SUPERVALÍA ABSOLUTA Y SUPERVALÍA RELATIVA

Lo que caracteriza al trabajo productivo. -- La productividad del

trabajo y la supervalía.

_Lo que caracteriza al trabajo productivo._

Hemos visto en el capítulo séptimo que si se considera el acto de

trabajo desde el punto de vista de su resultado, que es el producto,

medio y objeto de trabajo se presentan al mismo tiempo como medios de

producción, y el trabajo mismo como trabajo productivo. Al adaptar un

objeto exterior a sus necesidades, el hombre crea un producto, hace un

trabajo productivo; mas, durante esta operación, el trabajo manual y el

trabajo intelectual están unidos por lazos indisolubles, del mismo modo

que el brazo y la cabeza no obran el uno sin la otra.

Sin embargo, desde que el producto individual se ha transformado

en producto social, en producto de un trabajador colectivo cuyos

diferentes miembros toman parte en variadas operaciones para la

confección del producto, si esta determinación del trabajo productivo,

derivada de la naturaleza misma de la producción material, es verdadera

en lo que se refiere al trabajador colectivo considerado como una sola

persona, no es aplicable a cada uno de sus miembros individualmente.

Para efectuar un trabajo productivo no es necesario que se ejecute

un trabajo manual, basta con ser un órgano del trabajador colectivo

o desempeñar una función cualquiera de él. Pero no es esto lo que

caracteriza de una manera especial al trabajo productivo en el sistema

capitalista.

En este, el objeto de la producción es la supervalía, y no se reputa

como trabajo productivo sino el del trabajador que produce supervalía

al capitalista o cuyo trabajo fecunda el capital. Por ejemplo, un

profesor en una escuela es un trabajador productivo, no porque forma

útilmente el ánimo de sus alumnos, sino porque haciendo esto produce

dinero a su patrono. El que este haya colocado su capital en una

fábrica de lecciones, como hubiera podido colocarlo en una fábrica de

embutidos, importa poco para la cuestión de negocio; es preciso ante

todo que el capital produzca.

Para en adelante, la idea de trabajo productivo no indica ya

simplemente una relación entre actividad y resultado útil, sino ante

todo una relación social que convierte al trabajo en instrumento

inmediato para hacer producir valor al capital. También la Economía

política clásica ha sostenido siempre que lo que caracterizaba al

trabajo productivo era el crear supervalía.

_La productividad del trabajo y la supervalía._

La producción de la supervalía absoluta consiste, según hemos visto en

el capítulo duodécimo, en la prolongación de la jornada de trabajo más

allá del tiempo necesario al obrero para producir un equivalente de su

subsistencia, y en la asignación de este trabajo al capitalista. A fin

de aumentar ese sobretrabajo, se acorta el tiempo de trabajo necesario,

haciendo producir el equivalente del salario en menos tiempo, y la

supervalía así realizada es la supervalía relativa.

La producción de la supervalía absoluta solo afecta a la duración

del trabajo, mas la producción de la supervalía relativa transforma

completamente sus procedimientos técnicos y sus combinaciones

sociales. La supervalía se desarrolla, pues, juntamente con el sistema

de producción capitalista propiamente dicho. Una vez establecido y

generalizado este, la diferencia entre supervalía relativa y supervalía

absoluta se echa de ver cuando se trata de elevar el tipo de la

supervalía.

Si se supone pagada la fuerza de trabajo en su justo valor, dados

los límites de la jornada de trabajo, el tipo de la supervalía no

puede elevarse sino aumentando la intensidad o la productividad del

trabajo. Por el contrario, permaneciendo las mismas la intensidad y la

productividad del trabajo, el tipo de la supervalía no puede elevarse

sino merced a una prolongación de la jornada.

No obstante, cualquiera que sea la duración de la jornada, el trabajo

no creará supervalía si no posee el mínimum de productividad que pone

al obrero en condiciones de producir, tan solo en una parte de la

jornada, el equivalente de su propia subsistencia.

Supongamos que el trabajo necesario para el sustento del productor y

de su familia absorbe todo su tiempo disponible: ¿cómo encontraría

medio de trabajar gratuitamente para otro? Sin un cierto grado de

productividad del trabajo, no hay tiempo disponible; sin este exceso de

tiempo, no hay sobretrabajo, y, por consiguiente, no hay supervalía,

ni producto neto, pero tampoco hay capitalistas, ni esclavistas, ni

señores feudales; en una palabra, no hay clase propietaria.

