XXIV

--¡Toquen castañuelas, repiquen panderos, machaquen almireces, punteen

vihuelas y aporreen zambombas para celebrar el talento del sabio

legislador, harto de bazofia y comido de piojos, que sacó de su cabeza

ese pomposo y coruscante decreto! --exclamó al fin Luceño dando un

porrazo en el brazo del sillón y levantándose.

--¿Conque a la tercera parte? --dijo Salmón--. ¿De modo que de cada

tres no ha de quedar más que uno?

--Eso es, y los demás a la calle, a pedir limosna, porque una pensión

de tres mil reales para personas que han de vivir decentemente, es

aquello de hártate, comilón, con pasa y media.

--Y afuera novicios.

--¡Y no más profesar!

--Y con los bienes se aumentará la congrua de los curas.

--También eso está bien --dijo el dominico--. Alábelo su merced, Padre

Castillo. ¡Que nos quiten lo nuestro para darlo a los curas! ¿Quiénes

son los curas, ni qué hacen esos zanguangos en bien de la cristiandad?

Ya... como los curas son tan tibios patriotas... ¡Estoy que bufo!

--Lo mejorcito es que los bienes de los conventos suprimidos pasen al

dominio de España.

--¿Qué tiene que ver España, ni San España, ni Marizápalos con esos

bienes?

--¿De modo que nuestras granjas de Leganés, de Valmojado...? --preguntó

Salmón.

--¡Ya se ve! De esto se ríen todos esos infelices Mínimos, Gilitos y

Franciscos que nada tienen. A ellos, ¿qué les importa? Por eso van a

hacerle el _como la porta bu_. Bien, retebién. Y lo mismo hacen los

Afligidos, que son la cáfila de majaderos más desaforados que he visto.

--No murmurar, hermano --indicó Castillo.

--Dios me lo perdone --dijo Luceño--, y no lo digo por nada malo, que

hay Afligidos de todas clases. ¿Pero creen vuestras mercedes que se

llevará a cabo esto de las terceras partes?

--Yo creo que va a ser dificilillo.

--Pues yo temo que lo llevarán adelante --afirmó Luceño--; que esta

mañana me ha dicho en confianza un regidor que va a Chamartín, que ya

tienen hecho su plan, y que dentro de pocos días comenzará el restar y

dividir, para dar principio a la demolición de los conventos.

--¡La demolición!

--Sí; que todas estas casas las destinan a oficinas del Estado, y la

primera que va a caer hecha pedazos es este monasterio de la Merced en

que ahora estamos.

--¡Cómo, la Merced! ¡Se atreverán a ello! --exclamó Ximénez de Azofra,

dándose un golpe en la rodilla--. ¡Cómo! ¿Se atreverán a derribar

esta casa, que lo fue del gran Tirso de Molina? ¿Y la gran devoción

que inspira la Virgen de los Remedios, que está en una de nuestras

capillas? ¿Pues y el sepulcro de los nietos de Hernán Cortés? No, no

puede ser. Derriben en buen hora otras casas de religiosos; pero no

esta por tantos títulos, además de su antigüedad, venerable.

--Y también está amenazada la Trinidad Calzada --apuntó Luceño-- si no

de que la derriben, al menos de que la vacíen.

--Eso no puede ser --declaró Vargas--, que más glorias encierra mi

casa que todos los demás claustros de Madrid reunidos. Díganlo si no,

el beato Simón de Rojas y el Padre Hortensio de Paravicino, autor del

libro _De locis theologicis_.

--Autor de las _Oraciones evangélicas_, de la _Historia de Felipe III_

y de la _España probada_, querrá decir Vuestra Paternidad --indicó

Castillo con malicia--; que el libro _De locis theologicis_, hasta los

chicos de las calles saben que es de Melchor Cano.

--Tiene razón Castillo: me equivoqué. Pero sea lo que quiera, también

tiene mi convento la honra de haber rescatado, mediante los Padres

Bella y Gil, al inmortal Cervantes, autor del _Quijote_, Sr. Castillo,

pues yo también entiendo algo de autores. En caso de desalojar

conventos para oficinas, ahí está Santo Tomás, donde caben todas.

