IV

Román volvió a habilitar la tienda, y su comercio de platería marchó

viento en popa. Aleccionado por los días de penuria, puso coto a los

derroches de su mujer, cuyo carácter, por milagro sin duda de la Divina

Providencia, para quien no hay imposibles, mejoró notablemente.

Ovillitos enfermó de gravedad al descubrir que su tesoro se había

convertido en pájaro y volado del encierro. El infeliz ignoraba que el

dinero no es monje cartujo que gusta de estar guardado y criar moho, y

que es un libertino que se desvive por andar al aire libre y de mano en

mano. Mendigos ha habido, en todos los tiempos, que a su muerte han

dejado un caudal decente.

Román murió, ya en los tiempos de la república, repartiéndose entre sus

herederos una fortuna que se estimó en más de cincuenta mil pesos.

Una de las cláusulas de su testamento, que hemos leído, señala durante

veinticinco años la suma de treinta pesos al mes para misas en sufragio

del alma de Ovillitos.

Tradiciones peruanas · 第 56 / 96 题