[824] _Sebastopol en mayo de 1855._
[825] “La verdad... la única cosa que me ha quedado de mi concepción
moral, la única cosa que cumpliré todavía”. (17 de octubre de 1860).
[826] _Ibid._
[827] “El amor a los hombres es el estado natural del alma, y nosotros
no lo advertimos”. (_Diario_, en la época que fué estudiante en Kazan).
[828] “La verdad se abrirá para el amor...”. (_Confesiones_, 1879-81).
“Yo, que situaba a la verdad en la unidad del amor...”. (_Ibid._)
[829] “¿Me habláis siempre de energía? Pero la base de la energía está
en el amor, dijo Ana, y el amor no se da nunca a voluntad”. (_Ana
Karenina_, II, página 270).
[830] “La belleza y el amor, estas dos razones de vivir”. (_La Guerra y
la Paz_, II, página 285).
[831] “Creo en Dios, que es para mí el Amor”. (Carta al Santo Sínodo,
1901). “¡Sí, el amor!... No el amor egoísta, sino el amor tal como yo lo
he experimentado, por la primera vez en mi vida, cuando vi a mi lado a
mi enemigo moribundo, y lo amé... Es la esencia misma del alma. Amar a
su prójimo, amar a sus enemigos, amar a todos y cada uno, ¡eso es amar a
Dios en todas sus manifestaciones!... Amar a un ser que nos es grato,
es amor humano; pero amar al enemigo, ¡esto casi es amor divino!...”.
(El Príncipe Andrés, moribundo, en _La Guerra y la Paz_, III, página
176).
[832] “El amor apasionado del artista por su asunto, es el corazón del
arte. Sin amor no hay obra de arte posible”. (Carta de septiembre de
1889. “_Leo Tolstois Briefe 1848 bis 1910_”, Berlín, 1911).
[833] “Porque yo escribo libros, sé todo el mal que ellos hacen...”.
(Carta de Tolstoi a P. V. Vériguine, jefe de los dukhobors, de 21 de
noviembre de 1897. _Correspondencia inédita_, página 241).
[834] Véase _La Mañana de un Señor_, o bien, en _Las Confesiones_,
los retratos extremadamente idealizados de estos hombres sencillos,
buenos, contentos de su suerte, tranquilos, que comprenden la vida; o
bien, al fin de la segunda parte de _Resurrección_, esta visión “de
una humanidad, de una tierra nueva”, que aparece a Nekhludov, cuando
encuentra a los obreros que vuelven de su trabajo.
[835] “Un cristiano no podría ser moralmente superior o inferior a
otro; pero es más cristiano a medida que más rápidamente avanza en
la vida de la perfección, cualquiera que sea el grado en el cual se
encuentre, en un momento dado: de suerte que la virtud estacionaria
del fariseo es menos cristiana que la del ladrón, cuya alma esté en
pleno movimiento hacia lo ideal, y que se arrepiente sobre su cruz”.
(_Placeres Crueles._ Traducción de Halpérine-Kaminsky).
APÉNDICE
(Nota a la página 394).
[Ilustración]
LAS OBRAS PÓSTUMAS DE TOLSTOI[836].
Tolstoi dejaba al morir una gran cantidad de obras inéditas, de las
cuales la mayor parte ha sido publicada después y forman tres volúmenes
en la traducción francesa de J. W. Bienstock (Colección Nelson).
Estas obras son de todas las épocas de su vida, habiendo algunas que
remontan hasta 1883 (_Diario de un Loco_), y otras de los últimos años.
Comprenden cuentos, novelas, obras teatrales y diálogos, y muchas que
quedaron sin acabar. Yo las dividiría, de buena gana, en dos clases:
las obras que Tolstoi escribió por voluntad moral y las que escribió
por instinto artístico. En un corto número de ellas, armoniosamente se
funden las dos tendencias.
