Al día siguiente, cuando las campanas de la catedral atronaban
los aires tocando á gloria, y los honrados vecinos de Toledo se
entretenían en tirar ballestazos á los judas de paja, ni más ni menos
que como todavía lo hacen en algunas de nuestras poblaciones, Daniel
abrió la puerta de su tenducho, como tenía de costumbre, y con su
eterna sonrisa en los labios comenzó á saludar á los que pasaban, sin
dejar por eso de golpear en el yunque con su martillito de hierro;
pero las celosías del morisco ajimez de Sara no volvieron á abrirse,
ni nadie vió más á la hermosa hebrea recostada en su alféizar de
azulejos de colores.
* * * * *
Cuentan que algunos años después un pastor trajo al Arzobispo una
flor hasta entonces nunca vista, en la cual se veían figurados todos
los atributos del martirio del Salvador; flor extraña y misteriosa
que había crecido y enredado sus tallos por entre los ruinosos muros
de la derruída iglesia.
Cavando en aquel lugar y tratando de inquirir el origen de aquella
maravilla, añaden que se halló el esqueleto de una mujer, y
enterrados con ella otros tantos atributos divinos como la flor tenía.
El cadáver, aunque nunca se pudo averiguar de quién era, se conservó
por largos años con veneración especial en la ermita de San Pedro el
Verde, y la flor, que hoy se ha hecho bastante común, se llama _Rosa
de Pasión_.
[Ilustración]
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