VI

Tirano Banderas caminó taciturno. Los compadres, callados como en

un entierro, formaban la escolta detrás. Se detuvo en la sombra del

convento, bajo el alerta del guaita, que en el campanario sin campanas

clavaba la luna con la bayoneta. Tirano Banderas estúvose mirando el

cielo de estrellas: Amaba la noche y los astros: El arcano de bellos

enigmas recogía el dolor de su alma tétrica: Sabía numerar el tiempo

por las constelaciones: Con la matemática luminosa de las estrellas

se maravillaba: La eternidad de las leyes siderales abría una coma

religiosa en su estoica crueldad indiana. Atravesó la puerta del

convento bajo el grito nocturno del guaita en la torre, y el retén,

abriendo filas, presentó armas. Tirano Banderas, receloso, al pasar,

escudriñaba el rostro oscuro de los soldados.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 31 / 179 题