XXXV

A la misma hora, la muchedumbre, paseando en los amenísimos jardines,

comentaba los sucesos de aquellos días. Don Benigno y Salvador

paseaban juntos como viejos amigos, y ya se habían contado parte de

sus secretos. Cordero estaba triste, Monsalud se iba exaltando más

cada día con la idea política. De pronto vieron que la multitud se

agolpaba en un sitio, por donde discurría en abigarrada procesión gente

de Palacio, con dorados uniformes y huecos casacones. Abría calle el

público para dar paso a estos señores. Cordero y Monsalud se acercaron

para ver mejor. Sostenida por una nodriza, rodeada de damas, seguida de

personajes, una niña de dos años andaba con dificultad, batiendo palmas

y riendo de alegría. Aquellos eran los primeros pasos de una reina.

Del gentío salió una voz que gritó con furor: «¡_Viva Isabel II_!».

Y una exclamación inmensa recorrió los jardines, perdiéndose y

desparramándose como los primeros ecos de una tempestad naciente.

La tempestad estaba cerca: oíanse los primeros truenos; pero el que

quiera conocer los notables sucesos, ya privados, ya públicos, que

restan por referir, tenga paciencia y espere a leer lo que con toda

verdad se dirá en el libro siguiente.

Los apostólicos · 第 36 / 37 题