IV

La niña ranchera abraza al marido, en el fondo de la sala, y lloriquea

la tropa de chamacos encandillándose a la falda de la madre. Hipando su

grito, irrumpe por una puerta la abuela carcamana:

--¿Perché questa follia? Se il Filomeno trova fortuna nella rivoluzione

potrá diventar un Garibaldi. ¡Non mi spaventar i bambini!

El Cruzado miraba por los hierros, la figura toda en sombra. El ojo

enorme del caballo recibía por veces una luz en el juego de las

siluetas que accionaban cortando el círculo del candil. Zacarías aún

terciaba sobre la silla el saco con el niño muerto. En la sala, el

grupo familiar rodeaba al patrón. La madre, uno por uno, levantaba a

los hijos, pasándoles a los brazos del padre. Consideró Zacarías, con

dejo apagado:

--¡Son pidazos del corazón!

V

Chino Viejo acercó los caballos, y los ecos de la galopada rodaron por

la nocturna campaña. Zacarías en el primer sofreno, al meterse por un

vado, apareó su montura con la del Coronelito:

--¡Se chinga Banderitas! Tenemos un auxiliar muy grande. ¡Aquí va

conmigo!

El Coronelito le miró, sospechándole borracho:

--¿Qué dices, manís?

--La reliquia de mi chamaco. Una carnicería que los chanchos me han

dejado. Va en este alforjín.

El Coronel le tendió la mano:

---Me ocasiona un verdadero sentimiento, Zacarías. ¿Y cómo no has dado

sepultura a esos restos?

--A su hora.

--No me parece bien.

--Esta reliquia nos sirve de salvoconducto.

--¡Es una creencia rutinaria!

--¡Mi jefecito, que lo cuente el chingado gachupín!

--¿Qué has hecho?

--Guindarlo. No pedía menos satisfacción esta carnicería de mi chamaco.

--Hay que darle sepultura.

--Cuando estemos a salvo.

--¡Y parecía muy vivo, el cabroncito!

--¡Cuanti menos, para su padre!

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 116 / 179 题