no señor... Usted ya no quiere á la niña, y busca pretextos para
zafarse de la obligacion en que está... ¡Hija de mi alma y de mi
corazon!
D. DIE. Señora Doña Irene, hágame usted el gusto de oirme, de no
replicarme, de no decir despropósitos; y luego que usted sepa lo que
hay, llore, y gima, y grite, y diga cuanto quiera... Pero entretanto
no me apure usted el sufrimiento, por amor de Dios.
D.ª IRE. Diga usted lo que le dé la gana.
D. DIE. Que no volvamos otra vez á llorar, y á...
D.ª IRE. No señor, ya no lloro.
(_Enjugándose las lágrimas con un pañuelo._)
D. DIE. Pues hace ya cosa de un año, poco mas ó menos, que Doña
Paquita tiene otro amante. Se han hablado muchas veces, se han
escrito, se han prometido amor, fidelidad, constancia... Y por
último, existe en ambos una pasion tan fina, que las dificultades
y la ausencia, léjos de disminuirla, han contribuido eficazmente á
hacerla mayor... En este supuesto...
D.ª IRE. ¿Pero no conoce usted, señor, que todo es un chisme,
inventado por alguna mala lengua que no nos quiere bien?
D. DIE. Volvemos otra vez á lo mismo... No señora, no es chisme.
Repito de nuevo que lo sé.
D.ª IRE. ¿Qué ha de saber usted, señor, ni qué traza tiene eso de
verdad? ¡Con que la hija de mis entrañas encerrada en un convento...
ayunando los siete reviernes, acompañada de aquellas santas
religiosas... ella, que no sabe lo que es mundo, que no ha salido
todavía del cascaron, como quien dice!... Bien se conoce que no sabe
usted el genio que tiene Circuncision... Pues bonita es ella, para
haber disimulado á su sobrina el menor desliz.
D. DIE. Aquí no se trata de ningun desliz, señora Doña Irene;
se trata de una inclinacion honesta, de la cual hasta ahora no
habíamos tenido antecedente alguno. Su hija de usted es una niña
muy honrada, y no es capaz de deslizarse... Lo que digo es que la
madre Circuncision, y la Soledad, y la Candelaria, y todas las
madres y usted, y yo el primero, nos hemos equivocado solemnemente.
La muchacha se quiere casar con otro, y no conmigo... Hemos llegado
tarde: usted ha contado muy de ligero con la voluntad de su hija...
Vaya, ¿para qué es cansarnos? Lea usted ese papel, y verá si tengo
razón.
(_Saca el papel de D. Cárlos y se le dá. Doña Irene, sin leerle, se
levanta muy agitada, se acerca á la puerta de su cuarto y llama.
Levántase D. Diego y procura en vano contenerla._)
D.ª IRE. ¡Yo he de volverme loca!... Francisquita... ¡Vírgen del
Tremedal!... Rita, Francisca.
D. DIE. ¿Pero á qué es llamarlas?
D.ª IRE. Sí, señor, que quiero que venga, y que se desengañe la
pobrecita de quién es usted.
D. DIE. Lo echó todo á rodar... Esto le sucede á quien se fia de la
prudencia de una muger.
ESCENA XII.
DOÑA FRANCISCA, RITA, DOÑA IRENE, D. DIEGO.
RITA. Señora.
D.ª FCA. ¿Me llamaba usted?
D.ª IRE. Sí, hija, sí; porque el señor D. Diego nos trata de un modo
que ya no se puede aguantar. ¿Qué amores tienes, niña? ¿A quién
has dado palabra de matrimonio? ¿Qué enredos son estos?... Y tú,
picarona... Pues tú tambien lo has de saber... Por fuerza lo sabes...
¿Quién ha escrito este papel? ¿Qué dice?... (_Presentando el papel
abierto á Doña Francisca._)
RITA. Su letra es. (_Aparte á Doña Francisca._)
D.ª FCA. ¡Qué maldad!... Señor D. Diego, ¿así cumple usted su palabra?
D. DIE. Bien sabe Dios que no tengo la culpa... Venga usted aquí...
(_Asiendo de una mano á Doña Francisca, la pone á su lado._) No hay
que temer... Y usted, señora, escuche y calle, y no me ponga en
términos de hacer un desatino... Deme usted ese papel... (_Quitándola
el papel de las manos á Doña Irene._) Paquita, ya se acuerda usted de
las tres palmadas de esta noche.
D.ª FCA. Mientras viva me acordaré.
D. DIE. Pues este es el papel que tiraron á la ventana... No hay que
asustarse, ya lo he dicho. (_Lee._) «Bien mio: si no consigo hablar
con usted, haré lo posible para que llegue á sus manos esta carta.
Apenas me separé de usted, encontré en la posada al que yo llamaba
mi enemigo, y al verle no sé como no espiré de dolor. Me mandó
que saliera inmediatamente de la ciudad, y fué preciso obedecerle.
Yo me llamo D. Cárlos, no D. Felix... Don Diego es mi tio. Viva
usted dichosa, y olvide para siempre á su infeliz amigo.—_Cárlos de
Urbina._»
D.ª IRE. ¿Con que hay eso?
