III

¡Qué demonche! Yo no soy maldiciente, pero en la historia hay hechos que

lo sacan a uno de quicio.

Y la prueba de que don José Antonio de Areche no jugó muy limpio, que

digamos, en el desempeño de la comisión que el rey le confiara, está en

que, a pesar de los pesares, su majestad se vió forzado a destituirlo,

llamándolo a España, confiscándole la hacienda, y sentenciándolo a vivir

desterrado de la villa y corte de Madrid.

Al siguiente día de la entrevista con el Visitador, fué puesto en

libertad el preso y se sobreseyó en la causa.

¡Y tenga usted fe en la incorruptibilidad de la justicia!

Digo, ¡si fumarían en pipa los argumentos del corregidor!

Tradiciones peruanas · 第 78 / 96 题