--¡Cómo es eso! ¡Santo Tomás! ¡Desalojar a Santo Tomás, el más

ilustre de los conventos de Madrid! --exclamó impetuosamente el

dominico--. ¿Y qué sería de este pueblo si le quitaran el espectáculo

de las procesiones que de allí salen con motivo de las funciones del

Santo Oficio? A fe que hartas casas hay en Madrid, si quieren hacer

plazuelas, como dicen, aunque más vale que no se toque a ninguna,

porque _setenta y dos_ conventos para una población de 160.000 almas,

me parece que no es mucho. Las casas de religiosos apenas ocupan un

poco más de la mitad del perímetro de esta gran villa, lo cual no es

nada desmedido, y de todas las casas que se alzan en ella, solo _cuatro

quintas partes_ pertenecen a conventos, memorias pías, capellanías y

otras fundaciones.

--Y dígame, Luceño --preguntó Ximénez--, ¿van dominicos a la reunión

que convoca el Corregidor?

--Creo que no. Según he oído, solo se prestan a ir a Chamartín el

prepósito de San Cayetano, el abad de Montserrat, dos Agonizantes, un

par de Franciscos, un Rector de Niñas de la Paz y un Afligido.

--Pues esos sacarán tajada, no lo duden vuestras mercedes. Sobre

nosotros lloverán los decretos y las terceras partes.

--Mi opinión es --dijo Salmón-- que, pues cuesta bien poco ir de aquí

a Chamartín, nada se pierde con que vayan un par de Padres, y yo me

brindo a ello, que bueno es estar bien con todos, y el orgullo es

pecado, y quien al cielo escupe en la cara le cae.

--No en mis días: de esta casa no irá nadie --aseguró Ximénez de

Azofra--; y en cuanto a este joven, nada podemos hacer. Indigno sería

pedir favores a quien nos trata mal, amenazándonos con terciarnos y

partirnos como si fuéramos aranzadas de tierra. Conque busque usted

quien le proporcione la _carta de seguridad_ para salir de Madrid.

--Dificilillo es --afirmó Luceño--, pues entiendo que se miran mucho

para dar las tales _cartas_, y sin ellas no es posible dar un paso de

puertas afuera.

--Sin embargo --dijo el discreto Castillo--, hay multitud de personas

que por estar en bien con los franceses, pueden socorrer a este joven.

¿No conoce usted ninguna persona de alta posición y de influencia?

--Sí, ya me ocurrió acudir a la señora Condesa --indicó Salmón--, y

confío en que su generosidad sacará a este joven del mal empeño en que

se ve. El señor Marqués se ha afrancesado, y dicen que va a entrar en

la alta servidumbre del Rey José.

--El Sr. D. Felipe bebe los vientos por que cualquier Gobierno se

acuerde de él --dijo Castillo--. Algo debe de haber de cierto en eso,

pues hace tres días, después de haberse presentado a Belliard, fuese al

Pardo, donde se ha instalado con su hija. Ayer creo que debió llegar a

dicho real sitio el Rey José. A pesar del influjo que en la botellesca

Corte tiene el señor Marqués, yo no me fiaría de él para ningún

delicado asunto. De más eficacia me parece en el caso presente el señor

Duque de Arión, pariente de esta familia y que goza de gran poder en el

Cuartel general.

--¡Admirable idea! Veremos al señor Duque.

--No ha llegado aún a Madrid; y como no sea exponiéndose a los peligros

de un viaje a Chamartín, este joven no podría verle.

--Lo mejor --añadió Salmón-- es que veamos hoy mismo a la señora

Condesa. ¿Va hoy allá la Paternidad del Sr. Castillo?

--Dentro de un rato, pues la señora Marquesa me ha mandado llamar hoy

con toda premura. Si quiere este joven venir conmigo, le llevaré.

--Oportunísimo --añadió Salmón--. Yo iré también. Pero, hijo, si en la

calle acertamos a pasar por junto a esos cafres...

--Pues bien --dijo Ximénez--: para que vaya más seguro, yo les presto

mi coche, que, con sus dos gallardas mulas, debe de estar ya en la

huerta.

--Muy bien --declaró Salmón batiendo palmas--. Me parece buena idea la

del coche; pero para mayor seguridad, te vestiremos de novicio. Venga

la carroza prioral y a casa de la Condesa.

--Pues entrareme también en ella, y me dejarán de paso en Santo Tomás

--añadió Vargas.

--Pues allá voy también --dijo Luceño--, si me dejan en las Descalzas

Reales.

Y así acabó la conferencia, sin más resultas que las de mi improvisado

disfraz de novicio y mi viaje a casa de la Condesa, donde me pasó

lo que el lector verá a continuación si tiene paciencia para seguir

leyendo.

Napoleón en Chamartín · 第 25 / 32 题