Juan, que es pescador de caña,
Se pasa el día pescando,
Y Pedro lo está mirando
Con una sonrisa extraña.
Pasan dos horas ó tres,
En las que Juan nada pesca,
Y con sorna picaresca
Le dice Pedro después:
--Tu ocupación singular
Mucho te ha de divertir;
Pero ¿me quieres decir
Qué hay más tonto que pescar?
Y al oir aquella fresca,
Volviéndose Juan de pronto,
Le contestó:--¿Qué hay más tonto?
¡Estar mirando al que pesca!