Y pasaron años de la muerte de fray Venancio.
Dormía una noche tranquilamente el padre Antolín y despertó sobresaltado
sintiendo una mano fría que se posaba en su frente.
Un cerillo encendido bajo una imagen de la Virgen Protectora de Cautivos
esparcía, en la celda, débiles y misteriosos reflejos.
A la cabecera de la cama, y en una silla de vaqueta estaba sentado fray
Venancio.
--No te alarmes--dijo el aparecido--. Dios me ha dado licencia para
venir a encomendarte un asunto. Ve mañana al mediodía al portal de
Botoneros y pídele a don Marcos Guruceta seis mil pesos que le di a
guardar, y que están destinados para poner en el primer claustro la vida
de nuestro santo patrón.
Y dicho esto, la visión desapareció.
El padre Antolín se quedó como es de presumirse. Cosa muy seria es ésta
de oír hablar a un difunto.
Por la mañana se acercó nuestro asustado religioso al comendador de la
orden y le refirió, sueño o realidad, lo que le había pasado.
--Nada se pierde, hermano--contestó el superior--, con que vea a
Guruceta.
En efecto, mediodía era por filo cuando fray Antolín llegaba al
mostrador del comerciante y le hacía el reclamo consabido. Don Marcos se
subió al cerezo y díjole que era un fraile loco o trapalón.
Retiróse mohino el comisionado; pero al llegar a la portería de su
convento, salióle al encuentro un fraile en el cual reconoció a fray
Venancio.
--Y bien, hermano, ¿cómo te ha ido?
--Malísimamente, hermano--contestó el interpelado--. Guruceta me ha
tratado de visionario y embaucador.
--¿Sí? Pues vuelve donde él y dile que, si no se allana a pagarte, voy
yo mismo dentro de cinco minutos por mi plata.
Fray Antolín regresó al portal, y al verlo don Marcos entrar por la
puerta de la tienda, le dijo:
--¿Vuelve usted a fastidiarme?
--Nada de eso, señor Guruceta. Vengo a decirle que dentro de pocos
instantes estará aquí fray Venancio en persona a entenderse con usted.
Yo me he adelantado a esperarlo.
Al oír estas palabras, y ante el aplomo con que fueron dichas,
experimentó Guruceta una conmoción extraña, y decididamente temió tener
que habérselas con un alma de la otra vida.
--Que no se moleste en venir fray Venancio--dijo tartamudeando--. Es
posible que, con tanto asunto como tengo en esta cabeza, haya olvidado
que me dió dinero. Sea ello lo que fuere, pues el propósito es cristiano
y yo muy devoto de San Pedro Nolasco, mande su paternidad un criado por
las seis talegas.
La religiosidad de los limeños suplió con limosnas y donativos la suma
que faltaba para el pago de pintores, y un año después, en la festividad
del patrón, se estrenaban los lienzos que conocemos.
Tal es la tradición que, en su infancia, oyó contar el que esto escribe
a fray León Fajardo, respetabilísimo sacerdote y comendador de la
Merced.