III

Don Roque Cepeda convocaba en torno de su hamaca un grupo atento a

las lecciones de ilusionada esperanza que vertía con apagado murmullo

y clara sonrisa seráfica. Don Roque era profundamente religioso, con

una religión forjada de intuiciones místicas y máximas indostánicas:

Vivía en un pasmo ardiente, y su peregrinación por los caminos del

mundo se le aparecía colmada de obligaciones arcanas, ineludibles como

las órbitas estelares: Adepto de las doctrinas teosóficas, buscaba

en la íntima hondura de su conciencia un enlace con la conciencia

del Universo: La responsabilidad eterna de las acciones humanas le

asombraba con el vasto soplo de un aliento divino. Para Don Roque los

hombres eran ángeles desterrados: Reos de un crimen celeste indultaban

su culpa teologal por los caminos del tiempo, que son los caminos del

mundo. Las humanas vidas con todos sus pasos, con todas sus horas,

promovían resonancias eternas que sellaba la muerte con un círculo de

infinitas responsabilidades. Las almas, al despojarse de la envoltura

terrenal, actuaban su pasado mundano en límpida y hermética visión de

conciencias puras. Y este círculo de eterna contemplación --gozoso o

doloroso--era el fin inmóvil de los destinos humanos, y la redención

del ángel en destierro. La peregrinación por el limo de las formas,

sellaba un número sagrado. Cada vida, la más humilde, era creadora de

un mundo, y al pasar bajo el arco de la muerte, la conciencia cíclica

de esta creación se posesionaba del alma, y el alma, prisionera en

su centro, devenía contemplativa y extática. Don Roque era varón de

muy varias y desconcertantes lecturas, que por el sendero teosófico

lindaban con la cábala, el ocultismo y la filosofía alejandrina. Andaba

sobre los cincuenta años. Las cejas, muy negras, ponían un trazo de

austera energía bajo la frente ancha, pulida calva de santo románico.

El cuerpo mostraba la firme estructura del esqueleto, la fortaleza

dramática del olivo y de la vid. Su predicación revolucionaria tenía

una luz de sendero matinal y sagrado.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 129 / 179 题