Los capitalistas, sus hijos y sus gobiernos derrochan cada año una
parte considerable del producto líquido anual; además, guardan en su
fondo de consumo una porción de objetos que se gastan lentamente y son
aptos para un empleo reproductivo, y hacen estériles, al adaptarlas a
su servicio personal, una multitud de fuerzas obreras. La cantidad de
riqueza que se capitaliza no es, pues, nunca tan grande como podría
ser. La relación de cantidad con el total de la riqueza social varía
con todo cambio en la división de la supervalía en renta personal y
en nuevo capital. Así, lejos de ser una parte determinada de adelanto
y una parte fija de la riqueza social, el capital social solo es una
porción variable de esta.
Sin embargo, ciertos economistas se hallan propensos a no ver, en el
capital social, más que una parte determinada de adelanto de la riqueza
social, y aplican esta teoría a lo que ellos llaman «fondo del salario»
o «fondo del trabajo». Según ellos, este es una porción particular de
la riqueza social, el valor de una cantidad dada de subsistencias,
cuya naturaleza fija a cada momento los límites fatales que la clase
trabajadora trata inútilmente de franquear. De creer esto, estando
así determinada la suma que debe distribuirse entre los asalariados,
se sigue que si la parte que toca a cada uno es demasiado pequeña,
ocurre esto porque su número es demasiado grande, y que, finalmente, su
miseria es un hecho, no del orden social, sino del orden natural.
En primer lugar, los límites que el sistema capitalista impone al
consumo del productor, no son «naturales» sino dentro del medio
adecuado a este sistema, así como el látigo no funciona como aguijón
«natural» del trabajo más que en el sistema esclavista. En efecto, es
propio de la naturaleza de la producción capitalista el limitar la
parte del productor a lo que es indispensable para el sustento de su
fuerza obrera, y el atribuir la demasía de su producto al capitalista.
Lo que sería menester demostrar ante todo es que, a pesar de su origen
completamente reciente, el sistema capitalista de la producción social
es, no obstante, su sistema irrevocable y «natural».
Pero, aun con la manera de ser del sistema capitalista, es falso que
el «fondo del salario» esté determinado de antemano por la suma de
la riqueza social o del capital social. Puesto que este es solamente
una porción variable de la riqueza social, el fondo del salario, que
no es más que una parte de este capital, no sería una parte fija y
determinada de antemano de la riqueza social.