halla junto al Campo de Marte, detras de San Nicolas; merece
verse; coleccion admirable de mujeres encantadoras, de belleza
artística.
Hay en Venecia buenos hoteles y cafés, tiendas elegantes,
profuso alumbrado de gas, sociedad amabilísima y fácil,
bibliotecas, muchísimos edificios notables, buenas librerías.
No tengo mas apuntes que consultar: escrito queda cuanto mi
memoria recuerda haber visto; salí de la ciudad para regresar á
Milan, con la cabeza y el corazon henchidos de recuerdos que
conservaré toda mi vida, con fervientes deseos de volver un dia,
con ardientes plegarias por la emancipacion de la
ciudad querida.
Con lo que yo ví, hay asunto para un volúmen; yo me he limitado
á trazar en compendio, y segun el órden de mis apuntes, todo lo
que queda apuntado.
Saludemos nuevamente á Venecia y emprendamos el camino de
_Turin_.
Pero ántes de salir de Venecia, tengo que apuntar una cosa que
habia olvidado.
El mismo dia que llegué á Venecia, chocóme, y lo pregunté,
porqué las airosas góndolas que recorren las calles están
vestidas de luto, con bayetas negras.
Yo, con mi carácter exaltado, supuse, ántes de preguntarlo, que
seria una manifestacion de luto nacional por la pérdida de la
independencia; halagué esta idea, y temí que no fuera cierto mi
pensamiento, y en verdad no lo era.
Un veneciano que tenia pretensiones de erudito, me contó con
aire melodramático la historia de Faliero y su trágica muerte,
haciendo partir de este acontecimiento la costumbre de tener
enlutadas las góndolas.
Esta explicacion no me satisfizo, porque bien se deja entender
que aparte de que fué justa y ejemplar la sentencia de Marino,
el senado y el dux no hubieran tolerado una manifestacion tan
contraria á sus soberanos decretos.
Nada repuse á mi compañero, callé y tan luego como supe donde
estaba la Biblioteca, hice lo que siempre que tengo una duda,
busco inmediatamente el medio de resolverla.
En mi calidad de extranjero, nada tenia de extraña mi pregunta:
me dirijí al que me pareció ser director del Establecimiento, y
con extrema cortesía satisfizo mi curiosidad.
La cuestion es muy sencilla: los nobles de Venecia, dados á la
opulencia y al lujo, empezaron con sus elegantísimas góndolas,
que es como si dijéramos coches de gala, á oscurecer las del
dux. El fausto fué creciendo cada dia: el Gran Canal víóse
henchido de magníficas góndolas, con incrustados de márfil, con
estupendas molduras, con cortinajes y pabellones de damasco.
Despertóse un sentimiento muy pronunciado de rivalidad que dió
orígen á enemistades, duelos, y crecidísimos dispendios en
las familias.
El momento habia llegado; el Senado veneciano, que jamas se
dejaba imponer, y que en mas de una ocasion tuvo arranques que
no correspondian á un poder republicano, dispuso, é hizo bien á
mi juicio, en atencion á las fatales consecuencias que producia,
que todas las góndolas, sin exceptuar una, fueran iguales, y
estuvieran cubiertas con una bayeta negra.
La ley se ejecutó, y hoy está aun en vigor; hé aquí todo
explicado.
De Venecia regresé á Milan deteniéndome en Verona: ya he hablado
de esta ciudad. En Milan visité de nuevo la catedral, y teniendo
que volver á Suiza sin atravesar los Alpes por el peligroso y
encantador paso del San Gotardo, decidí dirigirme á Turin, para
entrar en Suiza por el Monte Cenis y la Saboya: así lo ejecuté.
En Milan tomé billete en la diligencia hasta Novara, cuya
distancia se recorre en siete horas.
La carretera es sobradamente buena, no deja nada que desear;
pintoresca y deliciosa la campiña.
Al cruzar la frontera de Milan para entrar en territorio
piamontes, ántes de Novara, la policía austríaca detuvo una hora
la diligencia, nos registraron los equipajes, hojearon y visaron
los pasaportes; y con el pecho prodigiosamente dilatado, con el
júbilo del que sale de un calabozo para recobrar la libertad
querida, con el alivio de una ponderosa carga que me oprimia,
salí del territorio que profanan los tudescos, y pisé el
libérrimo suelo del _Piamonte_.
Habia salido de Milan á las seis de la mañana, entré en Novara á
las dos de la tarde. Inmediatamente se agolparon á mi cabeza
todos los recuerdos de Cárlos Alberto, y solo así me interesó
Novara, que en verdad tiene poco que ver.
Quizá un pensamiento de ambicion fué causa de la derrota de
Cárlos Alberto; quizá la ambicion que en Novara se mostró fué
orígen de deplorables acontecimientos... ¿Quién sabe si á no ser
por ella Milan y la heróica Venecia no hubieran sacudido su
ominoso yugo?
En Novara estuve una hora: á las tres de la tarde subí á uno de
los coches del tren que salia para Turin, y á las diez de la
noche entré en la capital del Piamonte.
El camino de hierro que une Turin con Novara está muy bien
acabado; sus terraplenes y nivelaciones, acertadamente
concluidos, prestan al movimiento de los carruajes una
facilidad suma.
Ninguna poblacion notable se encuentra en todo el trayecto: la
campiña es deliciosa y alegre, está bien cultivada: las
estaciones todas muy animadas, el servicio está bien atendido.
A media legua de Turin hicimos alto: todos los viajeros y
equipajes se trasladaron á los ómnibus que aguardaban, media
hora despues entramos en Turin.
El camino de hierro no estaba completamente terminado mas que
hasta el sitio indicado. Hoy llega á Turin.
#TURIN.#
La capital del Piamonte, que yo habia soñado bellísima, es una
ciudad muy linda, no puede negarse, pero extremadamente monótona
é insustancial.
Todas sus calles están cortadas por el mismo patron; fastidia y
cansa una igualdad tan estudiada: sus arcadas magníficas, que
prudentemente repartidas hubieran dado fisonomía á la ciudad,
hermoseándola, encierran la vista en círculo tan limitado y
monótono que cansan hasta el disgusto.
Aunque la ciudad es pequeña abundan las colosales plazas: la mas
bella para mí es la de _Victorio Emmanuel_, al extremo de
la ciudad.
Su extension es prodigiosa; hállase circuida por tres fachadas
de indispensables arcos, elevados y espaciosos como todos.
Ciérrase en forma de semicírculo por el lado de la larga calle
que conduce en línea recta á la plaza del _Palazzo Vecchio_.
A los piés de la inmensa plaza se tiende el histórico Pó, con
sus cristalinas y abundantes ondas. Desde el centro de la citada
plaza se ofrece un cuadro muy pintoresco: el caudaloso rio, que
salva un elegante puente de piedra de cinco arcos, al fin del
cual, y dando frente, se levanta la iglesia de la _Gran Madre di
Dio_, con su esbelta cupulita por corona, y un humilde peristilo
con columnatas por frente: á derecha é izquierda y cerrando el
horizonte, artísticas montañas, vestidas pomposamente
de verdura.
A la derecha, y situado sobre una pintoresca colina, se presenta
un convento de frailes; á la izquierda, la bellísima iglesia de
la _Superga_, con elegantes columnas, dos torres y una
airosa cúpula.
Antes de pasar adelante quiero apuntar la impresion que me
produjo la vista de los frailes.
En Venecia fué donde por primera vez pude examinar de cerca un
monje. Acostumbrado á oir hablar de ellos desde mi niñez, en el
sentido que hoy se hace; persuadido yo de que es una institucion
que pasó para fortuna de la humanidad, y que pasó para no volver
jamas; sin tener una idea precisa de ellos, porque en España
fueron abolidos cuando yo tenia siete años, confieso francamente
que al pasar junto á mí el primero que se ofreció á mi vista en
Venecia, me separé espontáneamente por un movimiento casi
repulsivo.
Le observé con curiosidad suma, y cuando le perdí de vista, me
felicité nuevamente, como lo habia hecho otras veces, de que no
les hubiera en mi pais.
Estoy hasta la evidencia convencido de que los monjes han pasado
para siempre y por fortuna; las instituciones humanas todas
tienen su época.
Otra de las buenas plazas de Turin es la de _Carignano_: ancha y
espaciosa, con majestuosos edificios.
La plaza del Palacio Viejo, detras del cual reside el rey de
Cerdeña en un edificio que llaman palacio, por equivocacion sin
duda, es grande y despejada como todas las de la ciudad: á ella
desembocan las calles mas elegantes, donde el comercio tiene sus
lujosas tiendas[24].
El Palacio Viejo, que aislado se ofrece en medio de la plaza, no
logró interesarme un minuto á pesar de su antigüedad venerable y
su color histórico. Sus lienzos desiguales y abandonados, sus
viejos torreones, su balconaje oscuro y pobre, su mezquina
estatura que no llega ni con mucho á la talla de los palacios,
todo su conjunto en una palabra no ofrece nada que admirar,
razon por la que seguimos adelante, y á la verdad que es un
apuro no pequeño para mí, que no sé donde llevar al lector: ¡tan
diferente es Turin de Venecia[25]!
Uno de los mas bellos ornamentos de la capital del Piamonte para
mí, es natural, y nada debe á los hombres.
Hablo de los magníficos Alpes, siempre portentosamente
admirables, con su secular cabellera de blanquísima nieve.
El nombre de la nacion indica sobradamente la situacion de los
Alpes en Turin: _Piamonte_, es decir, al pié de los montes.
Efectivamente, al entrar en muchas calles de Turin, rectas y
llanas en su mayor parte, preséntanse de repente los Alpes,
cerrando el horizonte, cerrando la calle, materialmente al pié.
Esta soberbia decoracion, que tanto me seduce y encanta,
hermosea á mis ojos las calles de _Torino_, cierra
majestuosamente los horizontes con montañas de plata que al
esplendor del sol deslumbran, nos ofrece dentro de la ciudad las
espléndidas magnificencias con que Dios engalanó su perfecta
obra, y embellece todo, el cuadro y los accidentes.
Esta tan íntima vecindad de los Alpes, hace que el invierno en
Turin sea excesivamente frio, si bien se neutraliza su accion
como en Suiza por la frecuencia y abundancia de las nieves.
Las iglesias de Turin, consideradas bajo el aspecto del arte, no
ofrecen absolutamente nada que admirar[26].
Es Turin quizá la única poblacion de Italia que carece de
templos monumentales, de iglesias donde el arte brilla: recorrí
muchas y no encontré una sola que merezca un elogio, se entiende
bajo la calificacion de artística.
Uno de los sitios mas pintorescos de los alrededores de Turin es
el llamado _Vigna della Regina_: frondosidad y verdura, alegres
y blancas casas, colinas lindísimas.
A poca distancia del Puente del Pó, que une como ya he dicho la
plaza de Victor Manuel á la iglesia de la Gran Madre de Dios,
acaba de construirse un puente colgante que yo crucé despues de
haber pagado una corta cantidad que exigen por el paso, segun
sucede en Lóndres en varios puentes.
El _Dora_ corre tambien por Torino.
Una gran calle, anchísima y espaciosa, con dobles filas de
árboles, rodea la ciudad por un lado; es un paseo muy bueno que
hermosea la proximidad del Pó.
En Turin existen muchas librerías que surte en su mayor parte el
comercio de Paris: encuéntranse muchos y buenos libros: los
gabinetes de lectura y las bibliotecas, así como los demas
establecimientos literarios de Turin, están bien montados y
comprendidos.
En materia de hoteles y cafés hay abundancia, en especial de los
últimos, que por todas partes se encuentran. Los teatros, á
excepción del Real, son de pobre aspecto; estaban muy poco
animados cuando yo los ví: bien es verdad que la trágica Ristori
con toda la compañía del primer teatro de verso de Turin se
hallaba en Paris, donde despues la ví.
Asistí á una representacion de la _Linda_ en un miserable teatro
llamado _Cervino_, teatro que está á la derecha de la plaza de
Victor Manuel.
La compañía era detestable; la orquesta de provincia; el
interior del llamado teatro difícil de describir: la _Linda_ que
cantaron, muy fea, con perdon de Donizetti; que sea dicho con
verdad no la hubiera conocido. El mejor teatro de Turin es
el Real.
Una de las visitas que ningun extranjero debe dispensarse en
Turin es la del Museo Egipcio.
El edificio en que se halla la coleccion egipcia es un antiguo
palacio que está en una de las principales calles de Turin, la
calle Nueva.
En el mismo establecimiento hay una corporacion literaria y un
gabinete de agricultura.
Segun me dijeron en Turin, la coleccion de momias y bustos
egipcios de que hablo, fué reunida y comprada por un frances que
queria vendérsela á Luis Felipe. Parece que no habiéndose
convenido en el precio, Cárlos Alberto ofreció lo que pedian y
la obtuvo, enriqueciendo de este modo su pais con una rara y
preciosa coleccion.
