II

El congal de Cucarachita encendía farolillos de colores en el azoguejo,

y luces de difuntos en la Recámara Verde. Son consorcios que aparejan

las ferias. Lupita la Romántica, con bata de lazos y el moño colgante,

suspiraba caída en el sueño magnético, bajo la mirada y los pasos del

Doctor Polaco: Alentaba rendida y vencida, con suspiros de erótico

tránsito:

--¡Ay!

--Responda la Señorita Médium.

--¡Ay! Alumbrándose sube por una escalera muy grande... No puedo. Ya no

está... Se me ha desvanecido.

--Siga usted hasta encontrarle, Señorita.

--Entra por una puerta donde hay un centinela.

--¿Habla con él?

--Sí. Ahora no puedo verle. No puedo... ¡Ay!

--Procure situarse, Señorita Médium.

--No puedo.

--Yo lo mando.

--¡Ay!

--Sitúese. ¿Qué ve en torno suyo?

--¡Ay! Las estrellas grandes como lunas pasan corriendo por el cielo.

--¿Ha dejado el plano terrestre?

--No sé.

--Sí lo sabe. Responda. ¿Dónde se sitúa?

--¡Estoy muerta!

--Voy a resucitarla, Señorita Médium.

El farandul le puso en la frente la piedra de un anillo. Después fueron

los pases de manos y el soplar sobre los párpados de la daifa durmiente:

--¡Ay!...

--Señorita Médium, va usted a despertarse contenta y sin dolor de

cabeza. Muy despejada y contenta, sin ninguna impresión dolorosa.

Hablaba de rutina, con el murmullo apacible del clérigo que reza su

misa diaria. Gritaba en el corredor la madrota, y en el azoguejo,

donde era el mitote de danza, aguardiente y parcheo, metía bulla el

Coronelito Domiciano de la Gándara.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 58 / 179 题