I. _Desarrollo del maquinismo._

Como todo desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, el empleo

capitalista de las máquinas solo tiende a disminuir el precio de las

mercancías y, por consecuencia, a aminorar la parte de la jornada en

que el obrero trabaja para sí mismo, a fin de prolongar la otra parte

en que trabaja para el capitalista; es, como la manufactura, un método

particular para fabricar supervalía relativa.

La fuerza de trabajo en la manufactura y el instrumento de trabajo

en la producción mecánica son los puntos de partida de la revolución

industrial. Por lo tanto, es necesario estudiar de qué modo el

instrumento de trabajo se ha convertido de utensilio en máquina,

precisando así la diferencia que existe entre la máquina y el

instrumento manual.

Todo mecanismo desarrollado se compone de tres partes esencialmente

distintas: motor, transmisión y máquina de operación.

El motor da el impulso a todo el mecanismo. Engendra su propia fuerza

de movimiento, como la máquina de vapor, o recibe el impulso de una

fuerza natural exterior, como la rueda hidráulica lo recibe de un salto

de agua y el aspa de un molino de viento de las corrientes de aire.

La transmisión compuesta de volantes, correas, poleas, etcétera, lo

distribuye, lo cambia de forma si es necesario y lo transmite a la

máquina de operación, a la máquina-utensilio. El motor y la transmisión

existen solo, en efecto, para comunicar a la máquina-utensilio el

movimiento que la hace actuar sobre el objeto de trabajo y cambiar su

forma.

Examinando la máquina-utensilio, encontramos en grande, aunque bajo

formas modificadas, los aparatos e instrumentos que emplea el artesano

o el obrero manufacturero; pero de instrumentos manuales del hombre

se han convertido en instrumentos mecánicos de una máquina. La

máquina-utensilio es, pues, un mecanismo que, recibiendo el movimiento

conveniente, ejecuta con sus instrumentos las mismas operaciones que el

trabajador ejecutaba antes con instrumentos semejantes.

Desde que el instrumento, fuera ya de la mano del hombre, es manejado

por un mecanismo, la máquina-utensilio reemplaza a la simple

herramienta y realiza una revolución aun cuando el hombre continúe

impulsándola sirviendo de motor. Porque el número de utensilios que el

hombre puede manejar al mismo tiempo está limitado por el número de sus

propios órganos: si el hombre solo posee dos manos para tener agujas,

la máquina de hacer medias, movida por un hombre, hace puntos con

muchos millares de agujas; el número de utensilios o herramientas que

una sola máquina pone en actividad a la vez, se ha emancipado, por lo

tanto, del límite orgánico que no podía traspasar el utensilio manual.

Hay instrumentos que muestran claramente el doble papel del obrero como

simple motor y como ejecutor de la mano de obra propiamente dicha.

Elijamos como ejemplo el torno: el pie obra sobre el pedal como motor

mientras las manos hilan trabajando con el huso. De esta última parte

del instrumento, órgano de la operación manual, se apodera en primer

término la revolución industrial, dejando al hombre, a la vez que la

nueva tarea de vigilar la máquina, el papel puramente mecánico de motor.

La máquina, punto de partida de la revolución industrial, reemplaza,

pues, al operario que maneja una herramienta, con un mecanismo que

trabaja a la vez con muchos utensilios semejantes y que recibe el

impulso de una fuerza única, sea cualquiera la forma de esta fuerza.

Esta máquina-utensilio no es, sin embargo, más que el elemento simple

de la producción mecánica.

Al llegar a cierto punto, solo es posible aumentar las dimensiones de

la máquina de operación y el número de sus utensilios cuando se dispone

de una fuerza impulsiva superior a la del hombre, sin contar con que

el hombre es un agente muy imperfecto cuando se trata de producir un

movimiento continuo y uniforme. De este modo, al ser sustituido el

utensilio por una máquina movida por el hombre, se hizo necesario en

seguida reemplazar al hombre en el papel de motor por otras fuerzas

naturales.

Recurriose al caballo, al viento y al agua; pero tan solo en la máquina

de vapor de Watt se encontró un motor capaz de engendrar por sí mismo

su propia fuerza motriz consumiendo agua y carbón, y cuyo ilimitado

grado de potencia es regulado perfectamente por el hombre. Además,

no siendo condición precisa que este motor funcione en los lugares

especiales donde se encuentra la fuerza motriz natural, como ocurre

con el agua, puede transportarse e instalarse allí donde se reclame su

acción.

Una vez emancipado el motor de los límites de la fuerza humana, la

máquina-utensilio, que inauguró la revolución industrial, desciende

a la categoría de simple órgano del mecanismo de operación. Un solo

motor puede poner en movimiento muchas máquinas-utensilio. El conjunto

del mecanismo productivo presenta entonces dos formas distintas: o

la cooperación de muchas máquinas semejantes, como en el tejido, por

ejemplo, o una combinación de máquinas diferentes, como ocurre en la

filatura.