En el piso bajo del edificio, ocupan dos salones, estatuas,
bustos, columnas y restos de templos, todo egipcio puro, con sus
correspondientes jeroglíficos y sus ininteligibles
inscripciones.
Es curiosísima esta coleccion, y digna por mas de un concepto de
ser visitada.
Allí, en presencia de aquellas columnas, la antigüedad renace, y
el Egipto, que ántes que la Grecia misma fué cuna del saber y de
una civilizacion muy adelantada, sobre todo en artes, se ostenta
todavía jóven y artístico.
Hay allí cinco ó seis estatuas de los infinitos dioses que el
politeismo egipcio creó para halagar sucesivamente todas las
pasiones, aun las mas torpes. Tambien se encuentran en esta
coleccion cuatro ó cinco templos egipcios en miniatura; dan una
exacta y cumplida idea de los verdaderos, porque contienen hasta
el mas pequeño detalle.
En el último piso están las momias, perfectamente conservadas é
intactas, despues de los siglos que cuentan.
Entre ellas hay una de un sacerdote egipcio de remota
antigüedad: cuéntanse diez y seis ó diez y ocho admirablemente
conservadas.
El gabinete de historia natural es tambien curioso: se compone
de riquísimas colecciones de aves, cuadrúpedos, pájaros, etc.,
etc., en muy buen número.
Hay unos empleados muy amables, que, mediante cierto saludo
expresivo de manos, explican y enseñan todo.
Allí tambien, como en el nuestro de Madrid, se enseña muy bien
disecado y puesto el colosal esqueleto de un megaterio.
Los tres reinos mineral, animal y vegetal con sus diferentes
ramificaciones y familias, están dignamente representados con
ricas colecciones. El gabinete ocupa diferentes salones; los
objetos están muy bien clasificados.
El museo de pinturas, cerca del palacio que habita Victor
Manuel, es pobremente pobre y apénas merece una hora de exámen:
compónese en su mayor parte de copias, y los buenos maestros de
las escuelas de Venecia, Florencia y Roma no aparecen por allí.
El aspecto general de Turin, es el de un pueblo que cuenta
cuatro dias de existencia; todo es nuevo, todo es reciente,
todo moderno.
En vano se pregunta el viajero donde están los edificios que en
todas partes existen de las generaciones que fueron; inútil es
querer buscar el Turin del dia anterior; no se le encuentra,
porque no existe.
Esta circunstancia, muy atendible para mí, que busco en un
pueblo sus antecedentes y su pasado, unida á la de su cansada
monotonía de un todo igual, me hicieron abandonar Turin á los
pocos dias de mi llegada.
Esto mismo creo sucederá á todos los extranjeros que como yo
vayan con el único objeto de visitarle.
El sistema de comunicaciones, desde que el Piamonte ha entrado
de buena fe en la senda de un pueblo constitucional, que marcha
sin obstáculos á su desenvolvimiento y progreso, ha recibido un
impulso importantísimo, que ayudando á su presente enriquece ya
el porvenir, porque sabido es que las comunicaciones son hoy una
segura fuente de progreso y riqueza.
Parten de Turin diferentes líneas férreas bien construidas y
llenas de vida y animacion.
Por todos los sitios que recorren van repartiendo vida y
movimiento, aproximan los pueblos á la capital; cambian
ventajosamente, y con utilidad general, todos los productos;
promueven las obras de utilidad y de recreo por donde pasan, y
aumentan en una palabra la riqueza pública, como sucede en todos
los paises que cuentan buenas comunicaciones.
De Turin hay caminos de hierro á Novara, Génova, Alejandría y
Suse, al mismo pié de los Alpes.
Las líneas todas son muy importantes, en especial las de Novara
y Génova: los carruajes son buenos, excelente nivelacion,
movimiento y servicio.
El camino de hierro de Turin á Suse, línea de unas catorce
leguas españolas, habla muy alto en pro del Piamonte. La línea,
importante bajo todos aspectos, marcha por el lado de los Alpes,
y en direccion á la Saboya, venciendo grandes obstáculos
materiales, como son las faldas de esos tremendos montes que
rodean Turin.
Esta fué la que yo escojí para regresar á Suiza.
Salí de Turin á las tres de la tarde: á las cuatro y media
llegamos á Suse, tocando materialmente con el Monte Cenis, y por
consiguiente con inmensas alturas que subir.
Su paso por allí es ya imposible; yo habia tomado billete desde
Turin á Ginebra: llegado á Suse subí á la diligencia, tirada por
catorce vigorosas mulas, y despues de subir constantemente nueve
horas, llegamos á la cima del altísimo monte, coronado de nieve
resplandeciente.
Eran las dos y media de la madrugada; en un hotel que allí
existe tomamos café con leche, y seguimos nuestro camino, que
desde allí es de descenso, y de descenso constante, no
interrumpido un momento hasta llegar al mismo Ginebra.
El camino es soberbio, imponente, magnífico: los Alpes, esos
portentosos montes que he tenido el sin igual placer de cruzar
por diferentes sitios; esas altísimas montañas que el grande
hijo de Cartago atravesó el primero, por uno de los milagros que
abortó su genio, se ofrecieron de nuevo á mi admiracion al
atravesar la Saboya.
Valles profundos henchidos de nieve, cascadas bulliciosas y
brillantes, precipicios de inconmensurable grandeza, el pequeño
San Bernardo, colinas seculares de perfiles y contornos
pintorescos, una asombrosa carretera que los salva y cruza desde
el lado de Suse, cerca de Turin, hasta las mismas calles de
Ginebra, todos estos accidentes reunidos, hicieron de mi viaje
un estudioso y agradable recreo, que me produjo una no
interrumpida serie de emociones halagüeñas.
A media legua de Chambery, capital de la Saboya[27], empiezan á
verse las magníficas y numerosas casas de campo que la
aristocracia de Saboya y los ingleses y alemanes que viajan han
levantado en su derredor. Es un delicioso sitio de recreo en los
meses de verano, con la agradabilísima vecindad de los Alpes, el
pintoresco Chamouny, el Monte Blanco, el hospicio de San
Bernardo, y los _Glaciers_.
La capital de la Saboya tiene muy pocos encantos para el
viajero: solo hay dos calles buenas: al fin de la principal, se
levanta un monumento consagrado á un hombre verdaderamente
grande y modesto: es una fuente de mármol, coronada por una
estatua de bronce, busto del ilustre ciudadano de Chambery[28]
que legó parte de sus inmensos bienes á los pobres; que levantó
y fundó con bienes raices propios la casa de expósitos, que
detras de su estatua se levanta, que creó y dotó una escuela de
educacion gratuita para los pobres, y que hizo enfin otras
muchas obras de relevante caridad, que granjeándole el amor de
los que le conocieron, le ha asegurado la veneracion de los que
viven y el respeto de los que vendrán.
Hay en Chambery dos buenos hoteles y otros muchos medianos, un
teatrito, una catedral curiosa, algunos cafés, y una calle de
tiendas elegantes.
Desde Chambery á Ginebra, se encuentran algunos pueblos
importantes: la campiña está bien cultivada, en cuanto se puede,
y es muy limpio y alegre el aspecto de los pueblos que salen al
paso desde Chambery á Ginebra.
Llegué á esta última ciudad que ya he descrito al hablar de
Suiza, y desde Ginebra á Berna, encontré mas comodidades que en
ningun pueblo de Europa.
Hice la travesía en catorce horas, pasando por Yverdon y
Neuchatel, viajando en vapor por lagos, en vapor por tierra, en
diligencia y en ómnibus, todo en poco tiempo, y
admirablemente bien.
Y aquí terminan mis apuntes del viaje á Italia: el recuerdo
agradabilísimo de Venecia le guardará eterna y cuidadosamente mi
memoria: ninguna de las grandes capitales que he visitado, tanto
en Europa como en América, me ha producido la emocion que la
reina del Adriático hizo en mi ánimo; bien es verdad que Venecia
no se parece á ninguna ciudad.
El paso de los Alpes por el San Gotardo merece por sí solo un
viaje: buen recuerdo tambien.
La Italia tiene excelentes carreteras, y los medios de
comunicacion reciben todos los dias un grande impulso.
El Piamonte marcha á la cabeza de los demas pueblos de Italia, y
sus vias férreas bien construidas, abarcarán dentro de poco y
sujetas á un solo centro comun, las diferentes provincias que
constituyen el reino.
Nada digo de Florencia, porque solo permanecí veinticuatro horas
en su recinto; fáltame visitar detenidamente Roma y Nápoles. Y
ahora que quedan recopiladas y en compendio mis impresiones de
Italia, el lector me sigue á una corta expedicion al que fué un
dia teatro de Lola Montes, y desde allí á Viena.
#ALEMANIA.#
De Berna á Munich, capital de Baviera, hay solamente un paseo.
Esta circunstancia, que me proporcionaba el deseado placer de
conocer en pequeño la Alemania, el pueblo mas pensador de
Europa, me decidió á hacer un corto paseo de Berna á Munich, y
de allí á Viena.
Desde la capital federal de Suiza á Zurich, la diligencia
recorre la distancia en trece horas: allí se toma el corto
trecho que hay de camino de hierro, se vuelve á subir á la
diligencia por tres horas, y se llega á la frontera bávara, y
desde allí á Munich, camino de hierro, tres horas y media.
Las comunicaciones en Alemania tienen algo de diferente de todas
las demas de Europa: la grave formalidad que caracteriza á los
hijos de la Germania, hasta en el mas insignificante detalle de
la vida, imprime un carácter especial á todo lo que ellos hacen,
á todo lo que ellos emprenden.
La dignidad y el espíritu humilde reunidos, hacen de los
alemanes unos seres complacientes y formales, que yo prefiero
con mucho á la falsa é interesada cortesía de los franceses, á
la seca y desabrida aspereza de los ingleses, y á la humillante
insinuacion de los italianos.
Yo amo la Alemania: he tenido la complacencia y la satisfaccion
de ver confirmadas las opiniones que habia formado de las
naciones de Europa que he visitado ántes de salir de España.
Cierto es que para juzgar los pueblos es indispensable
visitarlos: el frecuente y continuado trato con los extranjeros
hace que desaparezca del todo y para siempre esa prevencion que
para tratarlos tiene aun el hombre mas instruido, cuando no ha
salido nunca de su pais. Se ven y aprenden muchas cosas nuevas,
se ensancha el círculo de los conocimientos, se toma una idea
cierta del estado de los pueblos que viven mas allá de las
fronteras de su pais, se adquiere insensiblemente y sin
advertirlo una suma de conocimientos especiales, se estudia, se
ve, se toca, se compara, se discurre con exactitud sobre la
grandeza y decadencia de las naciones. Se analiza el espíritu
público de cada pueblo, se asiste á su vida interior, se aprende
mucho en una palabra.
No hay libro mas precioso que el del viaje, que es, por decirlo
así, una geografía práctica: pero no es ménos cierto, reanudando
mi truncado pensamiento, que hay ideas generales que puede uno
formar sobre otros paises sin haber salido del suyo, y esas son
precisamente las que yo he confirmado con mis viajes.
Siempre mi predileccion al pasar revista á las naciones se la
acordaba á la Alemania.
Me apresuro á protestar contra la deduccion que pudiera hacerse
suponiendo que en política yo prefiero el sistema de la mayor
parte de los gobiernos alemanes: no, de modo alguno, y hasta
inútil era esta protesta, pues escritas y publicadas están mis
opiniones sobre el gobierno de Austria.
No, no hablo de eso; hablo de la Alemania inteligente, de la
Alemania pensadora, de la Alemania literata, de la Alemania
estudiosa y grave, de la Alemania instruida y profunda.
Es sin duda alguna la Alemania la nacion mas avanzada de Europa
en letras; el pueblo que mas medita y lee, el pueblo que tiene
mas conciencia literaria, mas rectitud pensadora, si se me
permite la frase.
Al entrar en Alemania empieza á sentirse ya el ruido de las
prensas que gotean libros, el vuelo de los ilustrados periódicos
que circulan: empiezan á verse graves fisonomías que el estudio
y solo el estudio plega; no el tumulto político como en otros
paises, no la aturdida existencia como en los mas.
En Alemania, al reves que en Francia, se lee y estudia mas que
se escribe. ¿Pero por ventura pueden compararse en algo esos
dos pueblos?
La España literaria es muy apreciada en Suiza y Alemania, y en
Inglaterra tambien; en Alemania sobre todo, donde sin cesar se
estudia y traduce, comenta y admira, el tesoro literario de
nuestro pais.
Pero vamos á entrar en Munich, que sinó no llegarémos nunca.
Una circunstancia indispensable para el extranjero que visita la
capital de Baviera y quiere sacar todo el partido posible, es
... la de saber sepultar en su estómago una docena por lo ménos
de vasos de cerveza, por dia se entiende, si puede beber mas
tanto mejor.