Por desgracia hay que deplorar que su desinterés de la gloria
literaria--acaso también un secreto propósito de mortificación--hayan
impedido a Tolstoi proseguir la composición de las obras que se
anunciaban como las más hermosas. En este número citaremos _El Diario
Póstumo del Viejo Feodor Kuzmitch_. Es ésta la famosa leyenda del
Zar Alejandro I, que haciéndose pasar por muerto y marchándose, con
un falso nombre, envejeció en Siberia por expiación voluntaria. Se
advierte que Tolstoi estaba enamorado de este asunto e identificado
con su héroe, y no podemos consolarnos con que sólo nos queden de
este “diario” los primeros capítulos. Por el vigor y la frescura
del relato, valen estos capítulos tanto como las mejores páginas de
_Resurrección_. En ellos hay retratos inolvidables (la vieja Catarina
II) y principalmente una primorosa pintura del Zar, místico y violento,
cuya naturaleza orgullosa tiene todavía sobresaltos de despertar en el
anciano tranquilo.
_El padre Sergio_ (1891-1904) pertenece también a la mejor manera de
Tolstoi; pero la narración está un poco cortada. Tiene por asunto la
historia de un hombre que busca a Dios en la soledad y el ascetismo,
por orgullo herido, que acaba por encontrarlo entre los hombres,
viviendo para ellos. La salvaje violencia de algunas páginas conmueve
hasta hacer un nudo en la garganta. Nada de más sobrio y trágico que la
escena en que el héroe descubre la villanía de aquélla a quien amaba;
su prometida, la mujer a quien adoraba como a una santa, ha sido amante
del Zar, que era por él venerado apasionadamente. No menos conmovedora
es la noche de tentación, en que el monje, para recobrar la paz del
alma turbada, se corta un dedo con un hacha. A estos episodios feroces
se opone la conversación melancólica del final, con la pobre viejecita
amiga de la infancia, y las últimas páginas que son de un laconismo
indiferente y sereno.
El asunto de _La Madre_ es también emocionante. Una buena y razonable
madre de familia, que después de haberse consagrado enteramente a los
suyos durante cuarenta años, se encuentra sola, sin actividad, sin
razón de vivir, y, aunque es librepensadora, se acoge al abrigo de un
convento y escribe allí su Diario. Pero de esta obra solamente quedaron
las primeras páginas.
De un arte superior son una serie de pequeños relatos: _Alexis el
Tonto_, que participa de la vena de los hermosos cuentos populares,
es la historia de un espíritu simple, siempre sacrificado, siempre
dulcemente satisfecho, y que así muere. _Después del Baile_ (20 de
agosto de 1903), en que un anciano cuenta cómo amó a una muchacha y
cómo cesó bruscamente de amarla, después de haber visto al padre de
ella, un coronel, ordenar que fuera azotado un soldado; obra perfecta,
primero, de un exquisito encanto de recuerdos juveniles y luego de una
alucinante precisión. _Lo que yo he visto en sueños_ (13 de noviembre
de 1906): Un príncipe no perdona a su hija, a quien adoraba, porque
se ha escapado de la casa después de dejarse seducir; pero apenas
vuelve a verle, es él quien le pide perdón; y sin embargo (la ternura
de Tolstoi y su idealismo no lo engañan nunca), no puede alcanzar a
vencer el sentimiento de disgusto que le causa la vista del hijo de
su hija. _Khodynka_, novela corta cuya acción pasa en 1893: se trata
de una joven princesa rusa que ha querido tomar parte en una fiesta
popular de Moscú, y se encuentra, presa de un gran pánico, pisoteada,
medio muerta, y reanimada por un obrero que ha sido él mismo rudamente
atropellado. Por un instante un sentimiento de fraternidad afectuosa
los une; se separan después y no volverán a verse más.
