I
Están prontos los caballos para la fuga en el rancho de Ticomaipú. El
Coronelito de la Gándara cena con Niño Filomeno. Sobre los términos
de la colación, manda llamar a sus hijos el ranchero. Niña Laurita,
con reservada tristeza, sale a buscarlos, y acude, brincante, la
muchachada, sin atender a la madre, que asombra el gesto con un dedo en
los labios. El patrón también sentía cubierta su fortaleza con una nube
de duelo: Tenía los ojos en los manteles: No miraba ni a la mujer ni a
los hijos: Recobrándose, levantó la frente con austera entereza.