El planto pusilánime y versátil de aquel badulaque aparejaba un
gesto ambiguo de compasión y desdén en la cara funeraria del viejo
conspirador y en la insomne palidez del estudiante. La mengua de aquel
bufón en desgracia tenía cierta solemnidad grotesca como los entierros
de mojiganga con que fina el antruejo. Los zopilotes abatían sus alas
tiñosas sobre la higuera.