De dimensiones más vastas y que anuncian una novela épica, es
_Hadji-Mourad_ (diciembre de 1902), que refiere un episodio de
las guerras del Cáucaso en 1851[837]. Tolstoi, al escribirla, se
encontraba en la plena posesión de sus procedimientos artísticos. En
ella la visión (de los ojos y del alma) es perfecta; pero, y esto es
curioso, no llegamos a interesarnos verdaderamente en la historia,
porque se advierte que Tolstoi mismo no se interesa en ella. Cada
personaje que aparece en el curso de la narración, despierta en él la
misma simpatía, y de cada uno, aunque no haga más que pasar delante de
nuestros ojos, hace un retrato acabado; pero a fuerza de amar a todos
no prefiere a ninguno. Parece que escribió este notable cuento sin
ninguna necesidad interior y sólo por necesidad física; pues como otros
ejercitan sus músculos, es necesario que él ejercitara su mecanismo
intelectual; tenía necesidad de crear; creaba.
* * * * *
Otras obras tienen un acento personal que llega a menudo hasta la
angustia. Algunas son autobiográficas, como el _Diario de un Loco_ (20
de octubre de 1883), que contiene el recuerdo de las primeras noches
de espanto de Tolstoi, antes de la crisis de 1869;[838] y como _El
Diablo_ (19 de noviembre de 1889). Este último y largo cuento tiene
dos partes, que son de primer orden sin duda y, por desgracia, un
desenlace absurdo: un propietario rural que tiene relaciones con una
joven campesina que vive en sus propiedades, se casa y cuida, porque
es honesto y ama a su mujer, de alejar a esta campesina; pero ella
se le ha metido por los ojos, y no puede mirarla sin desearla. La
busca, y acaba por recobrarla; siente que no podrá ya separarse de
ella, y se mata. Los retratos de este hombre, bueno, débil, robusto,
miope, inteligente, sincero, trabajador y atormentado; de su joven
mujer, romántica y enamorada, que lo idealiza, y de la hermosa y sana
campesina, ardorosa y sin pudor, son obras maestras. Es chocante que
Tolstoi haya puesto tanto de intención moral en el fin del cuento, como
no lo puso en la historia vivida, porque él tuvo realmente una aventura
análoga.
_La luz brilla en las tinieblas_, drama en cinco actos, ofrece muchas
debilidades artísticas; pero, cuando se conoce la tragedia oculta
de la vejez de Tolstoi ¡qué conmovedora es esta obra que, con otros
nombres, presenta en escena a Tolstoi y a los suyos! Nicolás Ivanovitch
Sarintzeff llega a tener la misma fe que el autor de _¿Qué debemos
hacer?_, y ensaya ponerla en práctica, lo cual no le está permitido.
Las lágrimas de su mujer (¿sinceras o simuladas?) le impiden abandonar
a los suyos; se queda en su casa, donde vive pobremente, trabajando
en la carpintería; su mujer y sus hijos continúan haciendo vida de
lujo y dando fiestas, y aunque él no toma parte en ellas, se le
acusa de hipocresía. Sin embargo, por su influencia moral, por la
simple radiación de su personalidad, hace en torno suyo prosélitos y
desventurados. Un “pope”, convencido por sus doctrinas, abandona la
iglesia; un joven de buena familia rehúsa prestar el servicio militar
y se hace enviar al batallón de disciplina; y mientras tanto, el pobre
Sarintzeff-Tolstoi es desgarrado por la duda. ¿Está en el error? ¿No
arrastra inútilmente a los otros al sufrimiento y a la muerte? Al fin
no encuentra otra solución a sus angustias que dejarse matar por el
joven a quien sin querer condujo a la pérdida.
Se encuentra también, en una breve narración de los últimos tiempos
de la vida de Tolstoi, _No hay culpable_ (septiembre de 1910), la
misma confesión dolorosa de un hombre que sufre horriblemente por su
situación, de la cual no puede salir. A los ricos ociosos se oponen
los pobres abrumados de trabajo, y ni los unos ni los otros sienten la
inepcia monstruosa de semejante estado social.
