Humeando los tabacos salieron a la terraza los Ministros del Ecuador
y del Uruguay. El Ministro del Japón, Tu-Lag-Thi, al verlos, se
incorporó en su mecedora de bambú, con un saludo falso y amable,
de diplomacia oriental: Saboreaba el moka y tenía las gafas de oro
abiertas sobre un periódico inglés. Se acercaron los Ministros
Latino-Americanos. Zalemas, sonrisas, empaque farsero, cabezadas de
rigodón, apretones de mano, cháchara francesa. El criado, mulato
tilingo, atento a los movimientos de la diplomacia, arrastraba dos
mecedoras. El Doctor Roncali, agitando los rizos, se lanzó en un
arrebato oratorio, cantando la belleza de la noche, de la luna y del
mar. Tu-Lag-Thi, Ministro del Japón, atendía con su oscura mueca
premiosa, los labios como dos viras moradas recogidas sobre la albura
de los dientes, los ojos oblicuos, recelosos, malignos. El Doctor
Esparza insinuó, curioso de novelerías exóticas:
--¡En el Japón, las noches deben ser admirables!
--¡Oh!... ¡Ciertamente! ¡Y esta noche no está falta de cachet japonés!
Tu-Lag-Thi tenía la voz flaca, de pianillos desvencijados, y una
movilidad rígida, de muñeco automático, un accionar esquinado, de
resorte, una vida interior de alambre en espiral: Sonreía con su mueca
amanerada y oscura:
--Queridos colegas, anteriormente no he podido solicitar la opinión de
ustedes. ¿Qué importancia conceden ustedes a la Nota?
--¡Es un primer paso!...
El Doctor Esparza daba intención a sus palabras con una sonrisa
ambigua, llena de reservas. Insistió el Ministro del Japón:
--Todos lo hemos entendido así. Indudablemente. Un primer paso. ¿Pero
cuáles serán los pasos sucesivos? ¿No se romperá el acuerdo del
Cuerpo Diplomático? ¿Adónde vamos? El Ministro inglés actúa bajo el
imperativo de sus sentimientos humanitarios, pero este generoso impulso
acaso se vea cohibido. Las Colonias Extranjeras, sin exclusión de
ninguna, representan intereses poco simpatizantes con el ideario de
la Revolución. La Colonia Española, tan numerosa, tan influyente, tan
vinculada con el criollaje en sus actividades, en sus sentimientos, en
su visión de los problemas sociales, es francamente hostil a la reforma
agraria, contenida en el Plan de Zamalpoa. En estos momentos --son mis
informes--proyecta un acto que sintetice y afirme sus afinidades con
el Gobierno de la República. ¿No ocurrirá que se vea desasistido en su
humanitaria actuación el Honorable Sir Scott?
Guiñaba los ojos con miopía inteligente y maliciosa el Doctor Carlos
Esparza:
--Querido colega, convengamos en que las relaciones diplomáticas no
pueden regirse por las claras normas del Evangelio.
Tu-Lag-Thi repuso con flébiles maullidos:
--El Japón supedita intereses de sus naturales, aquí radicados,
a los principios del Derecho de Gentes. Pero en el camino de las
confidencias, y aun de las indiscreciones, no he de ocultar mis
pesimismos respecto al apoyo moral que presten algunos colegas a los
laudables sentimientos del Ministro inglés. Como hombre de honor, no
puedo dar crédito a las insinuaciones y malicias de ciertos rotativos,
demasiado afectos al Gobierno de la República. ¡La West Company!
¡Aberrante!
La truculenta palabra final se desgarró, transformada en un chifle
de eles y efes, entre la asiática y lipuda sonrisa de Tu-Lag-Thi. El
Doctor Aníbal Roncali se acariciaba el bigote, y a flor de labio, con
leve temblor, retocaba una frase sentimental. Se lanzó con aquel tic
nervioso que agitaba eréctiles, como rabos de lagartijas, los rizos de
su negra cabellera:
--El Doctor Banderas no puede ordenar el cierre de los expendios de
bebidas. Si tal hiciese, sobrevendría un motín de la plebe. ¡Estas
ferias son las bacanales del cholo y del roto!