I. _Reproducción en mayor escala._

Hemos visto en los capítulos precedentes cómo la supervalía nace del

capital; ahora vamos a ver cómo el capital nace de la supervalía.

Si, en vez de ser consumida, la supervalía se adelanta y se emplea como

capital, se forma uno nuevo que se añade al primitivo. Consideremos

desde luego esta operación en lo que toca al capitalista individual.

Un industrial hilador, por ejemplo, adelanta 250.000 pesetas; las

cuatro quintas partes, o sean 200.000 pesetas, en algodón, máquinas,

etc., y la restante en salarios. Con esto produce anualmente 75.000

kilogramos de hilados de un valor de 4 pesetas cada kilogramo, o sea un

total de 300.000 pesetas. La supervalía, que es desde luego de 50.000

pesetas, está contenida en el _producto neto_ de 12.500 kilogramos, que

es la sexta parte del _producto bruto_, pues vendidos a 4 pesetas el

kilogramo producen una suma igual de 50.000 pesetas, y esta cantidad

vale siempre 50.000 pesetas. Su carácter de supervalía indica cómo

han llegado a manos del capitalista, pero no altera absolutamente su

carácter de valor o de dinero.

Para capitalizar la nueva suma de 50.000 pesetas, el industrial no hace

más que adelantar las cuatro quintas partes de ella para la compra

de algodón y demás materiales necesarios, y la parte restante para

adquirir hilanderos suplementarios. Después de hecho esto, el nuevo

capital de 50.000 pesetas funciona en la filatura y produce a su vez

una supervalía de 10.000 pesetas.

En sus comienzos, el capital ha sido adelantado en forma de dinero;

la supervalía, al contrario, existe desde luego como valor de cierta

cantidad de producto bruto. Si la venta de este último, su cambio

por dinero, vuelve al capital a su forma primitiva, la forma dinero,

también transforma el modo de ser primitivo de la supervalía, que

es la forma mercancía. Pero después de la venta del producto bruto,

valor-capital y supervalía son igualmente sumas de dinero, y su

transformación en capital, que tiene lugar en seguida, se efectúa de

idéntica manera para ambas cantidades. El capitalista adelanta, pues,

las dos sumas para comprar las mercancías con cuyo auxilio vuelve

a empezar de nuevo, y ahora en mayor escala, la fabricación de su

producto.

Sin embargo, para poder comprar los elementos constitutivos de

aquella fabricación, es necesario que los encuentre en el mercado.

La producción anual debe suministrar, por consecuencia, no solamente

todos los artículos necesarios para reemplazar los elementos materiales

del capital gastado durante el año, sino también una cantidad de

dichos artículos mayor que la consumida, así como fuerzas de trabajo

suplementarias, a fin de que pueda funcionar el nuevo valor-capital,

que ya es mayor que el primitivo.

El mecanismo de la producción capitalista suministra esta demasía

de fuerza de trabajo, reproduciendo a la clase obrera como clase

asalariada cuyo salario usual asegura, no solo el sustento, sino aun

la multiplicación. Únicamente se necesita para esto que una parte del

sobretrabajo anual se haya empleado en crear medios de producción y de

subsistencia además de los necesarios para la reposición del capital

adelantado, no habiendo que hacer entonces más que añadir las nuevas

fuerzas de trabajo suministradas cada año en edades diversas por

la clase obrera, al exceso de medios de producción que contiene la

producción anual.

La acumulación resulta, por consecuencia, de la reproducción del

capital en proporción creciente.

_Cuanto más acumula el capitalista, más puede acumular._

El capital primitivo se ha formado, en el ejemplo anterior, por el

adelanto de 250.000 pesetas. ¿De dónde ha sacado estas riquezas el

capitalista? De su propio trabajo o del de sus antepasados, responden

a coro las eminencias de la Economía política; y su suposición parece

que, en efecto, es la única conforme con las leyes de la producción

mercantil.

No sucede lo mismo con el nuevo capital de 50.000 pesetas. Su

procedencia nos es perfectamente conocida: dimana de la supervalía

capitalizada. Desde su origen, no contiene la partícula más mínima

de valor que no provenga del trabajo no pagado de otro. Los medios

de producción a los cuales se añade la fuerza obrera suplementaria,

así como las subsistencias que la mantienen, son partes del producto

neto del tributo arrancado anualmente a la clase obrera por la clase

capitalista. El hecho de que esta última, mediante cierta cantidad de

dicho tributo, compre a la clase obrera una demasía de fuerza, aun en

su justo valor, se asemeja a la magnanimidad de un conquistador que se

halla dispuesto a pagar generosamente las mercancías de los vencidos

con el dinero que les ha arrancado. Merced a su sobretrabajo de un año,

la clase obrera crea el nuevo capital que permitirá el año próximo

crear trabajo de más; esto es lo que se llama crear capital por medio

del capital.

