¡Qué demonche! Yo no soy maldiciente, pero en la historia hay hechos que
lo sacan a uno de quicio.
Y la prueba de que don José Antonio de Areche no jugó muy limpio, que
digamos, en el desempeño de la comisión que el rey le confiara, está en
que, a pesar de los pesares, su majestad se vió forzado a destituirlo,
llamándolo a España, confiscándole la hacienda, y sentenciándolo a vivir
desterrado de la villa y corte de Madrid.
Al siguiente día de la entrevista con el Visitador, fué puesto en
libertad el preso y se sobreseyó en la causa.
¡Y tenga usted fe en la incorruptibilidad de la justicia!
Digo, ¡si fumarían en pipa los argumentos del corregidor!