III

Conforme adelantaba el día, los rayos del sol, metiéndose por las altas

rejas, sesgaban y triangulaban la cuadra del calabozo. En aquellas

horas, el vaho de tabaco y catinga era de una crasitud pegajosa. Los

más de los presos adormecían en sus hamacas, y al rebullirse alzaban

una nube de moscas, que volvía a posarse apenas el bulto quedaba

inerte. En corros silenciosos otros prisioneros se repartían por los

rumbos del calabozo, buscando los triángulos sin sol. Eran raras las

pláticas, tenues, con un matiz de conformidad para las adversidades de

la fortuna: Las almas presentían el fin de su peregrinación mundana, y

este torturado pensamiento de todas las horas revestíalas de estoica

serenidad. Las raras pláticas tenían un dejo de olvidada sonrisa, luz

humorística de candiles que se apagan faltos de aceite. El pensamiento

de la muerte había puesto en aquellos ojos, vueltos al mundo sobre el

recuerdo de sus vidas pasadas, una visión indulgente y melancólica. La

igualdad en el destino determinaba un igual acento en la diversidad de

rostros y expresiones. Sentíanse alejados en una orilla remota, y la

luz triangulada del calabozo realzaba en un módulo moderno y cubista la

actitud macilenta de las figuras.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 133 / 179 题