III

Acerca de la bandera de Pizarro hay también un error que me propongo

desvanecer.

Jurada en 1821 la Independencia del Perú, el Cabildo de Lima pasó al

generalísimo don José de San Martín un oficio, por el cual la ciudad le

hacía el obsequio del _estandarte de Pizarro_. Poco antes de morir en

Boulogne, este prohombre de la revolución americana hizo testamento,

devolviendo a Lima la obsequiada bandera. En efecto, los albaceas

hicieron formal entrega de la preciosa reliquia a nuestro representante

en París, y éste cuidó de remitirla al gobierno del Perú en una caja muy

bien acondicionada. Fué esto en los días de la fugaz administración del

general Pezet, y entonces tuvimos ocasión de ver el clásico estandarte

depositado en uno de los salones del Ministerio de Relaciones

Exteriores. A la caída de este gobierno, el 6 de noviembre de 1865, el

populacho saqueó varias de las oficinas de palacio, y desapareció la

bandera, que acaso fué despedazada por algún rabioso que se imaginaría

ver en ella un comprobante de las calumnias que, por entonces, inventó

el espíritu de partido para derrocar al presidente Pezet, vencedor en

los campos de Junín y Ayacucho, y a quien acusaban sus enemigos

políticos de _connivencias criminales_ con España, para someter

nuevamente el país al yugo de la antigua metrópoli.

Las turbas no reaccionan ni discuten, y mientras más absurda sea la

especie más fácil aceptación encuentra.

La bandera que nosotros vimos tenía, no las armas de España, sino las

que Carlos V acordó a la ciudad por real cédula de 7 de diciembre de

1537. Las armas de Lima eran: un escudo en campo azul con tres coronas

regias en triángulo, y encima de ellas una estrella de oro cuyas puntas

tocaban las coronas. Por orla, en campo colorado, se leía este mote en

letras de oro: _Hoc signum vere regum est_. Por timbre y divisa dos

águilas negras con corona de oro, una J y una K (primeras letras de

_Karolus_ y _Juana_, los monarcas), y encima de estas letras una

estrella de oro. Esta bandera era la que el alférez real por juro de

heredad, paseaba el día 5 de enero, en las procesiones de Corpus y Santa

Rosa, proclamación de soberano, y otros actos de igual solemnidad.

El pueblo de Lima dió impropiamente en llamar a ese estandarte la

bandera de Pizarro, y su examen aceptó que ése fué el pendón de guerra

que los españoles trajeron para la conquista. Y pasando sin refutarse de

generación en generación, el error se hizo tradicional e histórico.

Ocupémonos ahora del verdadero estandarte de Pizarro.

Después del suplicio de Atahualpa, se encaminó al Cuzco don Francisco

Pizarro, y creemos que fué el 16 de noviembre de 1533 cuando verificó su

entrada triunfal en la augusta capital de los Incas.

El estandarte que en esa ocasión llevaba su alférez Jerónimo de Aliaga

era de la forma que la gente de iglesia llama gonfalón. En una de sus

caras, de damasco color grana, estaban bordadas las armas de Carlos V; y

en la opuesta, que era de color blanco según unos, o amarillo según

otros, se veía pintado el apóstol Santiago en actitud de combate sobre

un caballo blanco, con escudo, coraza y casco de plumeros o airones,

luciendo cruz roja en el pecho y una espada en la mano derecha.

Cuando Pizarro salió del Cuzco (para pasar al valle de Jauja y fundar la

ciudad de Lima) no lo hizo en son de guerra, y dejó depositada su

bandera o gonfalón en el templo del Sol, convertido ya en catedral

cristiana. Durante las luchas civiles de los conquistadores, ni

almagristas, ni gonzalistas, ni gironistas, ni realistas se atrevieron a

llevarlo a los combates, y permaneció como objeto sagrado en un altar.

Allí, en 1825, un mes después de la batalla de Ayacucho, lo encontró el

general Sucre; éste lo envió a Bogotá, y el gobierno inmediatamente lo

remitió a Bolívar, quien lo regaló a la municipalidad de Caracas, donde

actualmente se conserva. Ignoramos si tres siglos y medio de fecha

habrán bastado para convertir en hilachas el emblema marcial de la

conquista.

Tradiciones peruanas · 第 95 / 96 题