La acumulación de 50.000 pesetas por el primer capital supone que la

suma de 250.000 pesetas, adelantada como capital primitivo, proviene

del propio caudal de su poseedor, de su «trabajo primitivo». Pero

la acumulación de 10.000 pesetas por el segundo capital supone la

acumulación precedente del capital de 50.000 pesetas, que es la

supervalía capitalizada del capital primitivo. Síguese de esto, que

cuanto más acumula el capitalista, adquiere más medios de acumular. En

otros términos, cuanto más trabajo no pagado de otro se haya apropiado

anteriormente, más aún puede monopolizar en la actualidad.

_La apropiación capitalista no es más que la aplicación de las leyes de

la producción mercantil._

Este modo de enriquecerse resulta, es necesario comprenderlo bien, no

de la violación, sino, al contrario, de la aplicación de las leyes que

rigen la producción mercantil. Para convencerse de ello, basta echar

una ojeada sobre las operaciones sucesivas que tienden a la acumulación.

Hemos visto que la transformación positiva de una suma de valor

en capital se hace conforme a las leyes del cambio. Uno de los dos

que cambian vende su fuerza de trabajo, que compra el otro. El

primero recibe el valor de su mercancía, y el uso de esta, que es el

trabajo, pertenece al segundo, quien transforma entonces los medios

de producción, que le pertenecen, con el auxilio de un trabajo que

le pertenece también, en un nuevo producto que es suyo con perfecto

derecho.

El valor de este producto contiene desde luego el de los medios de

producción consumidos; pero el trabajo no emplearía útilmente estos

medios si su valor no pasase al producto. Dicho valor encierra, además,

el equivalente de la fuerza de trabajo y una supervalía. Este resultado

es debido a que la fuerza obrera vendida por un tiempo determinado,

un día, una semana, etc., posee más valor del que su uso produce en

el mismo tiempo. Pero al obtener el valor de cambio de su fuerza, el

trabajador ha enajenado el valor de uso de ella, como sucede en toda

compra y venta de mercancías.

Por más que el uso de este artículo particular, el trabajo, sea

suministrar trabajo, y, por consiguiente, producir valor, eso no altera

en nada la dicha ley general de la producción mercantil. Si, pues,

la suma de valor adelantada en salarios se vuelve a encontrar en el

producto con una demasía, esta no proviene de un engaño cometido con

el vendedor, quien recibe el equivalente de su mercancía, sino del

consumo que de esta hace el comprador. La ley de los cambios no exige

la igualdad sino por relación del valor cambiable de los artículos

enajenados mutuamente, pero supone una diferencia entre sus valores de

uso, y no tiene nada que ver con su consumo, que solo comienza después

de haberse llevado a cabo la venta.

La transformación primitiva del dinero en capital se efectúa, pues,

conforme a las leyes económicas de la producción de mercancías y al

derecho de propiedad que de ellos se origina. ¿En qué se modifica

este hecho porque el capitalista transforme en seguida la supervalía

en capital? Acabamos de decir que esta supervalía es propiedad suya;

y los nuevos obreros que la supervalía recluta, funcionando a su vez

como capital, no tienen que ver nada con que ella haya sido producida

anteriormente por obreros. Todo lo que estos nuevos obreros pueden

exigir es que el capitalista les pague también a ellos su fuerza de

trabajo.

Las cosas no se presentarían así si se examinasen las relaciones que

hay entre el capitalista y los obreros, no ya separadamente, sino en su

encadenamiento, y si se tuviesen en cuenta la clase capitalista y la

clase obrera. Mas como la producción mercantil no pone frente a frente

sino vendedores y compradores independientes unos de otros, para juzgar

esta producción según sus propias leyes es preciso considerar cada

transacción aisladamente, y no en su unión con la que le precede o con

la que le sigue. Además, como las compras y ventas se hacen siempre de

individuo a individuo, no deben buscarse en ellas las relaciones entre

una y otra clase.

Asimismo, cada uno de los esfuerzos en función del capital le presta

nuevo impulso; y conforme al derecho de la producción mercantil, en

régimen capitalista la riqueza puede ser cada día más monopolizada,

merced a la apropiación sucesiva del trabajo no pagado de otro. ¡Qué

ilusión es, pues, la de ciertas escuelas socialistas que pretenden

quebrantar el régimen del capital aplicándole las leyes de la

producción mercantil!

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 106 / 134 题