Dos obras de teatro tienen un alto valor; una es la obrita campesina
que combate los daños del alcohol, intitulada _Todas las cualidades
vienen de ella_ (probablemente de 1910). Los personajes son muy
individuales y sus rasgos típicos y su ridículo lenguaje fueron
sorprendidos de manera muy divertida; el campesino que, a la postre,
perdona a un ladrón, es a la vez noble y cómico por su inconsciente
grandeza moral y por su ingenuo amor propio. La segunda de estas
piezas, de una importancia muy distinta, es un drama en doce cuadros,
_El cadáver viviente_, que muestra a gentes débiles y buenas aplastadas
por la estúpida máquina social. El héroe, Fedia, es un hombre que se
ha perdido por su bondad misma y por el profundo sentimiento moral
que oculta bajo una vida de libertino, porque sufre de una manera
intolerable con la bajeza del mundo y con su propia indignidad; pero no
tiene la fuerza necesaria para reaccionar. Tiene una mujer a quien ama,
que es buena, tranquila, razonable, pero “sin la uva que se pone en la
sidra para hacerla espumar”, “sin el burbujeo en la vida” que procura
el olvido. Y el olvido le es indispensable.
“_Nosotros todos, en nuestro medio, dice, tenemos delante tres caminos,
y únicamente tres. Ser funcionario, ganar dinero y sumar más villanía
a la del medio en el cual vivimos. Y esto me disgusta; tal vez yo no
sería capaz de hacerlo... El segundo camino es aquél en el cual se
combate esta villanía, pero para esto es necesario ser un héroe, y yo
no lo soy. Queda el tercero: olvidarse, beber, engañarse en fiestas,
cantar; este es el camino que yo he escogido, y ya veis vosotros a
dónde me ha conducido..._”[839].
Y en otro pasaje:
“_¿Cómo he llegado a perderme? Desde luego, por el vino. No es que yo
sienta placer en beber; pero he tenido siempre el sentimiento de que
todo lo que se hace en torno mío no es lo que debía hacerse; y siento
vergüenza... Y en cuanto a ser de la nobleza, o director de banco, ¡eso
sí que es vergonzoso, muy vergonzoso!... Después de haber bebido ya
no tiene uno vergüenza... Y luego, la música, pero no de ópera o de
Beethoven, sino la de los zíngaros, esa que os derrama en el alma tanta
vida, tanta energía... Luego, los bellos ojos negros, las sonrisas...
Pero mientras más os encanta todo eso, más se siente la vergüenza, y
después...”_.[840]
Ha abandonado a su mujer porque comprende que él le hace mal a ella y
que ella no le hace a él ningún bien; la deja con un amigo de quien
ella es amada y al que también ella ama, sin confesárselo, y que se
parecen. Desaparece en los bajos fondos de la bohemia, y todo así
se resuelve bien; los otros dos son felices, y él, en la medida en
que puede serlo. Pero la sociedad no permite que nadie obre sin su
consentimiento, y reduce estúpidamente a Fedia al suicidio, si no
quiere que sus dos amigos sean condenados por bigamia. Esta extraña
obra, tan profundamente rusa y que refleja el desaliento de los
mejores después de las grandes esperanzas de la revolución, que fueron
destrozadas, es sencilla, sobria, sin ningún efecto declamatorio. Todos
los caracteres son verdaderos y vivientes, aun los de los personajes
que aparecen en segundo plano, como la joven hermana, intransigente y
apasionada en su concepción moral del amor y del matrimonio; la buena
figura acompasada del bravo Karenin, y la vieja mamá, petrificada en
sus nobles prejuicios, conservadora, autoritaria en sus palabras,
acomodaticia en sus actos; y aun podría decirse lo mismo de las
siluetas fugitivas de los zíngaros y de los abogados.
