora no me lo ha dicho.

--Tengo... tengo... mire V., yo siempre digo que tengo catorce, pero la

verdad es que no tengo m·s que trece y dos meses... øy V.?

--°Una atrocidad! No me lo pregunte usted, que me da verg¸enza.

--°Ah quÈ presumido! °Si yo le he de querer lo mismo que tenga muchos

que pocos![120]

En seguida me propuso que nos trat·semos de t˙,[121] pero despuÈs de

aceptado se volviÛ atr·s[122] ofreciÈndome que yo la tratase de t˙ y

ella siguiese con el V. No quise conformarme.

--Pues mire V., yo no puedo hablarle de t˙; me da mucha verg¸enza...

Pero, en fin, vamos a ensayar.

Del ensayo resultÛ que para evitar el pronombre daba la pobrecilla

infinidad de rodeos y se metÌa en una serie interminable de perÌfrasis:

si se aventuraba a dirigirme un t˙, lo hacÌa bajando la voz y pasando

como sobre ascuas.

Cuando empezÛ el segundo acto, volviÛ a escuchar atentamente. Mis ojos

no se apartaban casi nunca de su rostro: ella entornaba a menudo los

suyos para dirigirme una sonrisa apretando al mismo tiempo mi mano.

ObservÈ, no obstante, que se habÌa amortiguado un poco la viva expresiÛn

de su fisonomÌa y que iba perdiendo aquella graciosa volubilidad del

principio. Las sonrisas de sus labios se fueron haciendo tristes, y por

la c·ndida frente pasÛ una r·faga de inquietud que comunicÛ a su lindo

rostro infantil cierta grave expresiÛn que no tenÌa. ParecÌa que en

virtud de un misterioso movimiento de su espÌritu, la niÒa se

transformaba en mujer en pocos instantes. DejÛ de apretar mi mano y

hasta retirÛ la suya: volvÌ a cogerla disimuladamente, pero al poco

tiempo la retirÛ de nuevo.

El segundo acto habÌa terminado. Al bajarse el telÛn[123] me hizo mirar

el reloj, y viendo las once,[124] dijo que era necesario partir en

seguida, porque a las once y media, a m·s tardar, iba el criado a

buscarla.

Salimos del teatro. La noche seguÌa tibia y estrellada: a la puerta

aguardaba una larga fila de coches, que nos fue preciso evitar.[125] Ya

no habÌa[126] en las calles el movimiento de las primeras horas, pero

con todo, seguimos las m·s solitarias. Teresa no quiso aceptar mi brazo

como antes. Entonces me tocÛ llevar la voz cantante,[127] y la dije al

oÌdo mil requiebros y ternezas, explic·ndola por menudo el amor que me

habÌa inspirado y lo que habÌa sufrido en los dÌas en que no pasÈ por su

calle: recordele[128] todos los pormenores, hasta los m·s

insignificantes, de nuestro conocimiento visual y epistolar, y le di

cuenta de los vestidos que le habÌa visto y de los adornos, a fin de que

comprendiese la profunda impresiÛn que me habÌa causado. Nada replicaba

a mi discurso; seguÌa caminando cabizbaja y preocupada, formando su

actitud notable contraste con la que tenÌa tres horas antes al pasar

por los mismos sitios. Cuando me detuve un instante a respirar, exclamÛ

sin mirarme:

--Hice una cosa muy mala, muy mala. °Dios mÌo, si lo supiese pap·!

TratÈ de probarle que su pap· no podÌa enterarse de nada, porque

llegarÌamos demasiado temprano.

--De todas maneras, aunque pap· no se entere, hice una cosa muy mala.

Usted bien lo sabe, pero no quiere decirlo: øNo es verdad que una niÒa

bien educada no harÌa lo que yo hice esta noche?... °Si lo supiesen mis

primas, que est·n deseando siempre cogerme en alguna falta!... Pero no

piense V..., por Dios, que lo he hecho con mala intenciÛn... Yo soy muy

aturdida... todo el mundo lo dice... pero tambiÈn dicen que tengo buen

fondo.

