IV

Doña Lupita, corretona y haldeando, fue a sacar los cocos puestos bajo

una cobertera de palmitos en la tierra regada. El Tirano, sentado en el

poyo miradero de los frailes, esparcía el ánimo cargado de cuidados:

Sobre el bastón con borlas doctorales y puño de oro, cruzaba la cera

de las manos: En la barbilla, un temblor; en la boca verdosa, un gesto

ambiguo de risa, mofa y vinagre:

--Tiene mucha letra la guaina, Señor Licenciado.

--Patroncito, ha visto la chuela.

--Muy ocurrente en las leperadas. ¡Puta madre! Va para el medio siglo

que la conozco, de cuando fui abanderado en el Séptimo Ligero: Era

nuestra rabona.

Doña Lupita amusgaba la oreja, haldeando por el jacalito. El Licenciado

recayó con apremio chuflero:

--¡No se suma mi vieja!

--En boca cerrada no entran moscas, valedorcito.

--No hay sello para una vuelta de mancuerda.

--¡Santísimo Juez!

--¿Qué jefe militar le arrugó el tenderete, mi vieja?

--¡Me aprieta, niño, y me expone a una venganza!

--No se atore y suelte el gallo.

--No me sea mala reata, Señor Licenciado.

El Señor Licenciado era feliz, rejoneando a la vieja por divertir la

hipocondría del Tirano. Doña Lupita, falsa y apenujada, trajo las

palmas con el fruto enracimado, y un tranchete para rebanarlo. El Mayor

Abilio del Valle, que se preciaba de haber cortado muchas cabezas,

pidió la gracia de meter el facón a los coquitos de agua: Lo hizo

con destreza mambís: Bélico y triunfador, ofrendó como el cráneo de

un cacique enemigo, el primer coquito al Tirano. La momia amarilla

desplegó las manos y tomó una mitad pulcramente:

--Mayorcito, el concho que resta, esa vieja maulona que se lo beba. Si

hay ponzoña, que los dos reventemos.

Doña Lupita, avizorada, tomó el concho, saludando y bebiendo:

--Mi Generalito, no hay más que un firme acatamiento en esta cuera

vieja: ¡El Señor San Pedro y toda la celeste cofradía me sean testigos!

Tirano Banderas, taciturno, recogido en el poyo, bajo la sombra de los

ramajes, era un negro garabato de lechuzo. Raro prestigio cobró de

pronto aquella sombra, y aquella voz de caña hueca, raro imperio:

--Doña Lupita, si como dice me aprecia, declare el nombre del pendejo

briago que en tan poco se tiene. Luego luego, vos veréis, vieja, que

también la aprecia Santos Banderas. Dame la mano, vieja...

--Taitita, dejá sos la bese.

Tirano Banderas oyó, sin moverse, el nombre que temblando le secreteó

la vieja. Los compadritos, en torno de la rana, callaban amusgados, y a

hurto se hacían alguna seña. La momia indiana:

--¡Chac, chac!

V

Tirano Banderas, con paso de rata fisgona, seguido por los compadritos,

abandonó el juego de la rana: Al cruzar el claustro, un grupo de

uniformes que choteaba en el fondo, guardó repentino silencio. Al

pasar, la momia escrutó el grupo, y con un movimiento de cabeza, llamó

al Coronel-Licenciado López de Salamanca, Jefe de Policía:

--¿A qué hora está anunciado el acto de las Juventudes Democráticas?

--A las diez.

--¿En el Circo Harris?

--Eso rezan los carteles.

--¿Quién he solicitado el permiso para el mitin?

--Don Roque Cepeda.

--¿No se le han puesto obstáculos?

--Ninguno.

--¿Se han cumplimentado fielmente mis instrucciones?

--Tal creo...

--La propaganda de ideales políticos, siempre que se realice dentro

de las leyes, es un derecho ciudadano y merece todos los respetos del

Gobierno.

El Tirano torcía la boca con gesto maligno. El Jefe de Policía,

Coronel-Licenciado López de Salamanca, atendía con burlón desenfado:

--Mi General, en caso de mitote, ¿habrá que suspender el acto?

--El Reglamento de Orden Público le evacuará cumplidamente cualquier

duda.

El Coronel-Licenciado asintió con zumba gazmoña:

--Señor Presidente, la recta aplicación de las leyes será la norma de

mi conducta.

--Y en todo caso, si usted procediese con exceso de celo, cosa siempre

laudable, no le costará gran sacrificio presentar la renuncia del

cargo. Sus servicios --al aceptarla-- sin duda que los tendría en

consideración el Gobierno.

Recalcó el Coronel-Licenciado:

--¿El Señor Presidente no tiene otra cosa que mandarme?

--¿Ha proseguido las averiguaciones referentes al relajo y viciosas

costumbres del Honorable Cuerpo Diplomático?

--Y hemos hecho algún descubrimiento sensacional.

--En el despacho de esta noche tendrá a bien enterarme.

El Coronel-Licenciado saludó:

--¡A la orden, mi General!

La momia indiana todavía le detuvo, exprimiendo su verde mueca:

--Mi política es el respeto a la ley. Que los gendarmes garantan el

orden en Circo Harris. ¡Chac! ¡Chac! Las Juventudes Democráticas

ejemplarizan esta noche practicando un ejercicio ciudadano.

Chanceó el Jefe de Policía:

--Ciudadano y acrobático.

El Tirano, ambiguo y solapado, plegó la boca con su mueca verde:

--¡Pues, y quién sabe!... ¡Chac! ¡Chac!

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 30 / 179 题