En el primer caso, el producto es fabricado por completo por la misma

máquina-utensilio, que ejecuta todas las operaciones; y la forma

propia del taller fundado en el empleo de las máquinas, la fábrica, se

presenta en primer término como una aglomeración de máquinas-utensilio

de la misma especie, que funcionan a la vez en el mismo local. Así,

una fábrica de tejidos está formada por la reunión de muchos telares

mecánicos. Pero existe aquí una verdadera unidad técnica en cuanto

estas numerosas máquinas-utensilio reciben uniformemente su impulso de

un motor común. Así como numerosos utensilios forman los órganos de una

máquina-utensilio, así también numerosas máquinas-utensilio forman

otros tantos órganos semejantes de un mismo mecanismo motor.

En el segundo caso, cuando el objeto de trabajo tiene que recorrer

una serie de transformaciones graduales, el sistema de maquinismo

realiza estas transformaciones merced a máquinas diferentes, aunque

combinadas unas con otras. La cooperación por división del trabajo,

que caracteriza a la manufactura, surge aquí también como combinación

de máquinas de operación fraccionarias. Sin embargo, se manifiesta

inmediatamente una diferencia esencial: la división manufacturera del

trabajo debe tener en cuenta los límites de las fuerzas humanas y solo

puede establecerse con arreglo a la posibilidad manual de las diversas

operaciones parciales; la producción mecánica, al contrario, emancipada

de los límites de las fuerzas humanas, funda la división en muchas

operaciones de un acto de producción, en el análisis de los principios

constitutivos y de los estados sucesivos de este acto, mientras que

la cuestión de ejecución se resuelve por medio de la mecánica, etc.

Así como en la manufactura la cooperación inmediata de los obreros

encargados de operaciones parciales exige un número proporcional y

determinado de obreros en cada grupo, así también, en la combinación de

máquinas diferentes, la ocupación continua de unas máquinas parciales

por otras, suministrando cada una a la que la sigue el objeto de su

trabajo, crea una relación determinada entre su número, su dimensión,

su velocidad y el número de obreros que se debe emplear en cada

categoría.

Sea cualquiera su forma, el sistema de máquinas-utensilio que marchan

solas bajo el impulso recibido por transmisión de un motor central que

engendra su propia fuerza motriz, es la expresión más desarrollada del

maquinismo productivo. La máquina aislada ha sido sustituida por un

monstruo mecánico cuyos gigantescos miembros llenan edificios enteros.

_Desarrollo de la gran industria._

La división manufacturera del trabajo dio origen al taller de

construcción donde se fabricaban los instrumentos de trabajo y los

aparatos mecánicos ya empleados en algunas manufacturas. Este taller,

con sus obreros hábiles mecánicos, permitió aplicar los grandes

inventos, y en él se construyeron las máquinas. A medida que se

multiplicaron los inventos y los pedidos de máquinas, su construcción

se dividió en ramos variados e independientes, desarrollándose en cada

uno de ellos la división del trabajo. La manufactura constituye, pues,

históricamente la base técnica de la gran industria.

Las máquinas suministradas por la manufactura hacen que esta sea

reemplazada por la gran industria. Pero al extenderse, la gran

industria modifica la construcción de las máquinas, que es su base

técnica, y la subordina a su nuevo principio, el empleo de las máquinas.

Así como la máquina-utensilio es mezquina mientras el hombre la mueve y

de la misma manera que el sistema mecánico progresa lentamente en tanto

que las fuerzas motoras tradicionales, animal, viento y aun agua, no

son reemplazadas por el vapor, así también la gran industria marcha con

lentitud mientras que la máquina debe su existencia a la fuerza y a la

habilidad humanas y depende de la fuerza muscular, del golpe de vista y

de la destreza manual del obrero.

No es esto todo. La transformación del sistema de producción en

un ramo de la industria, entraña una transformación en otro. Los

medios de comunicación y de transporte, insuficientes para el aumento

de producción, tuvieron que adaptarse a las exigencias de la gran

industria (caminos de hierro, paquebotes transatlánticos). Las enormes

masas de hierro que por efecto de esto fue preciso preparar necesitaron

monstruosas máquinas, cuya creación era imposible para el trabajo

manufacturero.

La grande industria se vio, pues, en la necesidad de dirigirse a su

medio característico de producción, a la misma máquina, para producir

otras máquinas; de este modo se creó una base técnica en armonía con su

principio.

Teníase ya en la máquina de vapor un motor susceptible de cualquier

grado de potencia; pero para conseguir fabricar máquinas con máquinas

hacía falta producir mecánicamente las formas perfectas geométricas

tales como el círculo, el cono, la esfera, que exigen ciertas partes

de las máquinas. Este problema quedó resuelto a principios de este

siglo con la invención del _chariot_ en el torno, que poco después pudo

moverse por sí solo; este accesorio del torno permite producir las

formas geométricas que se deseen con un grado de exactitud, facilidad

y rapidez que la experiencia acumulada no consigue nunca dar a la mano

del obrero más hábil.

Pudiendo desde este momento extenderse libremente, la gran industria

hace del carácter cooperativo del trabajo una necesidad técnica

impuesta por la naturaleza misma de su medio; crea un organismo de

producción que el obrero encuentra en el taller como condición material

ya dispuesta de su trabajo. El capital se presenta ante él bajo una

forma nueva y mucho más temible, la de un monstruoso autómata, a cuyo

lado la fuerza del obrero individual es casi nula.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 78 / 134 题