Se ha tratado de explicar este grado de productividad necesaria, como

una cualidad natural del trabajo; pero esta sería una productividad

precoz con que la Naturaleza hubiera dotado al hombre al colocarlo en

el mundo.

Por el contrario, las facultades del hombre primitivo no se forman

sino lentamente, bajo la presión de sus necesidades físicas. Cuando,

merced a rudos esfuerzos, los hombres consiguen elevarse sobre su

primer estado animal, y cuando ya, por consiguiente, su trabajo está en

cierto modo socializado, entonces, y solamente entonces, se producen

condiciones tales que el sobretrabajo de uno puede llegar a ser origen

de vida para otro que se descarga sobre él del peso del trabajo, lo

cual jamás se efectúa sin el auxilio de la fuerza, que somete el uno

al otro. La productividad del trabajo es el resultado de un largo

desenvolvimiento histórico.

Excepción hecha del modo social de producción, la productividad del

trabajo depende de las condiciones naturales en que se efectúa el

trabajo. Todas estas condiciones pueden referirse al hombre mismo, a

su raza, o a la Naturaleza que le rodea. Las condiciones naturales

exteriores se descomponen, desde el punto de vista económico, en dos

grandes clases: riqueza natural en medios de subsistencia, es decir,

fertilidad del suelo, pesca abundante, etc., y riqueza natural en

medios de trabajo, tales como saltos de agua, ríos navegables, maderas,

metales, carbón, etc. En los orígenes de la civilización, la primera

de las dos clases la simboliza; en una sociedad más adelantada, la

civilización está representada por la segunda.

La ventaja de las circunstancias naturales proporciona, si se quiere,

la posibilidad, pero nunca la realidad del sobretrabajo, ni, por

consiguiente, del producto neto o de la supervalía. Según sea el

clima más o menos dulce, el suelo más o menos fértil, etc., el número

de las primeras necesidades (alimento, vestido) y los esfuerzos

que su satisfacción exige, serán mayores o menores; de suerte que,

en circunstancias por otra parte semejantes, el tiempo de trabajo

necesario variará de un país a otro; pero el sobretrabajo no puede

comenzar sino allí donde acaba el trabajo necesario. Las influencias

físicas que determinan la extensión relativa de este último imponen,

pues, un límite natural al sobretrabajo; este límite natural retrocede

a medida que la industria adelanta y, al paso que ella, los medios de

producción.

En nuestra sociedad, en la que el trabajador solo obtiene el permiso

de trabajar para atender a su subsistencia a condición de producir

supervalía, se cree generalmente que es una cualidad del trabajo humano

el crear supervalía. Fijémonos, por ejemplo, en el habitante de las

islas orientales del archipiélago asiático donde la palmera sagú crece

en los bosques. Del interior de cada árbol se sacan, por término medio,

de trescientas a cuatrocientas libras de harina comestible. Allí se

va al bosque y se extrae el pan como entre nosotros se va a cortar la

leña. Supongamos que un habitante de esas islas emplee una jornada

de trabajo a fin de procurarse lo necesario para la satisfacción de

sus necesidades durante una semana; se ve, pues, que la Naturaleza

lo ha otorgado un favor, es decir, mucho descanso, y solo obligado

por la fuerza emplearía ese tiempo de ocio en trabajar para otro, en

sobretrabajo.

Si la producción capitalista se introdujese en su isla, el buen insular

debería trabajar tal vez seis días por semana para poder consagrar a

su subsistencia el producto de una jornada de trabajo. La concesión

de la Naturaleza no explicaría por qué trabajaba ahora seis días por

semana en lugar de uno que antes bastaba para su subsistencia, en otros

términos, por qué creaba supervalía. Únicamente explicaría por qué el

sobretrabajo puede ser de cinco días y el trabajo necesario de uno

solamente. En resumen, la productividad explica el grado alcanzado por

la supervalía, pero nunca es causa de ella; la causa de la supervalía

es siempre el sobretrabajo, cualquiera que sea el modo de arrancarlo.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 87 / 134 题