No es broma lo que acabo de apuntar, es exacto, se bebe cerveza
todo el dia y en todas partes, con ella se entablan las
ilustradas polémicas literarias que forman la vida de Munich;
ella segun parece facilita el uso de la palabra; discútense
artes, literatura, historia, todos los dias, siempre; ¿pero
cómo? admirable, admirable, con profundo conocimiento, con
espíritu clarísimo, con sana y elevada crítica.
En Alemania se pasa todos los dias revista á las literaturas de
Europa, pero revista concienzuda, razonada, profunda.
Para gozar del inmenso encanto, que para mí lo es, de discutir
sobre letras, es necesario saber beber cerveza; no es la cerveza
de Lóndres, no es la _pale-ale_ que dan en las tabernas de la
capital de Albion y que los ingleses tanto aprecian, no, es una
cerveza agradable que me gustó mucho, muchísimo, pues con ayuda
de ella presencié animadas é interesantísimas discusiones.
La primera visita del extranjero en Munich es la de la célebre
galería de pinturas que enriquece la ciudad[29].
Hay ciertamente mucho que ver y admirar en el museo de Munich.
Se compone de nueve salas; hay colecciones soberbias de pintores
flamencos y alemanes; riquísimos lienzos de la escuela italiana,
y cuadros portentosos de la española; hay Murillos, Zurbaranes y
Velasquezes; la galería de escultura es rica en monumentos de
Grecia antiquísimos y en obras de Canova.
A la formacion del museo de Munich ha presidido el órden y el
buen gusto: el ilustrado monarca que ha estado al frente de la
nacion hasta hace poco, ese monarca artista que ha hecho tantos
viajes á Roma solo por estudiar, que tanto ha protegido á los
artistas, ha consagrado muchos desvelos á la magnífica galería
de que hablo.
Todos los lienzos que allí se admiran, todos los cuadros que la
constituyen, están cada uno en su puesto, ocupando el lugar que
les pertenece en la historia del arte seguida allí paso á paso
desde su orígen y desarrollo sucesivo hasta el apogeo de su
gloria en tiempo de los Rafaeles y Murillos. En la colocacion de
los cuadros se ve la mano entendida y sabia de los alemanes: no
sucede así en otros museos que he visitado en otros paises: ¡qué
desórden que traduce ignorancia!
El inteligente en pintura tiene horas deliciosas que pasar en el
museo de Munich: allí se estudia y se admira, hay muchas obras
maestras, hay prodigios de arte, hay muchos lienzos soberbios; y
como yo no soy pintor y en los museos me limito á admirar,
concluyo recomendando á todos los que vayan á Munich no se
salgan sin conocerle.
Una de las mejores calles de Munich, que yo recorrí muchas
veces, porque me placia estudiar aunque de paso la fisonomía de
las tiendas y las casas, es la de _Ludwig-Strasse_, larga,
ancha y bella.
Los comercios y las tiendas, con ese carácter especial que yo
encuentro en todo lo que es aleman, con esa exactitud y
formalidad peculiares, merecen verse detenidamente. Entrando en
los comercios, aunque no se compre, solo por el gusto que yo
tengo en todos los pueblos extranjeros de ver y oir, de ver
hasta los detalles, de oir la manera de expresarse, se aprende y
se estudia.
Aparte de esta calle, hay otras muy buenas y elegantes[30], pero
es sin duda la mejor la citada. Tiene Munich un teatro magnífico
de ópera próximo al Palacio Real, donde ademas se representan
comedias: uno y otro en aleman, como sucede en Suiza, donde he
oido casi todas las óperas del repertorio aleman. Cuéntanse
otros varios teatros.
El viajero encuentra en Munich excelentes hoteles, cafés y
paseos: inútil es añadir que existen muchas ricas bibliotecas
donde se lee y estudia mucho.
La Biblioteca central, una de los mayores de Europa, es rica
sobre todo en manuscritos: los hay del octavo y noveno siglos.
La coleccion numismática es preciosísima y numerosa: monedas
griegas y romanas de la mas alta antigüedad. Un libro magnífico
que posee la citada biblioteca está enriquecido con grabados
originales de Durero.
La Biblioteca de la universidad se compone de 200,000 volúmenes:
hay otras varias, así como academias, liceos, catedras,
establecimientos literarios.
La sociedad de canto de Munich se compone de nuevecientos
miembros: se dan magníficos conciertos en el Odeon: cuéntanse
muchos casinos.
Las iglesias principales de la capital de Baviera son la de San
Miguel, la catedral, con sus altas torres, la elegante iglesia
de San Luis, y el lindísimo templo de San Pedro.
La poblacion de Munich, segun el último censo, se compone de
110,000 habitantes. Tienen, como en todas partes, establecida la
libertad de cultos, pero la mayoría es católica en Munich.
El templo de la Gloria, que se levanta gallardo sobre la altura
Sendling, es de estilo dórico: contiene doscientos bustos de
celebridades nacionales. Delante del edificio se admira una
colosal y grandiosa estatua de bronce.
El rio Isar corre cerca de Munich, y alegra y fertiliza su
campiña. Merecen una visita los alrededores, y en especial el
famoso sitio de recreo, llamado Schleissheim: dista media legua
de la ciudad, y en él se conserva una preciosa coleccion de
cuadros, entre cuyas firmas ilustres están Van-Dyck, Rubens,
Tintoreto y otros privilegiados artistas.
Las principales plazas de Munich son las de Maximiliano, José,
Odeon, Panaderos y otras dos cuyos nombres no recuerdo.
Cuéntanse algunas estatuas dedicadas á la Virgen, lo cual me
llamó bastante la atencion, pues solo en Italia las habia visto.
En Munich abundan los gabinetes de lectura; y tanto las casas de
beneficencia como de instruccion están bien comprendidas.
Las cárceles en su sistema y organizacion interior no dejan nada
que desear.
La familia, principal fundamento de una sociedad, descansa en
Baviera sobre la ancha base de la moral, y del hogar doméstico
salen excelentes ciudadanos.
El pueblo sabe leer y escribir, y este santo pan del alma, que
se llama instruccion, que regatean y escasean en muchas naciones
de Europa los gobiernos, se otorga y se sirve abundantemente al
pueblo en Munich y en la Alemania toda, en especial en Sajonia,
que con la Suiza componen las dos naciones del mundo donde la
instruccion está mas extendida.
Uno de los magníficos edificios de Munich es el palacio real,
tan bello en su interior como por fuera. Una de las salas de que
consta se llama _Salon de las Hermosas_: allí están los retratos
de todas las queridas que ha tenido el monarca, entre las que ví
á nuestra turbulenta y célebre compatriota, la Lola Montes, en
pintura se entiende. El palacio está elegantemente vestido y
decorado; el arte y el buen gusto le llenan[31].
La universidad de Munich, á la cual asisten jóvenes de todas las
naciones, suministra á la capital de Baviera una agradable
novedad para el extranjero.
El contingente de estudiantes que allí se ven, diferentes de los
de otros paises, en trajes, en costumbres, en todo, anima la
ciudad, suministra asuntos á periodistas y escritores, da una
cifra respetable por año á la estadística del consumo de cerveza
y tabaco, asusta á mas de cuatro maridos, se bate en desafíos,
discute, se mueve, bulle, hormiguea[32].
El paseo de los Jardines próximo á las cuatro hermosas calles
que se cruzan, formando tan pintoresco cuadro, es el punto de
cita y reunion de la sociedad de Munich. Los jardines del Tivoli
y Hofgarten son tambien deliciosos.
#VIENA.#
La capital del Austria, situada en una llanura, rodeada de
muchas y variadas colinas, aparece desde luego á la vista del
viajero como una ciudad de importancia.
La descripcion que en mis apuntes encuentro es breve y concisa:
habiendo solo permanecido quince dias en Viena, no me fué
posible estudiar con detencion cuanto la capital contiene digno
de ser visto: sin embargo, como mi única ocupacion en Viena
fuera la de recorrer y visitar lo mas notable, creo que el
capítulo sobre Viena, aunque corto, no dejará de contener
algunos datos y noticias.
De Leipsick y Praga, ciudades que solo visité al pasar, nada
podré decir; por lo tanto entremos en Viena.
El Danubio, ese imponente y majestuoso rio que ha presenciado
tantas batallas y sido testigo de acontecimientos tan
importantes, atraviesa y rodea Viena con sus ondas alguna vez
turbulentas. El aspecto del rio, subdividido en tantos canales y
cursos diferentes como en Viena ofrece, no responde á la idea de
grandeza que de él se forma el que aun no le ha visitado.
Las calles de Viena, á excepción de las modernas, son en general
estrechas. El aspecto general de la ciudad no es el de una
capital de la Alemania: la fisonomía de algunos palacios semeja
mas bien la Italia. Hay sin embargo alguno que otro edificio
gótico que recuerda la edad media y que presta colorido antiguo
á la ciudad.
La iglesia mas imponente y majestuosa de Viena es la de San
Esteban: su elevado campanario domina todos los edificios y
asoma su alta cabeza por encima de todo.
El pensamiento religioso, simbolizado en San Esteban, corona
todos los ruidos, sirve de cúpula á todas las ideas y ampara y
patrocina todas las emociones. Como la iglesia sea el templo mas
democrático posible, donde todas las desigualdades se nivelan, ó
al ménos deba serlo, segun el pensamiento de Jesucristo, no
encuentro que merezca censura la idea de dar á las iglesias
cristianas la talla mas alta entre todos los edificios.
La torre de San Esteban es un resúmen en cierto modo de la
historia del Austria y de su arte: comenzada en 1100 solo ha
podido levantarse airosa y esbelta en 1307, empleándose en su
construccion mas de dos siglos y retratando en ella mil
vicisitudes y recuerdos. El interior del templo responde á lo
que desde fuera anuncia: es majestuoso y severo.
La iglesia de los Agustinos vale la pena de ser vista por mas de
un concepto: aparte de la belleza del edificio, el célebre
Canova tiene allí una de las mejores páginas que en mármol ha
escrito su inspirado cincel. La tumba de la archiduquesa
Cristina, mausoleo magnífico que la vanidad ha levantado, dió
orígen, y por ello ya merece perdonarse, á que Canova, el
escultor sin rival, desplegara todo su talento en la obra. Los
que amen las artes, por poco que entiendan de escultura, no
salgan de Viena sin visitarla.
Otro templo notable es el de San Pedro, construido el año 800
por Carlo Magno. Su venerable antigüedad y su belleza artística
atraen la mirada del observador y contentan la imaginacion, que
gusta de contemplar un pasado tan lejano y sin embargo tan firme
y robusto.
En Viena, no obstante dominar casi exclusivamente la religion
católica, tienen tambien la buena suerte de tolerar las demas:
hay templos para todos los cultos, y colocados unos en frente de
otros, no hay indiferencia ni hipocresía.
El palacio del Emperador no es seguramente uno de los mejores de
Europa; es modesto y nada mas: en el jardin que por un lado le
adorna se levanta una estatua dedicada á Francisco I. La plaza
de armas, próxima al palacio, da frente al Jardin del Pueblo,
cuyo título no he comprendido aun; en la capital de un imperio
gobernado con las formas absolutistas, me figuro que es lo que
los franceses llaman una _plaisanterie_, aunque no del
mejor gusto.
Las calles principales son las de _Herngasse_, de los Señores,
la _de la Puerta del Cielo_ y otras cuatro ó cinco. Me llamó
mucho la atencion el observar que con bastante frecuencia el
viajero encuentra en las calles y plazas columnas dedicadas á la
Virgen, á la Trinidad y otros símbolos religiosos. Yo encuentro
que las manifestaciones mas expresivas en materia de religion
son las de las acciones verdaderamente cristianas, que huyen la
luz y el espectáculo, ocultándose en el santuario de la
conciencia. Pero en fin, como que tengo una singular
complacencia en tolerar todo respetando las opiniones de los
demas, nada digo en contra, emito solamente mi parecer.
Las plazas mas grandes que yo tuve ocasion de ver en Viena, son
la de la _Harina_ y la de _José_: ámbas son espaciosas y
monumentales. El viajero que guste conocer lo antiguo de las
ciudades, tiene diferentes visitas que hacer; hay algunos
edificios que merecen ser vistos. Abundan las fuentes en las
plazas, lo cual es muy bueno.
Los establecimientos de beneficencia están admirablemente
comprendidos y organizados en Viena: los pobres, esos
desheredados de la fortuna, que el mundo apénas se digna mirar,
la religion suavísima y tierna del Crucificado los recoje
cariñosa y los abriga con amor en sus templos hospitales: los de
Viena dejan muy poco que desear, son admirables.
Los establecimientos literarios en Viena, como en toda Alemania,
llaman poderosamente la atencion. Esta parte de la Europa, que
la elegante Madame de Staël ha llamado la patria del
pensamiento, y que es en verdad el oriente de donde nos viene la
luz en materia de adelantos científicos, consagra un cariñoso
cuidado á reunir libros y monumentos literarios.
La biblioteca principal de Viena contiene 300,000 volúmenes,
pero de obras escogidas, de tesoros de inteligencia y saber.
