III

Lucas de Valladolid era un mestizo, de la ciudad de Huamanga, que

ejercía en Lima el oficio de platero. Obra de sus manos eran las mejores

alhajas que a la sazón se fabricaban. Pero el maestro Lucas pecaba de

generoso, y en el juego, el vino y las mozas de partido derrochaba sus

ganancias.

Los padres agustinos le dispensaban gran consideración, y el maestro

Lucas era uno de sus obligados comensales en los días de mantel largo.

Nuestro platero conocía, pues, a palmos el convento y la iglesia,

circunstancia que le sirvió para realizar el robo de la Custodia, tal

como lo dejamos referido.

Dueño de tan valiosa prenda, se dirigió con ella a su casa, desarmó el

sol, fundió el oro y engarzó en anillos algunas piedras. Viendo la

excitación que su crimen había producido, se resolvió a abandonar la

ciudad y emprendió viaje a Huancavelica, enterrando antes en la falda

del San Cristóbal una parte de su riqueza.

La esposa del intendente Solá era limeña, y a ésta se presentó el

maestro Lucas ofreciéndole en venta seis magníficos anillos. En uno de

ellos lucía una preciosa esmeralda, y examinándola la señora, exclamó:

«¡Qué rareza! Esta piedra es idéntica a la que obsequié para la Custodia

de San Agustín».

Turbóse el platero, y no tardó en despedirse.

Pocos minutos después entraba el intendente en la estancia de su esposa,

y la participó que acababa de llegar un expreso de Lima con la noticia

del sacrílego robo.

--Pues, hijo mío--le interrumpió la señora--, hace un rato que he tenido

en casa al ladrón.

Con los informes de la intendenta procedióse en el acto a buscar al

maestro Lucas; pero ya éste había abandonado la población. Redobláronse

los esfuerzos y salieron inmediatamente algunos indios en todas

direcciones en busca del criminal, logrando aprehenderlo a tres leguas

de distancia.

El sacrílego principió por una tenaz negativa; pero le aplicaron

garrotillo en los pulgares o un cuarto de rueda, y canto de plano.

Cuando el virrey recibió el oficio del intendente de Hancavelica

despachó para guarda del reo una compañía de su escolta.

Llegado éste a Lima, en enero de 1744, costó gran trabajo impedir que el

pueblo lo hiciese añicos. ¡Las justicias populares son cosa rancia por

lo visto!

A los pocos días fué el ladrón puesto en capilla, y entonces solicitó la

gracia de que se le acordasen cuatro meses para fabricar una Custodia

superior en mérito a la que él había destruido. Los agustinos

intercedieron y la gracia fué otorgada.

Las familias pudientes contribuyeron con oro y nuevas alhajas, y cuatro

meses después, día por día, la Custodia, verdadera obra de arte, estaba

concluída. En este intervalo el maestro Lucas dió en su prisión tan

positivas muestras de arrepentimiento que le valieron la merced de que

se le conmutase la pena.

Es decir, que en vez de achicharrarlo como a sacrílego, se le ahorcó muy

pulcramente como a ladrón.

Tradiciones peruanas · 第 29 / 96 题