Al proferir estas palabras se le habÌa ido anudando la voz en la

garganta, hasta que se echÛ a llorar perdidamente.[129] Me costÛ mucho

trabajo calmarla, pero al fin lo conseguÌ elogiando[130] su car·cter

franco y sencillo y su buen corazÛn, y prometiendo quererla y respetarla

siempre. Me hizo jurar una docena de veces que no pensaba nada malo de

ella. DespuÈs de secarse las l·grimas recobrÛ su alegrÌa y comenzÛ a

charlar por los codos. Me expuso en pocos instantes una infinidad de

proyectos a cual m·s absurdo: seg˙n ella, debÌa presentarme al dÌa

siguiente en casa, y pedirle al pap· su mano: el pap· dirÌa que era muy

niÒa, pero yo debÌa replicarle inmediatamente que no importaba nada: el

pap· insistirÌa en que era demasiado pronto, pero yo le presentarÌa el

ejemplo de una tÌa, hermana de su mam·, que estaba jugando a las

muÒecas[131] cuando la avisaron para ir a casarse. øQue habÌa de oponer

a este poderoso argumento? Nada seguramente. Nos casarÌamos, y acto

continuo nos irÌamos a Jerez, para que conociese[132] a sus amigas y a

sus tÌos. °QuÈ susto llevarÌan todos al verla del brazo de un caballero,

y mucho m·s, cuando supieran que este caballero era su marido!

Estaba tan linda, tan graciosa, que no pude menos de pedirle[133] con

vehemencia que me permitiese darla un beso. No fue posible. Ning˙n

hombre la habÌa besado hasta entonces; solamente su primo la habÌa dado

un beso a traiciÛn, pero le costÛ caro, porque le dejÛ caer dos vasos de

limÛn sobre la cabeza: hasta en los juegos de prendas hacÌa que pusieran

las manos delante, para que no le tocasen la cara con los labios. Pero

cuando estuviÈsemos casados, ya serÌa otra cosa; entonces todos los

besos que se me antojaran,[134] aunque sospechaba que no se los

pedirÌa[135] con tanto ardor como ahora.

Est·bamos prÛximos ya a su casa. Los carruajes de la gente que volvÌa de

las tertulias, al cruzar a nuestro lado, apagaban la voz de Teresa y la

obligaban a esforzarla un poco. Las estrellas desde el cielo nos hacÌan

guiÒos, como si nos invitasen a gozar apresuradamente de aquellos

momentos felices, que no habÌan de volver.[136] A lo lejos sÛlo se

veÌan, como fuegos fatuos, los faroles de los serenos.

Llegamos por fin a casa. Delante de la puerta, Teresa volviÛ a hacerme

jurar que no pensaba nada malo de ella, y que al dÌa siguiente a las dos

en punto[137] de la tarde, me presentarÌa debajo de sus balcones.

--Cuidado que no faltes.[138]

--No faltarÈ, preciosa.

--øA las dos en punto?

--A las dos en punto.

--Llama ahora con un golpe a la puerta.

CogÌ la aldaba y di un golpe fuerte. Al poco rato[139] se oyeron los

pasos del portero.

--Ahora--dijo en voz bajita y temblorosa--dame un beso y esc·pate de

prisa.

Al mismo tiempo me presentaba su c·ndida y rosada mejilla. Yo la tomÈ

entre las manos y la apliquÈ un beso... dos... tres... cuatro... todos

los que pude hasta que oÌ rechinar la llave.[140] Y me alejÈ a paso

largo.

DejÛ de hablar D. RamÛn.

--øY despuÈs, quÈ sucediÛ?--le preguntÈ con vivo interÈs.

--Nada, que aquella noche no pude dormir de remordimientos y al dÌa

siguiente tomÈ el tren para mi pueblo.

--øSin ver a Teresa?

--Sin ver a Teresa.

* * * * *

NOTES FOR "LOS PURITANOS":

[67] =Me lo presentÛ=, note the use of "_lo_" instead of "_le_".

[68] =Ha de estar=, is to be.

[69] =No debÌa de ser feo, ni mucho menos=, he must not have been ugly,

far from it.

[70] =Il sogno beato=, the beautiful dream.

=De pace e contento=, of peace and contentment.

[71] =La dolce memoria=, the sweet memory.

=De un tenero amore=, of a tender love.

[72] =Parece que le gusta a V. Los Puritanos=, it seems that you like

the Puritanos.

[73] =Vengan esas razones=, let's have those reasons. =Vengan=, lit.,

let them come.