Allí, los monumentos mas preciosos que la ciencia ha levantado,
se encuentran reunidos: allí, en presencia de tanto y tan
magnífico caudal de ideas, el hombre comprende su dignidad, su
grandeza y los altos fines para que ha sido creado. Allí reina
la inteligencia, soberana del mundo, allí se respira el aire de
la gloria, allí se levantan esas altas pirámides que señalan el
camino del mundo, allí están reunidos los héroes del
pensamiento, los atletas de la inteligencia, allí está la
verdadera aristocracia de la humanidad, que cuenta por blasones
300,000 volúmenes: allí está el orgullo de las sociedades, la
riqueza del porvenir, la gloria del pasado, el honor de las
presentes edades.
En la biblioteca de Viena, los filósofos, sabios y escritores de
todos los climas y lenguas, hermanos, por el parentesco del
alma, viven reunidos y en paz: allí está el mejor árbol
genealógico posible del humano linaje; esos son los
establecimientos que yo visito con placer y predileccion: nunca,
en ningun pais, he procurado ver las armerías, arsenales de
instrumentos de muerte que nada bueno pueden decir; las
bibliotecas honran una nacion; yo así lo creo; y haciendo un
punto á mis involuntarias reflexiones, digamos algo de la
biblioteca de Viena.
Las obras del Fénix de los ingenios españoles, del monstruo de
fecundidad Lope de Vega, que en España no poseemos completas, se
encuentran en la biblioteca de Viena, ocupando parte de una de
sus principales salas y cuidadosamente cuidadas.
La coleccion de manuscritos es riquísima é importante: los hay
de muchos escritores latinos, españoles, franceses é italianos:
los manuscritos del Taso que la biblioteca de Viena posee son
preciosos y de gran valía: el número de manuscritos que
enriquece la biblioteca se eleva á 16,000.
Hay ademas en la capital del Austria cinco ó seis bibliotecas,
con excelentes empleados á su frente y numerosas y preciadas
colecciones de libros. Las academias, ateneos, y demas
establecimientos literarios, responden á las necesidades
intelectuales del pais.
El Museo de pinturas es tambien notable: la sala italiana
contiene cuadros de Andrea del Sarto, Ticiano, Verones, Vinci y
otros; que al emperador de Austria le ha sido muy fácil adquirir
merced á su dominacion en Milan y Venecia.
La escuela española está dignamente representada en el museo de
Viena por Velasquez, Murillo, Zurbaran y Gano, cada uno de los
que tiene allí asombrosos lienzos de atrevida inspiracion.
Van-Dyck, Rubens, Rembrandt y otros artistas de gran mérito
enriquecen la coleccion de cuadros que allí se ha reunido.
Seis son los teatros que cuenta Viena, en la ciudad y en los
arrabales: el principal, situado cerca de la plaza de la
_Harina_, y donde se canta la ópera italiana, vale muy poco,
tanto por su escasa significacion artística como por su
defectuosa construccion acústica. En los meses de abril, mayo y
junio, temporada de la ópera italiana, se oyen en el teatro de
Viena buenos cantantes.
La vida en la capital del Austria tiene algo de la vida de una
provincia: diríase que todo está allí reglamentado y que á hora
fija y de antemano marcada todas las distracciones deben
terminar. Los espectáculos comienzan muy pronto; á las diez de
la noche todos los teatros y cafés están cerrados, y cada
ciudadano se retira á su casa, lo mismo, exactamente lo mismo
que en una ciudad de provincia, lo cual no es ciertamente muy
agradable.
El mejor paseo de Viena es el llamado del _Prater_, sitio muy
agradable, plantado con muchos árboles y embellecido con la
vecindad del Danubio. El _Prater_ es un punto de reunion muy
ameno y frecuentado; hay tambien diferentes jardines públicos,
bastante buenos.
El teatro en Viena, como en toda la Alemania, se alimenta con
traducciones: despues de Lessing, Schiller y Goëthe, que
hicieron esfuerzos sobrehumanos para emancipar á su patria del
tributo que pagan á las escenas extranjeras, nadie le ha
levantado de su postracion: la literatura dramática, propiamente
dicha, no existe en Alemania. Aparte de que la censura austríaca
corta el vuelo á la imaginacion, falta en Alemania un centro
donde haya lo que indispensablemente necesita un teatro para
existir: autores, público y actores. En Alemania, merced á sus
infinitas divisiones en pequeños reinos y ducados, todo está
disperso, como el espíritu nacional, que apénas existe.
Pero en cambio y compensacion suficiente, los estudios
filosóficos, el individuo, ya que no la sociedad reunida,
trabajan allí mas que en parte alguna del universo. La crítica,
el estudio de las ciencias, la filosofía, las averiguaciones
científicas, la polémica, el deseo del saber, la investigacion
de los secretos del arte, la meditacion y el estudio, toman allí
la principal parte de la vida, y de ahí el que los alemanes
doten todos los dias el mundo con nuevas obras de ciencia y
erudicion. Su clima y su espíritu, su lengua y sus costumbres
los señalan como los mas á propósito para investigar,
profundizar, descubrir: la filosofía trabaja la Alemania, muchas
y variadas escuelas la dividen, grandes y provechosas polémicas
la ilustran, discusiones admirables la iluminan. Ellos recojen
atentamente el espíritu humano, le analizan y le traducen en
libros. ¡Honor á la Alemania pensadora!
Los escritores alemanes, que ántes de publicar obra alguna han
estudiado mucho, que reciben una esmerada educacion literaria,
que aprenden familiarmente tres ó cuatro lenguas, dedican todos
los dias una especial atencion á nuestra rica literatura. Es
necesario verlo para juzgar de la grande predileccion que los
alemanes tienen por nuestra historia literaria.
Aparte de haber traducido y comentado una y mil veces el
portentoso Quijote, del cual casi todos los años publican una
nueva edicion: aparte de representar con mucha frecuencia en
todos los teatros alemanes comedias de nuestro teatro antiguo,
traducen y representan tambien las de nuestro moderno
repertorio.
Breton, Hartzenbusch, Vega, Espronceda (en sus poesías y Diablo
mundo) son familiares en todos los círculos literarios de la
sabia Alemania: el mismo Zorrilla, que nada tiene de poeta
dramático, ha visto su Don Juan Tenorio traducido y representado
en toda Alemania.
Se publican unas tras otras obras magníficas sobre nuestra
historia antigua y moderna, sobre nuestra literatura, sobre
nuestra novela: allí se conocen tan bien como en España mismo
las obras y biografías de nuestros escritores, las cifras de
nuestro movimiento literario, la vida de nuestras academias, el
vuelo de nuestro periodismo, nuestra filosofía.
Es admirable; yo tengo un inmenso placer al pagarlos este
merecido y justo tributo de gratitud hácia su señalado amor á
todo lo que es español.
Ellos, con sus poderosos medios de comunicacion, con su pujante
vida de movimiento literario, ponen en circulacion universal
nuestras obras, y nos hacen leer en todas partes.
A la España le toca por utilidad y gratitud aplicarse á estudiar
y difundir los tesoros literarios de la Alemania, apartándose á
todo escape de esa corrupcion y pobreza de la superficialidad
francesa, que sin título alguno invade nuestros dominios
literarios, extraviando la juventud, pervirtiendo el gusto, y
cegando nuestra poderosa facundia original con manantiales de
estéril trivialidad, de infecunda superchería.
Concluyo mi corto capítulo de la Alemania, recomendando los
excelentes hoteles de Munich, en especial los de la gran calle
de Luis: están muy bien comprendidas las necesidades del
viajero, y se sirve con excelente complacencia.
Mucho deseo poder escribir muy pronto las impresiones de un
viaje por toda la Alemania, nacion la mas estudiosa de Europa.
Estamos en viaje y nos trasladamos á Portugal.
#PORTUGAL.#
Lisboa, capital del lusitano reino, tan celebrada por su belleza
y grandiosidad, me produjo una impresion de desencanto; no
satisfizo mis esperanzas.
Yo que habia escuchado entusiastas descripciones de Lisboa; que
la imaginaba pomposamente gallarda, con el arrullo del Tajo á
sus piés; que á juzgar por lo que de su belleza habia leido
dibujaba en mi fantasía un cuadro de Paris, desperté con
disgusto de mi sueño al aspecto de la ciudad, no obstante verla
por su lado mas pintoresco, desde el mar, sobre el Tajo, á sus
piés, y á la luz de un hermoso sol naciente.
El capítulo sobre Portugal será corto: solo conozco Lisboa, que
he visitado dos veces.
A las cinco de la mañana de un dia clarísimo del mes de julio,
entró en la rada de Lisboa el vapor que desde Inglaterra
me condujo.
La ciudad, acostada todavía en el silencio, ofrecióse á mi vista
por el prisma mas bello que tiene.
El célebre Tajo, que un eminente poeta portugues ha cantado con
tan rica inspiracion, se tiende humilde y manso á los piés de
Lisboa: á juzgar por su riqueza de caudales, imita al poderoso
mar en majestad, pero sus tranquilas ondas cristalinas, sin
soberbia ni estruendo, confiesan su naturaleza de rio, pero de
gran rio. La ciudad, profusamente extendida, presenta un ancho
lienzo de casas en forma de anfiteatro, por estar como están
edificadas sobre colinas que avanzan hácia el puerto.
A la izquierda de Lisboa se distingue aunque confusamente el
lindo sitio de Cintra; alcánzase tambien en lontananza el
palacio de Belem y algunos otros edificios é iglesias.
La bahía es verdaderamente espaciosa y admirable: tranquilas y
serenas las olas del Tajo, reflejan en sus cristales los
edificios de la ciudad, que se ostenta sentada sobre
promontorios, artísticamente cortados.
El interior de Lisboa ofrece poco que de notar sea: sus calles,
con excepción de las modernas, bastantemente hermosas, están muy
mal empedradas, contándose muchas, mas de la mitad, sin esta
indispensable mejora, y en abandono completo.
Las casas, pobremente edificadas y de mezquina estatura, pues en
general solo se componen de uno y dos pisos, entristecen la
ciudad y la vista del viajero, que busca en vano la fisonomía de
una capital de nacion. Hay un crecidísimo número de callejuelas
estrechas y poco limpias, que no harian honor á una aldea: el
aspecto general de todo Lisboa no es de seguro el de una ciudad
que se esmera en la policía de las calles.
La desigualdad del terreno sobre que está sentada la capital
lusitana, y el poco interes que se han tomado por su nivelacion
posible, hacen que el que la visita y estudia se canse y fatigue
al recorrer sus tortuosas calles, en cuesta la mayor parte.
El terremoto que en el pasado siglo arruinó en su mayor parte
Lisboa es causa de la absoluta carencia de monumentos y grandes
edificios que hoy se nota.
Lisboa cuenta sin embargo con algunas calles de moderna
construccion, con buenas casas y elegantes comercios, animadas y
de buen aspecto.
Entre sus plazas principales sobresale la del Comercio;
elegante, espaciosa y gallarda: frentes de hermosas casas la
embellecen y adornan: en el centro se levanta sobre un pedestal
la estatua de Don José: esta plaza tiene muy buena situacion,
pues á sus piés está el puerto, desde el cual se ven los
infinitos molinos de viento que rodean toda la ciudad y que
hubieran proporcionado muchas peleas á nuestro inmortal Don
Quijote si por allí se hubiera dirijido, pues son muchísimos los
que á guisa de centinelas hacen la guardia á la capital,
agitando sus enormes brazos, que en el verano parecen querer
servir de abanicos que refresquen la atmósfera.
Yo llegué á Lisboa en julio, y ciertamente no dejó de chocarme
el aspecto de las mujeres del pueblo, envueltas en sus largas
capas que las cubren de piés á cabeza.... Dijéronme que era un
medio de preservarse del calor, y yo, por mas que hice, no pude
comprender la utilidad de semejante preservativo contra el sol
y el calor.
El uso del paraguas para preservarse del sol, que mas tarde lo
ví en América, donde se entiende, existe tambien en Lisboa.
Otra plaza notable tambien es la de Don Pedro: uno de sus
frentes le ocupa un teatro que estaban reparando cuando yo le
ví. En el centro se levanta un elegante pedestal que debe
sustentar una estatua: por lo visto los portugueses han tomado
el gusto de las estatuas de Lóndres, donde abundan en gran
cantidad: bueno es seguir las huellas de los que en Portugal son
tan escuchados.
La obra verdaderamente notable de Lisboa es el acueducto:
depósito inmenso que surte á toda la ciudad de aguas potables.
Su extension es verdaderamente prodigiosa, pues cuenta cerca de
tres leguas: se compone de altos arcos de piedra, con galerías
de pasmosa longitud. Los trabajos prácticados para tamaño
establecimiento han sido colosales, empleándose en él
cuantiosas sumas.
