El orador desleía el boladillo en el vaso de agua: Cataba un sorbo:
Hacía engalle: Se tiraba de los almidonados puños:
--Las antiguas colonias españolas, para volver a la ruta de su
destino histórico, habrán de escuchar las voces de las civilizaciones
originarias de América. Solo así dejaremos algún día de ser una colonia
espiritual del Viejo Continente. El Catolicismo y las corruptelas
jurídicas cimentan toda la obra civilizadora de la latinidad en nuestra
América. El Catolicismo y las corruptelas jurídicas, son grilletes
que nos mediatizan a una civilización en descrédito, egoísta y mendaz.
Pero si renegamos de esta abyección jurídico-religiosa, sea para forjar
un nuevo vínculo, donde revivan nuestras tradiciones de comunismo
milenario, en un futuro pleno de solidaridad humana, el futuro que
estremece con pánicos temblores de cataclismo el vientre del mundo.
Apostilló una voz:
--¡De tu madre!
Se produjo súbito tumulto: Marejada, repelones, gritos y brazos por
alto. Los gendarmes sacaban a un cholo con la cabeza abierta de un
garrotazo. El Licenciado Sánchez Ocaña, un poco pálido, con afectación
teatral, sonreía removiendo la cucharilla en el vaso del agua. El
Vatecito murmuró palpitante, inclinándose al oído de Fray Mocho:
--¡Quién tuviera una pluma independiente! El patrón quiere una crítica
despiadada...
Fray Mocho sacó del pecho un botellín y se agachó besando el gollete:
--¡Muy elocuente!
--Es un oprobio tener vendida la conciencia.
--¡Qué va! Vos no vendés la conciencia. Vendés la pluma, que no es lo
mismo.
--¡Por cochinos treinta pesos!
--Son los fríjoles. No hay que ser poeta. ¿Querés vos soplar?
--¿Qué es ello?
--¡Chicha!
--No me apetece.