III

Al día siguiente, los pacíficos monjes de la abadía de Fitero, á

quienes el hermano lego había dado cuenta de la extraña visita de la

noche anterior, vieron entrar por sus puertas, pálido y como fuera

de sí, al desconocido romero.

--¿Oísteis al cabo el _Miserere_?--le preguntó con cierta mezcla de

ironía el lego, lanzando á hurtadillas una mirada de inteligencia á

sus superiores.

--Sí--respondió el músico.

--¿Y qué tal os ha parecido?

--Lo voy á escribir. Dadme un asilo en vuestra casa--prosiguió

dirigiéndose al abad;--un asilo y pan por algunos meses, y voy á

dejaros una obra inmortal del arte, un _Miserere_ que borre mis

culpas á los ojos de Dios, eternice mi memoria, y eternice con ella

la de esta abadía.

Los monjes, por curiosidad, aconsejaron al abad que accediese á su

demanda; el abad, por compasión, aun creyéndole un loco, accedió al

fin á ella, y el músico, instalado ya en el monasterio, comenzó su

obra.

Noche y día trabajaba con un afán incesante. En mitad de su tarea se

paraba, y parecía como escuchar algo que sonaba en su imaginación, y

se dilataban sus pupilas, saltaba en el asiento, y exclamaba:--¡Eso

es; así, así, no hay duda... así! Y proseguía escribiendo notas con

una rapidez febril, que dió en más de una ocasión que admirar á los

que le observaban sin ser vistos.

Escribió los primeros versículos, y los siguientes, y hasta la mitad

del Salmo; pero al llegar al último que había oído en la montaña, le

fué imposible proseguir.

Escribió uno, dos, cien, doscientos borradores: todo inútil. Su

música no se parecía á aquella música ya anotada, y el sueño huyó

de sus párpados, y perdió el apetito, y la fiebre se apoderó de su

cabeza, y se volvió loco, y se murió, en fin, sin poder terminar el

_Miserere_, que, como una cosa extraña, guardaron los frailes á su

muerte y aún se conserva hoy en el archivo de la abadía.

* * * * *

Cuando el viejecito concluyó de contarme esta historia, no pude menos

de volver otra vez los ojos al empolvado y antiguo manuscrito del

_Miserere_, que aún estaba abierto sobre una de las mesas.

_In peccatis concepit me mater mea._

Estas eran las palabras de la página que tenía ante mi vista, y que

parecía mofarse de mí con sus notas, sus llaves y sus garabatos

ininteligibles para los legos en la música.

Por haberlas podido leer hubiera dado un mundo.

¿Quién sabe si no serán una locura?

[Ilustración]

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Obras escogidas · 第 62 / 158 题