Al entrar por su puerta principal se ofrece un elegante patio
adornado de muchas columnas y estatuas: en su centro se ha
construido un algibe de gran profundidad: en algunos sitios, que
el terreno es sumamente desigual, los arcos que conducen las
aguas son de una altura extraordinaria.
En el piso superior hay una plataforma anchísima desde la cual
se domina toda la ciudad, con la vista del puerto.
Hay en Lisboa tres ó cuatro buenos hoteles entre los que merece
especial mencion el de Braganza. Los cafés y establecimientos
públicos son regulares: los palacios de Belem y las Necesidades
parecen mas bien casas particulares.
Hay pocos y feísimos carruajes de plaza: en las fuentes públicas
noté el mismo uso de las cubas de nuestros gallegos. No ví
ningun templo monumental ni de arte, la ciudad no es muy
animada, y su grande poblacion apénas se ve.
La vida del extranjero en Lisboa debe ser sumamente triste, si
se atiende á los pocos recursos con que cuenta la ciudad: faltan
caminos, no solamente de hierro, sinó de tierra. Los hilos
eléctricos, mensajeros de luz que en todas las naciones se
cruzan, faltan tambien en Lisboa.
No conozco detalladamente toda la ciudad, pero en todas las
calles y plazas que recorrí, busqué inútilmente gabinetes
literarios, no pude encontrar uno. En materia de bibliotecas,
una sola tuve ocasion de visitar.
Hay en un extremo de la capital, pero dentro de su recinto
todavía, un elegante paseo público, con buenos jardines y
riqueza de árboles.
La parte de la ciudad que da frente al puerto es la mas
pintoresca y hermosa.
Los teatros públicos son cuatro ó cinco, uno bastante bueno para
la ópera italiana: la comedia portuguesa tiene su teatro, y las
traducciones del frances tambien.
Las mas concurridas calles de Lisboa son las que rodean la
elegante plaza del Comercio.
Portugal ha entrado de buena fe en la senda del gobierno
constitucional: el ilustrado y jóven monarca que hoy ocupa el
trono, impulsará no lo dudamos el progreso en la nacion
lusitana: cuando las provincias se reunan con Lisboa por medio
de líneas férreas, cuando la frontera de España se aproxime á
Lisboa, cuando una union aduanera bien entendida la asimile á
España, la capital de Portugal cobrará mucha importancia y
significacion.
Hasta que ese dia llegue, nosotros hacemos votos por la
prosperidad de Portugal, nacion cuyo progreso y adelantamiento
deseamos sinceramente.
Y aquí, porque nada se me ocurre, porque creo que nada mas
merece recordarse en este libro, termina esta ligera nota sobre
la capital lusitana.
De todas las capitales que he visitado, solo he dicho lo
principal, sin extenderme demasiado aunque tenia asunto.
Con Lisboa me sucede lo contrario: he procurado alargar la
descripcion y no he podido; la culpa no es mia, la ciudad no me
ofreció nada, mi curiosidad no se satisfizo, mis esperanzas
fueron burladas.
Lisboa como capital es ménos que Turin.
#AMÉRICA.#
Para dirijirme á Rio Janeiro desde Inglaterra me embarqué en
Southampton, á bordo del vapor _Great Western_[33].
La ciudad de Southampton, de la cual nada he dicho al ocuparme
de Inglaterra, no merece mencion especial: es pequeña y triste:
á excepción de su concurrido puerto nada ofrece de interesante
al viajero. Por eso prescindo de su descripcion, y empiezo mi
viaje marítimo.
Yo no me habia embarcado nunca, pues aunque habia cruzado el
canal de la Mancha sin experimentar incomodidad alguna, tan
corta navegacion no merece el nombre de viaje marítimo.
Al poco tiempo de haber salido de Southampton, la niebla espesa
que casi todo el año envuelve las costas de Inglaterra, cercó
nuestro buque y quedamos envueltos en la neblina.
Entónces, el capitan, colocándose á la proa, mandó la operacion
que ordinariamente se hace en estos casos, consistente en herir
de minuto en minuto con un martillo una campana de metal, cuyos
ecos anuncian la marcha del buque, con objeto de evitar un
choque con cualquiera embarcacion, cosa que fácilmente sucederia
sin este aviso.
Cruzamos la ria de Southampton, el golfo de Gascuña, Finisterre;
pasamos por enfrente de Burdeos, y al cuarto dia de viaje
llegamos á Lisboa.
El _Great Western_, vapor que me condujo, es una colosal
embarcacion de 2,500 toneladas, con un puente de una extension
prodigiosa y unos anchos y soberbios salones.
Salimos de Inglaterra doscientos pasajeros, y cada uno tenia
cómodamente su puesto en la mesa, pues el comedor es un
magnífico salon. Los camarotes, de dos camas en su mayor parte,
son estrechos y poco confortables.
El trato que reciben los viajeros es bueno: á las nueve de la
mañana se sirve el almuerzo, á medio dia el indispensable
_lunch_ ingles, que equivale á tomar las once, á las cuatro una
abundante comida, inglesa por de contado, á las siete el té con
pan y manteca.
De Southampton á Lisboa, todos los viajeros estuvimos en cama
veinticuatro horas. El mar de Inglaterra y el golfo de Gascuña,
constantemente agitados, dan al buque un movimiento continuo que
no hay viajero que soporte sin incomodidad.
En Lisboa nos detuvimos doce horas, continuando despues nuestra
marcha por un mar sosegado y tranquilo, llegando á las treinta y
seis horas á Madera.
Esta bellísima isla que goza de un saludable clima y produce el
celebrado vino que en todas las buenas mesas se sirve, merece un
viaje. Ocho horas solamente descansamos en Madera, en cuyo
tiempo visitamos parte de la isla, corriendo sobre los esbeltos
y ligeros caballos que aguardan dispuestos y enjaezados á la
orilla del mar siempre que llegan viajeros. Los alquilan por un
moderado precio, y con su ayuda se goza del encanto que producen
los pintorescos paisajes que por todas partes se ofrecen.
Las calles de Madera, en cuesta en su mayor parte, están á
derecha é izquierda sembradas de jardines frescos y lucidos, que
con sus flores embalsaman el purísimo y fresco aire que allí
se respira.
La poblacion es pequeña y de corta importancia: hay dos ó tres
hoteles, entre ellos uno ingles que está regularmente
servido[34].
De Madera salimos para Santa Cruz de Tenerife empleando cuarenta
y ocho horas.
Yo venia de recorrer paises extranjeros todos; hacía bastante
tiempo que faltaba de España y tenia necesidad de hablar nuestra
espléndida lengua y recordar á mi querida patria.
Mis deseos se frustraron en parte: llegamos á Santa Cruz á las
ocho de la noche, y habiendo dicho el capitan que solo nos
detendríamos el tiempo necesario para dejar y recojer la
correspondencia, ningun viajero saltó á tierra. Yo me desquité,
hablando, hasta que el buque marchó, con los españoles que
vinieron á bordo en sus pequeñas lanchas cargadas de naranjas,
manzanas, ciruelas y otros deliciosos frutos.
Entre las sombras de la noche, mi ávida mirada distinguia,
aunque confusamente, la ciudad de Santa Cruz, que simbolizaba á
mis ojos toda España, y saludándola con júbilo y emocion, la
perdí de vista en el momento en que continuamos nuestro
largo viaje.
De Santa Cruz de Tenerife á San Vicente, en el Cabo Verde, se
emplean cuatro dias.
San Vicente, notable para mí, por ser el primer sitio del mundo
donde ví lo que llaman _esclavos_, seres desgraciados tan dignos
como el primer hombre _libre_, es un miserable lugar que cuenta
solo una docena de casas: allí tiene la Empresa de los vapores
depósito de carbon de piedra: esta es la causa de detenerse en
semejante sitio, de otro modo nadie se pararia.
Grupos de africanos, hombres, mujeres, niños, todos desnudos
casi completamente, componen la corta poblacion de San Vicente.
El alma se duele y el corazon se comprime al aspecto de
semejante sitio: el clima de allí, casi abrasador, como tocando
con el Africa que está, hace imposible toda vegetacion: falta
tierra, aire, vida, seres humanos, todo falta allí.
El número de esclavos africanos que allí habita, no tiene por
alimento mas que el maiz, y no todos. No hay viajero que al
desembarcar en San Vicente no se sienta mal á la vista de
semejante cuadro: inmediatamente que nuestro vapor se proveyó
del carbon necesario, dejamos las islas del Cabo Verde con
general contentamiento.
Al salir de San Vicente dió principio el verdadero viaje: nos
engolfamos en pleno Océano, solos, en medio del poderoso
Atlántico, sin mas testigos que Dios, sin otro horizonte que un
círculo siempre el mismo, cerrado por todas partes por la
inmensidad.
Al salir de San Vicente, se despide el viajero de la tierra que
no vuelve á ver en ocho dias; el mar y el cielo son su única
perspectiva en todo ese tiempo.
Hay algo de solemne y magnífico en un viaje por mar, por ese
prepotente elemento que nos habla del infinito con la tremebunda
voz de su cólera.
El mar, cuyos secretos permanecen en el misterio, que nuestra
curiosidad no acierta á comprender, que la ciencia no explica,
que nos habla con su eterno movimiento sin que podamos saber qué
es lo que nos dice; el mar, digo, es soberbiamente majestuoso
y grande.
El hombre, que á pesar de su pequeña talla ha obrado prodigios
de gigante, ora recojiendo el rayo en su mano, ora barrenando
las montañas, ya descendiendo á las entrañas de la tierra para
robarla sus guardados secretos, ya escalando el cielo para ver
de cerca esas lumbreras que le cubren y cuya marcha ha
averiguado; el hombre, que por todas partes imprime la huella de
su paso, no ha conseguido nada del mar.
El arrojo de los navegantes, á los que la industria humana ha
prestado casas flotantes para cruzar las soledades del Océano;
la ciencia, que una tras otra le ha suministrado al marino
nuevas conquistas, con las cuales sabe donde va y por qué
sitios, cuanto anda y adonde se encuentra; el vapor, que le ha
facilitado marchar velozmente y en todas las épocas del año, sin
tener que someterse como ántes á la poderosa ayuda de los
vientos; todo en una palabra, solo ha servido para que los
hombres se comuniquen, para estudiar y conocer el mundo, para
grandes y poderosas conquistas, es verdad, pero no para imprimir
la huella del hombre, pero no para marcarle con el sello del
genio como el hombre hace con todas sus obras.
El mar, el poderoso mar, quizá demasiado soberbio, no quiere que
el hombre le señale.
El hombre ha cambiado mil veces la faz de la tierra sembrando
ciudades, cortando montañas, haciendo excavaciones inmensas,
barrenando istmos: pues bien, la superficie del mar está hoy
como al dia siguiente de haber brotado del soplo de Dios, y así
estará hasta el último y postrero instante del mundo. Pasa una
magnífica nave por las ondas del océano, abre un sulco,
inmediatamente se avanzan nuevas olas y borran la huella; por
eso gritan eternamente al rededor de un buque, se impacientan al
sentirle, pero inmediatamente que pasa se lanzan á borrar
sus trazas.
El océano es la imágen de la inmensidad, el espejo de Dios, la
brillante prueba de su existencia.
Ocho dias estuve solo en pleno océano, sin otra cúpula que el
firmamento, sin otro apoyo que el abismo.
Es arrogantemente temerario el valor del hombre que se ha
lanzado á ciegas en medio de los precipicios y las tempestades.
No hablo en manera alguna de hoy; hoy no tiene ningun mérito un
viaje al rededor del mundo, hoy todo se conoce, hoy hay medios.
Me refiero á Colon, atalaya inmensa de las modernas edades que
no tiene rival.
Es necesario hacer un viaje á América para llegar á comprender
el heroismo de Colon; de otro modo no se entiende; y mas que el
heroismo de Colon, el de nuestros valientes compatriotas que
componian la tripulacion de sus tres pequeñas embarcaciones.
Sí, ellos son mas heróicos; Colon tenia el genio, el rayo de la
inspiracion, la perspectiva de la gloria que le ha
inmortalizado, por guia: él sabia adonde iba: los sencillos
marineros que le acompañaban no, no conocian mas playas que las
de España, no podian ni soñar con la existencia de otro mundo,
se veian arrojados en una empresa que acobardaba á todos, que la
Europa toda calificaba de locura, se vieron solos en medio de
mares que nadie mas que el ojo de Dios habia visto, sin saber
adonde iban ni por qué ruta: creyendo que la vuelta seria
imposible y creyéndolo con razon é ignorando al propio tiempo si
habria _llegada_, porque ellos nada sabian, porque entónces se
ignoraba todo, porque no se sabia qué habia detras del mar. Es
necesario hacer un viaje marítimo para comprender esto.
Desde San Vicente hasta Pernambuco, primera poblacion del
Brasil, que del otro lado de la línea se encuentra, empleó
nuestro vapor ocho dias.
La distancia que separa ámbas poblaciones es de 1,620 millas
marítimas.
