El intendente y los alcaldes del Cuzco dieron cuenta de todo al virrey,
quien después de oír leer el minucioso informe le dijo a su secretario:
--¡Pláceme el tema para un romance moruno! ¿Qué te parece de esto, mi
buen Estúñiga?
--Que vuecelencia debe echar una mónita a esos sandios golillas que no
han sabido hallar la pista de los fautores del crimen.
--Y entonces se pierde lo poético del sucedido--repuso el de Esquilache
sonriéndose.
--Verdad, señor; pero se habrá hecho justicia.
El virrey se quedó algunos segundos pensativo; y luego, levantándose de
su asiento, puso la mano sobre el hombro de su secretario:
--Amigo mío, lo hecho está bien hecho; y mejor andaría el mundo si, en
casos dados, no fuesen leguleyos trapisondistas y demás cuervos de
Temis, sino duendes, los que administrasen justicia. Y con esto, buenas
noches y que Dios y Santa María nos tengan en su santa guarda y nos
libren de duendes y remordimientos.