Cuando la esposa de Salcedo supo el terrible desenlace del proceso,
convocó a sus deudos y les dijo:
--Mis riquezas han traído mi desdicha. Los que las codician han dado
muerte afrentosa al hombre que Dios me deparó por compañero. Mirad cómo
le vengáis.
Tres días después la mina de Laycacota había _dado en agua_, y su
entrada fué cubierta con peñas, sin que hasta hoy haya podido
descubrirse el sitio donde ella existió.
Los parientes de la mujer de Salcedo inundaron la mina, haciendo estéril
para los asesinos del justicia mayor el crimen a que la codicia los
arrastrara.
Carmen, la desolada viuda, había desaparecido, y es fama que se sepultó
viva en uno de los corredores de la mina.
Muchos sostienen que la mina de Salcedo era la que hoy se conoce con el
nombre del _Manto_. Este es un error que debemos rectificar. La
codiciada mina de Salcedo estaba entre los cerros Laycacota y
Cancharani.
El virrey, conde Lemos, en cuyo período de mando tuvo lugar la
canonización de Santa Rosa, murió en diciembre de 1673, y su corazón fué
enterrado bajo el altar mayor de la iglesia de los Desamparados.
Las armas de este virrey eran, por Castro, un sol de oro sobre gules.
En cuanto a los descendientes de los hermanos Salcedo, alcanzaron bajo
el reinado de Felipe V la rehabilitación de su nombre y el título de
marqués de Villarrica para el jefe de la familia.