Nada mas grande que la salida y puesta del sol vista desde un
buque en pleno océano. Semeja el astro del mundo un inmenso
globo de fuego resplandeciente: no parece sino que se levanta
del seno de los mares, la ilusion es completa.
El horizonte está cerrado por todas partes por un círculo de
agua; allí, á bordo, en mitad del Atlántico, figúrase la
imaginacion que la tierra toda está cubierta por el Océano,
único elemento que se ve; de aquí el que parezca, con todas las
apariencias de verdad, que el sol se levanta por la mañana del
seno de las aguas, y que allí vuelve á acostarse cuando la
tierra girando en el vacío ha hecho su movimiento diario al
rededor de él.
En el mar no se comprende el ateismo: tampoco tiene explicacion
en la tierra, no, pero el Océano, con su voz inmortal, ora hable
con la soberbia cólera de la tormenta, ora con la apacible
majestad de su tranquilo y eterno flujo y reflujo, siempre
publica la existencia de Dios, siempre pregona su poder, siempre
canta su omnipotencia, siempre habla de la eternidad, siempre
explica el infinito, siempre convence de la otra vida.
Esos inmensos buques que cruzan hoy los mares, á pesar de sus
gigantescas proporciones, están en el mar, en la relacion que un
átomo en la materia, que un punto en el espacio. Una sola de las
tremendas ondas que arrullan el Océano despedaza y convierte en
astillas las mas pujantes escuadras.
Esto habla muy alto en favor del hombre, que á pesar de su
pequeñez, que en el Océano se palpa mejor que en parte alguna,
se lanza atrevido á sulcar sus piélagos y abismos, marchando
entre tempestades y truenos, solo, en una miserable lancha,
porque eso es en el Océano el mas colosal navío, una lancha;
allí va el hombre, solo, pero con Dios encima de su cabeza.
Un viaje marítimo de ocho á diez dias es magnífico,
sorprendente, admirable: es necesario hacerle para ver y oir á
Dios, para comprender el mundo, para adivinar la inmensidad.
Pero un viaje largo no siendo marino por vocacion es monótono,
fatiga, cansa.
En ocho dias pueden admirarse las bellezas de un cielo azul y
transparente, visto desde el mar; el portentoso descenso del sol
que sumerge su brillante cabellera en el seno de las aguas: la
espantosa y dramática grandeza del mar poderosamente irritado:
en una palabra, en ocho dias puede verse lo que en treinta, que
fueron los que yo empleé en mi viaje, á pesar de que el vapor
era el agente de nuestra marcha.
Un tiempo tan largo en el puente de un buque fatiga. Al fin de
los diez ó doce primeros dias las escenas se repiten, son las
mismas, las emociones ningunas, y allí donde no hay emocion,
alimento mio, no hay nada, hay el prosáico fastidio.
Desde Pernambuco á Bahia empleamos cuarenta y ocho horas, y
desde Bahia á Rio Janeiro cuatro dias.
La distancia que acababa de recorrer, desde Southampton á la
capital del Brasil, mi primer viaje marítimo, fué de 5,155
millas, distribuidas del siguiente modo: de Rio Janeiro á Bahia,
685 millas; de Bahia á Pernambuco, 380; de Pernambuco á San
Vicente, 1,620; de San Vicente á Canarias, 850; de Canarias á
Madera, 265; de Madera á Lisboa, 525; y de Lisboa á
Southampton, 830.
El ensayo fué bueno, tuve la suerte de no sufrir el mareo
haciendo todo el viaje perfectamente bien.
#BRASIL.#
Rio Janeiro, capital del imperio del Brasil, es una ciudad de
300,000 almas; magníficamente situada y con una soberbia y
pintoresca bahía, una de las mayores del mundo.
Sus calles principales son la _Rua Dereta_ y la _Rua d'Ouvidor_:
la primera de estas es ancha y despejada; en el centro está el
edificio de la Bolsa: es calle muy concurrida y de bastante
animacion; tiene buenos comercios y cafés, empieza en la plaza
de Palacio y termina cerca de una iglesia cuyo nombre
he olvidado.
La _Rua d'Ouvidor_ es la principal calle de Rio Janeiro, por la
importancia de los elegantes comercios que la adornan: es recta
y desemboca en la rua Dereta, que, como ya he indicado, es de
las mejores de la ciudad. Tiene un grande número de elegantes
tiendas, de franceses en su mayor parte, vestidas con el lujo de
los comercios de las ciudades europeas: el empedrado es de lo
mas detestable que puede imaginarse, y como las lluvias son muy
frecuentes, apénas puede transitarse por la citada calle.
El resto de las calles de Rio Janeiro, en general, está en un
lamentable atraso, sin empedrar, descuidada su limpieza, y en
estado de perfecto abandono.
Hay un gran número de plazas, entre las que descuella, por su
inmensa extension, la del Teatro _Provisorio_. Como carezca de
grandes edificios, y no tenga proporciones, ni árboles, ni
cultivo, ni adornos, solo ofrece á la vista del viajero una
grande extension de terreno, que podria ser una magnífica plaza.
En uno de sus lienzos están los palacios del Senado y la Cámara
de los Diputados. En el centro de otro de los frentes está el
Ministerio de Negocios Extranjeros, en una modesta casa que no
me atrevo á llamar palacio. Enfrente se levanta el teatro
_Provisorio_, destinado á la ópera italiana.
El nombre del Teatro indica bastantemente lo que es,
provisional; se construyó en un corto plazo de tiempo: ni tiene
arquitectura, ni estilo, ni formas, ni pensamiento; es una obra
ejecutada sin mas objeto que el de hacerla servir por poco
tiempo para teatro, ínterin se construia otro, que aun no se
ha empezado.
De todos modos allí se canta la ópera italiana, y es en verdad
un gran recurso para Rio Janeiro: en general hay buenas
compañías; el gobierno contribuye al sostenimiento del Teatro
con una subvencion de ocho mil duros anuales. La compañía que
cantaba en 1856 era bastante buena: las dos primas donnas,
mademoiselle la Grua y madame Charton, interpretaban muy bien
sus papeles, como en cualquier teatro de Europa. Despues cantó
la Steffenone, que últimamente ha brillado en los Italianos de
Paris cantando con grande éxito _el Trovador_.
Cuando yo salí de Rio Janeiro para regresar á Europa, estaban
escriturados Tamberlik y la Dejean.
Otra de las plazas que merecen mencionarse es la del _Rosario_,
espaciosa, regular, y con mas proporciones que la del
_Provisorio_. Tiene cuatro fachadas de casas regulares, y en el
centro han plantado algunas docenas de árboles que la completan
y hermosean. En uno de sus ángulos está el Teatro de San Pedro,
consagrado á la comedia: se representan en portugues, piezas
traducidas del frances y del español. Estando yo en Rio Janeiro
un voraz incendio consumió por la segunda vez el coliseo.
En otra plaza grande tambien, hay un jardin público, adonde
acuden músicas militares los dias festivos: hay profusion de
árboles y plantas tropicales, y está regularmente dispuesto,
aunque falta gusto y órden.
El jardin botánico, llamado así poco modestamente, está fuera de
la ciudad y á una distancia de tres cuartos de legua. El
descuido mas completo y la negligencia mas desdeñosa, convencen
al que le visita del poco interes que sin duda inspira á los
brasileños.
Y en verdad que es una lástima, pues aparte de las dos
magníficas colecciones de soberbios plátanos que le adornan,
contiene una gran riqueza de plantas escojidas y muy estimadas,
que brotan espontáneamente, quizá á despecho de los que cuidan
el jardin. Tiene ademas una decoracion natural admirable; le
circuyen como un precioso marco lienzos de pintorescas montañas,
de muchos y graciosos contornos, de variedad de formas
y colores.
Los paseos de Rio Janeiro, completamente innecesarios, pues los
habitantes del pais no acostumbran pasear, son regulares,
distinguiéndose entre todos el de _Botafogo_, situado á la
orilla del mar, con árboles, fuentes, y paseo de carruajes. Es
bastante bueno y muy poco concurrido. El emperador pasea todos
los domingos en carruaje cruzando siempre el de Botafogo en toda
su extension.
Los paseos del Acueducto, y del _Corcovado_, son muy
pintorescos, en especial el último, que termina en la cresta de
una alta montaña inclinada, de donde toma el nombre. Puede
subirse á caballo hasta la misma cima, desde la que se alcanza
un asombroso golpe de vista: el mar inmenso, las pintorescas
montañas y la ciudad, se ofrecen en majestuoso conjunto al
observador. Otro promontorio que embellece la Bahia es el
llamado _Pan de azúcar_, designado así por su forma.
Una de las mejoras de que disfruta Rio Janeiro hace ya bastantes
años, es la del alumbrado de gas, con el cual están profusamente
iluminadas sus principales calles y plazas. Tambien los
carruajes de plaza son muy buenos y existen en grande número;
los alquilan á precios fabulosamente caros. Cuéntanse diferentes
líneas de ómnibus que hacen el servicio entre la ciudad y los
arrabales: yo me detengo á hacer mencion de esto, porque es un
adelanto en una ciudad tan alejada del movimiento europeo.
Los hoteles son regulares en general, contándose dos buenos. Los
tres mejores que hay dentro de la ciudad son el de Pfaroux, el
de las cuatro Naciones, y el de Europa. Fuera de la ciudad, y en
el camino de _Botafogo_, hay dos ingleses y uno frances: el
mejor de todos, tanto de los de la ciudad, como de los de
fuera, es el _Hôtel des Étrangers_ en la plaza de Catette.
Es una gran casa, de moderna y elegante construccion, sólida,
con anchas y magníficas habitaciones: un gran jardin al pié del
mar, vistas admirables, comodidades muchas. El hotel todo está
alumbrado por el gas: tiene baños, billares, y grande capacidad:
en el Hotel de los Extranjeros, viven la mayor parte de los
individuos del Cuerpo Diplomático extranjero.
Hay otros diferentes hoteles en el interior de la ciudad, poco
apetecibles ciertamente, pero buenos para las gentes del pais.
Hay tambien en Rio Janeiro dos ó tres cafés donde sirven helados
todo el año; la nieve la reciben de los Estados Unidos: y ahora
hablarémos un poco de los elementos del pais.
La riqueza del Brasil la constituyen el azúcar y el café: el
café sobre todo es su principal ramo de riqueza.
Buques de todos los paises cargan constantemente en sus puertos
el citado artículo: el año de 1855, la provincia de Rio Janeiro
sola exportó diez millones de arrobas de café: esta fabulosa
cantidad la recoje con una regular cosecha sola la provincia de
Rio: los diez millones de arrobas de café importaron treinta
millones de duros, pues cada arroba se vende á 50 reales.
El mercado principal que tiene el Brasil para dar salida á su
café, es el de los Estados-Unidos de América, donde se vende mas
de la mitad de lo que se recolecta.
Los ferrocarriles que están en construccion acrecerán
inmensamente tan luego como estén terminados la riqueza pública
del Brasil, pues entónces será fácil y barato el trasporte del
café desde las provincias del interior á los puertos del Brasil,
trasporte que hoy se hace por medio de caballerías, con grandes
dispendios y con el empleo necesario de mucho tiempo, porque
ademas de ser grandes las distancias, faltan caminos.
El azúcar es otro ramo de riqueza, pero no promete grande
porvenir, pues su condicion, inferior en mucho á la de la isla
de Cuba y otros puntos de América, la mantiene en un estado de
depreciacion continua.
Lo que constituye y forma la riqueza de un pueblo, lo que dota á
un pais de porvenir, ademas de los elementos naturales, es su
poblacion, y esto es lo que principalmente falta al imperio de
Don Pedro II.
Sus viciosas leyes de colonizacion, su clima, los pocos
atractivos que ofrece al europeo, la falta de garantías con que
asegurar el cumplimiento de las promesas que se hacen por medio
de sus agentes á los europeos que desean emigrar, son causas
poderosas que retraen al europeo que desea emigrar al Brasil,
cuyo pais, con un territorio inmenso, mayor que el de la Europa
entera, cuenta hoy dia siete millones no completos de
habitantes, de los cuales dos son de negros.
Terminadas sus vias férreas, y aumentada su poblacion, el Brasil
tendrá un riquísimo porvenir.
Hay en el Brasil el partido constitucional partidario del
Imperio, y el bando republicano.
Como es un pueblo nuevo, que acaba de entrar en la vida pública
de las naciones, tiene alguna sinceridad política que sirve para
que se practiquen en parte las formas representativas de su vida
constitucional, único modo de que el Imperio subsista. La
política que sigue en el exterior no tiene nada de
constitucional; pretende imitar al mal llamado gobierno libre de
los Estados-Unidos, y siguiendo sus huellas, hace, en la América
del sur, lo que la república de Washington en el Norte;
predomina en los estados vecinos, influye en su política y
tiende al engrandecimiento continuo, aunque para ello sea
preciso quebrantar leyes y atacar la independencia de
los pueblos.