D.ª FCA. ¡Triste de mí!
D.ª IRE. ¿Con que es verdad lo que decia el señor, grandísima
picarona? Te has de acordar de mí. (_Se encamina hácia Doña
Francisca, muy colérica y en ademan de querer maltratarla, Rita y D.
Diego procuran estorbarlo._)
D.ª FCA. Madre... Perdon.
D.ª IRE. No señor, que la he de matar.
D. DIE. ¿Qué locura es esta?
D.ª IRE. He de matarla.
ESCENA XIII.
D. CARLOS, D. DIEGO, DOÑA IRENE, DOÑA FRANCISCA, RITA.
D. CAR. Eso no... (_Sale D. Cárlos del cuarto precipitadamente: coge
de un brazo á Doña Francisca, se la lleva hácia el fondo del teatro,
y se pone delante de ella para defenderla. Doña Irene se asusta y se
retira._) delante de mí nadie ha de ofenderla.
D.ª FCA. ¡Cárlos!
D. CAR. Disimule (_Acercándose á D. Diego._) usted mi atrevimiento...
He visto que la insultaban, y no me he sabido contener.
D.ª IRE. ¡Qué es lo que me sucede, Dios mio!... ¿Quién es usted? ¿Qué
acciones son estas? ¿Qué escándalo?
D. DIE. Aquí no hay escándalos... Ese es de quien su hija de usted
está enamorada... Separarlos y matarlos, viene á ser lo mismo...
Cárlos... No importa... Abraza á tu muger.
(_D. Cárlos va adónde está D.ª Francisca: se abrazan y ambos se
arrodillan á los piés de D. Diego._)
D.ª IRE. ¿Con que su sobrino de usted?
D. DIE. Sí, señora, mi sobrino: que con sus palmadas, y su música,
y su papel, me ha dado la noche mas terrible que he tenido en mi
vida... ¿Qué es esto, hijos mios, qué es esto?
D.ª FCA. ¿Con que usted nos perdona y nos hace felices?
D. DIE. Sí, prendas de mi alma... Sí. (_Los hace levantar con
expresiones de ternura._)
D.ª IRE. ¿Y es posible que usted se determine á hacer un
sacrificio?...
D. DIE. Yo pude separarlos para siempre, y gozar tranquilamente la
posesion de esta niña amable; pero mi conciencia no lo sufre...
¡Cárlos!... ¡Paquita! ¡Qué dolorosa impresion me deja en el alma el
esfuerzo que acabo de hacer!... Porque, al fin, soy hombre miserable
y débil.
D. CAR. Si nuestro amor, (_Besándole las manos._) si nuestro
agradecimiento puede bastar á consolar á usted en tanta pérdida...
D.ª IRE. ¡Con que el bueno de D. Cárlos! Vaya que...
D. DIE. Él y su hija de usted estaban locos de amor, mientras usted
y las tias fundaban castillos al aire, y me llenaban la cabeza de
ilusiones, que han desaparecido como un sueño... Esto resulta del
abuso de la autoridad, de la opresion que la juventud padece: estas
son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que
se debe fiar en el sí de las niñas... Por una casualidad he sabido á
tiempo el error en que estaba. ¡Ay de aquellos que lo saben tarde!
D.ª IRE. En fin, Dios los haga buenos, y que por muchos años se
gocen... Venga usted acá, señor, venga usted, que quiero abrazarle...
(_Abrazándose D. Cárlos y Doña Irene. Doña Francisca se arrodilla
y la besa la mano._) Hija, Francisquita. ¡Vaya! Buena eleccion has
tenido... Cierto que es un mozo muy galan... Morenillo, pero tiene un
mirar de ojos muy hechicero.
RITA. Sí, dígaselo usted, que no lo ha reparado la niña... Señorita,
un millon de besos. (_Doña Francisca y Rita se besan manifestando
mucho contento._)
D.ª FCA. ¿Pero ves qué alegría tan grande?... Y tú, como me quieres
tanto... Siempre, siempre serás mi amiga.
D. DIE. Paquita hermosa (_Abraza á Doña Francisca._) recibe los
primeros abrazos de tu nuevo padre... No temo ya la soledad terrible
que amenazaba á mi vejez... Vosotros (_Asiendo de las manos á Doña
Francisca y á D. Cárlos._) sereis la delicia de mi corazon, y el
primer fruto de vuestro amor... Sí, hijos, aquel... No hay remedio,
aquel es para mí. Y cuando le acaricie en mis brazos podré decir; á
mí me debe su existencia este niño inocente: si sus padres viven, si
son felices, yo he sido la causa.
D. CAR. ¡Bendita sea tanta bondad!
D. DIE. Hijos, bendita sea la de Dios.
FIN.
ÍNDICE
Páginas.
Personas 2
Acto primero 3
Acto segundo 21
Acto tercero 43
End of Project Gutenberg's El sí de las niñas, by Leandro Fernández de Moratín