I
El indio triste que divierte sus penas corriendo gallos, susurra por
bochinches y conventillos justicias, crueldades, poderes mágicos de
Niño Santos. El Dragón del Señor San Miguelito le descubría el misterio
de las conjuras, le adoctrinaba. ¡Eran compadres! ¡Tenían pacto!
¡Generalito Banderas se proclamaba inmune para las balas por una firma
de Satanás! Ante aquel poder tenebroso, invisible y en vela, la plebe
cobriza revivía un terror teológico, una fatalidad religiosa poblada de
espantos.