Esta es la política del Brasil con los gobiernos de Montevideo,
Buenos-Aires y el Paraguay: aduladores torpes han hecho creer á
los gobiernos de Don Pedro II que el Brasil podia y debia seguir
la conducta de los Estados-Unidos; que debia hacer en el Sur lo
que ellos práctican en el Norte, y que siendo los dos pueblos
mas fuertes de la América nada mas natural que marchar por el
mismo camino.
¡Error! ¡error grosero! la raza anglo-sajona que puebla el Norte
de América, no tiene analogía ni remota con la indefinible y
degenerada latino-portuguesa que habita el Brasil.
Los dos pueblos son diferentes en todo: en energía, en orígen,
en religion, en leyes, en costumbres: la actividad de los
norte-americanos solo puede compararse, en lo grande, con la
característica pereza de los brasileños: se diferencian en todo,
absolutamente en todo: hasta los climas son opuestos.
El Brasil no ensanchará nunca sus fronteras, nunca; si hasta hoy
han podido sus diplomáticos ejercer alguna influencia en las
repúblicas de la Plata, débelo exclusivamente al lamentable
estado de constante perturbacion de sus gobiernos, á la anarquía
completa que allí ha reinado hasta hoy.
Si la Confederacion argentina se organiza bajo bases sólidas de
órden y progreso: si el Paraguay conserva su tranquilidad, el
Brasil no ejercerá influencia alguna: sus consejos servirán solo
para los brasileños: se encontrará rechazado, no lo dude un
momento; si hoy es oido en Montevideo, mañana será desdeñado;
ese mañana es el siguiente al en que se organicen gobiernos
libres y estables.
La vida en Rio Janeiro, mas cara que en ninguna capital de
Europa, es muy poco agradable. El espíritu de sociabilidad,
léjos de irse desarrollando, no parece sino que se recoje:
faltan las reuniones, los bailes, los clubs, las recepciones,
todos los medios, en fin, que se conocen en Europa para verse,
conocerse, hablar, discutir.
El extranjero que llega al Brasil tiene la seguridad de no ser
presentado ni recibido en parte alguna: cada uno vive en su
casa: esta circunstancia, unida á la de su clima, hace que todos
los diplomáticos deseen abandonar el Brasil al poco tiempo de
haber llegado.
Faltan las bibliotecas, los museos, los monumentos, las
Academias, todos los templos del arte y del pensamiento humano:
la vida espiritual, la vida literaria no existe.
En cambio, tiene la América el mismo apego que la Europa al
dinero, tiene la molicie de sus vicios, con mayor intensidad; y
al lado de su suelo espléndido, de su enérgica y lozana
vegetacion, distínguese por su debilidad moral, su esterilidad
inteligente; sí, porque sobrepujando como sobrepuja á la Europa
en corrupcion y decadencia moral, está doscientos años mas atras
que la Europa en el noble camino del saber: esa es la América,
la vírgen, lozana y esplendente América.
Cuando haya recibido la educacion literaria de la Europa, cuando
se halle cruzada de líneas férreas, cuando llegue el venturoso
dia de la abolicion de ese gran crímen social que se llama
esclavitud; entónces, que no ahora, será la América un
gran pais.
Hoy está trabajado por la sed del oro; carece de comunicaciones,
y está en la infancia del saber, porque como nueva que es en la
vida pública de las naciones, necesita estudiar y crearse una
historia y una literatura.
Una de las visitas que el viajero no debe dispensarse en Rio
Janeiro, es la del establecimiento de locos que está situado
frente por frente del paseo de Bota-fogo y á orillas del mar.
Un majestuoso edificio de nueva planta, que podemos muy bien
llamar palacio, de formas elegantes, de sencilla, pero gallarda
apariencia, de solidez y extension, se levanta al lado del mar
en el lindo sitio de Bota-fogo, y sirve para hospital
de dementes.
La primera observacion que me ocurrió, fué la de notar que
careciendo el emperador del Brasil de un palacio, pues los dos
que tiene con ese nombre no son mas que casas, es un gran
pensamiento el de alojar á los locos en una soberbia morada.
Ignoro si los brasileños han advertido el contraste, en cuanto á
mí, yo lo aprobé con toda mi alma, felicitándome de ver mejor
alojados á los locos que al emperador; ¡ojalá sucediese lo mismo
en todos los paises del mundo! los enfermos, los desgraciados,
los dementes, necesitan indudablemente mas que los monarcas, las
comodidades, el aseo, el aire sano, las grandes habitaciones: y
en fin, yo entiendo que la desgracia es mas digna de un palacio,
que todas las grandezas humanas.
El establecimiento de locos de Rio Janeiro está á la altura de
una casa de la misma índole de Europa: grande, espacioso, bien
situado, con excelente policía interior: cosa rarísima en el
Brasil: con buen sistema higiénico, con hábiles profesores, con
muy buena asistencia.
Los hospitales están tan bien regularmente comprendidos en el
Brasil: en la capital existe uno bastante bueno, y se halla
situado en un edificio de mas categoría é importancia que el
palacio del emperador: es el único edificio un poco monumental
que hay en todo el Brasil; se llama Hospicio de Pedro II.
La instruccion pública comienza ahora á insinuarse; siendo como
son esclavos los infelices que constituyen la mayor parte de la
poblacion del imperio, están condenados á vivir como autómatas.
Los gobiernos tienen buen cuidado de no sacar al negro de su
embrutecimiento, porque temen que con la instruccion aprendan
que son libres y hermanos de sus opresores.
Faltan libros, bibliotecas, museos, vida intelectual en una
palabra.
La mas elegante morada del emperador está situada en Petrópolis,
especie de sitio real, á siete leguas de Rio Janeiro[35].
El camino se hace de un modo pintoresco y variado, en vapor por
mar, en vapor por tierra, y en carruaje. Saliendo de Rio Janeiro
el viajero se embarca en uno de los vapores que hacen la
travesía, consistente en cruzar la bahía que dura cinco cuartos
de hora: al desembarcar se toma el camino de hierro de Maná, que
conduce hasta el pié de la sierra sobre la que se levanta
Petrópolis.
La línea férrea, mal construida, con detestables carruajes y
pésimo movimiento, tiene la sola ventaja de ser muy corta, pues
en media hora se recorre toda su extension: terminado el segundo
viaje, se gravita la montaña en carruajes tirados por cuatro
caballos; el tiempo que se emplea es el de una hora, con lo que
termina la expedicion.
En Petrópolis no hay nada que ver, absolutamente nada: es sitio
de recreo por el viento fresco y puro que allí se respira: su
grande altura es causa de que la temperatura sea fresca, eso
es todo.
Desde la cima de la sierra se alcanza el mar, las montañas y una
deliciosa campiña. En Petrópolis, cuya poblacion apénas llega á
200 habitantes, tiene un lindo palacio el emperador y allí pasa
generalmente los meses de diciembre, enero y febrero, que son
los de mas calor. Para los viajeros hay dos hoteles regulares,
el de Oriente y el Ingles: hay algunos paseos y caballos
de alquiler.
Los principales puertos del imperio son Bahia, Pernambuco, Santa
Catalina, Parahiba, Paranaguá, Pará.
Pernambuco, ciudad desaseada en grado extremo, con calles
miserables y casas humildísimas y sin limpieza alguna, no vale
la incomodidad de ser vista, y digo incomodidad, porque lo es y
no pequeña el desembarque en su puerto. Las olas están
constantemente furiosas, y aparte el riesgo que se corre es
largo y difícil el trayecto, porque las embarcaciones anclan á
bastante distancia de la ciudad.
El viajero que no sea comerciante, dará una prueba de muy buen
gusto no visitando la citada ciudad de Pernambuco, donde fuera
de su comercio de algodon y café, no encontrará mas que una
absoluta falta de limpieza.
Reinan casi siempre en Pernambuco enfermedades malignas.
Bahia, antigua capital del Brasil, no tiene de notable mas que
su cómoda bahía; la ciudad está edificada sobre la falda de una
montaña y se presenta al viajero como en forma de anfiteatro.
Las calles todas están sin empedrar, sucias y en muy mal estado:
hay un jardin modestisimo que llaman paseo público, algunos
edificios regulares, un teatro, tres ó cuatro hoteles, dos
paseos, y esmerado deseo de demostrar al extranjero que la
limpieza no es el fuerte de los brasileños; pues lo mismo en
Bahia que Pernambuco y Rio Janeiro se distinguen por esa
especialidad.
En Bahia existe una universidad, á la que concurren muy pocos
alumnos; cuenta con profesores brasileños: y basta con esto,
porque propiamente hablando, en el Brasil no hay mas ciudad que
Rio Janeiro: las demas del imperio son aldeas de mayor ó menor
vecindario, segun la importancia de su comercio.
El ejército del Brasil, compuesto en su mayor parte de negros y
mulatos, está uniformado con toda la chocarrería posible,
formando un divertido golpe de vista la formacion de sus
batallones, donde juegan sin armonía todos los colores del
arco íris.
La marina empieza ahora á formarse, y el gobierno, comprendiendo
que para la prosperidad del Brasil es absolutamente necesaria
una regular armada, la fomenta y protege en cuanto puede.
Como pais gobernado constitucionalmente, tiene el Brasil guardia
nacional, que está mejor uniformada que el ejército.
Uno de los adelantos positivos del Brasil es la popular
institucion del jurado en materia civil criminal con que
cuentan: como pais gobernado con formas representativas, tiene
su parlamento, compuesto de dos cámaras que periódicamente se
reunen para dirijir con los ministros los asuntos del imperio.
La prensa periódica goza de una libertad ilimitada, de la cual
no hacen muy buen uso ciertos periódicos que tuve ocasion de
leer, usando voces impropias que solo se hallan en el
diccionario de las tabernas. Hay cuatro periódicos políticos en
Rio de alguna importancia: el mas antiguo de todos es el _Diario
de Comercio_.
Las principales casas de comercio del Brasil pertenecen á
extranjeros; como tambien los establecimientos mas lujosos y
cuanto tiene fisonomía europea: la actividad de los brasileños
es limitada y corta, lo cual se comprende en razon á su clima y
á las costumbres que han heredado de los portugueses.
Las mujeres no son extremadamente agraciadas en general.
El clima no es tan ardiente como generalmente se cree en Europa:
solo tres meses del año el calor se deja sentir con alguna
fuerza, aunque siempre muy soportable: los nueve meses
restantes, la temperatura es muy soportable, siendo buena sobre
todo en los meses de mayo, junio, julio y agosto, que son
verdaderamente primaverales y magníficos.
Llueve con mucha frecuencia en los meses de mayor calor, con lo
cual se tempera bastante la atmósfera, y el viento _Pampero_,
que con mucha frecuencia sopla, refresca y purifica el aire.
Hace treinta y tres años que el Brasil se emancipó.
En el Brasil existen todavía los frailes, lo cual es una
verdadera calamidad, pues tienen en su poder una inmensa
riqueza, que desamortizada haria prosperar el pais. El gobierno
deberia decretar su venta inmediata; con ello ganaria mucho el
Brasil, así como con la supresion de los monjes, cuya
institucion ha pasado.
#BUENOS-AIRES Y MONTEVIDEO.#
De Rio Janeiro á Buenos-Aires y Montevideo se emplean cinco dias
en vapor.
La vida es enteramente distinta que en el Brasil: el clima, las
costumbres, la lengua, todo es diferente.
La sociedad es fácil y agradable: en Buenos-Aires, cuyo clima es
delicioso, se cuentan algunos buenos edificios, cafés, hoteles,
tiendas elegantes, muchos casinos, donde se reune una buena
sociedad, excelentes paseos, dos teatros, hermosas mujeres.
La agitacion política en que por desgracia viven casi siempre es
verdaderamente lamentable: el dia en que se organicen de un modo
definitivo y estable, dotando al pais de la tranquilidad
que necesita.
Buenos-Aires será una de las primeras capitales de la América
del Sur.
Su comercio empieza hoy á desarrollarse en grande escala: con
los elementos de riqueza que posee puede llegar á ser mucho.
Montevideo tambien es una ciudad alegre y animada: su fisonomía,
semejante en un todo á la de Buenos-Aires, aunque en menor
escala, dispierta tambien en el ánimo las mismas dolorosas
reflexiones.
Las convulsiones políticas que de luengos años la agitan, casi
sin tregua, se han opuesto á su desarrollo y prosperidad: con
sus sitios y bloqueos, han caido por tierra algunos de sus
edificios....
La poblacion se ha disminuido en vez de aumentar ... y dejando
estas reflexiones, tristes para todos, y mas aun para un
español, terminamos nuestro capítulo sobre América, haciendo
votos sinceros por la prosperidad de la raza española que puebla
sus regiones, raza noble, raza digna, que no puede perecer
jamas, por mas que con sus desgracias haya hecho creer á la
anglo-sajona del Norte que un dia la absorberá; no, no, ese dia
es imposible, ese dia no llegará.
