VI

Currito Mi-Alma salió rompiendo cortinas y, por decirlo en su verba,

más postinero que un ocho:

--¡Has estado pero que muy buena, Isabelita!

El Barón de Benicarlés le detuvo con áulico aspaviento, la estampa

fondona y gallota, toda conmovida:

--¡Me parece una inconveniencia ese espionaje!

--¡Mírame este ojo!

--Muy seriamente.

--¡No seas panoli!

Los cedros y los mirtos del jardín trascendían remansadas penumbras de

verdes acuarios a los estores del salón, apenas ondulados por la brisa

perfumada de nardos. El jardín de la virreina era una galante geometría

de fuentes y mirtos, estanques y ordenados senderos: Inmóviles

cláusulas de negros espejos pautaban los estanques, entre columnatas

de cipreses. El Ministro de Su Majestad Católica, con un destello de

orgullo en el azul porcelana de las pupilas, volvió la espalda al

rufo, y recluyéndose en el calino mirador colonial, se incrustaba el

monóculo bajo la ceja. Trepaban del jardín verdes de una enredadera, y

era detrás de los cristales toda la sombra verde del jardín. El Barón

de Benicarlés apoyó la frente en la vidriera: Elefantona, atildada,

britanizante, la figura dibujaba un gran gesto preocupado. El Curro y

Merlín, cada cual desde su esquina, le contemplaban sumido en la luz

acuaria del mirador, en la curva rotunda, labrada de olorosas maderas,

con una evocación de lacas orientales y borbónicas, de minué bailado

por visorreyes y Princesas Flor de Almendro. El Curro rompió el encanto

escupiendo, marchoso, por el colmillo:

--Isabelita, prenda, así te despeines, o te subas el moño para menda

lo mismo que la Biblia del Padre Carulla. Isabelita, hay que mover los

pinreles y darse la lengua con Tirano Banderas.

--¡Canalla!

--Isabelita, evitémonos un solfeo.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 147 / 179 题