[74] =Que no merece la pena=, which is not worth the trouble.

[75] =No aconsejarÈ a nadie que lo haga=, I shall not advise anyone to

do it.

[76] =øPara quÈ te compones tanto, hombre de Dios?= man alive, what are

you dressing up so much for? This familiar use of "_Dios_" by the

Spanish people is considered not a sin but "the instinctive elevation of

the soul to its Maker".

[77] =Para mis adentros=, to myself.

[78] =Mas como no era de presumir=, but as it was not to be presumed.

[79] =Estaba de pie=, was standing.

[80] =Yo no me voy sin verla=, I am not going away without seeing her.

[81] =Yo no tengo nada que hacer ahora; y lo mismo da vagar por un lado

que por otro=, I have nothing to do now; and it's just the same to

loiter on one side as the other.

[82] =Se echÛ a reÌr=, she began to laugh.

[83] =Cuando se trata de=, when it is a question of.

[84] =Antes de que pasase=, (subjunctive "_aorist_"), before I passed.

[85] =No pasaron cuatro minutos sin que viese asomar una naricita

nacarada=, four minutes did not pass without seeing a little pearly nose

peeping.

[86] =Cual si tratase de demostrar=, as if she tried to show.

[87] =AcompaÒado por lo que a mÌ respecta de=, accompanied on my part

by.

[88] =Que debieron causar=, which must have caused.

[89] =Por m·s que me sintiese avergonzado=, however much I felt ashamed.

[90] =Tan bien... ermanita=, _tambiÈn me gusta a mÌ. No crea V. que

juego con muÒecas. Era de mi hermanita_.

[91] =Hasta que se oÌa llamar=, until she heard herself called.

[92] =DebÌa de ser=, must have been.

[93] =Seguiles=, I followed them.

[94] =El que la mam· se enterase=, that the mother should take notice.

[95] =A todo esto, yo no sabÌa cÛmo se llamaba=, after all this, I did

not know her name; lit., how she called herself.

[96] =Me llamo... muÒecas=, _Me llamo Teresa. No crea V. por Dios que

juego con muÒecas_.

[97] =Me echÈ en cara=, I upbraided myself.

[98] =Para llevar a cabo=, in order to carry out.

[99] =Como no habÌa peligro=, as there was no danger.

[100] =A m·s tardar=, at the latest.

[101] =Pensando en lo que habÌa de decir=, thinking of what I was to

say.

[102] =Por m·s que fuese=, although he was.

[103] =Que ya no haces falta=, since I need you no longer.

[104] =Me hice como que subÌa la escalera=, I made out that I was going

up the steps.

[105] =Que por poco me oye=, that he came near hearing me.

[106] =De que solemos estar tan bien provistos los caballeros=, with

which we gentlemen are accustomed to be so well provided.

[107] =°QuÈ polvorilla es V.!= what a lively girl you are!

[108] =°Vaya un modo de despedirse!= a fine way of taking leave!

[109] =Cuanto m·s se les quiere=, the more one loves them.

[110] =Estar· enfadado conmigo=, is he probably angry with me?

[111] =DebÌ de haberle sido simp·tica=, I must have been attractive to

you.

[112] =Que le he de querer=, that I am to love him.

[113] =Se echÛ a llorar=, began to weep.

[114] =Que parecÌa querer m·s a los chicos que a ellas=, that he

appeared to love the boys more than them, i. e., the girls.

[115] =Las dos tenÌan novio=, note that "=novio=" is singular, contrary

to English usage.

[116] =DejÛ de charlar y se puso a=, stopped chattering and began to.

[117] =Que a mi me hizo sonreÌr el verla=, that it made me smile to see

her. The infinitive used as a verbal noun is preceded by the definite

article =el=.

[118] =Un sin fin de=, no end of. The phrase =sin fin= is used as a

substantive.

[119] =Cu·ntos aÒos tiene V.?= How old are you?

[120] =Si yo le he de querer lo mismo que tenga muchos que pocos=, why I

am to love you the same whether you have many or few, i. e., whether you

are old or young.

[121] =Que nos trat·semos de t˙=, that we address each other by thou.

This would be an acknowledgment of intimate friendship.

Los Puritanos, y otros cuentos · 第 3 / 7 段