#IMPRESIONES GENERALES#
El viaje, que nosotros llamamos libro abierto de instruccion,
donde tanto puede aprenderse: el viaje, que ensancha los
horizontes de la inteligencia, recreando el ánimo, y
ofreciéndole siempre nuevos y variados teatros de observacion:
el viaje, que completa la mejor educacion, que proporciona el
inmenso júbilo de contemplar las bellezas de la naturaleza, de
pararse aturdido y absorto delante de los prodigios que guarda
en su seno: el viaje, que dotando de nuevos conocimientos al que
estudia, permite análisis comparativos de las civilizaciones de
los pueblos entre sí; el viaje, que facilita el estudio de las
costumbres, que dispierta el amor al estudio de las lenguas; el
viaje, en resúmen, es para nosotros la mas perfecta de las
educaciones, el mejor de los placeres, nuestra mas decidida
inclinacion.
La idea sola de un paseo por Francia, Suiza, Italia, ó
cualquiera otro pais de Europa, nos produce una
satisfaccion grande.
Entrevemos, desde ántes de comenzar el viaje, una serie de
emociones nuevas á cual mas agradables.
Los trajes, la lengua, los usos y costumbres, la naturaleza,
múltiple y una, se nos presentan con interes, con novedad, con
encanto: nunca nos acordamos de las incomodidades que por
precision deben soportarse viajando.
Hoy, con las líneas férreas que cruzan la Europa, con los
excelentes hoteles que en general se encuentran, no hay
penalidades que sufrir.
Aparte de nuestra pasion por los viajes, del íntimo
convencimiento que tenemos de la instruccion que reportan,
contamos con otra ventaja de mucha utilidad, que es la de
amoldarnos instintivamente y sin estudio alguno, á los usos,
costumbres, lengua y clima del pais donde nos encontramos.
Sin dejar de ser nunca españoles, nos hallamos como en nuestra
patria, allí donde viajamos, acomodándonos fácilmente á cuantas
variaciones ofrecen entre sí los pueblos, en su manera de vivir
en sociedad, de hablar, de sentir.
Cuando por regla general el que viaja, permanece como extranjero
en todas partes, nosotros tenemos la ventaja de asimilarnos y
convenirnos con los nuevos paises que visitamos, y esto se
realiza, sin estudio, espontáneamente.
De aquí el que tan bien nos encontremos en todas partes.
Y á la verdad, cada vez que atravesamos una frontera, oyendo
hablar una nueva lengua, observando otra expresion en las
fisonomías, deteniéndonos en las diferencias de trajes, un
estudio agradable y provechoso comienza para nosotros, que con
placer pretendemos conocer las dotes fisonómicas y particulares
á cada una de esas grandes familias que se llaman naciones.
Para muchos, la llegada á una ciudad de un pais extraño, que se
visita por primera vez, es una impresion desagradable: porque en
vano se cruzan calles y plazas pobladas de gentes que cruzan en
todas direcciones: como que el viajero á ninguno conoce, como
nadie le espera, como todas las fisonomías son nuevas, parece
que entónces el título de extranjero entristece y desconsuela,
haciendo sobre el ánimo una impresion dolorosa el estado de
completo aislamiento en que se encuentra.
Esto es lo que sucede á muchos, y en verdad que se comprende y
explica; y no es ménos cierto que esta circunstancia desalienta
á algunos, que afectados por el silencio de amistad que se hace
en su alrededor, sufren los primeros dias á la llegada á nuevas
poblaciones.
Muy diferente es la impresion que nosotros recibimos al entrar
en una ciudad desconocida.
Sin que pretendamos, ni por asomo, hacer una protesta ridicula
de excentricismo, nosotros, para ser verídicos, hemos de
consignar que al contrario de lo que á muchos sucede, tenemos
una singular complacencia en experimentar lo que hemos
apuntado ántes.
Las fisonomías nuevas, la seguridad de que nadie nos espera, el
nuevo modo de hablar con que satisfacen nuestras preguntas,
todas las diferencias de detalle que siempre se observan en un
pueblo que uno visita por vez primera, nos sirven de ocasion
para estudios aménos, nos prestan asunto para observaciones, nos
distraen y entretienen agradablemente.
Tan luego como entramos en una ciudad que desconocemos del todo,
y un cuarto de hora despues de establecernos en un hotel,
salimos á la calle, y sin guias, sin _commissionnaires_, solos
completamente, avanzamos en la direccion que mas nos place.
A la vista de un monumento, de una iglesia notable, de un
edificio de valía, nos detenemos á visitarle, penetramos en los
templos, vamos á los sitios de concurrencia, observamos por
todas partes.
Este es nuestro sistema, este nuestro particular placer: si como
yo confieso, no es del gusto de todos, á mí me produce
agradables impresiones, esa es la verdad.
Los que viajan con un guia en la mano reciben solo de rechazo
las ideas, juzgan con prevencion, hablan como el libro, y
carecen del exquisito placer de recibir emociones directas.
Antes de que penetren en una ciudad, el _Guia del Viajero_ que
sin cesar hojean, les cuenta ya el número de edificios notables
que es preciso visitar, la arquitectura especial de cada uno, el
hotel á que se dirigen, las curiosidades dignas de ser vistas;
en una palabra, reglamentan las visitas del viajero, le señalan
el método que debe observar, le comunican apreciaciones y
juicios previos, y le quitan la hermosa facultad de juzgar por
sus propios ojos, de sentir por sus afecciones, de pensar segun
su juicio, de apuntar notas que le dicten su gusto propio y su
criterio particular, le anulan el viaje, le desencantan de
antemano, le roban la ilusion de la novedad.
Comprendo sin dificultad que muchos viajeros, quizá la mayor
parte, juzgan y ven por sí mismos, sin adoptar las opiniones del
redactor del _Guia_: ya sé que no todos se atienen á lo que
leen; pero á pesar de todo su buen deseo de juzgar por sí, de
ser independientes en sus observaciones, siempre hace algun
efecto la lectura de las descripciones, la pintura de las
costumbres y el juicio general de las costumbres y usos
del pais.
Con mi sistema de viajar, yo no siento mas emociones que las que
directamente recibo de las personas que trato, de los monumentos
que contemplo, de las costumbres que observo.
Juzgo todo sin el agente intermediario del _Guia_, segun lo que
veo, segun lo que siento. De este modo disfruto mas, porqué
sabido es que cuando se conoce de antemano y por descripciones
una ciudad, el encanto del misterio y la completa ignorancia de
lo que es, que permite á la imaginacion crear paisaje y cuadros
variados, desaparece por completo y no puede tener lugar.
Aun en las grandes ciudades sigo el mismo órden: el azar y la
casualidad son mis guias, sigo las calles que mejor me parecen,
buscando las sorpresas agradables y pidiendo solo á la
casualidad la ocasion de los monumentos.
Recuerdo perfectamente que en mi primer viaje á Lóndres, tuve la
satisfaccion de encontrarme de improviso, y sin sospecharlo
siquiera, frente á frente del suntuoso y admirable edificio del
Parlamento.
La emocion mágica que experimenté contemplándole, de seguro que
no la hubiera apreciado en su grande valor, si hubiese salido
del hotel acompañado de un _cicerone_, que en el camino me
hubiera descrito el edificio, ponderado la severidad de su
gótica arquitectura y dádome una idea de su grandeza.
Hé aquí porque huyo siempre de las noticias y descripciones
anticipadas, quiero recibirlas por mí mismo.
Apuntadas brevemente mis impresiones generales en los viajes, y
recojidos mis extractos y notas, aunque en desordenada
redaccion, terminamos este libro, sin pretensiones escrito.
La ingenua y antigua usanza de reclamar el autor en la primera
página de su obra, la indulgencia del lector, ha caido en desuso
desgraciada ó afortunadamente. Aun á riesgo de aparecer
desafecto á la moda actual, recomiendo aunque tarde mi humilde
libro á la benevolencia de quien le hojee, ora sea con
distraccion.
Este breve compendio escrito de mis excursiones por Europa y
América, traduce dos sentimientos, implica un doble deseo:
levanto mi débil voz en esta estruendosa Roma moderna, que se
llama Paris, para dar á conocer mi querida patria, y me cumplo
la deuda que al comenzar mis viajes contraje de recojer mis
impresiones y publicarlas.
Temo que mi voz se apague en el ruido y sospecho que este libro
no está cuidadosamente escrito: me queda sin embargo mi
buen deseo.
Paris, abril 1858.
#FIN.#
#INDICE.#
A mi querido amigo el Sr. D. G. PETANO Y MAZARIEGOS
De como un prólogo es á veces necesario
España
Francia
Paris
Suiza
Berna
Inglaterra
Italia
Turin
Alemania
Viena
Portugal
América
Brasil
Buenos-Aires y Montevideo
Impresiones generales
[Footnote 1: Que dan ocupacion á 60,000 obreros.]
[Footnote 2: Segun la estadística publicada por el _Moniteur_ en
julio de 1857, no han podido firmar sus contratos matrimoniales,
por no saben leer ni escribir, _la tercera parte de los hombres
y la mitad de las mujeres_.]
[Footnote 3: Hoy se va de Bayona á Burdeos por camino de
hierro.]
[Footnote 4: Es inmenso, atraviesa el corazon de Paris, termina
en la plaza de la Bastilla.]
[Footnote 5: Merece una visita especial el colosal é imponente
de las Hales, el mas vasto y elegante de Europa.]
[Footnote 6: La columna esta fundida con los cañones que se
tomaron en la batalla de Austerlitz.]
[Footnote 7: Yo no participo de esa opinion. La Rachel vivia
cuando yo visité por vez primera el teatro.]
[Footnote 8: En los portales de todas las casas se leen los
nombres de los inquilinos que las habitan: al lado de cada
nombre se halla el tirador de la campanilla que corresponde
al cuarto.]
[Footnote 9: Hoy se va en camino de hierro hasta cerca de
Berna.]
[Footnote 10: El mejor hotel de Basilea es el de los tres Reyes,
con una galería sobre el famoso Rin.]
[Footnote 11: Todas las casas de beneficencia é instruccion en
Suiza son lo mejor de Europa.]
[Footnote 12: Junto al lago de Thun se celebra la renombrada
fiesta federal.]
[Footnote 13: Cercado por elegantes casas y palacios, aspecto de
Paris, le cruzan varios puentes.]
[Footnote 14: En la capital de este canton hay un magnífico
archivo de manuscritos.]
[Footnote 15: Las tradiciones aristocráticas de algunos
cantones, que las municipalidades sostenían, han dejado
de existir.]
[Footnote 16: En sus numerosos clubs.]
[Footnote 17: Donde oí al pueblo el célebre _Go to church_.]
[Footnote 18: Hasta en la manera de llamar á las puertas se
distinguen los ricos de los pobres; ¡esa es la
libertad inglesa!]
[Footnote 19: Visité el célebre túnel que se halla al pié del
puente de Lóndres, obra innecesaria y de puro lujo.]
[Footnote 20: Cerca de Fluelen, Altorf, patria de Guillermo
Tell, con una fuente en honor suyo.]
[Footnote 21: Tiene otras dos ciudades el Tesino, que son Lugano
y Locarno; Bellinzona es la capital.]
[Footnote 22: El puente de Rialto fué construido por Antonio de
Porte.]
[Footnote 23: Ludovico Manini estaba á la cabeza de la república
veneciana cuando esta fué muerta por Napoleon en 1799.]
[Footnote 24: En la plaza de San Carlo, un monumento dedicado á
Manuel Filiberto, muy bueno, obra del escultor Marrochetti.]
[Footnote 25: Aconsejo tambien al viajero que visite en Turin la
galería Beaumont, soberbia coleccion de armaduras de los condes
de la casa de Saboya.]
[Footnote 26: Solo merece verse la capilla del Sudario en la
catedral de San Juan; tiene una bóveda de mármol negro,
bastante notable.]
[Footnote 27: Cuando yo crucé la Saboya, Eugenio Sue se hallaba
establecido en un pueblecito cerca de Chambery.]
[Footnote 28: Cerca de Chambery, visité los sitios que describe
y habitó Rousseau, entre ellos la casa Charmettes, donde pasaron
sus amores con madame Warens, muchos recuerdos de Saboya.]
[Footnote 29: La que existe en Dresde, capital de la Sajonia, es
mucho mejor y mas rica.]
[Footnote 30: Por ejemplo la nueva de Maximiliano, adornada con
una soberbia estatua dedicada al general Devoy.]
[Footnote 31: En una plaza cuyo nombre he olvidado se levanta un
obelisco de bronce, en memoria de las guerras con Napoleon.]
[Footnote 32: En esta misma universidad de Munich, estudió el
célebre filósofo Schelling.]
[Footnote 33: Este vapor, botado al agua en 1836, ha sido el
primero que se ha construido en Europa de 2500 toneladas, y el
primero que de sus dimensiones hizo viaje á América.]
[Footnote 34: Madera puede decirse que es una isla inglesa,
tantos son los ingleses que allí residen.]
[Footnote 35: Hay en Petrópolis una colonia alemana.]