IV

--¡Chac! ¡Chac!

Tenía una verde senectud la mueca humorística de la momia indiana.

El Doctor Polaco sacó del fraque la vara mágica, forjada de siete

metales, y con ella tocó los párpados de Lupita: Finalizó con una gran

cortesía, saludando con la vara mágica. Entre suspiros, enajenose

la daifa. Veguillas, arrodillado en un rincón, esperaba el milagro:

Iba a resplandecer la luz de su inocencia: Lupita y el farandul le

apasionaban en aquel momento con un encanto de folletín sagrado:

Oscuramente, de aquellos misterios, esperaba volver a la gracia del

Tirano. Se estremeció. La mueca verde mordía la herrumbre del silencio:

--¡Chac! ¡Chac! Va usted a servirse repetir, punto por punto, como creo

haberle indicado, las experiencias que la noche de ayer realizó con la

niña de autos.

--Señor Presidente, tres formas adscritas al tiempo adopta la visión

telepática. Pasado, Actual, Futuro. Este triple fenómeno rara vez se

completa en un médium. Aparece disperso. En la Señorita Guadalupe, la

potencialidad telepática no alcanza fuera del círculo del Presente.

Pasado y Venidero son para ella puertas selladas. Y dentro del fenómeno

de su visión telepática, el ayer más próximo es un remoto pretérito.

Esta Señorita está imposibilitada, absolutamente, para repetir una

anterior experiencia. ¡Absolutamente! Esta Señorita es un médium

poco desenvuelto: ¡Un diamante sin lapidario! El Señor Presidente me

tiene a sus órdenes para ofrecerle un programa selecto de experiencia

similares, en lo posible.

La acerba mueca llenaba de arrugas la máscara del Tirano:

--Señor Doctor, no se raje para dar satisfacción al deseo que le tengo

manifestado. Quiero que una por una repita todas las experiencias de

anoche en el lenocinio.

--Señor Presidente, solo puedo repetir experimentos parejos. La

Señorita Médium no logra la mirada retrospectiva. Es una vidente muy

limitada. Puede llegar a leer el pensamiento, presenciar un suceso

lejano, adivinar un número en el cual se sirva pensar el Señor

Presidente.

--¿Y con tantos méritos de perro sabio se prostituye en una casa de

trato?

--La gran neurosis histérica de la ciencia moderna podría explicarlo.

Señorita, el Señor Presidente se dignará elegir un número con el

pensamiento. Va usted a tomarle la mano y a decirlo en voz alta, que

todos lo oigamos. Voz alta y muy clara, Señorita Médium.

--¡Siete!

--Como siete puñales.

Gimió en su destierro Nachito:

--¡Con ese juego ilusorio me adivinaste ayer el pensamiento!

Tirano Banderas se volvió, avinagrado y humorístico:

--¿Por qué visita los malos lugares, mi viejo?

--Patroncito, hasta en música está puesto que el hombre es frágil.

El Tirano, recogiéndose en su gesto soturno clavó los ojos con suspicaz

insistencia en la pendejuela del trato. Desmayada en la silla, se le

soltaban los peines y el moño se le desbarata en una cobra negra.

Tirano Banderas se metió en la rueda de compadres:

--De chamacos hemos visto estos milagros por dos reales. Tantos

diplomas, tantas bandas y tan poca suficiencia. Se me está usted

antojando un impostor, y voy a dar órdenes para que le afeiten en seco

la melena de sabio alemán. No tiene usted derecho a llevarla.

--Señor Presidente, soy un extranjero acogido en su exilio bajo la

bandera de esta noble República. Enseño la verdad al pueblo, y le

aparto del positivismo materialista. Con mis cortas experiencias,

adquiere el proletariado la noción tangible de un mundo sobrenatural.

¡La vida del pueblo se ennoblece cuando se inclina sobre el abismo del

misterio!

--Don Cruz, por lo lindo que platica le hará no más la rasura de media

cabeza.

El Tirano remejía su mueca con avinagrado humorismo, mirando al fámulo

rapista, que le presentaba un bodrio peludo, suspendido en el prieto

racimo de los dedos.

--¡Es peluca, patrón!

V

La niña del trato se despertaba suspirante, salía a las fronteras del

mundo con lívido pasmo, y en el pináculo de la escalerilla, la momia

indiana apuntaba su catalejo sobre la ciudad. El guiño desorbitado de

las luminarias brizaba clamorosos tumultos de pólvoras, incendios y

campanas, con apremiantes toques de cornetas militares:

--¡Chac! ¡Chac! ¡Zafarrancho tenemos! Don Cruz, andate a disponerme los

arreos militares.

El guaita de la torre ha desclavado su bayoneta de la luna, y dispara

el fusil en la oscuridad poblada de alarmas. El Reloj de Catedral

difunde la rueda sonora de sus doce campanadas, y sobre la escalerilla

dicta órdenes el Tirano:

--Mayor del Valle, tome usted algunos hombres, explore el campo y

observe por qué cuarteles se ha pronunciado el tiroteo.

Cuando el Mayor del Valle salía por la puerta, entraba el fámulo, que,

abiertos los brazos, con pinturera morisqueta, portaba en bandeja el

uniforme, cruzado con la matona de su Generalito Banderas. Se han

dado de bruces, y rueda estruendosa la matona. El Tirano, chillón y

colérico, encismado, batió con el pie, haciendo temblar escalerilla y

catalejo.

--¡Sofregados, ninguno la mueva! ¡Vaya un augurio! ¿Qué enigma descifra

usted, Señor Doctor Mágico?

El farandul, con nitidez estática, vio la sala iluminada, el susto de

los rostros, la torva superstición del Tirano. Saludó:

--En estas circunstancias, no me es posible formular un oráculo.

--¿Y esta joven honesta, que otras veces ha mostrado tan buena vista,

no puede darnos referencia, en cuanto al tumulto de Santa Fe? Señor

Doctor, sírvase usted dormir e interrogar a la Señorita Médium. Yo paso

a vestirme el uniforme. ¡Que ninguno toque mi espada!

Un levantado son de armas rodaba por los claustros luneros, retenes de

tropas acudían a redoblar las guardias. La morocha del trato suspira

bajo los pases magnéticos del pelón farandul, vuelto el blanco de los

ojos sobre el misterio:

--¿Qué ve usted, señorita Médium?

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 168 / 179 题