Las tres últimas líneas estaban escritas de una manera confusa y
temblorosa. Teófilo leyó toda la carta; la segunda parte, sin clara
noción de lo que leía. Quedó anonadado. Redujo a pequeños trozos la
carta, rasgándola sucesivamente, sin saber que la rasgaba. Salió a la
calle y se dirigió a casa de Angelón Ríos, en donde vivía Alberto Díaz
de Guzmán. Si Alberto no le salvaba estaba perdido.