VI

Despeinadas y ojerosas atisbaban tras de la reja las pupilas de

Taracena. Se afanan por descubrir a los prisioneros, sombras taciturnas

entre la gris retícula de las bayonetas. El sacristán de las monjas

sacaba la cabeza por el arquillo del esquilón. Tocaban diana las

cornetas de fuertes y cuarteles. Tenía el mar caminos de sol. Los

indios, trajinantes nocturnos, entraban en la ciudad guiando recuas

de llamas cargadas de mercadería y frutos de los ranchos serranos:

El bravío del ganado recalentaba la neblina del alba. Despertábase

el Puerto con un son ambulatorio de esquilas, y la patrulla de

fusiles desaparecía con los dos prisioneros por el Arquillo de las

Portuguesas. En el congal, la madrota daba voces ordenando que las

pupilas se recogiesen a la perrera del sotabanco, y el coime, con una

flor en el pelo, trajinaba remudando la ropa de las camas del trato.

Lupita la Romántica, en camisa rosa, rezaba ante el retablo de luces en

la Recámara Verde. Murmuró el coime con un alfiler en los labios, al

mismo tiempo que estudiaba los recogidos de la colcha:

--¡Aún no se me fue el sobresalto!

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 73 / 179 题