* * * * *
No he citado algunas obras cuya intención dogmática y moral domina la
vida libre del arte, aun cuando jamás haga tropezar a Tolstoi en su
lucidez psicológica.
_El falso cupón_ es un largo relato, casi una novela, que trata
de demostrar el encadenamiento, en el mundo, de todos los actos
individuales, buenos y malos. Una falsificación cometida por dos
colegiales desencadena toda una serie de crímenes, de más en más
horribles, hasta que el acto de la resignación santa de una pobre mujer
asesinada por una salvaje, conmueve al asesino y, por ella, de uno
en otro, se llega hasta los primeros autores de todo el mal, quienes
por esta manera se encuentran así salvados por sus víctimas. El tema
es soberbio y toca en epopeya; la obra habría podido levantarse hasta
la fatal grandeza de las tragedias antiguas; pero la narración es
demasiado larga, muy cortada, sin amplitud, y aun cuando cada personaje
esté justamente caracterizado, todos resultan indiferentes.
_La cordura infantil_ es una serie de veintiún diálogos entre niños
sobre todos los grandes temas, religión, arte, ciencia, instrucción,
patria, etc., que no carecen de vigor imaginativo, pero en los cuales
el procedimiento seguido fatiga pronto por repetirse tan a menudo.
_El joven zar_, que medita en las desventuras que causa a pesar
suyo, es una de las obras más débiles de la recopilación. En fin, me
contentaré con enumerar algunos de estos bosquejos fragmentarios: _Dos
peregrinos_, _El pope Vasili_, _¿Quiénes son los asesinos?_, etc.
* * * * *
En el conjunto de estas obras sorprende el vigor intelectual conservado
por Tolstoi hasta su último día[841]. Puede parecer verboso cuando
expone sus ideas sociales; pero siempre que está frente a una acción,
de algún personaje viviente, el soñador humanitario desaparece y no
queda más que el artista de mirada de águila, de mirada que va recto al
corazón. Nunca perdió esta lucidez soberana; el único empobrecimiento
que yo advierto, en cuanto al arte, viene del lado de la pasión. Aparte
de cortos instantes, se tiene la impresión de que ya no son para
Tolstoi sus obras lo esencial en su vida, que son o bien un pasatiempo
necesario, o bien un instrumento para la acción; porque es la acción su
verdadero objeto, y ya no el arte. Cuando ocurre que se deja recobrar
por esta ilusión apasionada, parece que de ella tuviera vergüenza;
corta pronto por lo sano, o acaso, como en el _Diario póstumo del
viejo Feodor Kusmitch_, abandona completamente la obra que lo ponía
en peligro de volver a unir las cadenas que lo ligaban al arte...
Ejemplo único de un gran artista, en plena fuerza creadora y por ella
atormentado, que la resiste y que la inmola a su Dios.
[Ilustración]
NOTAS:
[836] Mme. Tatiana Soukhotine, hija mayor de Tolstoi, me ha hecho
observar que la verdadera ortografía del nombre de Tolstoi, en francés,
es con una y. Así aparece efectivamente la firma de Tolstoi en una
carta que recibí de él.
[837] “Del cual fuí testigo, en parte”, escribía Tolstoi.
[838] Véase en la página 328.
[839] Acto V, cuadro I.
[840] Acto III, cuadro II.
[841] Esta salud de espíritu se manifiesta en las narraciones que
fueron hechas por Tchertkov y por el testimonio de los médicos en la
última enfermedad de Tolstoi. Casi hasta el fin continuó escribiendo o
dictando su _Diario_.
[Ilustración]
SE ACABÓ DE IMPRIMIR EN LOS TALLERES
DEL DEPARTAMENTO EDITORIAL
DE LA SECRETARÍA DE EDUCACIÓN PÚBLICA
EL 13 DE SEPTBRE. DE 1923,
EN MÉXICO.
[Ilustración]