Alto, flaco, cargado de espaldas, la cara ancha, larga, color ocre,
el labio inferior perezosamente caído, los grandes ojos pardos llenos
de inteligencia, solitario y silencioso de costumbre, sin duda porque
sus frases eran ideas, y desdeñaba echarlas--_margaritas a los
puerco_--a la multitud ignara a que hallábase mezclado, constituía uno
de los tantos exóticos, pieza sin objeto, elemento inútil, en aquella
efervescencia pasional colectiva, donde ni su corazón ni su cerebro
conseguían armonizar.
En un atardecer hermoso llegóse a mi carpa y mesándose los largos
cabellos lacios con sus dedos afilados, en un gesto habitual, me
preguntó con su voz extraña, que tenía un timbre varonil aterciopelado
por un yo no sé qué de femenino:
--Hermano, ¿no te han traído pulpa?
--No, respondí; sé que carnearon y he visto varios fogones donde los
asados se chamuscan, pero para nosotros...
--¡Nosotros somos los _maporras_!--interrumpió con una sonrisa
amarga;--tenemos derecho a comer lo que sobra, como los perros!...
Y sentándose en el suelo, sobre el pasto, agregó:
--Alcanzame un amargo: para regenerar el país hay que alimentarse de
alguna manera, aun cuando más no sea con agua sucia...
Tosió. Volvió a sacudir con sus finos dedos de tuberculoso la negra
melena y dijo con agria ironía:
--De esta vez lo regeneramos. La indiada se pone panzona y puede
quedarse quieta un año; después del año, si hay vacas gordas...
En ese momento se presentó el doctor X., médico ilustre, patriota
insigne, descollante, personalidad del partido.
--¿Tiene carne?--preguntó.
--No, ¿y ustedes?
--Tampoco. Parece que nosotros no tenemos derecho a comer.
--¡Para lo que servimos!--replicó con su amarga sonrisa el hombre alto,
flaco, cargado de espaldas.
--Ni siquiera nos desviamos cargando uno de esos aparatos que parecen
fusiles y que no sirve ni para hacer fuego.
--El chiste es malo--contestó un exquisito poeta que llegaba,
hambriento, como todos nosotros,--pero te lo perdono en mérito a las
circunstancias: tres días de tranquear largo, dos noches sin dormir
y más de cuarenta y ocho horas sin comer, no pueden considerarse
excitantes para la función cerebral...
--¡Para lo que tienen que hacer aquí los cerebros!...--respondió el
hombre alto, extendiéndose largo a largo sobre el pasto.--A nosotros
nos dan los matungos que no caminan, los fusiles descompuestos...
y la carne que sobra... ¡Vean qué rico olor de asado viene hasta
aquí!...--hacen bien: somos los _inservibles_.
--Verdad--confirmó el poeta;--en ciertos momentos y en ciertos medios,
las flores valen poco.
--Y en todos los momentos y en todos los medios, los zonzos no valen
nada--concluyó sentenciosamente el muchacho flaco y largo.
* * * * *
Concluída la guerra de mala manera, los revolucionarios salieron, sin
embargo, con _pulpa entre los dientes_. Los ases revolucionarios, se
entiende.
Acto contínuo se resolvió no desperdiciar los puestos legislativos
que la ley dejaba a disposición de la minoría vencida militarmente.
Hubo quien propuso una diputación para el hombre alto, flaco, etc...,
pero la masa declarólo inservible para el cargo, dado que sólo tenía
talento...
Unos años después, hallábanse reunidos en Buenos Aires varios de
aquellos _inservibles_. En una noche memorable una sala repleta y
selecta aplaudía frenéticamente una obra en que el autor primerizo se
revelaba, no sólo un literato superior, sino un psicólogo profundo, un
admirable analista de almas, cuya clarovidencia lo indicaba como faro,
guía y conductor de muchedumbres, sanas pero ciegas...
Triunfó, triunfó estruendosamente el muchacho alto, flaco, cargado de
espaldas, y desde entonces, lleno de laureles, comía cada dos días uno,
y siguió siendo un _inservible_, tan inservible que su gloria pasó
inadvertida para sus compañeros de lucha cívica, aun hoy convencidos
de que era injusto darle un caballo que caminase y un pedazo de pulpa
para saciarle el hambre, mejor empleados en servicio de un gaucho vago,
haragán, asesino y bruto...
* * * * *
Un grupo reducido de _inservibles_ orientales, consternóse al recibir
la breve noticia telegráfica: «Ha fallecido en Italia Florencio
Sánchez.»